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sábado, 11 de mayo de 2013

DIA 23-24 Atenas-Trikala-Bitola



Bajo a desayunar a las 7 en punto. Quiero salir temprano, que hoy, el día va a ser largo, tirando a muy largo. Empiezo a llenar mi plato con las diferentes viandas que el chef nos ha preparado hoy, o sea, las mismas que ayer, no os creáis. Pero todo correcto.

En la mesa de al lado, hay sentada una coreana (digo lo de coreana porque tiene cara de taekwondoka, pero en gorda. Debe soltar unas ostias como panes), que es de esas personas que no sale rentable en un buffet libre. ¡Qué manera de comer!. Las lonchas de queso y jamón de pavo las coge de seis en seis. Está sentada en una mesa para cuatro, ella sola, y no le cabe todo lo que coje. Es la auténtica trituradora McEihan. Un espectáculo digno de grabar, una pena que me haya dejado la cámara en la habitación, si no... Eso sí, antes de comer, junta las palmas de las manos y hace una reverencia estilo oriental, dando gracias a no se quién, pero que tiene trabajo con esta tía. Y para finalizar, se levanta, y me pregunto: ¿A qué va a atacar ahora? Ha comido de todo ya. Pues no. ¡Los huevos duros!. Se coge tres, sí, TRES! Yo ya no aguanto más, me levanto y le hago la ola mejicana. Esta tía se merece un estudio en profundidad, porque ese estomago es una máquina fuera de serie. Y eso que, los que me conocéis, sabéis que tengo un saque importante, y no me amilano ante cosas así. Pero esto es grandioso!

Salgo de Atenas por las circunvalaciones, sin demasiados problemas. Hay tráfico, pero fluido, a unos 90 por hora, o sea que, bien. Esperaba más jaleo, la verdad.

El plan para hoy es ir a Delfos, después Meteora y acabar en Bitola, Macedonia. Tengo tarea por delante, así que cojo la autopista para ganar tiempo.

¡Inmenso!
Llego a Delfos a buena hora, es temprano, y el grueso de turistas aún no ha llegado. Hay algún autobús, pero sin aglomeraciones, algo soportable, así que puedo hacer mis fotos sin tener que sacar los codos. El sitio está bastante bien, es pequeñito pero casi me gusta más que otros sitios más grandes que he visitado, y que, en principio, tienen más fama que esto. Este me gusta, especialmente, porque está entre montañas, y el paisaje es verde, muy verde. No es el típico secarral al que estamos acostumbrados en las fotos de ruinas griegas. La gente se concentra, principalmente en el teatro que hay en la parte superior del sitio, así que yo me quedo un poco más abajo, fotografiando pequeños detalles, que además, es lo que me gusta. 
En unos 50 minutos tengo bastante y abandono el lugar. A partir de aquí, ya no hay autopista, aunque casi mejor. Me aburro tanto, tanto, que no sé si me merece la pena. Se gana tiempo, sí. Pero es lo único bueno que tiene. Creo que es mejor madrugar un poco más, e ir por secundarias, disfrutando de la cercanía que esas carreteras te dan.

Además, estos griegos, en vez de multiplicar los panes y los peces, lo que hacen, es multiplicar los carriles de la carretera. Es algo milagroso, en serio. Un carril en cada sentido. Digamos que, un coche va detrás de un camión y de frente viene otro camión, y el del coche decide que tiene que adelantar. Pues no pasa nada. Se adelanta. Sí, hombre, sí. Sin problemas, con dos cojones. Cada uno se aparta a su arcén, y el coche por el medio. ¡Milagro!. Y además, lo mejor de todo, es que nadie protesta. No hay bocinazos, ni peinetas, ni malos modos...está socialmente aceptado, y a nadie le molesta, más bien al contrario, es casi una obligación.

A las motos les facilitan muchísimo el adelantamiento, cosa que es de agradecer. Cuánto tendríamos que aprender en España, que cuando te pones detrás de un coche, el conductor no sabe la mejor manera para dificultarte la mañana. Siempre he pensado que es mejor arrimarse a la derecha y dejar el mayor espacio posible para que la moto te adelante cuanto antes, y así no tienes una mosca cojonera pegada al culo, y de paso, nos hacemos todos la vida más fácil. Pero no, Espein is diferen! La eterna guerra coche-moto.

Atravieso las montañas, disfrutando de unos paisajes abrumadores, con sus curvas amplias para el goce y disfrute de mi máquina y de mí mismo. El asfalto es bastante bueno, estoy gratamente sorprendido. Me habían hablado fatal de las carreteras griegas, incluido aquel chaval griego que conocí en el ferry de Çesme, que me dijo que sus carreteras eran mucho peores que las turcas, y yo me quedé blanco al escucharle, porque las turcas son malas de cojones.

