Páginas

lunes, 29 de abril de 2013

DIA 13 Ankara-Estambul



Ya estoy en Estambul, en el hotel, en Sultanahmet, a un paso de la mezquita azul, escuchando la llamada al rezo. Mañana a las 6 de la mañana no me hará tanta gracia, pero es lo que tiene alojarse aquí. Estoy descansando un poco, hasta las 23.30, que es cuando tengo que estar en el aeropuerto para recoger a Elma, si no hay retrasos. Espero que el tráfico sea menos intenso a esas horas...

Hoy tengo que ponerle el primer punto negativo a este país. Hasta ahora, todo había sido perfecto. Pero hoy, en Ankara, he visto que las ciudades grandes son todas iguales: la gente va a su bola y la educación desaparece. No es que haya sido nada escandaloso, pero es que estaba el listón muy alto desde que llegué aquí. En todos estos días, todo ha sido espléndido, las gentes turcas con las que he tenido contacto han sido educadas, atentas, serviciales y amables, y siempre haciendo un esfuerzo por entendernos, cosa que a veces no ha sido fácil.

Ankara

Pues bien, hoy en Ankara, empezando por los empleados del hotel, siguiendo por los conductores de sus calles, y terminando por los militares encargados del mausoleo de Ataturk, todos ellos han tenido una actitud que, para nada, se corresponde con la imagen que me estaba haciendo de Turquía. En el hotel, bastante bordes a la hora del desayuno y del check out, los conductores, bastante más agresivos que en otros sitios (he visto 3 accidentes en cosa de una hora. Eso sí, en uno de ellos, mientras esperaban la asistencia, estaban tranquilamente sentados tomándose un chai, y el accidente bien señalizado con un pack de 6 cajas de leche colocadas estratégicamente 15 metros antes que los coches accidentados) y los militares del control de seguridad del mausoleo, unos prepotentes que lo flipas, y casi la tenemos nada mas empezar el día.


El casco lo he candado a la moto y sólo me he llevado la bolsa sobredepósito. Al llegar al control, arco detector de metales y scanner. Pasan la bolsa, y me dice el que yo creo que era el más tonto, que la bolsa se queda allí con ellos. Y yo le digo que ni de coña. ¿Por qué? Pues porque es muy grande, me dice el tipo. ¿Grande? No es más grande que cualquiera de las mochilas que tus compañeros están dejando pasar, le contesto. Es muy grande, me vuelve a decir.

Intento cambiar de sujeto a ver si hay más suerte y me dirijo a otro de los que estaba en el despachillo, pero no me hace ni caso, y el primero me persigue por el pasillo como una mosca cojonera. Ya veo que hemos entrado en barrena y no me va a dejar pasar la bolsa, cueste lo que cueste. Esa va a ser su gran labor de esta mañana.

Mal alimentados no se les ve...
Mi interés por pasar la bolsa no es otro más que en ella llevo las cosas mas valiosas de mi viaje, y si la pierdo, estoy seriamente jodido, por eso, me gusta tenerla conmigo en todo momento. Al final, cojo la cámara y dejo la bolsa, porque veo que la alternativa es volver por donde he venido y quedarme sin ver el jodido mausoleo, que, por otra parte, es lo único que tiene esta ciudad.

Llego al mausoleo, y os juro que si llego a saber, ni me preocupo en discutir con el tonto del pueblo. Mejor me hubiera ido. Yo no sé si es que ya estoy cruzado o qué, pero no me gusta en absoluto. Ya sabía a dónde venía, tampoco puedo decir que me pille por sorpresa, pero me parece muy soso. Además, hay militares por todos lados, demasiados, algo no me cuadra. En 5 minutos decido que me piro, y conforme enfilo las escaleras para volver al punto de control, empiezan a llegar como 25 cochazos oficiales con sus lucecitas rojas y azules en la rejilla del radiador funcionando a todo trapo. Tiene que ser algún tipo de comitiva oficial de algún país árabe, por la ropa que llevan. Yo lo sé, que he visto mucho documental de la 2. Ahora entiendo porqué está plagado de soldados.

Y a mí estas cosas sí que me ponen enfermo, ese doble rasero con el que nos miden. Seguro que algún jeque árabe lleva una bolsa sobredepósito igualica a la mía, y nadie le dice ni pío. Así es que hasta luego, Lucas. Agarro mis cosas y me piro. Tengo ganas de salir de esta ciudad. No vuelvo ni loco, y desde luego, si alguien tiene dudas de si venir o no, mi opinión creo que está clara. Antes del viaje, me habían dicho que no merecía la pena, pero ya que pasaba por aquí de camino a Estambul, pues me quedé, pero vaya...

Bueno, yo a lo mío. Me coloco mis cositas y a rodar. En 5 minutos ya se me ha pasado el cabreo, ya tengo el síndrome del casco: yo lo llamo así, y es que cada vez que me lo pongo y salgo a dar una vuelta, no puedo dejar de sonreir. Disfruto tanto, que me olvido de todo lo demás. Solo es eso: sonreir y disfrutar, y esta vez no iba a ser distinto.

En el camino hacia Estambul no me encuentro nada reseñable. Apenas hago fotos, y algún que otro vídeo, pero por hacer algo. Es que si no, me da la sensación de que no estoy haciendo los deberes.

Paro a comer en una pizzería que veo al borde de la carretera, desde donde escribo la mini crónica de los enanos, que se me olvido ayer. Esa es la clase de gente que yo espero encontrarme en este pais, personas sin malear, tan inocentes y tan honestos. No olvidaré fácilmente las miradas de esos dos críos, os lo aseguro.

Bueno, y ahora, lo mas excitante del día: la entrada a Estambul en hora punta, pa que lo flipes!! Las retenciones ya se empiezan a formar cuando en mi GPS dice que me falta 40 kilómetros para llegar a mi destino. ¡40!

Curiosa decoración en Sultanahmet
Mi intención inicial es tomármelo con calma y respetar las normas, aunque nadie en toda la ciudad lo haga. A los 2 minutos, estoy de los nervios, no hay manera de avanzar, así que poco a poco, me voy metiendo en harina, y cada minuto que pasa, me la suda un poco más infringir todas las normas de tráfico habidas y por haber, hasta que me mimetizo tanto en el ambiente, que conduzco como ellos, es decir, sálvese quien pueda! Hueco que pillo, me meto. Los arcenes son un carril más. Los pivotes están ahí para practicar la gynkana. Y en menos de nada, estoy disfrutando como un niño, aunque, eso sí, este juego es bastante peligroso. No recomiendo hacerlo muy a menudo. Hoy ha salido bien, pero cualquier imprevisto hubiera acabado en accidente, y mi objetivo número uno en un viaje así es, sencillamente, no tener accidentes para no arruinarlo todo.

Después de un buen rato de conducción suicida, llego al hotel sudoroso y con subidón de adrenalina. Me reciben con una cervecita, gran detalle, así sí, coño!!

Y en unas horas, al aeropuerto. De aquí al domingo no prometo nada, no sé cuándo escribiré ni cuánto, me voy a relajar un poquito. Más aún, si cabe. Pero a partir del domingo, back to work. Prometido. Hasta pronto. Besos y abrazos.









Ver mapa más grande

domingo, 28 de abril de 2013

DIA 12 Gümüshane-Ankara



Ahora mismo, estoy en Ankara, tras más de 800 kilómetros de ruta, y me encuentro, literalmente, machacado, así que hoy, algo cortito que me voy al sobre de cabeza. Me he comprado un par de cervezas de medio litro, para ver si duermo aún mejor, así que a ver qué sale hoy. Ya he abierto una lata y el primer trago ha sido más que satisfactorio... Bien!!

He dejado el hotel a las 6.30 de la mañana. Como me he despertado temprano y tenía un montón de kilómetros por delante, cuanto antes salga a la carretera, mejor. Hace fresquillo, aunque vuelve a estar despejado. Luego seguro que aprieta el calor. Yo salgo muy valiente, sólo con la camiseta debajo de la chupa, y a los pocos kilómetros tengo que parar a abrigarme un poco más porque me estoy quedando como un churro.


