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martes, 21 de mayo de 2013

DIAS 29-30 Eslovenia, Italia, Francia y llegada a casa.


(En algún punto del suroeste de Francia)

Sólo escribiré unas líneas, por dos razones, principalmente: la primera es que llevo los dos últimos días metiéndome cañita de la buena (con litros y litros de agua que me han caído hoy, incluídos), y físicamente estoy destrozado, y la segunda es que llevo esos mismos dos días encerrado en el corral, es decir, la maldita autopista...y ahí, no te pasan cosas relevantes: no hablas con gente, no ves nada aparte de asfalto y vallas, comes mal y te aburres un huevo y la mitad del otro, y en las gasolineras no te ofrecen chai... Así que mejor, lo dejo para otro día.

Estoy en el sur de Francia, y mañana llego a casa. Y acabo de leer una frase de McBauman, que va que ni pintada: "siempre regreso feliz de mis viajes, porque vuelvo; y triste, porque regreso." 

Pues así me siento yo. Pero ahora no es el momento de expresar lo que tengo dentro. Lo haré, y lo colgaré aquí, porque ya que lo he compartido todo en este viaje, no voy a dejar de hacerlo al final. Además, no sé porqué, pero creo que os lo debo. Un abrazo muy fuerte.



21-5-2013

Hace 4 días que llegué a casa, tras un viaje alucinante como pocos, en el que he dormido una media de 5 horas diarias, me ha pasado de todo, he conocido gentes y lugares asombrosos, físicamente muy exigente, y mentalmente, un poco también.

Ahora puedo decir que ha sido el viaje más intenso de mi vida. No ha sido el más largo, pero sí el más intenso, con diferencia. Por muchas razones, pero sobre todo porque he aunado en él 3 pasiones con las que, a pesar de no ser un experto en ninguna de ellas, consigo ser un poquito más feliz cuando las practico. Por supuesto, son los viajes, la moto y la fotografía. Imaginaos lo que ha significado para mí realizar semejante viaje, en moto, y con la cámara colgando de mi cuello. Visitando países, ciudades, lugares, completamente diferentes a lo que vemos habitualmente cerca de nuestras casas.

Y sobre todo, la gente... He aprendido tanto en este viaje gracias, principalmente, a cada personaje con el que he coincidido a lo largo de mi ruta. Han sido muchas las personas que han aportado algo a mi experiencia, desde el primer día hasta el último. Cada día ha habido, por lo menos, una persona interesante con la que compartir algo. A veces han sido sólo unos minutos, una pequeña charla, cruzando unas pocas palabras y otros pocos gestos. Otras veces, ha sido más tiempo, en las que la charla se ha alargado más, y, dependiendo del idioma, se puede profundizar más en esa conversación. Pero tanto unos como otros, para mí, han sido igual de importantes, igual de satisfactorios e igual de inolvidables. Bueno, esto último quizá no sea del todo correcto. Hay ciertas personas a las que nunca podré olvidar, pero intentaré acordarme de todo lo que pueda. No quiero perder ningún detalle, aunque sé que, con mi memoria de pez, eso va a ser harto complicado.

Por eso he escrito mi diario de viaje. Ese diario que he compartido con todos a través del feisbuk, y que también ha sido una novedad en mis viajes. Nunca había hecho algo parecido, y lo cierto es que ha sido toda una experiencia. Ha sido increíble el publicar algo por la mañana, y llegar por la noche al hostal de turno, hecho polvo, sucio y sudoroso, y al encender el ordenador, tener un montón de comentarios y respuestas a la publicación, dando ánimos y apoyando. Ha sido impresionante, y desde mi pequeño teclado, me gustaría daros las gracias a todos los que habéis estado ahí, con esos pequeños mensajes de aliento, que para mí han sido tan importantes.

Los dos últimos días fueron largos y duros. Tenía que llegar a casa en esos dos días, y me encontraba en Eslovenia, es decir, a tomar por culo. No tenía otra opción más que coger la autopista. Esa autopista que tan poco me gusta y que tanto me aburre. Pero lo interesante del viaje, por desgracia, había terminado. Lo único decente que me quedaba por ver era Ljubljana, capital de Eslovenia, aparte de los paisajes naturales que tiene ese país. El 60% del territorio esloveno está cubierto por grandes bosques, que puede dar una idea del tipo de paisaje que uno se puede encontrar por allí.

La capital, como todo el país, es moderno a más no poder. Europa Occidental, sin ninguna duda. La visita es corta, no me puedo entretener demasiado, me quedan demasiados kilómetros por recorrer, y ya he perdido bastante tiempo en las numerosas paradas que ya he realizado antes de llegar aquí, pero es que no he podido evitarlo. Esos bosques y esos paisajes bien merecen unas fotos y también unos vídeos, de los cuales estoy bastante contento. Como siempre, es al final del viaje cuando empiezas a estar más satisfecho de tu trabajo audiovisual, debido a la experiencia adquirida en el mismo.

Después de Ljubjlana, ya he cumplido. Me dirijo a Italia. Y al llegar a la frontera, para cuando me quiero dar cuenta, ya estoy en territorio italiano. De hecho, tengo que preguntar a una persona que pasaba por allí, para asegurarme. El tío me mira como si fuera tonto, y no va muy desencaminado. No había caído que Eslovenia es parte de la UE, y por tanto, no tiene frontera con Italia.

En fin, que ya estoy aquí, en el país de la bota. Visto y no visto, porque me meto en la autopista, y hasta luego Lucas. Me zampo los siguientes 500 kilómetros encerrado en ese infierno de asfalto y vallas. Y para rematar, nada más pasar Milán, empieza a llover como si no lo hubiera hecho nunca. Quiero llegar a Turín, así que me pongo el chubasquero, y sigo adelante.

Ni me planteo entrar en la ciudad. No conozco Turín, y me hubiera gustado visitarlo, aunque fuera rápidamente, pero no va a poder ser. Veo un luminoso que dice HOTEL en letras amarillas enormes, y voy hacia allí disparado. 75 euros me pide la tía de la recepción. ¿Cómo? ¿Estamos locos o qué? Tras un pequeño regateo, consigo bajar hasta 60 pavos. Más que por mis dotes en el arte de la negociación, que son bastante limitadas, se trata de la lástima que siente por mi la italiana que se encuentra al otro lado del mostrador, que supongo que no ve más que a un maromo cubierto con plásticos negros, cara de agotamiento, y que le está poniendo el hall perdido del agua que chorrean sus ropajes.

Acepto el sablazo, y me voy directo a la cama. Necesito descansar porque mañana va a ser un día tan largo o más que el de hoy.

Amanece igual que anocheció: jarreando sin consuelo. Mis últimas esperanzas de visitar Turín, aunque sea fugazmente, se desvanecen al instante. Otra vez será. Al fin y al cabo, Italia está a tiro de piedra.

Otra vez a la autopista. A lo tonto, me estoy dejando una pasta. Y lo que me queda. Aún tengo que atravesar todo Francia, y esos gabachos no se andan con tonterías cuando se trata de cobrar.

Atravieso los Alpes a 2 graditos de temperatura y nevando ligeramente, sin  cuajar en la carretera pero sí en las cumbres. Joder, qué pelete, chaval!! Paro en la frontera para abrigarme un poco más, porque si no, no llego a la siguiente. Al llegar a los valles, la temperatura ha subido unos pocos grados, y la cosa es diferente. Ya no corro peligro de congelaciones en las 5 extremidades.

Y lo mejor de todo es que, poco a poco, va dejando de llover, aunque el cielo sigue completamente encapotado.

Y venga autopista. Y venga más. Ésta última parte del viaje esta siendo un auténtico coñazo. Si hubiera tenido más tiempo, habría cogido carreteras secundarias sin ninguna duda, y eso habría hecho el viaje un poco más decente y ameno. Pero las circunstancias mandan, y no hay vuelta de hoja.

Duermo en un pequeño hostal cerca de Perpignan, sin pena ni gloria, y al que, casualidades de la vida, no le funciona el router, y no tengo internet. No he tenido problemas de conexión prácticamente en ningún sitio en todo el viaje. Y mira que he dormido en sitios remotos. Pero me ha tocado la china a unos 40 kilómetros de la frontera con España, tiene bemoles la cosa.

Al día siguiente, madrugo un poco más de la cuenta. Tengo ganas de llegar a España, y tengo ganas de llegar a casa. Llegados a este punto, ya solo puedo pensar en eso. El resto me la trae al pairo. No quiero ni fotos, ni paisajes, ni hablar con gente, ni nada. Solo quiero llegar a casa, dar abrazos a todo el mundo que se cruce en mi camino, y descansar. ¡¡DESCANSAR!! Que bien suena esa palabra, ¿verdad?

Entro en España por La Jonquera, pero con esto de la UE y al no haber fronteras, el paso de un país a otro se queda un poco descafeinado, como sin emoción. Pero al fin y al cabo, ya estoy en casa, como quien dice. Ya huelo mi casa, mi gente...

Estoy saturadísimo de autopista, así que me dirijo a Pamplona tomando dirección Huesca, por una carretera que me gusta bastante y pasando por los siempre espectaculares Mallos de Riglos.

