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domingo, 28 de abril de 2013

DIA 12 Gümüshane-Ankara



Ahora mismo, estoy en Ankara, tras más de 800 kilómetros de ruta, y me encuentro, literalmente, machacado, así que hoy, algo cortito que me voy al sobre de cabeza. Me he comprado un par de cervezas de medio litro, para ver si duermo aún mejor, así que a ver qué sale hoy. Ya he abierto una lata y el primer trago ha sido más que satisfactorio... Bien!!

He dejado el hotel a las 6.30 de la mañana. Como me he despertado temprano y tenía un montón de kilómetros por delante, cuanto antes salga a la carretera, mejor. Hace fresquillo, aunque vuelve a estar despejado. Luego seguro que aprieta el calor. Yo salgo muy valiente, sólo con la camiseta debajo de la chupa, y a los pocos kilómetros tengo que parar a abrigarme un poco más porque me estoy quedando como un churro.


Hoy toca carretera de montaña. Esta ruta me la recomendó Mehmet el otro día, así que le voy a hacer caso, que el hombre controla un rato. Me esperaba las típicas carreteras de montaña a las que estoy acostumbrado en mi tierra, es decir, muy estrechas, con muchas curvas y gran desnivel. Pues bien, las de aquí, las curvas y el desnivel lo tienen, pero estrechas, lo que se dice estrechas, no son. Vamos, 2 carriles en cada sentido, con arcenes inmensos y un hueco entre un sentido y otro. En caso de apuro, un Boeing 747 no tiene ningún problema en aterrizar aquí. Madre mía, qué autopistas, que parten en dos las montañas. Es la E80, una ruta de camiones, principalmente. Apenas hay tráfico y el asfalto es, en general, bueno. Tiene algún tramo un poquillo peor, pero nada que ver con las carreteras de días pasados.


Hoy también le he hecho caso a Adam, y me he puesto los tapones y la música a todo volumen, y la verdad es que es otro mundo, mucho mas ameno todo. Esos tramos aburridos de carretera ancha, con el rock&roll a toda ostia, como que se llevan mejor. Y con los tapones no se oye nada más, solo la música, una auténtica gozada para disfrutar de las canciones sin reventarte un tímpano.

Vehículo radar modelo turco
Hay controles de policía por todas partes, cada 10 kms más o menos, pero no me han parado en ninguno, y es que son un tanto peculiares. Luego le echáis un vistazo a las fotos y me contáis. ¡Estos turcos son de un cachondo!

Hoy no he podido resistir la tentación y he hecho algún tramo por pistas. Tenía que probar las gomas y hoy era el sitio ideal. Se han comportado fantásticamente bien, tanto en asfalto como en pista. En asfalto, al principio iba con un poco de mieditis por lo que me habían dicho, pero ahora ni me acuerdo que son distintas a las anteriores. Comportamiento excelente. Y  Off road, pues ya veremos, la primera impresión, también muy buena, pero lo de hoy ha sido muy light... A ver más adelante. Además, todo esto, en seco. Cuando llueva, si llueve (ahora, por hablar, caerá mañana), os cuento a los que estéis interesados. Bueno, y a los que no, también.

¡¡Todo para mí!!
Hoy todo lo que he hecho ha sido fotografiar lo que veía desde el borde de la carretera, porque en los pueblos no he parado. Sólo en uno para calmar al tigre, y era bastante grande, por lo que he estado más bien poco. Me estoy dando cuenta que no me gustan las poblaciones grandes, las evito, prefiero los pueblecillos, la gente es diferente a lo que estamos acostumbrados y, fotográficamente, no hay punto de comparación. En las grandes, la gente va con vaqueros y camisa, conducen su coche, y los adolescentes se peinan como Cristiano, y eso es lo que veo yo en mi ciudad todos los días.
Yo he venido hasta aquí para ver algo distinto. Por ejemplo, algo que no veo habitualmente es, a madre e hija limpiando las alfombras de la casa con la manguera y un cepillo XXL, con una olla de agua hirviendo a su lado, que parece la marmita donde se cayó Obelix, hace ya muchos años. 

Como viene siendo habitual,
 las mujeres currando y el hombre mirando.
Le he pedido permiso al hombre de la casa para hacer las fotos, porque eso de fotografiar a mujeres ajenas así porque sí, te puede traer algún problema. Y después de obtener el beneplácito del páter familia, hasta sonrisas y todo, tú.

Que sepáis que la primera cerveza ha muerto y la segunda ha pedido clemencia, pero no me ha pillado en un buen día, así que matarile también. ¡Ay, que me estoy animando!!

Entre una cosa y otra, voy llegando a Ankara, capital administrativa de Turquía. Llevo una buena kilometrada entre pecho y espalda, pero hoy la carretera ha sido buena, y eso se nota. Me dejo guiar por el GPS hasta el centro, y una vez allí, doy un par de vueltas a la busca y captura de alojamiento. Dogan Royal, se llama el garito, aunque de royal le queda poco. De dogan, no se...uuyyyy, me parece que estoy un poco tocado. Me da igual, sin filtro.

Me pasa una cosa de lo más graciosa, y es que una de las razones por las que entro a preguntar precio por una noche, es porque veo una rampa de lo mas cuqui, y yo que soy un tío listo, deduzco que tienen garaje. Vale. Entro y pregunto a la recepcionista, blablabla, un poco de regateo, venga, ni pa ti ni pa mí, que soy español, menuda la crisis... Vamos, lo típico. ¿Puedo dejar la moto en el garaje? Sí, sin problemas, lo único es que ahora esta la furgo de la lavandería y tendrás que esperar. Tranqui, no pasa ná. 

Me instalo, y como hora y media más tarde, bajo. En la recepción hay un tío bastante más feo que la chica de antes, y encima habla peor inglés, que ya es decir. La furgo sigue ahí, pero el tío la mueve ante mi insistencia. Ya con la vía libre y todo chulo, yo, me lanzo cuesta abajo así, tal cual, a las bravas. ¿Qué pasa? ¡¡¡¡Joder, qué pasa!!!! Pues pasa que lo que yo pensaba que era un garaje, termina donde termina la rampa, y continúa en un estrecho pasillo que lleva vaya usted a saber dónde.

Y ahí estoy yo, con cara de gilipollas y una moto de mas de 300 kilos con la rueda delantera hacia abajo y sin espacio material para dar la vuelta de ningún modo.

Meto la primera, y paro el motor, para que la moto no se vaya hacia abajo. Y con el rabo entre las piernas (como siempre, por otra parte...uyyyyy, la cervezaaaa) subo de nuevo a la recepción para suplicar que alguien me eche una mano...

Al final la sacamos entre cuatro. La moto, quiero decir. Y a dormir otra vez en la puta calle. 

Después de esto, caigo en depresión, y voy a la busca del alcohol que está provocando que mi mente sea abducida y controlada por unos seres que no conozco y me están hablando en una lengua que no entiendo. Vamos, como los turcos...

En fin, vale de paranoias...estoy pedo...y mañana tengo que conducir e ir al aeropuerto a esperar a mi chica, así que ya vale de cháchara...besos...


Un poquito de off-road, aunque sencillito, sin forzar




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