Hoy toca carretera de montaña. Esta ruta me la recomendó Mehmet el otro día, así que le voy a hacer caso, que el hombre controla un rato. Me esperaba las típicas carreteras de montaña a las que estoy acostumbrado en mi tierra, es decir, muy estrechas, con muchas curvas y gran desnivel. Pues bien, las de aquí, las curvas y el desnivel lo tienen, pero estrechas, lo que se dice estrechas, no son. Vamos, 2 carriles en cada sentido, con arcenes inmensos y un hueco entre un sentido y otro. En caso de apuro, un Boeing 747 no tiene ningún problema en aterrizar aquí. Madre mía, qué autopistas, que parten en dos las montañas. Es la E80, una ruta de camiones, principalmente. Apenas hay tráfico y el asfalto es, en general, bueno. Tiene algún tramo un poquillo peor, pero nada que ver con las carreteras de días pasados.


Hoy también le he hecho caso a Adam, y me he puesto los tapones y la música a todo volumen, y la verdad es que es otro mundo, mucho mas ameno todo. Esos tramos aburridos de carretera ancha, con el rock&roll a toda ostia, como que se llevan mejor. Y con los tapones no se oye nada más, solo la música, una auténtica gozada para disfrutar de las canciones sin reventarte un tímpano.

Vehículo radar modelo turco
Hay controles de policía por todas partes, cada 10 kms más o menos, pero no me han parado en ninguno, y es que son un tanto peculiares. Luego le echáis un vistazo a las fotos y me contáis. ¡Estos turcos son de un cachondo!

Hoy no he podido resistir la tentación y he hecho algún tramo por pistas. Tenía que probar las gomas y hoy era el sitio ideal. Se han comportado fantásticamente bien, tanto en asfalto como en pista. En asfalto, al principio iba con un poco de mieditis por lo que me habían dicho, pero ahora ni me acuerdo que son distintas a las anteriores. Comportamiento excelente. Y  Off road, pues ya veremos, la primera impresión, también muy buena, pero lo de hoy ha sido muy light... A ver más adelante. Además, todo esto, en seco. Cuando llueva, si llueve (ahora, por hablar, caerá mañana), os cuento a los que estéis interesados. Bueno, y a los que no, también.

¡¡Todo para mí!!
Hoy todo lo que he hecho ha sido fotografiar lo que veía desde el borde de la carretera, porque en los pueblos no he parado. Sólo en uno para calmar al tigre, y era bastante grande, por lo que he estado más bien poco. Me estoy dando cuenta que no me gustan las poblaciones grandes, las evito, prefiero los pueblecillos, la gente es diferente a lo que estamos acostumbrados y, fotográficamente, no hay punto de comparación. En las grandes, la gente va con vaqueros y camisa, conducen su coche, y los adolescentes se peinan como Cristiano, y eso es lo que veo yo en mi ciudad todos los días.
Yo he venido hasta aquí para ver algo distinto. Por ejemplo, algo que no veo habitualmente es, a madre e hija limpiando las alfombras de la casa con la manguera y un cepillo XXL, con una olla de agua hirviendo a su lado, que parece la marmita donde se cayó Obelix, hace ya muchos años. 

Como viene siendo habitual,
 las mujeres currando y el hombre mirando.
Le he pedido permiso al hombre de la casa para hacer las fotos, porque eso de fotografiar a mujeres ajenas así porque sí, te puede traer algún problema. Y después de obtener el beneplácito del páter familia, hasta sonrisas y todo, tú.

Que sepáis que la primera cerveza ha muerto y la segunda ha pedido clemencia, pero no me ha pillado en un buen día, así que matarile también. ¡Ay, que me estoy animando!!

Entre una cosa y otra, voy llegando a Ankara, capital administrativa de Turquía. Llevo una buena kilometrada entre pecho y espalda, pero hoy la carretera ha sido buena, y eso se nota. Me dejo guiar por el GPS hasta el centro, y una vez allí, doy un par de vueltas a la busca y captura de alojamiento. Dogan Royal, se llama el garito, aunque de royal le queda poco. De dogan, no se...uuyyyy, me parece que estoy un poco tocado. Me da igual, sin filtro.

Me pasa una cosa de lo más graciosa, y es que una de las razones por las que entro a preguntar precio por una noche, es porque veo una rampa de lo mas cuqui, y yo que soy un tío listo, deduzco que tienen garaje. Vale. Entro y pregunto a la recepcionista, blablabla, un poco de regateo, venga, ni pa ti ni pa mí, que soy español, menuda la crisis... Vamos, lo típico. ¿Puedo dejar la moto en el garaje? Sí, sin problemas, lo único es que ahora esta la furgo de la lavandería y tendrás que esperar. Tranqui, no pasa ná. 

Me instalo, y como hora y media más tarde, bajo. En la recepción hay un tío bastante más feo que la chica de antes, y encima habla peor inglés, que ya es decir. La furgo sigue ahí, pero el tío la mueve ante mi insistencia. Ya con la vía libre y todo chulo, yo, me lanzo cuesta abajo así, tal cual, a las bravas. ¿Qué pasa? ¡¡¡¡Joder, qué pasa!!!! Pues pasa que lo que yo pensaba que era un garaje, termina donde termina la rampa, y continúa en un estrecho pasillo que lleva vaya usted a saber dónde.

Y ahí estoy yo, con cara de gilipollas y una moto de mas de 300 kilos con la rueda delantera hacia abajo y sin espacio material para dar la vuelta de ningún modo.

Meto la primera, y paro el motor, para que la moto no se vaya hacia abajo. Y con el rabo entre las piernas (como siempre, por otra parte...uyyyyy, la cervezaaaa) subo de nuevo a la recepción para suplicar que alguien me eche una mano...

Al final la sacamos entre cuatro. La moto, quiero decir. Y a dormir otra vez en la puta calle. 

Después de esto, caigo en depresión, y voy a la busca del alcohol que está provocando que mi mente sea abducida y controlada por unos seres que no conozco y me están hablando en una lengua que no entiendo. Vamos, como los turcos...

En fin, vale de paranoias...estoy pedo...y mañana tengo que conducir e ir al aeropuerto a esperar a mi chica, así que ya vale de cháchara...besos...


Un poquito de off-road, aunque sencillito, sin forzar




Ver mapa más grande

sábado, 27 de abril de 2013

DIA 11 Samsun-Trabzon-Monasterio Sumela-Gümüshane



Las vistas de mi habitación, esta vez, no es que sean las mejores del mundo: la ventana da a un patio de 1x2. Si extiendo el brazo, toco la pared de enfrente. Por lo demás, el hotel está bien, y lo mejor, el buffet: cómo mola eso de bajar y que esté todo preparadito, listo para ser devorado. Desde las ventanas del comedor sí que veo la calle, y con esas vistas, dos buenas noticias: la primera, que la moto está exactamente donde la dejé, y la segunda, que vuelve a estar despejado y con un sol radiante.

Como cada día también, lo primero de todo es darle de beber a la moto, así que paro en la primera gasolinera que veo. Lleno, por favor, que se suele decir. Hoy me toca un gasolinero rechoncho y afable, que lo intenta con ahínco, pero es difícil comunicarse así. Al final, después de pagar, algo que entiendo: ¿Chai? Joé, que afición al té tiene esta gente. Bueno, no sé si al té o al descansito que implica, que con la tontería del chai y la novedad del chalao español, nos juntamos 6 o 7 personas en el despacho del jefe. Otra cosa que da mucho juego es la cámara del casco. En cuanto se fijan en ella, yo les digo que saluden, y ahí ya empieza el teatro, cada vez es distinto, pero siempre muy divertido. Me rió un montón con las chorradas que le da por hacer a cada uno. Tengo ya horas enteras de grabaciones, voy a necesitar un curso intensivo de edición de vídeo a mi vuelta, así que si alguno de los que andáis por ahí, controla un poco del tema, aceptaría gustoso unas clases particulares.

Me ofrecen un segundo chai, pero ya no lo acepto, porque si no, no me muevo de allí. Continúo por la misma carretera que me trajo a Samsun. Doble carril y buen asfalto. Hoy los kilómetros caen rápido, tengo tarea por hacer y no me entretengo. Además, tampoco hay nada reseñable. La carretera esta salpicada de pueblos que son un calco unos de otros, así que hoy no tengo problemas de conciencia con el tema de las fotos. De hecho, no hago ninguna hasta la hora de comer.

Es en Espiye donde decido parar a comer. Desde fuera, el pueblo aparentaba ser un ejemplo de urbanismo, con aceras amplias e incluso con rebajes, y jardines también amplios y bien cuidados. Pero al adentrarme un poco entre sus callejuelas, veo que es como todos, calles sin asfaltar, muchos edificios en ruinas y bastante basura por el suelo. Pero tiene un ambientillo que me gusta, así que me doy un par de vueltas por el centro, grabando desde la moto, y decidiendo dónde me siento a comer. 

