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viernes, 17 de marzo de 2017

MARRUECOS (Feb '17)


Aquí va un pequeño resumen de la escapada a Marrruecos del pasado febrero. Desgraciadamente, se quedó a medias debido a una avería que fue imposible de solucionar en el momento. Pero como se suele decir, las cosas pasan por algo, así que igual no era el momento de acabarlo. Tiempo tendremos en el futuro, seguro!

Volumen y gaaaaasss!!


viernes, 2 de septiembre de 2016

RUMBO AL NORTE

No creo que nadie sea capaz de dormir bien la noche anterior a la partida. Yo, por lo menos, no lo soy.

¿Y las despedidas? ¿Qué me dices de las despedidas? Nadie lo comenta, pero todo el mundo lo piensa: es un viaje largo, muchos kilómetros, cansancio, monotonía a veces, y la carretera es muy puta. No vamos a negar que un viaje así tiene cierto riesgo, pero que todos asumimos porque, al final, también es lo que le da emoción... Pero esa posibilidad de no volver está ahí, y eso es lo que hace que las despedidas sean tan amargas... Así que me despido de mi familia con lágrimas en los ojos y nos metemos de cabeza al lío, para pasar el trago cuanto antes.

Hoy va a ser una jornada larga y aburrida de carreteras francesas, donde la intención es parar lo justo y avanzar lo máximo. En Behobia tomo un último café nacional para, poco después, enfilar los primeros kilómetros por carreteras francesas. Alterno autopistas con carreteras nacionales para paliar un poco el aburrimiento y la monotonía de la autopista pura y dura.

La temperatura es alta, pero no me importa. Funciono mejor con calor que con frío, y teniendo en cuenta las latitudes a las que me dirijo, me temo que voy a echar de menos este calorcito.

A eso de las 9 de la noche llego a Besanzón, y me meto en un camping donde la recepción ya está cerrada (esto es Francia, señores) pero el del restaurante me dice que no hay problema, que mañana pago al marcharme. Así que monto la tienda en un pispás, duchita rápida y al saco.

Al día siguiente, más de lo mismo. Tirada larga con intención de llegar a Praga. Todo va según lo previsto: vías rápidas y kilómetros a saco.

Cuando aún estoy a unos 300 kilómetros de la capital checa, paro a repostar y hay algo que me llama la atención: la llanta trasera está bastante sucia. Echo un vistazo más en profundidad y veo que algo no va bien. Hay aceite por todas partes. Viene del cardan. Empezamos bien el viaje. Segundo día y la moto chorrea aceite que da gusto. No nos pongamos nerviosos. Escribo a mi mecánico de confianza explicándole lo que veo. Por suerte, me responde enseguida. Vamos a apretar un par de tornillos y seguimos la ruta planeada. Lo malo de todo esto es que es sábado por la tarde y va a ser imposible hacer nada para solucionar el problema hasta el lunes.

Hago esos kilómetros que me faltan hasta Praga con la cabeza a mil. Tengo que pensar en todas las opciones. De entrada, esto me retrasa, como mínimo, 2 días. Quizá más. Así que hay que ir pensando en la posibilidad de modificar la ruta.

El plan original es llegar a Nordkapp y después, desde Dinamarca, embarcar rumbo a Islandia, pero si hay que modificar la ruta, Cabo Norte se quedaría para otra ocasión. La única cita a la que no puedo faltar es ese embarque en el Norröna el día 17.

Me alojo en un hotelillo en las afueras, por eso de abaratar costes, sobre todo sabiendo que voy a estar por aquí unos días. Es un sitio digno y aunque con la dueña tengo que sacar a relucir mis dotes de mimo, nos entendemos sin mayor problema. Además, tienen un pequeño bar en la planta baja donde tiran una cerveza de escándalo a precio de risa. Desde luego, entre todos los sitios donde me podía haber quedado averiado, Praga es uno de los mejores, sin ninguna duda.

Me acuesto temprano. Estoy cansado y la verdad es que, psicológicamente, estoy un poco flojo, así que lo mejor es consultar todos los problemas con la almohada, y seguro que mañana veo la cosa de manera distinta.