Pero no. Por lo menos, por donde yo he viajado, tanto en Chios, como ya, en el continente, yo diría que la calidad es más o menos como en España, para que os hagáis una idea. Yo no noto grandes diferencias, vaya.

Una de tantas ermitillas
Eso sí, las cunetas están llenas de recordatorios de personas fallecidas en accidentes, lo mismo que en España, que se suelen poner flores. Aquí lo que veo son ermitas en miniatura, y dentro de ellas, o una foto, o una estampa, o un recuerdo...y velas, muchas velas. Las hay por decenas. No hay kilómetro sin alguna de ellas. Quiero creer que no todas son en recuerdo de fallecidos, porque si no, la población griega estaría diezmada. O igual es que al ser carretera de montaña ha habido más muertos que en otras zonas. El caso es que hay ermitillas por doquier, e impresiona bastante, la verdad.

Tras varias paraditas para disparar un poco y hacer un poco el tonto con el vídeo, llego a Kalambaka, puerta de entrada a los monasterios de Meteora. Traducción al castellano: monasterios suspendidos del cielo. Con eso lo digo todo. Esperad a ver las fotos, porque es de los sitios más impresionantes que he visitado, no ya en este viaje, sino en toda mi vida. ¡Alucinante! Está claro que, este viaje, va de monasterios: empecé con el de Rila, en Bulgaria. Luego el de Sumela en Turquía, y ahora Meteora, en Grecia. Y los tres, muy distintos, pero igualmente espectaculares.

Por lo visto, los primeros que vivieron encaramados en esas rocas, fueron ermitaños, para retirarse y estar mas cerca del Cielo. Dicho así, tiene todo el sentido. Pero el currela que tuvo que subir todo el azulejo y el cemento cola para alicatar los baños hasta ahí arriba, tuvo que cagarse en las muelas de aquel primer ermitaño. Y es que están construidos, literalmente, colgados del cielo. Ni más ni menos. Creo que son unos 7 monasterios, y se pueden visitar por el módico precio de tres euros. Accedo a uno de ellos, y está bien, pero sin más. Todo reformado, lógicamente, pero imaginando en como se tenía que vivir ahí hace unos siglos, te da que pensar. Hay unos juegos de poleas, que se usan como ascensores para subir la comida y demás enseres, aunque me da la impresión de que hoy en día, nadie tira de riñón para subir el Cola-Cao por ese medio, porque yo, que soy muy observador, y no se me escapa nada, he visto una tirolina eléctrica con una cesta del tamaño de un coche pequeño, que conecta la carretera con el monasterio. Si es que estos monjes están aburguesados.
Al margen de los monasterios por dentro, lo realmente impresionante es el entorno. El paisaje, las formaciones rocosas, dónde están construidos, la tranquilidad de la zona...¡Admirable! Esto es cita obligada de cualquier visita a Grecia, tanto como la Acropolis, o más, diría yo. Gracias, Eneko, por hablarme de este sitio.

No me extiendo más. Creo que las fotos hablan por sí solas.

Arranco dirección Macedonia. Tengo una reserva en Bitola, a la que me temo que nunca llegaré... Conduzco tranquilo, tengo tiempo, el clima es benigno y los astros están conmigo... ¿o no?

El GPS me indica que tengo que coger un desvió a la derecha, así que entro en la curva, que al final es un poco más cerrada de lo que parecía. Con la rueda delantera piso un poco de gravilla suelta y hace que pierda un poco el control de la moto. Invado como medio metro el carril contrario, pero con tan mala fortuna, que me encuentro a un trailer azul (muy azul, o eso me parece a mí) que se me viene encima... JODER!!! Intento rectificar, pero ya es tarde. Como último recurso, pruebo a salir por el lado contrario cuando veo que la trazada no me va a servir, pero no soy ni Rossi ni Marc Márquez, así que el trailer me arrolla irremediablemente. Así, como lo oyes... 

El impacto es fuerte. Al fin al cabo, he topado con un peso pesado. Salgo rebotado, y gracias a Dios, no me voy a las ruedas. Me quedo unos segundos en el suelo, sin reaccionar. ¡La has cagado, tío! Es lo primero que pienso. Y no voy desencaminado. Me levanto poco a poco, y compruebo que estoy entero. No me duele nada, pero eso no quiere decir que esté ileso. Aparentemente, no tengo daños, puedo mover brazos y piernas, y el casco, al quitármelo, compruebo que está intacto. Un pequeño rasguño en la mano izquierda es la única avería que aprecio en mi cuerpo.

No olvidaré fácilmente éste momento...¡Qué susto!
Pero la moto... Ayyyy, la moto!!! Ahí está la pobre, tirada panza arriba, apoyada en la maleta izquierda, pidiéndome ayuda. Ese cabrón de gigante azul le ha dado la vuelta sin contemplaciones. Al acercarme, viene hacia mí el acompañante del camionero, gritando y gesticulando. No le hago ni puto caso. Voy a ver mi moto, así que quítate de mi camino, cara mono!