Varias generaciones posando en Espiye
No lo tengo nada claro, así que en un momento dado, paro la moto para estirar un poco las piernas y se me acerca un grupillo de niños de unos 10 años, chapurreando inglés con mucha más soltura que sus mayores. Así que intento cruzar alguna frase con ellos para pasar el rato. Entonces, de la nada, se incorpora un chaval un poco mayor, y luego un par de adolescentes, y más tarde algún que otro abuelo, y en cuestión de un par de minutos, hay montado un guirigay en medio de la calle, que parece eso la Gran Vía en hora punta. A veces me preguntan algo, y yo respondo como puedo. Otras veces, empiezan a hablar entre ellos a toda velocidad, y se olvidan que estoy ahí y que no entiendo un carajo de lo que dicen. Ya tengo el ranking de las preguntas estrella: la primera es de dónde eres, la segunda, cuánto vale la moto, y la tercera, ¿estás solo?

Cuando les respondo que sí, se quedan sin habla, como si realmente les importara, y noto cierta sensación de lástima hacia mí. Curioso, ¿verdad? No se dan cuenta que esto es una decisión propia. A ellos no les entra en la cabeza el estar solos, y muchos menos, hacer cosas solos. Para qué, si puedes hacerlo acompañado, piensan.  

Al poco rato, se aburren de mí, y uno a uno se despiden estrechándome la mano y deseándome suerte, menos los mas peques, que a ellos les choco la mano. Unos críos muy sanotes, me han parecido. Y allá que se van, con su jefecillo a la cabeza, que es el que lleva el balón de fútbol, y que también será el que hace los equipos, por supuesto. Si es que ya se nos ve venir desde pequeños, ¿no os parece?

Entro a comer en un restaurante pequeñito que está a la vuelta de la esquina. Allí me encuentro a padre e hijo, los dos currando, aunque ahora hay poca gente en el sitio. Le hago entender que quiero comer lo que ha comido él. Le cuesta entenderme pero al final, me pilla. Me dice: te voy a hacer una pizza alargada con un montón de ingredientes que te vas a chupar los dedos, chaval! Todo ello en un perfecto turco con acento del norte. 

El chaval es el que se encarga de mi gozo y disfrute durante la próxima media hora. Empieza a estirar la masa y le pregunto a ver si le importa que le grabe mientras lo hace. No problem, es la respuesta. Parece la respuesta nacional. Nadie tiene "problem". ¡Qué envidia!
Çelik en plena faena

Parece que esta tocando el piano, de lo suave que lo hace. Se toma su tiempo, no tiene prisa...pero yo sí, coño! Tengo un hambre que me muero. Le pone los ingredientes y me va explicando todo lo que le echa, paso por paso. Después le da forma, y le pone queso y un huevo por encima, y con una pala larga de madera, de estas de panadero, la mete al horno para que se vaya haciendo. 

Mientras tanto, el padre me enseña fotos de su otro hijo. Vive en New Jersey con su mujer e hija, y cuando me las está enseñando le brillan los ojos, no sé si de emoción o de orgullo o de las dos cosas juntas.

Yo le pregunto al hermano a ver si no ha pensado en saltar el charco. Su cara es un poema y hace gestos como si estuviera amasando una base de pizza imaginaria. Lo que quiere decir es que él no se puede ir porque se toma su trabajo muy en serio, y no puede dejar el negocio. En resumen, que su sitio está en Turquía y no en ninguna otro parte.

La pizza sale del horno y tiene una pinta que te mueres. ¡¡Al ataque!! ¡Soy muy feliz durante esos breves momentos que tardo en devorarla!

Çelik, que así se llama el chef, me da toda clase de detalles sobre cómo llegar a Trabzon y posteriormente, al monasterio de Sumela, que es el punto mas oriental al que voy a llegar en este viaje. Me despido de la familia que me ha dado de comer tan amablemente, y parto hacia el Este, lo poco que me queda.

Monasterio de Sumela
Un ratito más tarde me topo con Trabzon, más grande de lo que esperaba, por lo que, simplemente, me doy un paseillo con la moto y continúo hacia Sumela. Al igual que el de Rila, Sumela también está en lo alto de una montaña, tan en lo alto, que esta construido literalmente pegado a ella. Y eso es lo que lo hace tan espectacular. La entrada son 8 liras, no muy caro. Mil o dos mil fotos más tarde, termino mi paseo por el monasterio, que no esta habitado, como lo estaba el de Rila. Son dos edificios completamente distintos, pero cada uno con sus peculiaridades y su encanto.

Conduzco un poco más, pero ya me caigo de sueño, así que ya vale por hoy. En el siguiente pueblo, paro a buscar alojamiento.

Y aquí estoy, en Gümüshane, pueblo alegre y dicharachero donde los haya. Casi mejor me voy al pulguero, no puedo más...zzzzzzzzzzzzzzzz






Ver mapa más grande

viernes, 26 de abril de 2013

DIA 10 Bartin-Synop-Samsun



Otro día más que amanece completamente despejado. No me lo puedo creer. Suerte es poco, porque se supone que en esta zona y época del año, debería estar lloviendo a mares. O eso es lo que tenía entendido. En fin, que dure...

Bajo a desayunar con el ordenador por si acaso hoy puedo conectarme un ratito antes de salir. Y mira lo que son las casualidades de la vida, que hoy sí. Ayer no, hoy sí. ¿Tu lo entiendes? Yo tampoco. Y no hay manera de enterarse. Aquí no habla inglés ni el recepcionista. Me parece increíble. Y eso que esto es zona de turismo. Supongo que será turismo nacional, porque si no, ya me contaras. El tío no es que chapurree, es que no se sabe ni los números!! Muy fuerte! En España, para ser recepcionista en un hotel de medio pelo, te piden 4 idiomas, carrera universitaria y máster en finanzas. Total, para dar llaves. Este tío hace lo mismo y sin tener ni puta idea de idiomas...

Tras el desayuno, lo de siempre. A hacer maletas. Bueno, maleta. Cada día que pasa tengo un poco mas de espacio, y eso que llevo exactamente lo mismo, pero me estoy convirtiendo en un experto en aprovechar huequecillos.

Lo primero que hago al salir, es ir a la gasolinera más cercana a que me roben un poco. Unos 2 euros el litro. ¡Alegría!
Eso no es una sorpresa, la sorpresa viene cuando el gasolinero, ni corto ni perezoso, me invita a un chai a la vez que trae las vueltas. No se puede negar lo amables y hospitalarios que son en este país. Me estoy encontrando unos detalles que no esperaba, a pesar de haber leído mucho sobre el tema, pero está claro que hasta que no lo ves con tus propios ojos...

El GPS, al meterle la ruta que tengo planeada para hoy, me avisa de que hay algún camino sin pavimentar en el recorrido, y a ver si quiero continuar. ¡Joder, pues claro! ¡A qué hemos venido hasta aquí!! Lo que no me esperaba yo, es que, aparte de esos trozos sin pavimentar (que son trozos bastante largos), de los 500 kms que había planeado, los primeros 350 eran de puro bache y gravilla. Desde luego, un buen bautizo para mis nuevos Heidennau. Ya os digo de antemano que, al final, me han sobrado unos cuantos kilómetros de esta carretera, que aunque muy bonita, ha terminado siendo un infierno para la suspensión y sobre todo para mi trasero, que ahora mismo lo tengo como un bebedero de patos...y no quiero chistes fáciles.

Además, he estado un par de horas un poco temeroso por la salud de la moto. Me explico. En alguna ocasión, sobre todo cuesta arriba y saliendo de marchas cortas, la rueda trasera me hacía una especie de rebote al que no le encontraba ninguna explicación. Además, no siempre era en esas condiciones, a veces en marchas largas, a veces también en llano. Como un rato antes había estado haciendo un poco el mono en esas carreteras de Dios metiéndome por algún charco y cogiendo un poco de solera, he pensado que, quizás, parte de ese barro estaba haciendo de las suyas en algún sensor del control de tracción, aunque no tiene mucho sentido, porque que yo sepa, no hay sensores exteriores a los que afecte un poco de barro. Pero como de mecánica sé poco, y de electrónica menos, pues ya no sabía ni qué pensar. Pruebo de todo: desconecto el ABS. Nada. Desconecto el control de tracción. Nada. Pruebo marchas cortas, largas y de colores. Nada. Y la rueda trasera sigue rebotando como una pelota de goma. Empiezo a preocuparme. Si esto sigue así, ya me veo de vuelta a Estambul a que me la revisen. Y así durante mas o menos dos horitas de reloj, bote pa'qui, bote pa'lla, hasta que descubro que esos extraños nada tienen que ver con la moto. ¡¡¡Es el asfalto!!! Está tan mal, que en algunas zonas tiene como unas ondulaciones, pero que no se aprecian desde encima de la moto. Me he fijado de casualidad en una de las ocasiones que he parado para hacer alguna foto. El caso es que no sé cómo se forman esas ondas, pero cuando abres gas encima de ellas, la rueda trasera se vuelve loca, y después de la rueda, el que se estaba volviendo loco era yo. 