Y así es. Es domingo, hace buen tiempo y tengo todo el día para pajarear por esta fantástica ciudad. La única pega es que no tengo vehículo y no me queda más remedio que usar el transporte público. De todas formas, tampoco me importa tomar buses, trenes o tranvías de vez en cuando. Es una manera perfecta de cogerle el pulso a la ciudad.


El centro de Praga es impresionante. Por algo tiene la fama que tiene. La única pega es que al ser domingo, está atestada de turistas, y en los sitios más famosos es difícil dar un paso. Mención aparte merece el puente de Carlos: no cabe un alfiler. Es imposible sacar una foto decente sin que se te meta en el plano media docena de japos con sus caras de pánfilos (uy, ya estoy pensando en voz alta)

Pero no sólo de monumentos vive el hombre. Estuve aquí hace un par de años con un amiguete haciendo una ruta cervecera, y tengo guardados en el teléfono los mejores sitios para disfrutar de un día espectacular gastronómicamente hablando. Para cuando vuelvo al hotel, por la noche, llevo una castaña impresionante, pero aún me queda sitio para una última cerveza en el bar, donde ponen música a todo volumen y está lleno de la gente de la zona. De ahí, me arrastro a mi habitación, para dormir como un lirón el resto de la noche.

Aunque parezca que estoy de vacaciones locas, no es así. He disfrutado de la ciudad, pero también tengo que decir que la avería de la moto se me ha venido a la cabeza en innumerables ocasiones, y esa incertidumbre sobre qué pasará mañana cuando la lleve al taller ha hecho que la visita fuera mejorable. No obstante, tampoco me voy a quejar, leñe!

Me despierto temprano, así que desayuno copiosamente y la idea es estar en la puerta del taller a las 9 en punto, para buscar la solución al problema cuanto antes. Recorro los 25 kilómetros que me separan del servicio oficial BMW un poco acojonado. No sé cuánto aceite ha perdido el cardan, pero la rueda está muy sucia y la cantidad de lubricante que va ahí no es mucha. Espero no cargarme nada demasiado caro...

El concesionario es muy bonito, muy blanco, muy limpio... Demasiado. Me atiende una chica muy mona y muy educada y muy seria. Todo es muy "muy" por aquí. De la recepción paso con un chaval de recambios, luego me sientan en un escritorio y me hacen esperar como un cuarto de hora mirando al techo. Viene un tío con su camisa blanca y corbata gris y nos vamos a la moto. Sin tocar nada, no se vaya a manchar, me dice que el problema no es lo que yo digo, el problema es otro, mucho más caro, por supuesto. Viene otro con camisa blanca y corbata gris, y opina que el problema es otro distinto. Y para el descojono popular, viene un tercero, también con camisa blanca y corbata gris, y me suelta que la avería es otra y que, encima, sus mecánicos no pueden ver mi moto hasta el jueves. ¿Queeeeeeé? Pero chaval, vamos a ver, no sé si te das cuenta que estoy de viaje y tal, y esta ciudad mola mucho, pero me estás diciendo que siendo lunes, no vais a coger mi moto hasta el jueves, y que entonces, ya veremos cual es el problema, y mientras tanto, yo me dedico a la vida contemplativa, gastando dinero y perdiendo tiempo. Ok. Muchas gracias por su atención, caballero.

Cuando estaba a punto de marcharme de muy mala hostia, aparece una cuarta persona, con camisa y corbata azules, y digo: "Coño, este no es del mismo equipo que estos tres pelacañas". Me lleva a su despacho, y veo que es uno de los responsables del garito este. Me empieza a decir que tienen mucho trabajo y que siente mucho que no puedan atenderme y tal, y tal... Yo le digo que entiendo que pueden tener mucho trabajo, pero que también cuando alguien está de viaje y tiene una emergencia, hay que darle cierta prioridad, y no creo que ningún cliente proteste demasiado si se le explica el tema. Yo, desde luego, no me quejaría.

Me dice que lo único que puede hacer es darme la dirección de un taller "no oficial" pero que él los conoce y son buenos. Venga, pues vamos al lío, que tampoco tengo toda la mañana. Les llama para confirmar que pueden atenderme y en cuanto tengo la seguridad de que me esperan en ese sitio, salgo zumbando de allí sin mirar atrás. Esta última persona es la única que se ha portado con cierta decencia. El resto, unos auténticos gilipollas.