Al llegar a Navarra, paro en el cartel limítrofe para hacerme la ultima foto que cuelgo en el caralibro, y en buena hora. 3 minutos después, me cae una granizada de espanto. Para cuando consigo parar debajo de un puente para guarecerme de los elementos, ya estoy como una sopa. ¡Bienvenido a casa, chaval! Hay que ir acostumbrándose, esta puta región es así, no puede uno relajarse. Si quieres verano, vete a Canarias, porque aquí...

Y unos kilómetros después....SE ACABÓ...así, como suena, no hay más. Uno apaga el motor en la puerta de casa, y se puede decir que el viaje ha terminado. Es muy extraño. Pero que muy extraño. La rutina que me ha acompañado en el último mes ha llegado a su fin. Saco las cosas de las maletas, y es la última vez. Todo lo que hago, es la última vez... Joder, no puede ser. La semana pasada, alguien me recordó unas palabras de Charly Sinewan: "En todo gran viaje, solo hay dos días malos: el primero y el último". Y ahí estoy yo, en pleno último día, desnudando mi moto para dejarla lista y llevarla al taller al día siguiente a ver si cambian el millón y medio de bridas que tiene entre sus hierros, por piezas nuevas y brillantes, tras esa relación fugaz que tuvo con un gran camión azul griego, muy mono, él.

Me encuentro un poco confundido. Es una mezcla de sentimientos brutal. Se supone que tengo que estar feliz porque estoy en casa, y en parte, es así, pero tengo esa extraña sensación de que algo fantástico termina, y no quiero...¡no quiero, coño! Espero que poco a poco se vaya pasando, o por lo menos, remitiendo. Supongo que es cuestión de tiempo... ¿O no?



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Han pasado ya varios días desde mi llegada a casa, y aún no he aterrizado. Espero ir haciéndolo poco a poco, sin prisa, pero sin demorarlo demasiado. Tengo que coger otra vez la rutina, aunque la pereza sea inmensa, pero es lo que toca ahora. Seguiré viajando mientras intento aprender a editar vídeos, porque tengo material para aburrir a un batallón, y cuando tenga preparado algo decente, os mandaré el enlace, para que, al que le interese, le eche un vistazo.

Mientras tanto, sólo me queda agradecer a todo el mundo sus comentarios, consejos y "me gusta", que me han acompañado a lo largo de mi viaje, y que lo han hecho mucho más divertido y ameno. Además, todo esto ha provocado que yo mismo me exigiera más, e intentara relatar todo y publicar fotos tal y como a mí me gustaría verlo si fuera yo el que viajaba desde casa. Espero que os haya gustado, y que, de alguna manera, os hayáis sentido partícipes y compañeros de viaje, porque, sin lugar a dudas, lo habéis sido. Muchísimas gracias, y hasta la próxima vez...




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miércoles, 15 de mayo de 2013

DIAS 27-28 Kotor-Dubrovnik-Kocevje



No es temprano cuando salgo del apartamento donde he dormido en Kotor. Sabiendo la distancia que me toca recorrer hoy, quizás debería haber apretado un poco más y, llevar ya un rato en ruta. Pero el desgaste va haciendo mella, son muchos días seguidos, a todo trapo, durmiendo poco y haciendo mucho, sin parar. Y hoy me lo he tomado con un poco de calma, que tampoco me ha venido mal.

Bahía de Kotor
Bordeo el lago, que a estas horas, y en un día soleado como hoy, está precioso. El desayuno no estaba incluído en el precio del apartamento (no es aún la temporada, y les pille un poco por sorpresa. No había reservado y era el único huésped. Todo para mí, que egoísta), así que paro al borde del mismo lago a desayunar un poco. No me complico y pido un English Breakfast, que pudisteis ver ayer en directo. Ricoooo.

Y poco a poco, voy abandonando el país. Es pequeño, de esos que en los mapas no les cabe ni el nombre, y se lo ponen en medio del mar con una flechita señalando su localización, pero me ha sorprendido mucho. Ayer os lo comentaba, lo considero como la gran sorpresa del viaje. No conocía nada acerca del país, ni me había informado de nada, pero la sorpresa ha sido más que grata. Un país moderno, seguro, tranquilo, con buenas infraestructuras y unos paisajes naturales que me han impresionado. Digno de visitar, en serio.

Al cruzar la frontera, como me imaginaba, no tengo ningún problema, a pesar de haber entrado el día anterior cual inmigrante ilegal en los bajos de un camión, sin presentar ni el pasaporte ni la documentación de la moto.

Ciudad Vieja de Dubrovnik
Otra vez Croacia, y otra vez por la costa. Pensaba haber viajado por el interior, en esta ocasión, pero una nueva pelea con el mapa, hace que me presente en un pueblo desde el que sólo es posible continuar por la costa, si no quiero desandar un montón de kilómetros. Así que, como alguien lo ha querido así, por la costa que me voy...

Y como no hay mal que por bien no venga, esta carretera me lleva irremediablemente a Dubrovnik, donde, si lo encuentro, me gustaría saludar a Tolic, el que me alojó en su casa en mi viaje de ida. Congeniamos muy bien, y me gustaría volver a verle, así que al llegar a esta preciosa ciudad del Adriático, y después de charlar con una pareja de suizos con los que coincido haciendo unas fotos de las murallas a las afueras (les gustan los pájaros, y por lo visto ahora es la mejor época para verlos en esta zona. Joder, cada uno se mata como quiere, está claro. Pero muy respetable, su afición), voy directo a la casa de Tolic.

Está en la terraza, mapa en mano, explicando todo a sus tres huéspedes de hoy. Le encanta hacerlo, me confiesa después, y lo hace muy bien. Le saludo desde fuera: "Eeeyyyyy". A pesar de llevar el casco y las gafas puestos, me reconoce al instante: "Spaniard!!!!" me dice, haciéndome sentir como Russell Crowe en Gladiator, solo que en vez de un caballo español, yo llevo mi burra alemana.

Visitando a Tolic, un gran tipo
Cuando termina con sus explicaciones, nos sentamos en unos sillones en la terraza. Hace un día espléndido, y me saca de su cocina un helado y un zumo, y charlamos durante un buen rato, contándole todo lo que me ha pasado y lo mucho que he disfrutado. El tío es grande y fuerte como un castillo, pero tiene una sonrisa franca y sincera, con sus palas separadas y su cabeza rapada y morena. Me ha caído muy bien, es de esas personas con las que congenias enseguida y podrías estar hablando durante horas. Pero no dispongo de esas horas, así que, un rato después, nos despedimos, y le dejo con lo suyo. Y yo, a lo mío, claro. A la carretera!!

A partir de ahora, a hacer kilómetros. Cuanto más avance, mejor. Me gustaría llegar a Ljubljana, Eslovenia, pero no sé si va a ser posible, me queda un buen trozo.

Descansito a la sombra para reponer energía
En Vrgorac decido que es mejor coger la autopista y ganar tiempo. Para adentro, al corral. Así me siento en una autopista, siempre con vallas metálicas a derecha e izquierda. Como en un corral, como en una cárcel. Que coñazo!!!

A la altura de Zadar, más o menos, paro en un área de servicio a tomar un café, no porque lo necesite, sino por puro aburrimiento. Miro el GPS (ya tengo mapas en condiciones, y lo cierto es que es todo un inventazo. Una vez que te acostumbras al navegador, es difícil prescindir de él) y decido que le van a dar por culo a la autopista. Me voy a la costa de nuevo. No puede ser que esté atravesando un país como éste utilizando una autopista. Fuera. ¡Ya!.

Una vez más, la jugada sale bien. Disfruto de unas vistas acojonantes, el asfalto está recién echado y no hay el mínimo bache, parece un circuito de moto GP. Eso sí, el ritmo no es el mismo, y ya veo que se me va a hacer de noche. Y os recuerdo que llevo el foco sujeto con unas bridas y, además, apunta alto.

Veo el atardecer desde la moto. Precioso. No puedo parar ni a hacer fotos. Una auténtica lástima, pero tengo que aprovechar cada minuto de luz natural del que dispongo. Grabo todo con la cámara del casco, pero no es lo mismo. ¡Qué se le va a hacer!


Ya siendo noche cerrada, llego a una frontera con Eslovenia a través de una carretera no secundaria, sino terciaria o cuaternaria. Es por donde me ha mandado Dios, digo, el GPS, que me ha hecho atravesar un frondoso bosque donde no veo ni un pijo, pero disfruto mucho.

No se si os habéis dado cuenta. ¡¡Ya estoy en Eslovenia!! Cada vez queda menos para llegar a casa, y me invade esa doble sensación que siempre tengo cuando un viaje toca a su fin: por un lado, te apetece llegar a casa, y volver a ver a los tuyos, y ver la tele por las noches, y dormir en tu cama, y cagar en tu baño...pero por otra parte, está esa nostalgia por algo tan intenso que se acaba, y que también hay una parte de ti a la que le gustaría seguir adelante, y no parar el motor.
Para rematar, cruzando fronteras de noche

En fin, ahora lo que me toca, es mucho trabajo de edición de fotos y vídeos. Quiero hacer un blog con todo esto, con sus enlaces a toda la información de la que dispongo, que no es poca, por si a alguien le pudiera venir bien algún día. Y eso hará que, de alguna manera, siga viajando, aunque sea con la mente, que es una de las mejores maneras de hacerlo.