Al margen de esto, la carretera es gloriosa en cuanto a paisajes. No puedo estar continuamente parando para disparar, pero muchas veces me da dolor de corazón dejar alguna foto atrás. El problema es que voy muy lento,  me cuesta muchísimo avanzar. Ya os comenté, estoy haciendo medias de 50-60 km/h. Si a eso le añades las fotos, esto se eterniza. Muchas veces digo: "ya vale, no más fotos en los próximos 50 kms". Pues me resulta imposible. Dejo pasar una, dos, tres...pero al final no aguanto más y paro.

Voy curveando relajado, en uno de los pocos tramos que la carretera te lo permite, cuando a la salida de una curva, veo una tortuguita (sí,sí, has leído bien) que con su andar letárgico intenta llegar al otro lado de la carretera. Por supuesto, esta es una de esas ocasiones en las que la parada es obligada. Un par de fotos y ella, impasible, sigue su camino, sin decir esta boca es mía. De repente, un coche se aproxima, lo oigo detrás de la curva, y me hago a un lado. Lo cierto es que podría haber cogido a la tortuga y dejarla en un sitio seguro, pero no se me ha ocurrido. Estaba yo con la historia de dejar a la tortuga que llegara al otro lado por sí sola para poder fotografiarla, que no me he dado de cuenta. El caso es que el coche la ha pisado con sus ruedas derechas, con las dos, clan, clan, y ha salido disparada 4 o 5 metros. "Mierda, la ha machacado" es lo primero que pienso. Corro hacia ella pensando en encontrarme con un puré de tortuga esparcido por el asfalto, pero en cambio, lo que me encuentro es el caparazón boca abajo e intacto. Ni rastro de la tortuga. La cojo y la pongo encima del asiento de la moto, para ver si está viva. Tiene que estarlo. El caparazón no tiene ni un rasguño. Le cuesta unos minutillos, mientras yo permanezco en silencio, pero al final asoma su cabecita, y mira a un lado y a otro, como diciendo: ¿se puede?. La cojo y la dejo en la cuneta. Después de esto, yo creo que me queda claro que sabe valerse por sí misma.

Y poco a poco voy avanzando. Llego al pueblo de Doganyurt y hay mercadillo. No hago fotos pero sí lo grabo en vídeo, por lo menos. Pregunto a un chaval por un sitio con wifi, tengo que contestar a Mehmet, el master biker de Estambul. Me indica como puede. 

Entro en un cyber, pero el ordenador más moderno va a pedales. Le pregunto al dueño a ver si tiene wifi. Prefiero trastear con mi cacharro que no con cacharros ajenos. Además, están configurados en turco y no hay quien se aclare, que es lo que me pasó ayer con el portátil de la recepción del hotel. Soy ya todo un experto en lenguaje de signos, y tras desplegar toda mi artillería, el tío sale zumbando no sé a dónde. Creo entender a su colega que ha ido a por la contraseña. Y entiendo bien, vuelve con ella escrita en un papel. 

A todo esto, se ha montado una pequeña revolución en el cyber. Me he sentado en las mesas de fuera y por arte de magia, han empezado a aparecer chavales de debajo de las piedras y me han albardado a preguntas, los mas lanzados, mientras los mas tímidos sólo observan. Yo lo entiendo, viven en estos pueblos completamente alejados de la civilización, y aunque hay alguna que otra ciudad grande, son zonas bastante remotas. Y de repente, aparece un tío vestido de vengador del espacio y con una cámara pegada al casco que parece un teletubbie. Pues no pueden sentir más que curiosidad. La segunda pregunta más popular detrás de, por supuesto, ¿de dónde eres?, es ¿cuánto vale tu moto? Una vez escuche a un viajero que ante esa pregunta, él les da una cifra en pesetas, y como nadie sabe a cuánto está la peseta hoy en día, aunque me imagino que debe estar por los suelos, pues se acabo el problema y te curas en salud, que tampoco interesa ir diciendo por ahí el precio de tus cositas...


Para cuando me quiero dar cuenta, tenga a 6 personas sentadas alrededor de la mesa donde yo solo quería contestar un mensaje y marcharme. Pues no hay manera. ¿Chai? Me preguntan. Venga un chai, ¡qué coño! Empiezo a jugar con la cámara mientras les grabo, y poco a poco se van soltando, hasta que el que parecía mas tímido, agarra la cámara y me empieza a grabar a mí. Y yo que soy un tío la mar de gracioso, le digo algo de Steven Spielberg y tal. Pues el tío me ha mirado como quien oye llover. Yo creo que era la primera vez que escuchaba ese nombre. Más vale que he elegido a Spielberg y no a Kusturika. Al final, han sido dos chai, y cuando le he ofrecido algo de dinero por dejarme usar su wifi, el tío hasta se ha ofendido. Están locos estos turcos. Pero muy majos. Estoy alucinando con este país, en serio.


Llego a Synop, donde me doy un garbeo rápido sin bajarme de la moto, hago un par de fotos y me las piro, vampiro.

Y a partir de aquí, no he agradecido tanto en mi vida el coger una autovía. ¡¡¡Síííí!!! Hasta las pelotas de curvas y baches. No podía mas.

Y de ahí, y tras 150 kms, Samsun, donde he buscado un hotel bastante majo por el mismo precio que ayer, tras un regateo mas duro. Éste, de entrada, me pedía 70 liras. Al final, 50. Esto es como todo. Mi intención era gastar menos en alojamiento, que se puede encontrar más barato, pero después de las palizas que me estoy pegando, una buena cama se agradece. Lo que menos me ha gustado es que he dejado la moto en la calle, donde hay bastante meneo, pero bueno, la he metido entre dos coches frente a la puerta del hotel. El tío me señala la cámara que hay encima de la puerta, para que me quede tranquilo, y entonces es cuando le explico que por mucha cámara que haya, si no hay nadie mirando el monitor, no sirve de nada. 

A mí me van contar. Night, night.


Ver mapa más grande

jueves, 25 de abril de 2013

DIA 9 Estambul-Bartin



Adam Lewis, Jedi Master
 pa los amigos
El sofá era más cómodo de lo que parecía a simple vista. He dormido de cine. Del tirón. Además, estos dos no se han meneado en toda la noche, o si lo han hecho, ha sido sin hacer el mas mínimo ruido. Enseguida se ve cuando alguien ha viajado tanto y ha compartido estancia con tanta gente. Es un gustazo haber coincidido con ellos, aunque me gustaría aprender mucho más, pero yo luego tengo que salir, con mis prisas, y ellos se quedarán tranquilamente, esperando ese visado que no llega. Le pregunté a Adam cómo se apaña para llevar 7 años en la carretera y poder seguir permitiéndoselo. El tío me dice que, lo principal, es gastar muy poco: duerme en sitios gratis (motoclubs y demás, como ahora) o acampa, nunca come en restaurantes, compra en un super y cocina, y el resto es superfluo, quitando la gasolina, visados, transporte de la moto para saltar charcos (esto último, lo más caro), que además, no se puede considerar superfluo, porque en eso se basa este tipo de viajes. Aparte, tiene alquilada su casa, y antes, unas inversiones le daban bastante rentabilidad, aunque eso se acabó con la crisis. Y así vive el tío, con dos pelotas. Si eso no es libertad, que venga Dios y lo vea.

A las 8, más o menos, aparecen por el garito los otros dos turcos que estaban ayer cuando llegué. Ya me voy enterando de quién es quién. Estos dos son los mecánicos del taller de al lado, que además, amablemente le pondrán los zapatitos nuevos a la burra. Joder, y nos traen hasta el desayuno!! Increíble! Que no falte de nada!! Hogazas de pan de palmo y medio, huevos duros, aceitunas, queso, nutella y por supuesto, preparan en un momento un chai (no sé cómo se escribe, pero té turco, vaya) para cada uno. No sé si se me olvida algo, pero la mesa esta abarrotada de cosas a cual más rica.