Llego al taller recomendado. Un pasadizo oscuro que da a un patio. Montones de neumáticos a un lado. Piezas de moto sin padre ni madre amontonadas al otro lado. Y al fondo, cruzando el patio, el taller: desordenado, destartalado y sucio. Varios mecánicos pululan arriba y abajo, todos con buzo manchado de grasa. No veo ni camisas ni corbatas. ¡Me gusta!

Me atiende el hijo del dueño, que parece que es el único que habla inglés. Son especialistas en motores bóxer y todo lo que le rodea. Sólo con cruzar cuatro palabras con él, veo que sabe de lo que habla. Sin titubeos, mira la moto, hace un par de comprobaciones, y sin más dilación quita las maletas y desmonta la rueda trasera en un pispás. En 5 minutos aquí he conseguido más que en hora y pico en el servicio oficial. Repito, ¡me gusta!

Es el retén del cardan. Tienen que desmontar todo y de paso, mirar a ver cómo están los rodamientos. Si es sólo el retén, puede estar lista por la tarde. Si hay algo más, ya veremos. Las cosas claras y directas. Como debe ser.

Le digo que adelante, doctor, empiece usted a operar. Si hay cualquier novedad, me llamarán para informar antes de meterse en harina, cosa que también me parece muy honrado por su parte. En otros sitios hacen y deshacen sin consultar, y luego vienen los problemas y malentendidos.

Les dejo trabajar y me voy a deambular un día más por la ciudad de Praga. Hoy se está mejor. Menos gente por el centro. Nublado y buena temperatura: ideal para pegarte una buena pateada. Sabiendo que la moto se encuentra en buenas manos y con la posibilidad de que esté reparada esta tarde, me encuentro mucho más relajado, y hoy sí disfruto plenamente de la visita a la capital checa.

Estando en esta zona de Europa, además de admirar monumentos (tanto de piedra como de carne y hueso), uno no puede dejar de probar cervezas, una detrás de otra. Os dejo los que, para mí, son los 4 mejores sitios de Praga. Están en el centro. En las afueras hay muchos más, pero estos son cojonudos, sobre todo el Tygra, que a pesar de estar muy céntrico, tiene un ambiente local, y las veces que yo he ido, apenas hay turistas, y es que la puerta engaña, porque parece un portal normal y corriente, pero la cervecería está dentro...

U Fleku                  U Medvidku              U Zlateho Tygra            Cerny Orel




Mi colega el mecánico me ha dicho que cierran a las 6, así que llego al taller a eso de las cinco y media, para darles tiempo a realizar su trabajo.


Mi moto aún está en el elevador y uno de ellos está trabajando en mi máquina. Hablo con el chaval y me dice que estará lista en media hora. Los rodamientos parece que están bien, por lo que no es tan grave como parecía. Han tenido ciertos problemas para desmontar y se han cargado una herramienta de las suyas. Gajes del oficio. También han cambiado las pastillas de freno traseras. Estaban llenas de grasa y no frenaba nada de nada.


Un rato después salgo de allí, sobre mi montura y con una sonrisa de oreja a oreja. Tengo la moto lista para seguir dando guerra y el precio ha sido más que decente. Me han dicho que vaya controlando un par de cosillas por si acaso, pero que, aunque no me lo pueden garantizar, ellos creen que irá todo bien. Pues de eso se trata, de que vaya todo bien. Muchísimas gracias, chavales! Os escribiré cuando llegue a casa...

He estado dos días parado. Va a ser difícil recuperar el tiempo perdido para enlazar con el planning original. Seguramente tendré que dejar de visitar algún sitio que tenía en mente, pero en principio, Nordkapp es todavía factible. Así que, al día siguiente, madrugón y kilómetros.

Plan de hoy: dejar la República Checa, atravesar Polonia y dormir en Lituania. Son países que ya conozco y no voy a entretenerme en ellos. Más adelante ya llegará el momento de bajar el pistón. O no.

Tras los primeros 100 kilómetros, paro a repostar, y ya de paso, a controlar la rueda trasera, algo que se convertirá en rutinario para el resto del viaje. Cada vez que pare tendré que mirar si mancha, si hay holgura, etc. Aún voy un poco emparanoiado. Tengo miles de kilómetros por delante y voy a meterme en países que, a pesar de ser punteros, tienen la pega de ser muy caros y bastante despoblados, por lo que la posibilidad de asistencia rápida y barata es bastante remota, así que no me queda más remedio que cruzar los dedos y cuidar la moto como si fuera mía.