Llego a un pueblo que se llama Kocejve, a 60 kms de Ljubljana, donde, en la terraza de un bar, veo un grupo de chavales de unos 25 años, a los que pregunto por un hotel, o lo que sea, donde pueda pasar la noche. Me empiezan a indicar: que si derecha, que si izquierda, que no, que es más rápido por el otro lado, que si sí, que si no...El caso es que no me entero, y entonces, uno de ellos dice: Anda, capullo, sígueme que te llevo. Y coge las llaves y va hacia su coche, para indicarme donde se encuentra el hotel.

Cuando llegamos, resulta que está cerrado. ¡Mierda! Pero qué le vamos a hacer. Muchas gracias, chaval, la intención es lo que cuenta. Sigo buscando. El pueblo no es muy grande y nadie parece conocer un jodido hotel donde quedarse a descansar. Al final veo un cartel. Hotel No Se Que. Acelerón y para allá. 40 euros la noche, un poco más caro que mi presupuesto habitual, pero no tengo ganas de nada, son casi las 11 de la noche y no doy más. Si me llega a decir 100 euros, los pago, os lo aseguro.

Al final resulta ser un 4 estrellas de puta madre, con una habitación inmensa y su cama inmensa y un baño a todo lujo también inmenso. ¿40 euros? Esto está regalado. Hay veces en las que un poco de suertecilla no viene mal, ¿no?.

Ahora, ya he amanecido en esta pedazo de cama, calentita y mullidita. Ya es miércoles, para el viernes en casa, y aún me queda tajo. Me voy a darle caña al buffet como se merece, porque tengo al tigre que me está sacudiendo el estómago de una manera brutal. Hasta luego. Besos.



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lunes, 13 de mayo de 2013

DIAS 25-26 Bitola-Tirana-Podgorica-Kotor



Miro la predicción del tiempo y no veo más que nubes negras y gotitas de agua en todos los puntos por los que tengo que pasar hoy, y eso que consulto varias paginas web para ver si en 5 minutos, la situación cambia. Pero parece que no. Parece que hoy me va a tocar mojarme. Tampoco me puedo quejar, porque, en todo el viaje, solo me llovió en Belgrado, y de eso hace ya alguna semana. En Bulgaria, Turquía y Grecia, ni una gota. Alguna vez me he escapado por los pelos, eso sí, pero no he tenido que sacar el impermeable. Pero hoy, no. Hoy no me libro. Así que para no andar quita y pon, pon y quita, me pongo los plásticos desde el principio, me cierro el casco, me pongo mi musiquita y ya se puede abrir el cielo, que no me pienso mojar... 

Bueno, la verdad es que, si llueve mucho, da igual lo que te pongas, porque al final, sea como sea, te mojas, pero intentaremos que sea lo mínimo posible.

Ayer estuve buscando por toda la ciudad la correspondiente pegatina de la bandera macedonia, para poner en las maletas, pero fue imposible. Removí Roma con Santiago y, nada. Estancos, papelerías, tiendas de juguetes, incluso tiendas de alimentación...nada. Al preguntar por tiendas de souvenirs, la gente levantaba una ceja, la otra, o las dos a la vez, como muestra de su sorpresa. ¿Souvenir?. Sí, hombre, sí, Esas figuritas chorras que todo el mundo compra cuando viaja y luego acaban todas juntas en la misma estantería del salón, cogiendo polvo y cayendo en el olvido, porque nunca, nadie, les vuelve a hacer ni puto caso. Pues no les suena, oye. Me da la impresión que, aquí, la gente, bastante tiene con llegar a fin de mes como para preocuparse de souvenirs, y mucho menos del chalao astronauta, que encima no hay Dios que le entienda, y quiere una pegatina con la bandera del país, no se sabe muy bien para qué.

Así que nada, en vista de mi poco éxito con la dichosa bandera, me pongo morao de cerveza, que eso sí que hay, sin problemas.

Venga, volvamos al presente...o al pasado presente...o al presente pasado...yo que sé...

Ya no sé ni en qué tiempo verbal escribo. Espero que me disculpéis las faltas de ortografía, los cambios en los tiempos, la  ausencia de tildes,etc, etc, pero es que bastante rato me lleva escribir todo esto, como para preocuparme de las formas, así que apenas lo reviso, y va así, un poco en crudo. La intención, cuando el viaje termine, es, ya en casita, y con tranquilidad, crear un blog y recopilar todo esto, junto con fotos y vídeos, y ponerlo todo bonito y aseado, pero me llevará tiempo.

Continúo. Abandono Bitola, para, antes de cruzar a Albania, visitar el Parque Nacional Galiccica, formado por un inmenso bosque de hayas, con 2 inmensos lagos a cada lado (lagos Ohrid y Prespa), y que forman la frontera natural entre Macedonia y Albania. 

En un momento en que la lluvia me da una tregua, aprovecho para parar en una tienda pequeñita y comprar lo que va a ser el desayuno de hoy: unos pastelitos de chocolate y mermelada, higos secos, 3 plátanos y medio litro de leche. Todo, por 2'5 euros aproximadamente. Precio módico, ¿no?. Me planto frente a la tienda, al lado de la moto, y me dispongo a devorar las viandas. Como siempre se aproxima algún curioso, aprovecho para recopilar algo de información, y de paso, volver al circo de los gestos, al que tanto gusto le estoy cogiendo. Los mapas del GPS son de risa, me aparece la décima parte de las carreteras del país, y por supuesto, de las secundarias que a mi me gusta utilizar, ni rastro. Así que no me queda más remedio que volver a las cavernas de los mapas en papel. Que también mola, de vez en cuando, no te creas.

Las nubes siguen ahí, amenazantes, pero por ahora, ha dejado de llover, así que aprovecho para hacer los kilómetros que me separan del primer lago. Fotos, vídeos... El lugar lo merece. Muy bonito, y completamente vacío, no me cruzo con nadie, como a mí me gusta, todo para mí.

Tengo la opción de llegar a Albania desde aquí, por un carretera fácil y aburrida, o tomar una carretera de montaña, bacheada y con curvitas, que me lleva a un alto desde donde se ven los dos lagos, y puedo entrar a Albania por otra frontera. Así que, como os podéis imaginar, cojo la carretera aburrida... QUE NOOOO!!! ¿A que hemos venido aquí? ¡A disfrutar! Pues venga, al lío!

Al llegar arriba, las vistas son espectaculares. Los lagos, nubes amenazantes, un poco de neblina que sale de los bosques, y algún rayo de sol que se cuela tímidamente, conforman un paisaje de una belleza increíble. 

Pero enseguida empieza a chispear, así que disparo unas cuantas veces, y a la moto. Ahora sí, llueve de verdad. Bajo con cuidado. Mi cabeza no es la misma después del accidente, y me cago un poquito en las curvas. La mente es muy traicionera, y a pesar de que la moto va bien y no me hace ningún extraño, el que no va bien soy yo. No disfruto. Llueve mucho, y llevo tacos, así que no me la juego, y bajo en plan abuelete, a dos por hora.

Veo un cartel de un monasterio, que por lo que me dice un lugareño, es bastante bonito y turístico. No me mola la descripción que me hace: autobuses, gente, precios altos, etc, pero es mi última oportunidad de conseguir la dichosa pegatina.

Hay un montón de puestos ambulantes, sobre todo de artesanos de la zona, pero también algún puestecillo con los típicos recuerdos, pero no hay suerte con las pegatinas. Un pesao me intenta convencer que con un imán de esos que se pegan en la puerta del frigorífico voy listo. Le explico que no, que es para poner en las maletas, y que eso no me sirve, aparte que no se pega, porque las maletas son de aluminio. Y el tío erre que erre, que me tengo que llevar el puto imán. Y al final, cuando ya cruza la línea de lo gracioso a lo impertinente y pesado, arranco la moto sin dar más explicaciones y le dejo con la palabra en la boca. No me gusta hacer eso, pero este tío ya me estaba tomando por gilipollas, y por ahí, no paso.

Pues nada. Me voy de Macedonia sin la pegatina. Ya me jode, pero ha sido imposible. Ya conseguiré alguna más adelante, seguro.

Tras una revisión completa de mis maletas por parte del personal de aduanas, que no se qué esperaban encontrar, aparte de calzoncillos sucios, en el poco espacio del que dispongo, ya estoy en Albania.

Cuando pasé de Grecia a Macedonia, retrocedí en el tiempo 50 años, más o menos, y ahora, con este nuevo paso a Albania, retrocedo otros 50. No deja de sorprenderme cómo en unos pocos kilómetros, las diferencias son tan notables: las carreteras, los coches, las casas, las gentes, su actitud... También es cierto que accedo a este país desde un punto remoto, completamente alejado de cualquier ciudad o ruta principal, pero se ve a simple vista cual es el estado del país en el que me adentro. A pesar de todo, para mí, tiene mucho encanto. No dejas de ver cosas que te sorprenden. Desde unos pescadores sentados a la orilla del lago, tirando de sus redes, pescando a la manera tradicional, a unos bunkers de la epoca comunista repartidos por doquier, pero en estado ruinoso y llenos de graffitis con herencia americana. Hay decenas de vendedores al pie de la carretera, con unas peceras inmensas llenas de lo que a mí me parecen anguilas, y la gente las compra vivitas y coleando para darles matarile, supongo que a la brasa. Tambien me llama la atención que, en la puerta de cada casa, hay un cartel que pone LAVAHZ, que es algo así como lavadero, me imagino, porque sujetan una manguera con la boca hacia arriba, y abren el grifo, formando un arco de agua como reclamo, para llamar la atención. Pero es que en el mismo pueblo, puede llegar a haber 25 puestos de estos. Y no me parece que los coches estén especialmente limpios, más que nada porque con el estado de las carreteras, es imposible que un vehículo no parezca recién llegado del mismísimo París-Dakar.