Los turcos tienen unas pintas que si me los junto cerca de mi casa por la noche, me cambio de acera fijo. Dan miedito, pero resultan ser unos tíos majísimos y super salaos. Soy incapaz de recordar sus nombres, pero me seguirán en facebook, así que lo averiguaré de esa forma. Uno chapurrea inglés un poquito, y el otro sabe como 3 palabras aparte de hello, así que imaginaos la conversación que puede haber en una mesa con un inglés, un japonés, dos turcos y el menda lerenda...joder, parece un chiste de Eugenio, pero lo cierto es que resulta de lo más divertido. Además, hay que tener en cuenta que Adam y Yoshi llevan aquí 3 semanas, así que me imagino que esto será así todas las mañanas...

A las 9.30, la parejita viajera saca las motos de la sala y marchan a la embajada a ver si hacen algo de provecho. Por lo visto, sólo pueden hacerlo martes y jueves, y hay tanta gente haciendo cola, que es prácticamente imposible. Pero los tíos no te creas que se les ve desesperados ni nada por el estilo. Siempre con una sonrisa, sobre todo Yoshi, el japo.

Y aquí me quedo yo, con los dos turcos, a ver si apañamos las ruedas. Saco la moto de la sala, y la meto en el taller, que está justo al lado, puerta con puerta. Es tan estrecho que tengo que meter la rueda delantera y a la vez, ir girando el manillar para que quepa, y aun así, ando justísimo, pero al final entra, por supuesto, sin las maletas, que se las quité ayer.

El taller es de los de antes, con herramientas por todos lados y pistones, y bielas, y compresores. Todos a medio montar o a medio desmontar, no lo sé, pero estos tíos controlan. Compiten en enduro, y deben ser bastante buenos, por lo menos a nivel local. Hay unos cuantos trofeos y fotos de competiciones repartidos por el taller, y al fondo, sus impecables KTM's naranjitas ellas, muy chulas. Los dos con la misma moto, supongo que sera por comodidad en cuanto a reparaciones.

Bueno, empieza la fiesta. En un pis pas sacan la rueda trasera y para cuando me quiero dar cuenta, ya han quitado la cubierta  vieja y están en el proceso de poner la nueva. En un momento, rueda cambiada y funcionando.

Con la delantera hay un poco mas de dificultad, porque estos majos de BMW, como siempre, ponen una tuerca mas grande que todo el resto del mundo, así que cuando me dicen que abra la caja de herramientas para coger la llave BMW, a mí se me debe poner una cara de tonto que lo flipas, porque sabía de antemano que no la tenía. Si la quieres, a pagar, como todo lo que hacen estos jodidos alemanes. El turco se queda un poco pensativo, y dice con su peculiar acento: "no problem". Chico, pues si tu lo dices, yo tranquilo. Coge el colega 2 tuercas del 22, la medida que necesita y las enrrosca en un esparrago de un metro de largo aprox. Las pone juntas y las aprieta con todas sus fuerzas, y el tío fuerza, lo que se dice fuerza, tiene un rato. Y así, con esta sencillez, descubro como un turco con las manos negras de porquería, le da por saco a todos los intentos alemanes de que pases por caja una y otra vez. Olé!!! Es lo que tiene ser un mecánico de verdad y con cierta imaginación.

Con las dos ruedas terminadas, aparece Mehmet, que es la persona con la que yo había contactado, y que parece ser, un poco, el jefe del garito. Es del tipo de persona que es imposible que te caiga mal, porque se ve desde lejos que el hombre tiene un corazón que no le cabe en el pecho. No me conoce de nada, pero no hace más que preguntar qué tal me ha ido todo, qué voy a hacer ahora, si necesito algo...vamos, lo que se dice un padrazo. Empieza a sacar mapas y a recomendarme sitios, esto sí, esto no, esto es muy caro, vete por esta carretera de montaña que vas a flipar...y así, mil cosas más.
Kuzgun Moto Adventures al completo. ¡Gracias, compañeros!

Me explica que este club lo fundó él hace un montón de años y lleva ayudando a motoristas toda su vida. Tiene 60 años y esta retirado, y muy irónicamente me dice que, ahora que tiene tiempo, podría hacer 3 cosas: sentarse en el patio con los vecinos y estar todo el día con un chai en la mano; ir a la casa de apuestas y jugarse el dinero a los caballos; o puede seguir en el motoclub como lleva haciendo desde hace años. Dice que las dos primeras opciones no le gustan nada, así que no tiene elección. Un crack auténtico.

Me gusta el concepto de respeto que tiene, y que transmite. Comenta que ahora que es mayor, sus chicos, para no ofenderle,  en vez de decir que es un "old biker", dicen de él que es un "master biker". Pues eso. No es lo mismo que te digan viejo a que te digan maestro ¿no?

En esas, vuelve Yoshi, no ha habido suerte hoy tampoco, pero la sonrisa no se la quita ni San Pedro. Qué tío!! Adam llegará un poquito más tarde.

Yo, poco a poco, empiezo a guardar mis cosas y me voy preparando para marchar. Ni siquiera me voy a acercar al centro, lo haré en otro momento, la semana que viene. Nos hacemos unas fotos de grupo, y me hacen prometer que a mi vuelta, pasaré de nuevo a verles. Eso está hecho!!

Cuando me iba a marchar, aparece Adam. Genial! No quería irme sin despedirme de él. Este tío sí que es un master biker, y de los grandes!!

Todo un honor llevar esta pegatina
Casi hasta me emociono al salir de allí. He estado con esta gente tan sólo unas horas, pero me han tratado de una manera que no olvidaré, y me han dado toda una lección de humildad y de generosidad. Gracias!!

Cojo las circunvalaciones que bordean Estambul, y comienza toda una odisea para salir de esta ciudad. He pasado miedo. Pero miedo de verdad. Seguramente esta haya sido la vez que mas miedo he pasado encima de una moto. Sólo se puede decir de una forma: SON UNOS PUTOS SUICIDAS!! Los intermitentes no existen; si dejas el mínimo hueco, alguien se va a meter, seguro; la distancia de seguridad tampoco existe aquí. Adam me ha advertido de que vaya por todo el medio del carril, ocupando el mayor espacio posible, y que espere siempre lo peor, o sea, conducción mega ultra defensiva.

Si a todo esto, le sumamos que llevo neumáticos recién estrenados, y que por lo que he leído y me confirma Yoshi, que calza los mismos, hay que tener mucho cuidado con los primeros 100 kms, y el freno suave, suave, pues nos encontramos a un navarro circulando por Estambul con los huevos de corbata o incluso un poco más arriba.

Salgo de allí como puedo, no sin algún que otro susto serio. Cuando ya estoy más tranquilo, paro a comer en un pequeño restaurante al borde de la carretera donde veo una terraza llena de gente local. Nada mas entrar me atiende un camarero que sacaba un par de platos a las mesas, y le digo que quiero lo mismo que lleva en las manos. Se queda ojiplático y me pregunta a ver si estoy seguro, que eso es mucho. Con un gesto, que el capta a la primera, le hago entender que no se puede imaginar el hambre que tengo, y mucho menos, el saque que puedo llegar a tener, si me lo propongo.

Me pongo hasta las trancas, y cuando voy a pagar, me ofrece el camarero algo que no había visto nunca. Me da un bote de colonia barata y por señas, me dice que me eche un poco en las manos y me las lave con ella, y que después me pase las manos por el cuello, supongo que será para refrescar un poco. Luego veo que también lo hacen el resto de clientes. Estaré atento al tema.

Sigo conduciendo y los neumáticos ya están rodados y van como la seda. Adiós Michelin, bienvenido Heidennau. A ver qué tal te portas.

Había que probar las gomas...
Me dirijo hacia el Mar Negro. Quisiera llegar a Sinop, pero no va a ser posible, así que, tranquilamente, busco alojamiento en Bartin. Hay un montón de hoteles, pero no me complico. Entro en uno que tiene buena pinta. 65 liras la habitación sin desayuno. Tras un regateo a cara perro, la saco por 50 liras con desayuno. Guay! Podría encontrar algo más barato, pero he dormido en un sofá y no me he duchado, así que me lo puedo permitir. Me lo debo permitir.
Un pequeño contratiempo, y es que el wifi no se conecta, así que lo que voy a hacer, es escribir esta crónica en la habitación, y después, desde el ordenador de la recepción, intentare enviarlo. Y si no, mañana.