Compro una botella de agua. Lo más normal del mundo, verdad? NO!! En cuanto giro el tapón para abrirla... SSSHHHHH!! Odio ese sonido. Cagüentó, me he vuelto a equivocar! Es agua con gas! En estos países tienen la extraña costumbre de beber esta mierda. Yo no puedo con ella, y mira que tengo mala suerte. Es una probabilidad entre dos. Pues siempre palmo. Tiendo a coger la del tapón azul por eso de que en mi país, el tapón de casi todas las botellas de agua mineral tienen ese color. Pero aquí no. El azul suele ser con gas, y el rosa sin gas. Pero yo soy muy tonto, y nunca me acuerdo.

Recurro al viajo truco de agitar la botella y abrirla y cerrarla una cuantas veces para ir quitándole esas burbujitas que tanto odio en el agua (y eso que en otras bebidas no me resultan tan molestas). Esto que os estoy contando me ha podido pasar como medio millón de veces, y no aprendo, joder, no aprendo!

Entro en Polonia. Hasta llegar a Varsovia la carretera es bastante buena, con doble carril y bastante rápida, pero una vez pasada la capi, volvemos a un carril, que sumado a las obras a lo largo y ancho de la ruta, hacen que llegar a Lituania se convierta en un auténtico suplicio de tráfico lento y pesado por carreteras que no tienen demasiado interés.

Hoy finiquito la jornada en Kaunas (Lituania) a eso de las 8 de la tarde. Ha sido un día pesadito, así que hoy voy a dormir en un hotel como Dios manda. Un cuatro estrellas en todo el centro. Precio? La friolera de 23€. Así, como lo oyes: 23€. Habitación doble con cama enorme, baño acojonante, bar con terraza y vistas increíbles, restaurante a buen precio para cenar y desayuno incluido. Alucino!

La moto va bien. De vez en cuando se me viene a la cabeza, y no acabo de ir tranquilo del todo, pero lo cierto es que no se queja ni nada, así que vamos a darle un voto de confianza, que se lo merece.

Tras un rato de charleta con mi familia, me zambullo en ese pedazo de colchón y entro en coma durante las próximas horas.

Por la mañana no madrugo demasiado, incluso me permito el lujo de perrear un poco en la cama, antes de bajar a saquear el buffet. Esta gente no sabe lo que es un navarro hambriento, pero yo se lo dejo clarinete. Qué manera de rellenar platos, oiga. Qué estilo con el cucharón. Y si hay que usar las manos, también, sin complejos. Me he puesto hasta las trancas, pero estos sitios hay que aprovecharlos, que llegarán días en los que me toque comer mal, seguro.

Lo único que veo de Kaunas es lo que observo desde la moto a la vez que voy saliendo de la ciudad. No me apetece liarme de par de mañana.

Me dirijo a la Colina de las Cruces, un santuario donde la gente ha ido dejando sus cruces, y un sitio curioso para ver, si pasas cerca. No creo que sea algo como para desviarte demasiado si no te viene bien, pero es digno de una visitilla.



Tras las correspondientes fotos y tras escabullirme hábilmente de los 3 autobuses de jubilados españoles que acaban de aparcar en las inmediaciones, salgo de allí dirección norte, enfilando hacia Estonia, destino de hoy. La intención es llegar a Tallin para coger el ferry que me llevará a Helsinki mañana por la mañana.

En estos países no se puede correr. No hay autopistas (porque no las necesitan) y la velocidad está limitada a 90 km/h. Lo mejor de todo es que la gente lo respeta y es muy difícil ver a alguien que se salte los límites de velocidad, no sé si por miedo a la multa, o por educación, o por las dos cosas, pero lo cierto es que no voy a ser yo el que se pasa de listo. Me lo tomo con paciencia y aprovecho para disfrutar del paisaje, que no está nada mal, aunque muchas veces tampoco se ve mucho porque vas atravesando bosques inmensos y lo único que ves son árboles a ambos lados de la carretera. Pero cuando queda un poco de espacio, me gusta lo que veo.