Hablando del estado de las vías, es malo, muy malo, pero no me llama tanto la atención, quizás porque de esto sí que me habían advertido. Hay tramos en los que el asfalto desaparece por completo, y hoy que ha llovido bastante, ni te imaginas como me estoy poniendo de mierda. Pero me gusta!! Intento evitar los charcos, porque no hay manera de saber su profundidad, y  te aseguro que algunos son realmente grandes. Pero lo malo no es eso. Lo realmente peligroso es cuando pillas un tramo de buen asfalto y te relajas un poco. ¡ÑÑÑÑÑÑÑ! ¡ERROR! Nunca sabes dónde está el cráter, o el charco, o el escalón, o.... hay miles de trampas por doquier, y no sabes dónde te la vas a encontrar. Especialmente cabronas me resultan las uniones de los tramos en los puentes: puede haber una diferencia de altura de 5 centímetros, o más, entre una y otra, cosa que, unida a que ha llovido y los extremos de las uniones son metálicos, forman una combinación de lo mas graciosa. Pies de plomo, amigo, pies de plomo.

TIRANA
Me voy acercando a Tirana, la capi, pero la carretera no mejora mucho. No me puedo creer que esto sea una vía de acceso a una capital de un país situado en la Vieja Europa. No he visto nada igual. Pero sigo pensando que, para mí, tiene un encanto especial. Mi viaje estaba centrado principalmente en Turquía, pero este es el segundo país que más me apetecía visitar. Y ya estoy aquí, así que a disfrutarlo...

Tirana no tiene nada especial, pero ese ambientillo soviético que se respira en sus calles me gusta mucho. Son las 5 de la tarde, y no he hecho más que 300 kms, pero decido que es el momento de arriar velas, y buscar alojamiento. Si sigo adelante, corro el riesgo de que se me haga de noche, y me han repetido varias personas que ni se me ocurra hacerlo, porque incluso hay gente que conduce sin luces. Vamos, ya para rematar. Además, mi foco esta para "mírame y no me toques", así que no me la juego y, mientras me tomo una cervecilla en un garito, busco alojamiento en Booking, que para estas cosas, viene que ni pintado.

Encuentro un sitio por 20 euros, con desayuno incluído, y a 5 minutos de donde me encuentro. No se hable más. Adjudicado!!

El salir de Tirana al día siguiente, se convierte en una pequeña odisea. Aquí cada uno hace lo que quiere, vamos, como en el resto de países que he visitado, pero aquí, un puntillo más, diría yo. Incluso en las rotondas, cede el que ya está dentro. Yo creo que lo hacen por precaución, y antes de que algún gracioso te reviente la puerta, pues la gente frena y deja pasar, pero vamos, que es un lío, porque unos ceden, otros no, otros a veces...yo por si acaso, mucho cuidadito, que no quiero más movidas.

La carretera mejora un poco, pero aún así, hay que estar siempre alerta y no bajar la guardia. Llego a ver una de esas uniones de los puentes de las que os hablaba, levantada un palmo. Mas vale que la veo a tiempo y puedo esquivarla.

Se ven imagenes muy curiosas al borde de la carretera. Al fin y al cabo, las carreteras son las vías de unión entre los pueblos, y como todo el mundo las usa, te da una idea bastante fiel de lo que es el país en el que te encuentras, además que se ven, desde los campos hasta los comercios, pasando por polígonos industriales, si los hay (en Albania ni en pintura), y es curioso la cantidad de información que se puede obtener sólo observando desde la moto. Me encanta esta forma de viajar. Creo que es la más completa. Bueno, la más completa es ir andando, pero hacer este viajo andando, no sé cuánto te puede costar: ¿un par de años? Aparte del divorcio, y algún que otro disgusto, claro.

Todo esto venía por el tema de imagenes curiosas, y es que me ha llamado mucho la atención un señor mayor, ayudado por 2 personas más, que estaban intentando meter una lavadora en el maletero de un autobús de línea. ¿Dónde coño iría ese señor con una lavadora a cuestas? Pues no lo sé, pero es una imagen que no me la puedo imaginar hoy en día en la mayoría de países que conozco. Pero Albania sí que is diferent.

Casi sin darme cuenta, me planto en la frontera. Qué raro, no contaba yo con esto. Paro a mirar bien el mapa, y me doy cuenta que he cogido otra carretera que me ha desviado unos 50 kms. Paso de volver. Cambio de planes. Quería llegar a Podgorica bordeando el lago Skadar por un lado, pero al final, mandan las circunstancias, y lo voy a hacer por el otro. 

En la frontera, tengo a 4 motoristas delante de mí. Llevan placas austriacas. Por esta zona sí que se ven más motos. Está más cerca de la Europa Occidental, y la gente viene a hacer un poco el cafre, supongo. Mucha GS y mucha KTM bien preparaditas todas. Bueno, el caso es que el poli de turno en la frontera dice que ya podemos pasar, haciendo un gesto con la mano. Yo no he hecho ni sacar el pasaporte siquiera, pero también me dice que pase. Yo creo que me toma por uno de los austriacos, y yo, que no me apetece andar dando explicaciones, arranco y cruzo la barrera. Montenegro. Otro país más, madre mía, qué locura!

Luego, pensándolo, espero no tener problemas a la hora de salir de aquí mañana. Yo creo que no pasará nada. Si no, ya me inventaré algo.

Si en las frontera anteriores, retrocedí 50 años en cada una de ellas, en esta los recupero de golpe. Menuda diferencia entre un país y otro: carreteras, coches, casas, gente, comercios... todo es completamente distinto. Esto es Europa, la Europa que conocemos. Incluso usan el euro, a pesar de no pertenecer a la UE. Y conducen infinitamente mejor, aunque siguen estando a años luz de poder considerarla una conducción segura.

La equivocación de carretera anterior, al final, resulta ser todo un acierto, porque revisando de nuevo el mapa, descubro una carreterilla que bordea el lago, y sobre el papel, tiene muy buena pinta. Vamos hacia allá. 

Bordear el lago me cuesta una barbaridad, porque entre la carreterilla, que es muy revirada, y los paisajes que me encuentro, que no puedo dejar de parar la moto para hacer fotos, se va pasando el tiempo, y no avanzo prácticamente nada. Foto, vídeo, vídeo, foto. 

Veo 5 motos aparcadas al borde del lago, y para junto a ellas, para ver quienes son y si les apetece charlar un ratillo. Son alemanes, de unos 50-55 años y Montenegro es lo más al sur que van a bajar en su viaje. Uno de ellos me pregunta a ver que tal en Albania, si es seguro y si se encuentra hotel con facilidad. El claro ejemplo del miedo que nos meten en el cuerpo, dependiendo de que país hablemos. Yo no he visto ni he sufrido ningún tipo de violencia ni amenaza, más bien al contrario, siempre gestos de ayuda y buenas caras. Cuando me preguntan a ver si roban, la pregunta me parece, ya, un poco tonta. Yo, les digo que no sé si roban o no, lo que sí puedo decir es que a mí no me han robado, y no he visto nada que me haga pensar que me fueran a robar así estuviera en ese país durante meses.

A mí, el único sitio en el que me han atracado, ha sido en Pamplona, aunque por probabilidad, es lo normal, ¿no? Lo que quiero decir es que siempre nos parece que en otros países hay más peligro que en el nuestro, y muchas veces no es así, yo diría que la mayoría. 

Además, ahora que lo pienso, yo sufro un atraco en mi ciudad todos los días 26 de cada mes, que es cuando me giran la hipoteca, y eso sí que me da miedo, pero del de verdad.

Llego a Pogdorica, capital de Montenegro. Paseo por el centro un poco, y veo una oficina de información turística, donde me dicen que tampoco hay mucho que ver. ¿Comoooollll? ¿Y tu trabajas aquí, chavala? Como te oiga tu jefe decir eso, te cruje viva. Ponle un poco de estusiasmo, coño!! Venga, dame un mapa que ya me busco yo la vida, que me da la impresión que no voy a sacar mucha información de este sitio. Como no lo vendan un poco mejor, la llevan clara.

Aunque después de dar un par de vueltas por la ciudad, le he de dar la razón: tampoco hay mucho que ver. Pero por lo menos, invéntate algo, miénteme, no sé...

Lo que más me llama la atención es ver algo que hacía tiempo que no veía: ¡un centro comercial! No me atrevo a entrar, me conformo con mirarlo desde fuera, con todos sus anuncios y sus colorines. Parezco el alemán que le da miedo ir a Albania. Es que como hace semanas que no piso uno, y nunca me han gustado demasiado, no me la quiero jugar, no vaya a ser una emoción demasiado fuerte. Y ya, si hay alguien haciendo una encuesta u ofreciendo tarjetas de crédito, me da un síncope. Seguro. Si fuera un Leroy Merlin, lo mismo me aventuraba...