Y aquí me quedo, comiendo un huevo. Que descanséis. Besos.





Ver mapa más grande

DIA 8 Monasterio de Rila-Estambul



La ventana de mi habitación no tiene ni cortinas ni persianas, así que me despiertan los primeros rayos de sol a eso de las 7 de la mañana. He dormido como un niño. La ventana da a un riachuelo que pasa por detrás del monasterio, y el sonido del agua corriente aún me ha hecho dormir más profundamente. La verdad es que necesitaba una nochecita de estas, tanquilidad y sueño reconfortante.

Lo primero que hago al levantarme es abrir la puerta de la habitación, con la cámara en la mano de nuevo, con la intención de hacer esas fotos con buena luz que no pude hacer anoche. El sitio vuelve a estar apoteósico: fresquito, despejado, nieve en las cumbres colindantes y el mismo silencio...no se oye absolutamente nada. El sitio es mágico. A mí, así me lo parece, lo mires por donde lo mires.

Vuelvo a disparar como tropecientas mil veces, una y otra vez, no puedo parar. Sé que, seguramente, no caiga por aquí otra vez en mi vida, así que esta es una de esas oportunidades que, o la tomas, o la dejas...la tomo, claro que la tomo!

Tras una ducha sin cortinas ni plato, donde el agua cae directamente al suelo, mojándolo todo, recojo los bártulos y abandono este sitio que no se me olvidará en la vida, os lo aseguro.

Conforme salgo por la puerta y empiezo a cargar mis cosas en la moto, llega un autobús lleno de gente. Justo a tiempo! Me libré! Poco después me doy cuenta que son los empleados del monasterio: tiendas de souvenirs, oficinita de correos, limpieza... y cada uno se dirige a sus puestos a comenzar la jornada. Los turistas no tardarán en llegar, así que, antes de que me empiece a erupcionar la piel, arranco y me voy.


Hoy tengo buena kilometrada si quiero llegar a Estambul, así que me dejo de tonterías y cojo la autovía dirección Sofía. Tengo que desandar un poco. Vuelvo a tener un día estupendo, sol radiante, y conforme voy bajando las montañas donde esta enclavado el monasterio, voy viendo como sube el termómetro de la moto desde los 6º de arriba hasta los 15º de abajo, y eso al punto de la mañana, que aún no aprieta el sol.

Sigo sin pegatina de Bulgaria para mi moto. Ayer en Sofía fue imposible dar con una, así que cuando llego a Plovdiv, lo primero que hago es agenciarme una. Tras preguntar en una pequeña tienda de escudos que veo de pasada, ellos no tienen, pero me indican una tienda de souvenirs un poco más abajo donde podría encontrar lo que busco. Me atiende una señora mayor a la que pregunto si habla ingles sabiendo la respuesta de antemano. Efectivamente, no me equivoco, y comienza el baile de los signos. Lo que está claro es que, si hay voluntad, te entiendes con cualquiera, y esta vez no iba a ser menos, y tras un pequeño teatrillo al que ya me estoy acostumbrando, la señora saca de un cajón un fajo de pegatinas que no lo abarca con la mano. Venga pegatinas!! No me entretengo, cojo la segunda que veo. Me sirve y punto, tampoco tiene que ser una obra de arte.
Después me siento en una terracita, previa comprobación de que hay wifi disponible, y con una cervecita y el portátil encima de la mesa, me dispongo a colgar la crónica del día anterior en Rila y a contestar algún que otro mensaje.

El camarero, al enterarse que soy español, intenta la estrategia del buen rollito, y empieza a sonar música en castellano. Agradezco el detalle, pero la mitad no las conozco y la otra mitad es una mierda. Pero la intención es lo que cuenta ¿no?

Conduzco durante otro par de horas. El GPS me la vuelve a jugar. El aparatito en cuestión es, a mi forma de entender esto, básico, porque te saca de mil y un apuros, y ya no concibo viajar sin él. Pero cuando se pone tonto, me sale así, como de dentro, unas ganas terribles de sacarlo de su soporte y cuidadosamente echarlo a las ruedas de cualquier camión que amablemente pase por ahí en ese momento. Pues esta ha sido una de esas veces. Iba yo a mi bola por la autovía, cuando he visto una señal que indicaba Estambul, pero según el cacharro, tenía que coger un desvío como 5 kms más adelante. Ante la opción de obedecer a mi sentido común o al aparatito de los cojones, ya sabéis cual es la respuesta. Espero al desvío de más adelante, y nada más incorporarme a la nueva carretera, me doy cuenta que no soy el mas listo de la clase: si es que estaba bien claro, ESTAMBUL, pero no, me la tenía que jugar. Pues nada, aproximadamente han sido 40 kms de infierno, con unos cráteres del tamaño de un balón de reglamento, pero nada más.

Después del esfuerzo, mi reloj estomacal anuncia su llegada en modo de rugido. Unos días toca gorgoteo; otros, retorcijones. Pero hoy, rugido. Así que paro urgentemente, que con estas cosas no se bromea. Y me zampo el primer kebab, que no el último, de este viaje. Dios, es enorme!! Esto compensa el mal rato del GPS. Si es que soy de un agradecido...Café rápido y a la moto. No me quiero entretener porque el tiempo vuela, y me va a pasar lo de todos los días. Aún me queda un buen trozo.
Un poco contento sí que se me ve...

Por fin, y tras una semana de viaje, avisto la frontera de Turquía. Además, me pilla por sorpresa, porque estaba adelantando a un montón de camiones parados en el arcén, pensando que habría habido un accidente, y resulta que era la cola de la aduana. Mejor dicho, la fila.

Aquí si que hay un poco más de control: pasaporte, documentación del vehículo y carta verde. Además, hay que pasar por caja. Son 15 euros o 10 libras, que lo había leído en un foro, y yo, que soy un tío avispado, tenia un billete de 10 pounds que me sobró de la última vez que estuve en Inglaterra, y no se me ocurrió mejor manera de gastarlo que ésta. Tras pasar por cuatro puntos de control distintos, me encuentro oficial y legalmente en Turquía. Subidón! Fotos con el típico cartel y salgo zumbando. Al ataqueeee!!!

Aún me quedan 200 y pico kilómetros, y ya empiezo a estar cansado. Los hago todo lo ligero que puedo y un buen rato después empiezo a entrar en lo que puede ser la afueras de la ciudad. Hoy no llego al centro. Me puse en contacto con un turco, miembro de un motoclub, y que me pareció que podía ser buen tipo, y arreglé con él para que me reservase un hueco en su taller de confianza para ponerle los zapatitos nuevos a mi máquina, que ya le hacen falta, y así de paso, a ver si me los quito de la chepa, que ya estoy un poco hasta los eggs.

Desayuno en el Kuzgun Motor Adventure, rodeado
 de buena gente
Tras jugarme la vida en las carreteras de acceso a Estambul, sorteando toda clase de conductores suicidas mientras intentaba escuchar lo que me decía el dichoso GPS, llego al motoclub, y sorpresa, hay 4 tíos esperándome: 2 turcos, un ingles y un japones. Y resulta que son 2 eminencias en este mundillo. El inglés, Adam, lleva 7 años en la carretera, y se ha recorrido el mundo entero, pero en profundidad. Ahora está en su tercera moto. Y el japo, Yoshi, lleva también 3 añitos rulando por ahí. Casi nada con la parejita. Están esperando el visado para salir hacia Irán. Les hago la ola a los dos. Y aquí estoy, en el motoclub. Me quedo aquí a dormir, me dejan un sofá, y la pareja feliz por ahí andan tirados. Cutre de narices, sin ducha ni nada, pero entre la hora que es y la paliza que llevo, como para ponerme a buscar algo, aparte que es exactamente donde quiero estar. Tengo mucho que aprender de estos dos. Yo aún sigo acelerado, sigo con nuestro ritmo de vida, tengo que hacer esto, tengo que hacer lo otro, tengo, tengo, tengo.... Estos dos están absolutamente relajados, llevan aquí tres semanas esperando un visado que no llega por no se qué problemas burocráticos, y los tíos no se les ve ni preocupados.
Esto es una cúpula, y no la del Vaticano

En fin, mañana sera otro día y espero que os esté molando. Abrazo.