El día está bastante nublado al principio, pero el cielo se va abriendo y para cuando llego a Tallin, a eso de las 6 de la tarde, está completamente despejado. Perfecto para darle un vistazo a esta ciudad: sin lugar a dudas, una de las ciudades más bonitas que he visto, con una parte antigua espectacular y muy bien conservada/reconstruida.

Un rato después, ya en el hotel, reservo el ferry. Sale a las 8 de la mañana y cuesta 37€. No está mal.

Llego al puerto a buena hora. No me gusta andar con prisas cuando se trata de embarcar, ya sea por tierra, mar o aire. Entro en la bodega y amarro la moto con mis propias cinchas. No me gusta lo que veo por ahí, y aunque la travesía es corta y se supone tranquila, prefiero usar mi material, y así el que se queda tranquilo soy yo. Hay 4 vehículos de dos ruedas: 3 bicicletas con sus correspondientes ciclistas, y mi moto, conmigo.

El ferry comienza a moverse antes de las 8. Quiero creer que habrán comprobado que todo el mundo está a bordo, porque si no, imagínate la gracia que te tiene que hacer llegar al puerto y descubrir que tu ferry acaba de zarpar.

Efectivamente, la travesía es corta y tranquila. Me zampo un bocadillo de queso con algo más, que no soy capaz de identificar, pero que me da igual. Va todo para adentro, a la hormigonera. Esa si que no falla. Eches lo que eches ahí dentro, todo le va bien. Sin un lamento, sin un ardor. Nada. Sólo un poco de gas de vez en cuando, por el respiradero superior o el inferior, indistintamente.

En los ferrys, una de las ventajas de ir en moto es que sales de los primeros, casi siempre, y no tienes que esperar las interminables colas que esperan otro tipo de vehículos. Te cuelas por cualquier hueco que dejan libre los camiones. Eso sí, con mucho cuidado, que ya se sabe que el pez grande se come al chico, y los camioneros y el personal del puerto no se andan con tonterías. Aquí cada uno va a lo suyo, así que mejor será que vigiles lo que tienes alrededor, más que nada para que no te pase un trailer por encima, que no mola.

Helsinki. Tenía entendido que no tiene demasiado interés. Y así me lo parece a mí también. Un par de iglesias, una estación de tren (que me gustan mucho) y la plaza del senado es lo que visito. Una horita más o menos. Y se acabó, ya tengo suficiente. Me siento más cómodo en la carretera, así que vamos a por ella.

Aquí la limitación de velocidad va de 80 a 100 km/h, salvo unos pocos kilómetros donde se puede ir a 120, así que ya estoy mentalizado a que en las próximas semanas la muñeca va a tener poco trabajo a la hora de darle gas a la burra.

Los paisajes en esta parte sur de Finlandia no me parecen nada del otro mundo. No hay grandes cosas que me llamen la atención y las carreteras son bastante rectas. Este es el típico día en el que vas encerrado en tu casco y lo único que haces es pensar... Pensar, planear, decidir, imaginar, recordar, extrañar... Un montón de cosas pasan por tu cabeza en esas largas horas de monotonía, pero he de decir que es algo que me encanta; me sirve para aclarar mi mente, para que poco a poco, las cosas se vayan poniendo en su sitio, muchas veces ellas solitas. Es la mejor terapia que conozco, y dudo mucho que encuentre una mejor.

Cuando llego a Kempele decido que el día ha tocado a su fin. Desde el teléfono busco un alojamiento lo más barato posible, ya que los días de hoteles de 4 estrellas se han acabado. Los países nórdicos tienen fama de ser carísimos en cuanto a alojamiento. Bueno, no sólo en cuanto a alojamiento: son caros, en general.

Caigo en un hotel de carretera cuyo precio se ajusta a mi presupuesto. Parece la casa de los horrores, pero no me importa. Es sólo para unas pocas horas, porque tengo intención de madrugar al día siguiente. Me instalo, me cambio de ropa y salgo a cenar. No me complico la vida. Hay una gasolinera justo al lado y tienen un gran cartel con unas hamburguesas de lo más apetecibles, que luego, como siempre, resultan ser una mierda, pero como he dicho, no me complico la vida. Hoy es uno de esos días en los que la gastronomía fina brilla por su ausencia. Por la mañana, bocata en el ferry; para comer, sandwich y galletas en una gasolinera; y para cenar, hamburguesa en otra gasolinera. Lo que viene a ser la famosa dieta mediterránea, no? O no era así?