Mi intención es dormir en Kotor, a unos 100 kms, pero para llegar hay que atravesar otro parque nacional, que me enlentece muchísimo. Pero sarna con gusto no pica. ¡Que paisajes, Dios mío! Lo dejaré para las fotos, que una imagen vale más que mil palabras, y si cuelgo 6 o 7, fíjate si son palabras...Se me cierran los ojos. No puedo más. Hasta la próxima. Besos.

Bahía de KOTOR



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sábado, 11 de mayo de 2013

DIA 23-24 Atenas-Trikala-Bitola



Bajo a desayunar a las 7 en punto. Quiero salir temprano, que hoy, el día va a ser largo, tirando a muy largo. Empiezo a llenar mi plato con las diferentes viandas que el chef nos ha preparado hoy, o sea, las mismas que ayer, no os creáis. Pero todo correcto.

En la mesa de al lado, hay sentada una coreana (digo lo de coreana porque tiene cara de taekwondoka, pero en gorda. Debe soltar unas ostias como panes), que es de esas personas que no sale rentable en un buffet libre. ¡Qué manera de comer!. Las lonchas de queso y jamón de pavo las coge de seis en seis. Está sentada en una mesa para cuatro, ella sola, y no le cabe todo lo que coje. Es la auténtica trituradora McEihan. Un espectáculo digno de grabar, una pena que me haya dejado la cámara en la habitación, si no... Eso sí, antes de comer, junta las palmas de las manos y hace una reverencia estilo oriental, dando gracias a no se quién, pero que tiene trabajo con esta tía. Y para finalizar, se levanta, y me pregunto: ¿A qué va a atacar ahora? Ha comido de todo ya. Pues no. ¡Los huevos duros!. Se coge tres, sí, TRES! Yo ya no aguanto más, me levanto y le hago la ola mejicana. Esta tía se merece un estudio en profundidad, porque ese estomago es una máquina fuera de serie. Y eso que, los que me conocéis, sabéis que tengo un saque importante, y no me amilano ante cosas así. Pero esto es grandioso!

Salgo de Atenas por las circunvalaciones, sin demasiados problemas. Hay tráfico, pero fluido, a unos 90 por hora, o sea que, bien. Esperaba más jaleo, la verdad.

El plan para hoy es ir a Delfos, después Meteora y acabar en Bitola, Macedonia. Tengo tarea por delante, así que cojo la autopista para ganar tiempo.

¡Inmenso!
Llego a Delfos a buena hora, es temprano, y el grueso de turistas aún no ha llegado. Hay algún autobús, pero sin aglomeraciones, algo soportable, así que puedo hacer mis fotos sin tener que sacar los codos. El sitio está bastante bien, es pequeñito pero casi me gusta más que otros sitios más grandes que he visitado, y que, en principio, tienen más fama que esto. Este me gusta, especialmente, porque está entre montañas, y el paisaje es verde, muy verde. No es el típico secarral al que estamos acostumbrados en las fotos de ruinas griegas. La gente se concentra, principalmente en el teatro que hay en la parte superior del sitio, así que yo me quedo un poco más abajo, fotografiando pequeños detalles, que además, es lo que me gusta. 
En unos 50 minutos tengo bastante y abandono el lugar. A partir de aquí, ya no hay autopista, aunque casi mejor. Me aburro tanto, tanto, que no sé si me merece la pena. Se gana tiempo, sí. Pero es lo único bueno que tiene. Creo que es mejor madrugar un poco más, e ir por secundarias, disfrutando de la cercanía que esas carreteras te dan.

Además, estos griegos, en vez de multiplicar los panes y los peces, lo que hacen, es multiplicar los carriles de la carretera. Es algo milagroso, en serio. Un carril en cada sentido. Digamos que, un coche va detrás de un camión y de frente viene otro camión, y el del coche decide que tiene que adelantar. Pues no pasa nada. Se adelanta. Sí, hombre, sí. Sin problemas, con dos cojones. Cada uno se aparta a su arcén, y el coche por el medio. ¡Milagro!. Y además, lo mejor de todo, es que nadie protesta. No hay bocinazos, ni peinetas, ni malos modos...está socialmente aceptado, y a nadie le molesta, más bien al contrario, es casi una obligación.

A las motos les facilitan muchísimo el adelantamiento, cosa que es de agradecer. Cuánto tendríamos que aprender en España, que cuando te pones detrás de un coche, el conductor no sabe la mejor manera para dificultarte la mañana. Siempre he pensado que es mejor arrimarse a la derecha y dejar el mayor espacio posible para que la moto te adelante cuanto antes, y así no tienes una mosca cojonera pegada al culo, y de paso, nos hacemos todos la vida más fácil. Pero no, Espein is diferen! La eterna guerra coche-moto.

Atravieso las montañas, disfrutando de unos paisajes abrumadores, con sus curvas amplias para el goce y disfrute de mi máquina y de mí mismo. El asfalto es bastante bueno, estoy gratamente sorprendido. Me habían hablado fatal de las carreteras griegas, incluido aquel chaval griego que conocí en el ferry de Çesme, que me dijo que sus carreteras eran mucho peores que las turcas, y yo me quedé blanco al escucharle, porque las turcas son malas de cojones.

Pero no. Por lo menos, por donde yo he viajado, tanto en Chios, como ya, en el continente, yo diría que la calidad es más o menos como en España, para que os hagáis una idea. Yo no noto grandes diferencias, vaya.

Una de tantas ermitillas
Eso sí, las cunetas están llenas de recordatorios de personas fallecidas en accidentes, lo mismo que en España, que se suelen poner flores. Aquí lo que veo son ermitas en miniatura, y dentro de ellas, o una foto, o una estampa, o un recuerdo...y velas, muchas velas. Las hay por decenas. No hay kilómetro sin alguna de ellas. Quiero creer que no todas son en recuerdo de fallecidos, porque si no, la población griega estaría diezmada. O igual es que al ser carretera de montaña ha habido más muertos que en otras zonas. El caso es que hay ermitillas por doquier, e impresiona bastante, la verdad.

Tras varias paraditas para disparar un poco y hacer un poco el tonto con el vídeo, llego a Kalambaka, puerta de entrada a los monasterios de Meteora. Traducción al castellano: monasterios suspendidos del cielo. Con eso lo digo todo. Esperad a ver las fotos, porque es de los sitios más impresionantes que he visitado, no ya en este viaje, sino en toda mi vida. ¡Alucinante! Está claro que, este viaje, va de monasterios: empecé con el de Rila, en Bulgaria. Luego el de Sumela en Turquía, y ahora Meteora, en Grecia. Y los tres, muy distintos, pero igualmente espectaculares.

Por lo visto, los primeros que vivieron encaramados en esas rocas, fueron ermitaños, para retirarse y estar mas cerca del Cielo. Dicho así, tiene todo el sentido. Pero el currela que tuvo que subir todo el azulejo y el cemento cola para alicatar los baños hasta ahí arriba, tuvo que cagarse en las muelas de aquel primer ermitaño. Y es que están construidos, literalmente, colgados del cielo. Ni más ni menos. Creo que son unos 7 monasterios, y se pueden visitar por el módico precio de tres euros. Accedo a uno de ellos, y está bien, pero sin más. Todo reformado, lógicamente, pero imaginando en como se tenía que vivir ahí hace unos siglos, te da que pensar. Hay unos juegos de poleas, que se usan como ascensores para subir la comida y demás enseres, aunque me da la impresión de que hoy en día, nadie tira de riñón para subir el Cola-Cao por ese medio, porque yo, que soy muy observador, y no se me escapa nada, he visto una tirolina eléctrica con una cesta del tamaño de un coche pequeño, que conecta la carretera con el monasterio. Si es que estos monjes están aburguesados.
Al margen de los monasterios por dentro, lo realmente impresionante es el entorno. El paisaje, las formaciones rocosas, dónde están construidos, la tranquilidad de la zona...¡Admirable! Esto es cita obligada de cualquier visita a Grecia, tanto como la Acropolis, o más, diría yo. Gracias, Eneko, por hablarme de este sitio.

No me extiendo más. Creo que las fotos hablan por sí solas.

Arranco dirección Macedonia. Tengo una reserva en Bitola, a la que me temo que nunca llegaré... Conduzco tranquilo, tengo tiempo, el clima es benigno y los astros están conmigo... ¿o no?

El GPS me indica que tengo que coger un desvió a la derecha, así que entro en la curva, que al final es un poco más cerrada de lo que parecía. Con la rueda delantera piso un poco de gravilla suelta y hace que pierda un poco el control de la moto. Invado como medio metro el carril contrario, pero con tan mala fortuna, que me encuentro a un trailer azul (muy azul, o eso me parece a mí) que se me viene encima... JODER!!! Intento rectificar, pero ya es tarde. Como último recurso, pruebo a salir por el lado contrario cuando veo que la trazada no me va a servir, pero no soy ni Rossi ni Marc Márquez, así que el trailer me arrolla irremediablemente. Así, como lo oyes... 