Yoshi, el japonés errante

















Ver mapa más grande

martes, 23 de abril de 2013

DIA 7 Nis-Sofía-Monasterio de Rila



Nada más bajar a la recepción del Aurora Hostel, el dueño me ofrece un café balcánico que no puedo rechazar, y así de paso me ayuda a abrir un poco esas dos almendras que tengo por ojos. Resulta que el tío estuvo de Erasmus en Madrid y habla castellano perfectamente, así que nos sentamos en los sillones que tiene frente a la puerta y nos damos la paliza mutuamente. El muy figura se conoce España mejor que yo, que tú y que ellos, joder con el serbio...hizo un viaje de 5500 kms por la península (5500, sí, sí, no es un error) junto con 3 griegos y una española. Ni sé la de vueltas que pudieron dar para hacer 5500 kms. Y encima acabaron en San Fermín, o sea, final apoteósico. Tonto, tonto ya se veía que no era el chaval. Saca de su escritorio un folleto turístico de Nis, y me indica lo más relevante por si quiero dar un garbeo, aunque no creo, me apetece rodar un ratillo, que hace tiempo que no conduzco.

A la salida de la ciudad me doy cuenta de que no he comprado agua, así que paro en un puestecillo ambulante que me encuentro al borde de la carretera. Resulta que cuando voy a pagar, me doy cuenta que no llevo nada suelto, pero nada de nada, yo no sé qué he hecho con las monedas. El caso es que cuando le explico lo que pasa y hago ademán de devolverle la botella, la chica me hace gestos diciéndome que ni se me ocurra, que me la lleve. Bonito detalle. Por cosas así es por lo que cada día estoy mas contento de haberme embarcado en este viaje.

Hoy también me dedico a grabar y tomar fotografías, pero no hay caídas ni nada morboso. Viciosos!! Que podríais trabajar en Sálvame!!

Y entre unas cosas y otras, llego a una nueva frontera, la búlgara. Los trámites, los mismos que en todas las anteriores, es decir, nada de nada. Bueno, sí, una novedad: el poli búlgaro me ha pedido amablemente que me quitara las gafas de sol, no sé muy bien si para cotejar mi rostro con la foto que aparece en el pasaporte, o para comprobar que el café balcánico hace su efecto y tengo los ojos abiertos. En cualquier caso, adelante, sin problemas.

Nada más cruzar la frontera, veo una caseta muy cutre y muy de madera, donde anuncian la venta de viñetas. Para los que no sepáis qué son las viñetas, que supongo que seréis la mayoría, porque yo al menos no había oído hablar de ellas hasta hace bien poco, y fue en un foro mientras preparaba este viaje, son unas pegatinas que hay que comprar antes de entrar en la autopista, y por lo visto, si te pillan sin ella ya es tarde. Simplemente, te la clavan. Te denuncian, vaya, que no quiero malentendidos. Así que paro y pregunto por las famosas viñetas, y recibo la estupenda noticia de que las motos no necesitan comprar nada. Así que mejor. Vámonos...


De nuevo noto grandes diferencias en el paisaje urbano e infraestructuras: de todos los países que he visitado desde que llegué a lo que consideramos la Europa del Este, Bulgaria es claramente el más rico, y Bosnia claramente el más pobre. Aun no he visitado Albania, que me da la impresión de que se llevara este último trofeo.


Lo que es común a todos, son los PUTOS PERROS!! Hay perros sueltos por todos lados, y son un peligro monumental, pero yo creo que como casi nadie va en moto, simplemente pasan del problema, que para mí es un problema, y grande. Estos chuchos, a pesar de ser el mejor amigo del hombre, te dan unos sustos interesantes. Si vas rápido, porque te los encuentras en medio de la calzada y tienes que poner a prueba toda la tecnología alemana. Y si vas despacio, porque son tan amigables que tienen interés en degustar tus carnes prietas, y si te descuidas, se tiran a morder sin ningún pudor. Ayer uno estuvo cerca, le tire una patada cuando vi sus amarillentos dientes demasiado arrimados a mi pantorrilla, y aunque no le di, creo que captó el mensaje y dejó de dar el coñazo. Pero en una de estas, la liamos...



Sofía me ha gustado mucho. Me habían comentado que no era gran cosa, pero a mí, me ha gustado. Santa Sofía me ha parecido preciosa, y lo que es el centro, donde se encuentran todos los edificios oficiales, me ha parecido bastante decente. Es curioso cómo en una ciudad con apariencia moderna y cosmopolita como ésta, sigues encontrando detalles que representan todo lo contrario, como carromatos tirados por burros y demás. No estoy hablando de los pueblos, que ahí sí que se ven a menudo; estoy hablando de la ciudad, y no en los suburbios, sino mas bien cerca del centro. A pesar de todo, me parecen detalles de lo más vistosos. No puedo estar todo el rato con la cámara, si no, no dejaría de disparar. Voy a tener trabajo a la hora de ordenar y editar todo el material que estoy recopilando. Ahora recuerdo otro detalle, pero este en un ambiente rural: hacía tiempo que no veía a nadie tirar de azada. La huerta de 30 metros cuadrados en el jardín trasero no cuenta. Me refiero a un matrimonio mayor, de unos 70 años, dándole a la azada a golpe de riñón en un terreno que podría ser del tamaño de dos campos de fútbol. Hay que darle unas cuantas veces eh? Eso sí, el abuelete tenía una espalda que ya me gustaría haberla visto hace 30 años.


Dejo Sofia después de comer en el Happy Grill: recomendaciones de mi cuñado, que suele venir por aquí a menudo. Comida típica, típica, no es...ahora, me he puesto hasta las trancas. Ay Miguelito, no sabes nada, tú!

Me dirijo a Rila, al monasterio. He visto fotos muy chulas y me lo han recomendado varias personas, así que allá vamos. Me cuesta llegar más de lo esperado, a pesar de que la carretera es bastante buena. Hay más kilómetros de los que pensaba, y encima, yo pensaba que el monasterio estaba en el pueblo o cerca de él, pero no. Por lo visto, aún me quedan unos 20 kms de carretera de montaña, con sus curvitas y su gravilla suelta. Así que ya me voy haciendo a la idea de conducir de noche de nuevo, cosa que no me mola nada. Soy ave diurna.

Al final, llego al parking del monasterio aún de día, pero por poco, cada vez hay menos luz, así que hay darse prisa.


No hay nadie, está todo completamente vacío, pero las puertas están abiertas. Entro videocámara en mano y me quedo ojiplático, boquiabierto y babeante. Es mucho, mucho, mucho más impresionante de lo que pensaba. Es grande, muy grande, con tres pisos de galerías, con miles de arcos y puertas y ventanas y fuentes y balaustradas y... Y el silencio es sobrecogedor. Sólo se oye a los pajarillos, pero no hay ni un alma en todo el recinto, o por lo menos yo, no veo a nadie. Como os he dicho antes, la entrada la tengo grabada. Lo acabo de ver y se me ve en la cara. Una auténtica pasada, se me han puesto los pelos como escarpias. No dejéis de venir si tenéis la oportunidad.


Y ahora, lo mejor. Dejo el vídeo y me paso a la fotografía. Click, click,click...no puedo parar, hay tanto encuadre que me vuelvo loco. Y eso que la intención era estar 5 minutos y arrancar para buscar alojamiento. Y de repente, veo a las 2 primeras personas desde que he llegado: son dos monjes que están apoyados en la barandilla del primer piso, charlando. Me acerco con la intención de tirar alguna foto sin que se molesten por la invasión, pero uno de ellos me ve y se me queda mirando, así que de perdidos al río: a ver si hablan inglés y converso un poco con ellos. Pero no hay suerte, ninguno de los dos sabe. Entonces aparece un tercero que sí. No sé en qué momento se me enciende la bombilla y se me ocurre preguntarle si, por casualidad, es posible alojarse en el monasterio. Ante mi sorpresa, la respuesta es afirmativa, y en 2 segundos, mis planes cambian radicalmente.

Me quedo. Habitación sencillísima, baño arcaico y mantas prehistóricas, pero aún no me puedo creer que vaya a dormir aquí. Se ha hecho de noche y he estado cerca de dos horas, con el trípode, haciendo miles de fotos, gozando. Y ahora mismo, escribiendo esto en mi habitación, donde, por supuesto, no tengo wifi, así que la chapa de hoy la colgaré cuando pueda, así os doy un descanso, que vaya ladrillos os estoy metiendo, pero es que si no escribo, se me olvidan las cosas, con esta memoria que no me merezco.