Al volver hacia el hotel, reviso la rueda una vez más. Hace un ruidillo nuevo, que no tenía controlado. El estómago se me pone de pie. No jodas, burrita mía! Ahora no! Es un ruidillo muy ligero, que puede ser cualquier cosa, pero como llevo la paranoia encima, no hago más que revisar la puta rueda, y al final siempre detectas algo. En fin, vamos a dejarlo estar, y que sea lo que tenga que ser. Me voy a descansar, que mañana toca otra tirada larga, y uno necesita estar entero.

Es temprano cuando cargo la moto una vez más. Por la temperatura, se nota que nos vamos acercando al círculo polar. No sé cómo explicar esto, pero... ¡hace un frío de pelotas! Espero que a lo largo del día vaya subiendo la temperatura. Si no, lo voy a pasar regular.

En dos horas y pico llego a Rovaniemi, donde se encuentra la línea del Círculo Polar y también la casa de Papá Noel.

Aparco enfrente del edificio más grande e iluminado que veo. Nada más entrar ya veo de lo que se trata. Con la excusa del señor gordito vestido de rojo y con una larga barba blanca, han convertido esto en un sacacuartos sin complejos. Cualquier detalle está a precio de oro. Por otra parte, no es nada que no esperara: una turistada más, donde el que quiera sentir la magia de la navidad (o hacerla sentir a sus hijos pequeños) la tiene que pagar a doblón. En cuestión de 3 minutos estoy listo para marcharme de allí, sin gastar un solo céntimo, por supuesto. Al acercarme a la salida, el chaval que se encuentra allí, más aburrido que una ostra, aún se anima a decirme que tengo mucha suerte, que el señor gordito de la barba blanca está dentro, esperando para hacerse una foto conmigo. Pues muy bien, majete, pues ya si eso, le comentas al señor del disfraz que me voy a esperar a las próximas navidades, a ver qué se cuentan sus majestades los Reyes Magos de Oriente, y si ellos consideran que he sido un niño bueno, igual hasta me traen algún regalito. Eso sí, la foto con ellos, seguro que es gratis. Salgo de allí ni siquiera decepcionado. Es exactamente lo que me esperaba. En fin.



Donde sí me hago un par de fotos es en la línea que marca el Círculo Polar. Si estos últimos días ya empezaba a hacer frío, a partir de ahora supongo que la cosa se va a poner seria de verdad. En estas latitudes, pocas tonterías con la temperatura. Y es que no sé si os lo he comentado, pero soy un friolero de los grandes, así que toca empezar a sufrir un poquito.

De donde sí que no salgo decepcionado es de la gasolinera de enfrente, donde me tomo un enorme café con leche, acompañado de dos bollos de chocolate tamaño XXL. Hay que recuperar energía cuando tienes la oportunidad.

Visto que los paisajes finlandeses me están decepcionando bastante, y teniendo en cuenta que, ahora mismo, estoy a 700 kilómetros de Nordkapp, decido que ha llegado el momento de darle un arreón a la burra y llegar a la mítica bola hoy mismo por la tarde, así que sin más dilación, lleno el tanque y gaaaassss!!

Los últimos 80 kilómetros antes de llegar a la frontera con Noruega son los más bonitos que he visto en todo Finlandia: un continuo sube baja, con riachuelos a ambos lados de la carretera, y tráfico inexistente, sumado a que la temperatura ha subido un poquito, hacen que este trayecto se convierta en lo más placentero de los últimos días.

Y sin apenas enterarme, me encuentro rodando por tierras noruegas. Así, a lo loco. El paisaje es cada vez más bonito, además de que, poco a poco, el sol está haciendo acto de presencia y eso siempre hace que las cosas se vean doblemente agraciadas.

Y en esas, voy yo tan tranquilo rodando por estas tierras norteñas, cuando al salir de una curvita suave, veo en la margen izquierda de la carretera, aparcado en una campa, un antiguo coche cargado hasta los topes y con un montón de gente correteando a su alrededor. Los reconozco al instante: es la familia Zapp!! No me lo puedo creer!! Se trata de un matrimonio argentino que allá por el año 2000 decidió dejarlo todo para hacer realidad su sueño: viajar hasta Alaska. Desde aquel comienzo hasta ahora, no han dejado de recorrer el mundo en su viejo coche de 1928, y al que se les han ido sumando 4 personajillos con los que ahora forman ese sexteto viajero: sus hijos, nacidos en diferentes puntos del planeta.