El impacto es fuerte. Al fin al cabo, he topado con un peso pesado. Salgo rebotado, y gracias a Dios, no me voy a las ruedas. Me quedo unos segundos en el suelo, sin reaccionar. ¡La has cagado, tío! Es lo primero que pienso. Y no voy desencaminado. Me levanto poco a poco, y compruebo que estoy entero. No me duele nada, pero eso no quiere decir que esté ileso. Aparentemente, no tengo daños, puedo mover brazos y piernas, y el casco, al quitármelo, compruebo que está intacto. Un pequeño rasguño en la mano izquierda es la única avería que aprecio en mi cuerpo.

No olvidaré fácilmente éste momento...¡Qué susto!
Pero la moto... Ayyyy, la moto!!! Ahí está la pobre, tirada panza arriba, apoyada en la maleta izquierda, pidiéndome ayuda. Ese cabrón de gigante azul le ha dado la vuelta sin contemplaciones. Al acercarme, viene hacia mí el acompañante del camionero, gritando y gesticulando. No le hago ni puto caso. Voy a ver mi moto, así que quítate de mi camino, cara mono!

Tiene la parte frontal hecha un cristo: la pantalla reventada, el faro se mueve para todos lados, pero el cristal no está roto (importante), el faro auxiliar derecho está arrancado de cuajo, el guardamanos derecho machacado y las defensas un poco torcidas, pero no mucho... eso es lo que me ha salvado, las benditas defensas. Eso, y que la moto pesa 300 kilos largos. Si llega a ser una moto convencional, seguramente estaríamos hablando de muchos más daños, tanto en la moto como en el conductor, en este caso, el menda lerenda. Levanto la moto con ayuda de un chaval que se ha acercado al ver el accidente, y la quitamos de la calzada. Por lo menos, se mueve con facilidad. No parece que tenga afectadas ni la dirección ni los frenos, pero eso ahora ni lo pienso. 

Mis muñequitos protectores

En lo único que pienso es que me he cargado el viaje. Un viaje en el que estaba teniendo toda la suerte del mundo, todo de cara, pero en algún momento, la suerte tenía que cambiar, y alguien ha debido decidir que ese momento era ahora. Opciones: llevar la moto a un taller cercano, pero estoy en donde Cristo perdió la sandalia, y para cuando lleguen las piezas, me puede crecer la barba. También puedo llevar la moto a un BMW Motorrad, pero supongo que el más cercano estará en Atenas, y hay una distancia interesante. Y por último, la opción de dejar aquí la moto mientras la reparan y volar a casa, que es una de las opciones contempladas en el seguro. Pero no dejo la moto aquí ni de coña. 

En fin, ahora, vamos a lo que vamos. Pasaporte, documentación, seguro, etc, etc. Los del camión han llamado a la pasma. Para mí, mejor. La culpa ha sido mía, así que prefiero que hagan los polis todo el papeleo, en vez de tener que lidiar con esos dos tontainas, sobre todo el acompañante, que luego me entero que es el dueño del camión, y está el tío un poco tenso. El cabrón no ha hecho ni preguntar si estoy bien o mal. Lo único que le preocupa es su puto camión. A mí me da igual. Procuro relajarme un poco mientras llega la patrulla de tráfico, pero en lo único que pienso es que se ha truncado mi viaje, aunque también soy consciente de la suerte que he tenido. Estoy ileso después de haber embestido a un camión en toda regla, y eso es para estar contento. Muy contento. Y lo estoy, no os vayáis a pensar, he sido afortunado...

Bueno, llega la pareja de policías, uno de ellos habla inglés, así que es con quien me comunico y quien me explica como funcionan en su país. Más o menos, como en España, pero aquí, aparte de realizar ellos su informe, también lo hacen los de las grúas de asistencia, así que triplican el trabajo. A mí me sigue dando igual. Yo me he puesto en contacto con mi aseguradora, y la grúa se supone que está en camino. De paso, me van gestionando el hotel, en la misma ciudad donde se va a quedar la moto esta noche: Trikala.

Terminamos el papeleo, y de allí se pira todo dios, y me quedo solo esperando mi grúa. Los del camión, sin dirigirme ni una sola palabra.¡¡ Hijos de la gran puta!! 

Bueno, solo no me quedo. Está por allí una señora, que tiene un puesto de frutas al borde de la carretera, justo al lado del lugar del accidente, y que, desde el primer momento, se ha preocupado de mí. Me ha traído una botella de agua, una silla de plástico, a la que previamente le ha pasado un trapo para limpiarla (no se preocupe, señora, si llevo un par de kilos de mierda encima, que últimamente me da por revolcarme por el suelo), y ya, cuando se ha ido todo el mundo, hasta un poco de fruta me ha dado. No tengo nada de hambre, raro en mí, pero al final como algo, porque si no, la mujer no se queda tranquila y sigue erre que erre.

Al final, llega la grúa. Baja la rampa, y para subirla encima, pruebo a arrancarla, cosa que aún no he hecho. Le doy al contacto, y el chequeo que hace el ordenador de a bordo sale correcto. La arranco, todo parece funcionar bien, relativamente bien. La subo al camión sin problemas, donde el conductor la sujeta perfectamente con las cinchas, bajo mi atenta mirada inquisidora. No quiero que sufra más, la pobre.

Y salimos hacia Trikala. Estamos desandando el camino, otra vez hacia el sur, otra vez alejándome de casa... ¡mierda!
Por el camino, empiezo a darle vueltas a la posibilidad de sujetar todas las piezas rotas como se pueda, con bridas, cinta o lo que sea, y dejarla más o menos decente para poder continuar ruta, y llevarla directamente a la BMW de Pamplona, donde me la dejarán niquelada. Llamo al seguro y les comento esa posibilidad, a lo que acceden sin problema. Ellos se ahorran pasta, y yo lo prefiero así: no me quiero quedar aquí, esperando las piezas de recambio, y encima que me hagan la moto en un taller que no es de mi confianza.

Entre el conductor de la grúa y su compi, localizan a un mecánico que por lo visto trabajó un par de años para BMW y ahora tiene su propio taller, que, aunque no es el oficial, el tío controla bastante. Decidimos llevar la moto allí, para que le eche un vistazo. 

A todo esto, ya se ha hecho de noche, y decidimos que lo vamos a dejar para la mañana siguiente, que seguro que vemos las cosas de otra manera. 

Me voy al hotel en taxi, como un marqués, nos ha jodido. Y mi moto en el dique seco. No puede ser. Cuando te acostumbras a ir en moto hasta para mear, cuando no puedes hacerlo, te sientes muy, muy raro, os lo aseguro.

Duermo bien, y cuando me levanto, no me duele nada. Genial. Tenia miedo que, ayer, en caliente, no me doliera nada, pero que después de dormir, no me pudiera mover al día siguiente. Recojo los bártulos, y para las 9 de la mañana estoy en el taller de nuevo. El coleguita ya esta allí con un compinche, y ya están currando en la moto. La pantalla no está, la han quitado y están sujetando el foco y los intermitentes, que también están rotos. Ya han colocado el radiador, que esta bastante tocado pero él me dice que está bien. Yo me fió. El tío tiene dos GS, una del 2005 y otra del 2009, y en el taller hay 3 o 4 más que las está reparando. El tío sabe lo que se hace, y tiene el taller impecable, ni una sola gota de grasa, oiga.

Mis compis de Trikala apañando el destrozo
Poco a poco, a base de bridas y taladro, taladro y bridas, unas más gordas, otras más finas, la moto va tomando forma de nuevo, hasta que aproximadamente 2 horas después, da por terminado su trabajo. Ha quedado todo bastante bien sujeto, lo único que no ha quedado perfecto es el foco, que alumbra un pelín alto, pero durante el día, no es problema, y por la noche, no tengo intención de conducir, salvo caso de necesidad.

Le digo que me prepare una factura, que se la pasaré al seguro, y el tío, por dos horas de trabajo suyas y de su compi, más el material, me cobra 30 euros. Me sonríe, y me dice que es precio amigo. Desde luego, tío, amigos pa lo que quieras. Con gente así, al fin del mundo. Hemos intercambiado mails y le he prometido que le escribiré cuando llegue a casa sano y salvo. Me ha dicho que eso espera. Que llegue bien y que le escriba. Solidaridad motera, así da gusto.

Y en la carretera de nuevo. Y pensar que sólo unas horas antes daba por terminado el viaje. No me lo puedo creer. De todas formas, después del susto, mi intención era coger la directa, meterme en todas las autopistas habidas y por haber, y a casa como un tiro, pero Elma, sabiamente, me dice que no haga el tonto, que la moto igual tampoco está para forzarla en la autopista, y que es mejor que siga con lo planeado, y seguir la ruta planificada. Y es verdad, no me merece la pena tirar por tierra el viaje, cuando las cosas estaban funcionando tan bien.

Mi segunda madre
Así que cojo dirección Macedonia, otra vez. Y paso por el punto del accidente. Quiero saludar a la señora que hizo de madre ayer. Allí sigue, con su puesto de frutas y su gran sonrisa. Está con sus dos hijos, a los que ya les ha contado todos los detalles. Nos damos un abrazo, me da otro plátano para el camino, y nos decimos adiós.

El trayecto hacia Macedonia lo hago muy, muy tranquilo, no estoy para emociones fuertes. Hoy no. Paso por un puerto de montaña inmenso: 15 kms de subida y 18 de bajada, en los que me cruzo con 2 vehículos, nada más, y paso entre unos bosques de hayas que nada tienen que envidiar a la selva de Irati. 