Bueno gente, como siempre, un placer. Chao y hasta la próxima.
















Ver mapa más grande

lunes, 22 de abril de 2013

DIA 6 Sokolac-Belgrado-Nis



He dormido sólo 4 horas, no sé qué me pasa pero no duermo más de 6, a pesar de estar reventado. Pero ya sabéis, sarna con gusto....

Con la luz del día, el sobe en el que caí ayer a la noche no es el cuchitril que me pareció en su momento. Sigue siendo muy cutre, pero potable, y ahora puedo salir al pasillo con tranquilidad, sin miedos infantiles de esos que miras atrás cada 3 segundos pensando que en cualquier momento va a aparecer Freddy Krugger con sus cuchillitas.

Por supuesto, por 16 euros, el desayuno no está incluído, así que arranco la moto en busca de un sitio donde pueda calmar al tigre que se me ha metido en el estómago. Y lo encuentro a la vuelta de la esquina. Chiquitín y sin mesas, pero con una especie de donuts de chocolate estilo bosnio que nada mas entrar ya me estaban hablando. Me he zampado 2, mas un café y una botella grande de agua y he pagado la friolera de 1'60 euros.

 El GPS ha muerto, así que me toca tirar de mapa y preguntar, aunque la dependienta no habla inglés, y yo bosnio, menos. Lo intentamos un rato, sin éxito, hasta que aparece un cliente que chapurrea, y consigo entender cómo coño se sale de ese pueblo. Carretera y manta.

El paisaje es soberbio, y al ser aún bastante temprano, hay una especie de neblina que le da a los campos un airecillo misterioso que me encanta. Y tanto me encanta, que me vengo arriba, y empiezo a parar y a arrancar, a subir y bajar, que si ahora una foto, luego un vídeo, y en una de esas coloco la cámara en el trípode y enfoco unas curvas ascendentes muy chulas para hacer una pequeña obra de arte. Aunque la obra de arte la termino haciendo pero de otra manera.

Dejo la cámara en el trípode y corro a la moto, aunque no sé por qué corro, prisa no tengo. El caso es que corro, me monto en ella y al ir a dar la vuelta... ZAS... meto la rueda trasera en un pequeño escalón entre la calzada y el arcén (y cuando digo pequeño estoy hablando de un escalón de 5 cms máximo) pero que tiene la altura necesaria para desequilibrarme el pelín que hace que la moto pase ese punto en el que ya no puedes con ella, e irremediablemente se va al suelo, y el Aitorico detrás, claro. Y vamos a dejarlo ahí. Estoy intentando subir el vídeo a Youtube, es la primera vez que lo hago, así que a ver si hay suerte y lo podéis ver. Solo os digo que aparezco jurando en arameo, o más...

Sigo adelante un buen rato, y llego a una nueva frontera, esta vez Serbia. Yo no sé, pero me esperaba más control en las fronteras: justo te miran el pasaporte por encima y pa'lante, y la carta verde sólo me la han pedido al entrar en Bosnia. La documentación de la moto no existe, así que el día que me dé por choricear coches, ya se donde llevarlos. Me voy a forrar!


Fotito de rigor con el cartel de WELCOME TO SERBIA y sigo hasta que me dice que tengo que parar mi nuevo reloj, que no es otro que mi estómago...miento, ahora tengo dos relojes: uno, el estómago, y el otro, la vejiga. Tan pronto como cualquiera de los dos da la hora, hay que parar. Nada de digitales ni de agujas. Molaaaaa.

Compro 2 toneladas de fruta, que ya me toca darle al body esas vitaminas, y en la cafetería de al lado, una cervecita. La hora del almuerzo ha llegado. Pido permiso para poder zamparme la fruta en la cafetería, por eso de la educación. Y de paso, aprovecho para mandar alguna foto con la wifi del local. Son unos chavales jóvenes la mar de majos. Y no sé por qué, pero de entrada, creen que soy alemán o inglés, y cuando les digo que soy español, como que les cambia la cara y se relajan y se vuelven más amables. Igual son paranoias mías, pero creo que no.

Y ahora, dirección Belgrado. Este país se ve distinto a Bosnia, mas limpio, mejores coches, carreteras, infraestructuras en general, se ven muchos más negocios al borde de la carretera, desde las cafeterías y tiendas de comida hasta pequeñas empresas familiares, aunque eso sí, sigue siendo bastante rudimentario.
Cojo una autopista durante 50 kms, porque con tanta carretera secundaria voy super lento, que me gusta mucho, pero es que no avanzo ni un carajo, así que un rato por encima de 100 por hora no viene mal.

Belgrado
Llego a Belgrado y ésta sí resulta ser una ciudad moderna y aparente. Nada que ver con Sarajevo. Por supuesto, depende de que parámetros compares, pero no tienen nada que ver la una con la otra. Aquí se ve que occidente está muy presente, con McDonalds por doquier y anuncios de la última de Tom Cruise. El tranvía es mucho más moderno, y tienen una cosa que yo no había visto: autobuses eléctricos, pero no con baterías, sino enganchados a una catenaria como los tranvías. Curioso. (Y aquí está mi hermano mayor pa recordarme en Facebook, delante de todo Dios, que eso se llama trolebús, y que a ver si soy gilipollas. Es lo que tiene la familia...)

Visito las mezquitas, en concreto las 2 más grandes, cuyos nombres ya se me han ido y tengo que buscarlo en internet. En una de ellas, entro con la moto casi hasta la puerta. Están orando, y alguno que mira un poquillo regulín, pero no me dicen nada. Luego visita rápida al recinto amurallado, unas pocas tiendas, fotos desde un mirador,y....empieza a llover. Si antes hablo de la suerte con el tiempo...

Partidaza en la cumbre
Y llueve de verdad, cae a mares. Me refugio en un toldo a ver si para. Pero a la media hora y viendo que eso no tiene ninguna pinta de escampar, me pongo los plásticos y sálvese quien pueda...a remaaaarrr!!!

Enfilo dirección Bulgaria, y con el tiempo que hace, no me la juego y cojo de nuevo la autopista. La intención es la misma que ayer, avanzar un poquillo, y así mañana estoy mas cerca de Sofia.

Vendedora de souvenirs en Belgrado
Tras 2 horitas largas bajo la lluvia, llego a Nis, todavía Serbia. La autopista, 6'5 euros por mas de 200 kms, un regalo, vaya.Paro en la primera gasolinera que me encuentro y al pagar pregunto por algún sitio recomendable para dormir. El gasolinero, muy amable él, me indica el típico sitio que nunca encuentras...pues eso, imposible. Así que me voy a mi rollo, y no veo nada que se ajuste a mis exigencias y presupuesto: o son hoteles caros o albergues cutres. Ni lo uno ni lo otro. Al final pregunto al poli más gordo que veo (es que sólo veo uno, y esta muy gordo, el jodío) y tras rascarse la cabeza unas cuantas veces saltando una buena cantidad de escamitas de caspa sobre su chaqueta (literal) me indica un hotel que al parecer está bien y es barato.

Pero los dioses, al final, han debido sentir pena por mí, porque me han enviando a San Jorge, un scootero llamado Marko que mientras conduzco, se pone a mi altura y me grita a ver si necesito ayuda. Paro y le digo que busco alojamiento y voy al hotel que me ha indicado el poli. Resulta que el chaval es motero y tiene una Transalp con la que ha viajado por media Europa. Dando por hecho que necesito su ayuda, el tío se quita el casco y llama al que parece ser un colega y habla con él durante un par de minutos. Al colgar, me dice que un amigo tiene un hostel y que, si quiero, podemos ir para allí. Yo paso de hostels, ya no tengo edad para andar durmiendo en una litera con 3 adolescentes pubertosos echándose pedos a todas horas. Eso ya lo hice hace tiempo, casualmente en mi pubertad. Pero Marko dice que está todo arreglado, que me busca una habitación individual y encima el hostel tiene garaje, así que sólo me queda decirle: "venga, te sigo"


El sitio está bastante bien, y estoy en una triple con un baño enorme. Perfecto, Marko. Al despedirme de él, me dice que le encanta ayudar a los "bikers" siempre que puede porque sabe lo que se agradece una ayudita cuando es de noche y no tienes dónde caerte muerto.

Pues eso, Marko, eternamente agradecido.





Ver mapa más grande