Tiene la parte frontal hecha un cristo: la pantalla reventada, el faro se mueve para todos lados, pero el cristal no está roto (importante), el faro auxiliar derecho está arrancado de cuajo, el guardamanos derecho machacado y las defensas un poco torcidas, pero no mucho... eso es lo que me ha salvado, las benditas defensas. Eso, y que la moto pesa 300 kilos largos. Si llega a ser una moto convencional, seguramente estaríamos hablando de muchos más daños, tanto en la moto como en el conductor, en este caso, el menda lerenda. Levanto la moto con ayuda de un chaval que se ha acercado al ver el accidente, y la quitamos de la calzada. Por lo menos, se mueve con facilidad. No parece que tenga afectadas ni la dirección ni los frenos, pero eso ahora ni lo pienso. 

Mis muñequitos protectores

En lo único que pienso es que me he cargado el viaje. Un viaje en el que estaba teniendo toda la suerte del mundo, todo de cara, pero en algún momento, la suerte tenía que cambiar, y alguien ha debido decidir que ese momento era ahora. Opciones: llevar la moto a un taller cercano, pero estoy en donde Cristo perdió la sandalia, y para cuando lleguen las piezas, me puede crecer la barba. También puedo llevar la moto a un BMW Motorrad, pero supongo que el más cercano estará en Atenas, y hay una distancia interesante. Y por último, la opción de dejar aquí la moto mientras la reparan y volar a casa, que es una de las opciones contempladas en el seguro. Pero no dejo la moto aquí ni de coña. 

En fin, ahora, vamos a lo que vamos. Pasaporte, documentación, seguro, etc, etc. Los del camión han llamado a la pasma. Para mí, mejor. La culpa ha sido mía, así que prefiero que hagan los polis todo el papeleo, en vez de tener que lidiar con esos dos tontainas, sobre todo el acompañante, que luego me entero que es el dueño del camión, y está el tío un poco tenso. El cabrón no ha hecho ni preguntar si estoy bien o mal. Lo único que le preocupa es su puto camión. A mí me da igual. Procuro relajarme un poco mientras llega la patrulla de tráfico, pero en lo único que pienso es que se ha truncado mi viaje, aunque también soy consciente de la suerte que he tenido. Estoy ileso después de haber embestido a un camión en toda regla, y eso es para estar contento. Muy contento. Y lo estoy, no os vayáis a pensar, he sido afortunado...

Bueno, llega la pareja de policías, uno de ellos habla inglés, así que es con quien me comunico y quien me explica como funcionan en su país. Más o menos, como en España, pero aquí, aparte de realizar ellos su informe, también lo hacen los de las grúas de asistencia, así que triplican el trabajo. A mí me sigue dando igual. Yo me he puesto en contacto con mi aseguradora, y la grúa se supone que está en camino. De paso, me van gestionando el hotel, en la misma ciudad donde se va a quedar la moto esta noche: Trikala.

Terminamos el papeleo, y de allí se pira todo dios, y me quedo solo esperando mi grúa. Los del camión, sin dirigirme ni una sola palabra.¡¡ Hijos de la gran puta!! 

Bueno, solo no me quedo. Está por allí una señora, que tiene un puesto de frutas al borde de la carretera, justo al lado del lugar del accidente, y que, desde el primer momento, se ha preocupado de mí. Me ha traído una botella de agua, una silla de plástico, a la que previamente le ha pasado un trapo para limpiarla (no se preocupe, señora, si llevo un par de kilos de mierda encima, que últimamente me da por revolcarme por el suelo), y ya, cuando se ha ido todo el mundo, hasta un poco de fruta me ha dado. No tengo nada de hambre, raro en mí, pero al final como algo, porque si no, la mujer no se queda tranquila y sigue erre que erre.

Al final, llega la grúa. Baja la rampa, y para subirla encima, pruebo a arrancarla, cosa que aún no he hecho. Le doy al contacto, y el chequeo que hace el ordenador de a bordo sale correcto. La arranco, todo parece funcionar bien, relativamente bien. La subo al camión sin problemas, donde el conductor la sujeta perfectamente con las cinchas, bajo mi atenta mirada inquisidora. No quiero que sufra más, la pobre.

Y salimos hacia Trikala. Estamos desandando el camino, otra vez hacia el sur, otra vez alejándome de casa... ¡mierda!
Por el camino, empiezo a darle vueltas a la posibilidad de sujetar todas las piezas rotas como se pueda, con bridas, cinta o lo que sea, y dejarla más o menos decente para poder continuar ruta, y llevarla directamente a la BMW de Pamplona, donde me la dejarán niquelada. Llamo al seguro y les comento esa posibilidad, a lo que acceden sin problema. Ellos se ahorran pasta, y yo lo prefiero así: no me quiero quedar aquí, esperando las piezas de recambio, y encima que me hagan la moto en un taller que no es de mi confianza.