Cruzo la frontera de Macedonia sin problemas, y llego a Bitola unos 15 kms después. El cielo se ha encapotado y amenaza lluvia, así que, ya vale por hoy. Me quedo aquí, que es donde se supone que tendría que haber llegado ayer. Un día más de retraso. Y van tres. Los tendré que ir remontando poco a poco, sobre todo en Francia, que no me interesa nada, y pienso cruzarlo a mil.

Bueno, creo que ya vale por hoy. El que haya conseguido llegar hasta aquí sin dormirse, premio!!

Un abrazo a todos. Me sigo sintiendo muy afortunado, pero hoy por motivos diferentes a los días anteriores: otros días, daba gracias por el viaje tan bueno que estaba teniendo, y hoy doy gracias por poder seguir contándolo, que no es poco....



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jueves, 9 de mayo de 2013

DIA 20-21-22 Babakale-Çhesme-Chios-Atenas



Dejo atrás Babakale, el punto más occidental de oriente. Desde aquí a la civilización, me separan unos 60 kilómetros de carreteras locales, mal asfaltadas, incluso a veces, sin asfalto en absoluto...exactamente lo que me gusta. Paso por varios pueblos, todos ellos ganaderos, con sus animales al borde de la carretera, llevándome algún que otro sustillo por alguna vaca mal avenida y disfrutando de las vistas. Tan pronto estoy bordeando la costa, como me meto por las colinas que hay un poco mas allá. Es cuestión de segundos pasar de un paisaje a otro, completamente distintos.

Voy tranquilo, sin prisas. No lo necesito. Tengo que estar antes de las 18.00 en Çesme, para coger el ferry a Chios, o sea que dispongo de 8 horas para recorrer menos de 400 kilometros. ¡Bien!.

Después de esos 60 kilómetros, se acaba la paz y la tranquilidad, y vuelvo a las carreteras de 2 carriles, aunque eso hace, a la vez, que mi media aumente, y vaya incluso más tranquilo, aún si cabe.

Paro a repostar en la que va a ser la última gasolinera turca que visite. Lo hago al buen tuntún, como siempre. Pero esta vez, casualmente, me atiende un tío que habla un perfecto inglés, así que la danza de la lluvia no se produce. Qué pena. Ya le había cogido el gusto a eso de gesticular para todo. Ahora, ¿cómo voy a bajar a la panadería de casa, y pedir algo sólo con palabras? Necesito mover los brazos, y hablar muy alto, en un idioma que sé que no entienden, y que además, me da igual cuál sea, porque les hablo indistintamente en inglés, castellano, o chino mandarín. Da igual. Pues eso, que lo voy a echar de menos. Mucho. Es curioso, ¿verdad?.

Eso sí, lo que no cambia, es el final. ¿Chai?. Hombreeeeeee!!!, no me jodas. Claro que sí, tronco, que no sé si sabes, pero este va a ser mi último té en tu bendito país, y me hace mucha ilusión, a la vez que me da mucha pena, you know?

Rueda delantera: barco griego
Rueda trasera: tierra turca       
Izmir es la única ciudad grande que tengo que atravesar, y más vale. Hacerlo se convierte en una auténtica pesadilla, y tardo una hora larga. ¡Madre mía, que descontrol! Turquía, en general, es de locura, pero lo de esta ciudad, se sale del mapa. Unos atascos monumentales y un calor sofocante, hacen que, por momentos, mi mala ostia vaya aflorando exponencialmente. Avanzo tan despacio, que el calor que me cae del cielo, añadido al que me sube del motor, provocan que en unos minutos me encuentre chorreando sudor a mares. Y eso no mola. No mola nada. Así que, empiezo a sortear vehículos, y a conducir como hacen ellos. Sin normas, vaya. Hago lo que me sale de los cojones, y mi temperatura va bajando, porque además que, al estar en movimiento, el airecillo me refrigera un poco, también hace que mi nivel de mala leche se reduzca a niveles aceptables.

Subimos al ferry, y cuando comenzamos a movernos, me doy cuenta que, definitivamente, estoy abandonando Turquía. Han sido dos semanas intensísimas, con mil experiencias y aventurillas que he sufrido y disfrutado a partes iguales. Me quedo impresionado con la hospitalidad de esta gente, de norte a sur, y de este a oeste, eso es lo que me he encontrado: gente maravillosa, siempre con una sonrisa, y dispuestos a echar una mano. Voy a echar de menos todo esto, os lo puedo asegurar. Sobre todo, quisiera dar las gracias a Mehmet y los chicos del Kuzgun, que me han tratado como un hermano. Siempre en mi corazón, chavales. You'll be always on my heart!!

Güle güle, Turkiye, güle güle.




Lo dicho, el trayecto dura una hora escasa. Al llegar, control de pasaportes, y ya estoy en tierras griegas. Desde el primer momento, el ambiente es completamente diferente. Esto ya es una Europa Occidental en toda regla, con sus restaurantes y bares con alcohol, y lo que más me llama la atención, mujeres por todas partes, trabajando, paseando, conduciendo...es todo un acontecimiento volver a ver ropas ajustadas, tacones y escotes amplios. ¡Qué maravilla para los sentidos, por Dios!

Primera diferencia con Turquía
Voy directo a las oficinas de Blue Line para comprar el billete a Atenas, esta misma noche, a las 23 horas. Y aquí me pasa algo con lo que no contaba. El ferry está completo. ¿Que? Sí,sí, completo, no queda ni un sitio. No jodas, chaval, que no me puedes dejar en tierra. Pues como no vayas a nado, complicao. Venga, que soy un tío solo, que seguro que tienes algo por ahí. Que va, en serio, está completo. ¿y con una felación? No te pases, flipao. Vale, vale, dame un ticket para mañana.

Y así me quedo, con cara de lerdo y buscando alojamiento para pasar la noche en un sitio que no esperaba. Pues nada, a descansar un día, que tampoco me vendrá mal. Empiezo a callejear con la moto, en busca de un agujero digno. Veo un cartel de Rooms que se adapta a mis expectativas. Aparco enfrente, y cuando me dispongo a entrar para preguntar el precio, se acerca un tío hablándome en ingles. Es Steve, un escocés pequeñito, que se ha alojado a la vuelta de la esquina. 25 euros la noche, perfecto. Llévame, que me apunto, colega. Hotel Filoxenia, muy básico, pero suficiente, limpio y con wifi. Me instalo, y al rato bajo a las terrazas colindantes, donde me espera Steve para echar unas birras agusto.

Él viaja en una 1150 GS de hace 10 años, pero también es su primer gran viaje. Tiene una hermana viviendo en Turquía, y va a visitarla, dando, de paso, un buen rodeo por Europa. Más o menos como yo, pero yo no tengo hermanas, y mucho menos, viviendo en Turquía.

Calles de Chios
Su acento no es muy fuerte, por lo que nos entendemos a la perfección. Y además, conectamos muy bien. Pasamos un buen rato charlando, y disfrutando de la compañía y la cerveza. Es el primer motero viajero con el que coincido en todo el viaje, porque he visto a otros, pero de pasada. Con Steve, es la primera vez que tengo tiempo para charlar largo y tendido sobre nuestras historietas. Y se agradece. Vaya, si se agradece.

Él coge el ferry a Turquía temprano, así que, tras intercambiar mails, nos despedimos en la puerta de las habitaciones, sin intercambiar saliva ni nada, morbosos!! Le comento que si necesita cualquier consejo u opinión, no dude en escribirme. Él me dice lo mismo. Mola mucho encontrarte gente con tus mismas aficiones e inquietudes. Un auténtico placer, Steve, el escocés.

Y ahora, ya es miércoles, y estoy en la habitacion del hotel, disponiéndome a pasar el día perreando por la isla. Me han recomendado un par de sitios para visitar, pero con calma, no quiero mucho meneo, y luego buscaré una playita donde poner mis huesos en la arena, y dejar pasar las horas.

Gente, hasta la próxima. Como siempre, un auténtico placer. Chao...

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He ido a visitar ese par de sitios que os decía, pero al final, no he llegado. Se suponía que eran dos pueblecillos con ruinas griegas, por lo visto, bastante interesantes, pero la cosa no ha ido como esperaba.

Me he dejado perder por las carreteras de la isla, o sea, ni mapa ni gps, sólo la moto y el asfalto, y a donde me lleve. De vez en cuando me gusta hacer algo así, y hoy, que no tenía nada mejor que hacer, era el momento. Y me he perdido, por supuesto. Pero bien perdido. Giro a la derecha, giro a la izquierda, una y otra vez, sin rumbo, solo intuición, y he acabado  en un pueblecito llamado Kimo, muy pequeñín, nada especial, solo una pequeña playa y un par de chiringuitos en ella, con un montón de hamacas, pero hoy, todas vacías, porque está nublado.

Recorro el paseo de arriba a abajo en la moto. Aquí se puede hacer, porque hoy no hay nadie, y porque, aunque hubiera, nadie te dice nada, lo ven algo normal. Los scooters se usan como si fueras a pie. Y la mía, es algo más grande que un scooter, pero cuela. O eso me parece a mí.