Y yo, sin comerlo ni beberlo, me acabo de dar de bruces con ellos. Por supuesto, freno en seco y aparco a su vera. Sin dudarlo, y al saludarlos en castellano, tanto Herman como Candelaria se echan encima de mí y me propinan uno de esos abrazos que te ponen las vértebras en su sitio. Nos ponemos a charlar como si nos conociéramos de toda la vida. Los niños no paran de jugar y corretear a nuestro alrededor y los padres hablan sin parar, uno detrás de otro, contando historias y anécdotas que me dejan con la boca abierta.

Uno recibe un baño de humildad cuando conoce gente así, porque aunque te creas que has viajado algo y tienes cierta experiencia en esto de moverte por el mundo, de repente, conoces a una familia como esta, que en media hora y después de contarte una ínfima parte de sus aventuras, te das cuenta de que eres un auténtico novato, y te queda mucho, muchísimo por aprender.



Lo que no se puede negar es la buena sensación que transmiten. Yo había visto vídeos de ellos y siempre te queda la duda de si realmente son así o, por contra, están cumpliendo un papel en esa película que es su vida. Pues bien, yo lo que veo aquí, en vivo, es lo mismo que transmiten en sus vídeos: un buen rollo increíble, optimismo invencible y felicidad sin límites. Por supuesto, habrán tenido sus momentos delicados, pero lo que yo puedo decir es que son auténticos. Auténticos con mayúsculas. Mis respetos ante esta incansable familia viajera, que sigue persiguiendo su sueño contra viento y marea, sin pensar demasiado en el futuro y exprimiendo el presente. Una auténtica inspiración...

He pensado en comprar su libro muchas veces, pero por una cosa o por otra, nunca lo he hecho. Mientras me ofrecen algo para comer, veo asomar dos ejemplares del libro Atrapa tu sueño entre los miles de paquetes y artefactos que llevan en ese maletero tan peculiar, y sin dudarlo, les digo que quiero comprar uno de ellos, por supuesto, dedicado.

Cande le pasa un bolígrafo a Herman, y se dispone a empezar a escribir la dedicatoria. Levanta la cabeza, mirándonos y pregunta: "¿Qué día es hoy?". Cande responde: "Ni idea". Yo me encojo de hombros. "Bueno, pondré Septiembre de 2016". Un momento después, pregunta: "¿Y cómo se llama el lugar éste donde nos encontramos?" Cande se encoge de hombros y yo respondo: "Ni idea". Se rasca la cabeza un segundo. "Bueno, pondré Noruega". Los tres estallamos en una sonora carcajada de la que se contagian los niños, que empiezan a corretear por todas partes. Herman sale corriendo detrás de ellos y Cande me mira resignada y me confiesa que es muy duro eso de estar al cargo de cinco niños, con una sonrisa amplia y franca.  

Tras un rato más de charla, y a pesar de estar viviendo uno de esos momentos increíbles que te regala la vida, yo tengo que seguir mi ruta y ellos la suya. Nuestros ritmos son completamente distintos. Además, vamos en sentidos opuestos. Ellos han estado ya en Cabo Norte y se dirigen a Finlandia, así que acordamos vernos en España, cuando lleguen, como colofón de su periplo europeo, donde darán charlas por varias ciudades españolas. Así que seguro que me acercaré a una de esas ciudades para saludar a esta peculiar familia, sin ninguna duda. Lo que no sé es en qué año llegarán, al ritmo que llevan... Sin prisa.

Retomo el rumbo Norte y sin saber cómo, llegamos a la costa. Así, de sopetón. El tiempo ha ido mejorando minuto a minuto, y el cielo está prácticamente despejado. Es un espectáculo recorrer la costa noruega con este cielo y con esta temperatura, que a pesar de no ser calurosa precisamente, es más que suficiente para permitir disfrutar de la ruta sin que casteñeteen los dientes.