Entre el conductor de la grúa y su compi, localizan a un mecánico que por lo visto trabajó un par de años para BMW y ahora tiene su propio taller, que, aunque no es el oficial, el tío controla bastante. Decidimos llevar la moto allí, para que le eche un vistazo. 

A todo esto, ya se ha hecho de noche, y decidimos que lo vamos a dejar para la mañana siguiente, que seguro que vemos las cosas de otra manera. 

Me voy al hotel en taxi, como un marqués, nos ha jodido. Y mi moto en el dique seco. No puede ser. Cuando te acostumbras a ir en moto hasta para mear, cuando no puedes hacerlo, te sientes muy, muy raro, os lo aseguro.

Duermo bien, y cuando me levanto, no me duele nada. Genial. Tenia miedo que, ayer, en caliente, no me doliera nada, pero que después de dormir, no me pudiera mover al día siguiente. Recojo los bártulos, y para las 9 de la mañana estoy en el taller de nuevo. El coleguita ya esta allí con un compinche, y ya están currando en la moto. La pantalla no está, la han quitado y están sujetando el foco y los intermitentes, que también están rotos. Ya han colocado el radiador, que esta bastante tocado pero él me dice que está bien. Yo me fió. El tío tiene dos GS, una del 2005 y otra del 2009, y en el taller hay 3 o 4 más que las está reparando. El tío sabe lo que se hace, y tiene el taller impecable, ni una sola gota de grasa, oiga.

Mis compis de Trikala apañando el destrozo
Poco a poco, a base de bridas y taladro, taladro y bridas, unas más gordas, otras más finas, la moto va tomando forma de nuevo, hasta que aproximadamente 2 horas después, da por terminado su trabajo. Ha quedado todo bastante bien sujeto, lo único que no ha quedado perfecto es el foco, que alumbra un pelín alto, pero durante el día, no es problema, y por la noche, no tengo intención de conducir, salvo caso de necesidad.

Le digo que me prepare una factura, que se la pasaré al seguro, y el tío, por dos horas de trabajo suyas y de su compi, más el material, me cobra 30 euros. Me sonríe, y me dice que es precio amigo. Desde luego, tío, amigos pa lo que quieras. Con gente así, al fin del mundo. Hemos intercambiado mails y le he prometido que le escribiré cuando llegue a casa sano y salvo. Me ha dicho que eso espera. Que llegue bien y que le escriba. Solidaridad motera, así da gusto.

Y en la carretera de nuevo. Y pensar que sólo unas horas antes daba por terminado el viaje. No me lo puedo creer. De todas formas, después del susto, mi intención era coger la directa, meterme en todas las autopistas habidas y por haber, y a casa como un tiro, pero Elma, sabiamente, me dice que no haga el tonto, que la moto igual tampoco está para forzarla en la autopista, y que es mejor que siga con lo planeado, y seguir la ruta planificada. Y es verdad, no me merece la pena tirar por tierra el viaje, cuando las cosas estaban funcionando tan bien.

Mi segunda madre
Así que cojo dirección Macedonia, otra vez. Y paso por el punto del accidente. Quiero saludar a la señora que hizo de madre ayer. Allí sigue, con su puesto de frutas y su gran sonrisa. Está con sus dos hijos, a los que ya les ha contado todos los detalles. Nos damos un abrazo, me da otro plátano para el camino, y nos decimos adiós.

El trayecto hacia Macedonia lo hago muy, muy tranquilo, no estoy para emociones fuertes. Hoy no. Paso por un puerto de montaña inmenso: 15 kms de subida y 18 de bajada, en los que me cruzo con 2 vehículos, nada más, y paso entre unos bosques de hayas que nada tienen que envidiar a la selva de Irati. 

Cruzo la frontera de Macedonia sin problemas, y llego a Bitola unos 15 kms después. El cielo se ha encapotado y amenaza lluvia, así que, ya vale por hoy. Me quedo aquí, que es donde se supone que tendría que haber llegado ayer. Un día más de retraso. Y van tres. Los tendré que ir remontando poco a poco, sobre todo en Francia, que no me interesa nada, y pienso cruzarlo a mil.

Bueno, creo que ya vale por hoy. El que haya conseguido llegar hasta aquí sin dormirse, premio!!

Un abrazo a todos. Me sigo sintiendo muy afortunado, pero hoy por motivos diferentes a los días anteriores: otros días, daba gracias por el viaje tan bueno que estaba teniendo, y hoy doy gracias por poder seguir contándolo, que no es poco....



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