Sotiris, mi nuevo amigo griego
El caso es que paro en el primer garito que he visto al entrar, y que es el que mejor aspecto tiene. El que parece el dueño me saluda muy efusivo, demasiado quizás. Al decirle que soy español, se jodió. Ya sale el fútbol a colación. Siempre lo mismo, que si Madrid-Barça, que si Messi-Ronaldo, que si tal que si cual. Me hablan de jugadores que ni siquiera me suenan. Que yo soy de Osasuna, joder, y justillo, que el fútbol me la trae al pairo. Pero da igual, éste a lo suyo. Resulta que en el último partido, debió apostar 100 euros por el Barça, y claro, los palmó. En fin, pido un espresso, ya que éste no me ofrece mi chai gasolinero. Y me sabe a gloria. En Turquía, el té, cojonudo, pero el café, una auténtica mierda. Y este espresso griego es otra cosica. Café del de verdad, que también lo echaba de menos, no os creáis.

Seguimos un rato de charleta. Me cuenta que su garito lleva una semana abierto, hasta octubre, a mediados, más o menos. Es la temporada turística de cualquier país mediterráneo. ¿Y el resto del año?, le pregunto, ¿qué haces?. Me mira sorprendido y, como si fuera lo mas lógico del mundo, me dice: "Relax". Pues claro que sí. Relax, hombre, relax. Así da gusto.

Luego me confiesa que también tiene olivos. Por cada 5 kilos de oliva, un litro de aceite. Yo no tengo ni idea del tema, pero supongo que así será. Recoge unos 5000 kilos, por lo que saca unos 1000 litros de aceite al año. No sé a cuánto lo venderá, pero tampoco puede ser un dineral, así que me imagino que al chiringuito playero le sacará chispas en verano.

Mientras hablamos, me ofrece una cerveza, a la que, como en Turquía con el chai, no me puedo negar. A lo tonto, llevamos un buen rato, raja que te raja. No me entero de la mitad de lo que dice, pero seguro que el piensa lo mismo de mí. Da igual, es cuestión de pasar el rato, ¿no?.

Llega un punto en que decido que ha llegado el momento de darse un chapuzón. Le pido permiso para usar sus hamacas, a lo que accede sin problemas. Me quito la ropa, y la dejo encima de una de ellas. Me dejo solo el calzoncillo, por vergüenza torera, tampoco es cuestión de ponerme en culitatis, aunque no me hubiera importado.

Y echo a correr hacia el agua, tirándome de cabeza cuando me llega a la cadera. Vamos, lo típico. Nado un poquillo para sacar el frío. Está fresquita, pero muy agradable. Hoy está nublado, pero sigue haciendo calor, así que el refrigerio me sienta de maravilla. Después, ya que estamos en el lío, me quedo un buen rato tumbado en la hamaca, vuelta y vuelta, y así, de paso, se van secando un poco los gallumbos.

Antes de irme, voy a despedirme de mi amiguete, y cuando le digo a ver cuánto le debo por las bebidas, casi me saca a patadas del local. ¡Qué carácter más malo!. Se ha medio ofendido, pero se lo tenía que decir, ¿no?. Como invite a todos los turistas que caigan por ahí, mejor que no se levante de la cama. En fin, apretón de manos, y hasta la vista, baby...

Si es que no aprendo...
Ahora si, saco el mapa que me han dado en el hotel, y me dirigo a Pirgi, que es uno de los sitios que tenía previsto visitar. Pero a veces, las cosas, no salen como uno quiere. Me meto por una pista sin dificultad, para perderme un poco más, y ver algún paisaje, de otra manera, inaccesible. Pero en una pequeña cuestecilla, no ando fino con el embrague y, ZAS...a tomar por culo, otra vez con mis huesos en el suelo. Yo no me hago nada, iba a 2 por hora y la moto no me cae encima. Pero la jodida, se queda en una posición malísima, porque tiene el manillar clavado en la tierra y no la puedo mover, y además, tengo un arbolillo justo donde está la mejor posición para levantarla.

Y allí estoy, jurando en hebreo de nuevo, porque ya sabéis que esto me pasa por gilipollas. Me vengo arriba, y me meto en fregaos yo solito, porque no me doy cuenta que llevo una moto de más de 300 kilos, que a veces, no es todo lo manejable que quisiera.

Después de un rato, muchos sudores y varios arrastrones a la moto para intentar dejarla en buena posición, consigo levantarla. Lo tengo todo grabado, pero no lo voy a colgar, porque me da hasta vergüenza. Cuando lo edite en casita ya lo veréis. Sorry!

Y después de esto, de regreso a la carretera, empieza a chispear un poquillo, así que como ya he tenido bastante por hoy, y encima, voy con ropa de civil y no me quiero mojar, decido que le den por saco a Pirgi, y enfilo hacia Chios, a esperar tranquilamente el ferry, sentadito en una terraza, y albardándome a cerveza. Y lo cierto es que, así, se corre mucho menos riesgo, oiga. Y lo agusto que está uno, no tiene precio.

La espera se hace larga, pero al final, a las 22.15 cojo la moto y me acerco al puerto. El barco no está, parece que saldremos un poco tarde. No me importa. Media hora arriba o abajo me trae sin cuidado.

Cuando llega, la gente se vuelve loca, y los encargados del puerto, o se vuelven locos, o ya lo estaban: todo el mundo corriendo, con sus bolsas y maletas, vehículos bajando del ferry, otros subiendo, algún empleado del puerto con su silbato que se cree que está en Salvador de Bahia en pleno carnaval, y pita constantemente, sin sentido. Vamos, que estamos en Grecia sin ninguna duda. Subo al barco sorteando gente como puedo. Nos hacen colocar las motos todas apiñadas, unas junto a otras, igualmente, sin sentido, y las atan unas a otras con una cuerda del chino de la esquina, que si hay meneo en la travesía, se van todas juntitas a tomar viento. Me encomiendo a todos los santos, me santigüo, hago una reverencia hacia la Meca, y dejo allí la moto, y que sea lo que Dios quiera.

Al llegar arriba, pregunto a ver dónde está mi asiento, porque como compré el billete a ultimísima hora, por supuesto, las cabinas estaban ocupadas, así que me dieron un billete economy. Voy todo chulo con mi ticket hacia uno de los empleados, y cuando lo mira y le pregunto por mi asiento, esboza una medio sonrisa que no me gusta nada de nada. Que no te enteras, chaval, que vas en economy. Ya, ¿y?. Pues que te busques la vida, tienes derecho a estar en las zonas públicas. ¿Comooollll?. como lo oyes, búscate un rincón y apáñate como puedas.

Hoy toca primera clase
Me quedo sin palabras. Contaba cuando menos con una butaca incómoda, pero ni eso. No me jodas. Me doy un paseo por la "zona pública", y veo que la gente ya ha cogido posiciones. Veo que no es la primera vez, aquí hay veteranos de guerra. Y no me extraña, parecemos refugiados sirios escapando del país. Como veo que esto se complica, dejo la bolsa con unos chavales griegos que me la guardan, y me bajo a la bodega, a coger el saco y la esterilla. A mí no me joden la noche.

Cuando voy a acceder a la bodega, un flipao pretende cortarme el paso, y me dice que ya no puedo entrar. Los cojones, sígueme si quieres. El tío ni rechista, yo creo que ha palpado el mal café que llevo en el cuerpo, y no se la jugado. Allí está la burra, triste y apretada en su rincón. Yo la consuelo diciéndole que no se pierde nada allí arriba, que ni siquiera tengo asiento. ¿Y eso?, me pregunta. Uf, es una larga historia. Mañana te cuento. Buenas noches. Buenas noches.

Regreso arriba, recupero mi bolsa y busco el que será mi rincón para pasar la noche, al lado de unas mesas, donde después de cenar un bocata que me he comprado en tierra, aparto las sillas y extiendo la esterilla. Ya tengo mi camita. A eso de las 00.30, como tampoco hay mucha fiesta que digamos, me meto en el saco, me pongo los tapones, y a plancharla.

He de decir que, dentro del desastre que ha sido esto, no he dormido del todo mal, he podido sacar unas 5 horas de buen sueño, que, al fin y al cabo, es lo que estoy durmiendo en este viaje.

Llegamos a la hora, y me voy directo al hotel que reservé el día anterior, cerquita de la Acrópolis. La recepcionista me dice que aún no tienen habitación disponible, cosa que me imaginaba, siendo las 8 de la mañana, pero que si quiero desayunar, ella me lo apaña mientras tanto. Perfecto, guapa. Vamos a dejar temblando el buffet.

No es gran cosa, pero suficiente. Al terminar, aparece la recepcionista. Ya tengo habitación. Genial. Me instalo, me ducho, y me tumbo un rato, antes de salir a patear la ciudad.

Al salir, cojo un mapa turístico, con todo lo importante a visitar señalado por la recepcionista, y me voy a la guerra, otra vez. No me voy a extender, hago el japonés durante todo el día, tirando millones de fotos. Como en un restaurante griego, fuera de la zona turística, y me pierdo un rato por la ciudad vieja. Interesante todo.
Ahora en el hotel, planeando un poco la etapa de mañana. No sé hacia donde tiraré. Tengo varios sitios donde me gustaría ir, pero igual hay que seleccionar un poquillo. Mañana os lo cuento. Besos.






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