Son unos 200 kilómetros los que me separan de la bola, aproximadamente, primero por la E6 y luego por la E69. Parece mentira que esté tan cerca. A pesar de los problemillas, el tiempo ha pasado rápido, y ya estoy aquí, a 2 horas de mi primer destino en este viaje. La carretera es preciosa y, como ya os he dicho, el día acompaña, aunque la temperatura va bajando conforme me acerco, y la fuerza del viento va aumentando poco a poco.

Lo que yo pensaba que eran puentes (mirando el mapa), va y resulta que son túneles. Muy poco tráfico y renos por todas partes, muchos de ellos al borde de la carretera, que no dudan en salir a saludar cuando menos te lo esperas. Hay que andar realmente atento para no tragarte alguno de ellos. No son animales precisamente pequeños, así que no quiero experimentar qué se siente al chocar de frente contra uno de ellos.

La carretera gira a la izquierda y sube revirada, para llanear un poquito más y subir un último trozo, donde se llega a avistar el aparcamiento y las barreras donde se suponen que te meten el puyazo si apareces por aquí dentro del horario normal. Yo, como muy normal no soy, llego tarde, y como estos noruegos son muy comodones, ya no hay nadie currando por aquí, así que paso las barreras y sin dudarlo dos veces, bordeo el edificio que tengo delante y recorro esos últimos metros de gravilla saboreando el momento, despacio, en primera e intentando mantener cada momento en mi memoria.

Lo cierto es que se trata de un destino por el que nunca me había sentido especialmente atraído, pero también es cierto que en este momento, a escasos metros de llegar, la emoción me embarga y grito de contento dentro de mi casco cuando dejo atrás el edificio y veo a 100 metros la famosa bola que marca el final del continente por su lado septentrional. Señoras y señores: ¡bienvenidos a Nordkapp!





martes, 12 de abril de 2016

March Moto Madness '16

Un fin de semana que debería haber sido en Marzo, pero que, finalmente, por temas logísticos, fue el 1, 2 y 3 de Abril, donde unos 50 tarados con las facultades cognitivas ciertamente mermadas nos dimos cita en A Fonsagrada, un pequeño pueblecito de Lugo, en plenos Ancares.

La esquadra galega, tras un duro trabajo de investigación y rastreo, habían preparado diferentes tracks por donde dar rienda suelta a toda la energía que traíamos para soltar por todos esos caminos y pistas interminables que hay por la zona.

A pesar de que el tiempo parecía que iba a resultar adverso, y en los días previos habían caído unas nevadas de lo más interesantes, no fue así, y nos dio una pequeña tregua, que resultó suficiente como para permitirnos disfrutar de muchos kilómetros de tierra, barro y nieve a partes iguales. Hubo que modificar partes de la ruta debido a la acumulación de nieve a cierta altura, pero repito que hubo tiempo de sobra para darle gusto al puño sin ningún problema.

Aquí os dejo mi granito de arena en forma de vídeo, para rememorar un fin de semana inolvidable...

Gaaaaasssss!!!!!




martes, 13 de octubre de 2015

Vídeo RESUMEN IRÁN 2015

Con este resumen de imágenes doy por finalizado mi viaje a Irán 2015.

Esto de la edición de vídeos lleva más trabajo del que parece y por eso me cuesta tanto sacarlos del horno. Además, la vida sigue, y tengo que ir arañando minutos de lo que es la vida diaria para conseguir hacerlo, y eso no siempre es fácil.

Pero bueno, como siempre digo, estos resúmenes es lo que me gustaría ver y enseñar a mis nietos en un futuro, ya que si tenemos que confiar en mi memoria, creo que lo tenemos complicadillo.


Sin más, os dejo con mi "niño". Ha sido hecho con todo el cariño, y espero que os guste. Ya me diréis.

Nos veremos por aquí el año que viene.

Como siempre: ¡Volumen y gaaaassss!

VER VIDEO AQUÍ: https://vimeo.com/151625088




lunes, 28 de septiembre de 2015

Vídeo IRÁN 2015 (Turquía y pa casa)

Con esta última vídeo crónica finalizo los resúmenes de mi viaje por Persia. Por otra parte, ya era hora, teniendo en cuenta que el viaje acabó hace casi 4 meses, pero ya sabéis que la edición y yo no nos acabamos de llevar del todo bien. Como siempre en estos casos, espero que disfrutéis de las imágenes y veáis lo que yo vi. Abrazo...y hasta pronto!