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jueves, 2 de mayo de 2013

DIAS 14-15 Estambul-Capadoccia



Ya es jueves, no me puedo creer cómo pasa el tiempo. Son las 6 de la mañana y no puedo dormir. No sé qué es lo que me pasa en este viaje; demasiadas emociones, quizás, que no me dejan dormir, para intentar aprovechar todo al máximo. No lo sé.

Mezquita Azul
Puente Galatta desde la Torre Galatta
El martes fue un día increíble, callejeando por Estambul, disparando a todo lo que se meneaba. Y a lo que no se meneaba, también. Yo creo que no se puede aprovechar más el día que lo que hicimos nosotros. El hotel estaba a un minuto de la Mezquita Azul. Hotel Seraglio, por si a alguien le interesa una escapadilla por estas tierras de Alah, muy recomendable. Tras un gran desayuno, para coger fuerzas para lo que nos espera, visitamos todo esto, por este orden: Mezquita Azul, Santa Sofía, qué decir de estas 2 joyas, sin palabras, hay que verlo, sin más. Gran Bazar, dando un rodeo para ver el ambientillo en las calles y perdiéndonos por ellas, observando y observando. Compras más bien escasas, ya que al viajar en moto, el espacio es limitado, y tampoco es cuestión de transformar la burra en burro, con pulpos por todos lados sujetando souvenirs.  Después, el Bazar de las Especias, uf, qué olores. Paradita técnica para comer. Kebab, por supuesto. Puente Galatta, con sus restaurantes en la parte de abajo del mismo. Torre Galatta, con unas vistas espectaculares sobre toda la bahía del Bósforo.

Lo que se dice una
 instalación saneada.
Tras una cervecita para refrescar el gaznate, vamos al muelle junto al puente Galatta. La intención era dar un paseo en barco por la bahía, pero al ir a la billetería, nos encontramos con la desagradable sorpresa de que no hay mas billetes para hoy, no me jodas! Pero un minuto después, nos dan la solución. Resulta que el sitio en el que pregunté debía ser como la oficina oficial, o algo así. Pero aparte, hay también barcos privados, un poco mas pequeños, que realizan la misma labor, así que como nos da exactamente igual quién nos lleve, vamos al primero de ellos. 10 liras por cabeza, menos de 5 euros, y en el oficial 25 liras. Aun nos va a salir bien la jugada y todo. Y encima, al subir al barco pregunto la duración: 1 hora 20 minutos. ¡Madre mía! Eso por 5 euros. Sentaditos junto a la barandilla, se agradece el descanso. Aparte de las vistas, que son alucinantes, y más a esta hora de la tarde, con una luz que quita el hipo, esta hora larga nos permite descansar un poco las piernas, que la paliza está siendo soberana.
Pescadores en Puente Galatta

Y ya después de este largo día, sólo nos queda una cenita tranquila en el restaurante del hotel. Habíamos pensado ir a la parte moderna, en el lado asiático, donde, al parecer, hay un montón de restaurantes de calidad a precios interesantes, pero las piernas ya no dan más de sí, y viendo que el menú del hotel nos cuadra, nos quedamos allí, tomando unos vinitos, y viendo como el Madrid se va a casita, charlando con unos alemanes sentados en la mesa de al lado, pero que se la suda el fútbol casi tanto como a nosotros. El tío conoce España al dedillo, sobre todo el Cantábrico. Sólo le falta sacar la gaita y ponerse a tocar. Cómo viaja esta gente!! Yo creo que se empollan todos los datos antes de ir. O después, no sé. El caso es que saben mas historia de nuestro país que cualquiera de nosotros, aunque eso no sea difícil. Pero en contrapartida, nosotros no sabemos un carajo de la suya. O al menos, a mí, me pasa...

Anocheciendo...
Miércoles. Nos levantamos temprano. Hoy toca pechada de kilómetros. Casi 800. Destino: ¡Capadoccia!

Desayunamos abundante para aguantar el tirón y a las 9:30, a la carretera. El recepcionista del hotel, al decirle a dónde nos dirigimos, nos comenta que igual tenemos algún problema para pasar al lado asiático, porque es fiesta nacional (como en España) y hay manifestaciones de todo tipo, y seguramente, los puentes estarán cerrados. Bueno, pues el tío no miente. Puente Galatta: cerrado. El siguiente: también cerrado. El GPS me empieza a volver loco, así que lo apago y vamos a pelo, ya cruzaremos de alguna forma. Tras varios intentos, al final pillamos uno abierto, y directos a Asia.

Comenzamos a ver manifestaciones, gente con banderas y demás. Igualito que en España, vaya. El tráfico, caótico, como siempre. Hoy con más tiento, porque vamos dos, y la respuesta de la moto no es la misma. Se ven cosas curiosas. Imaginaos la situación: vía de 4 carriles, o sea, el copón de coches por todos lados. El menda lerenda intentando sortear el atasco como buenamente se puede, y de repente, te encuentras a un tipo en medio de la calzada, entre las filas de coches, con 2 paquetes de botellas de agua, vendiendo el líquido elemento, y a la vez, jugándose la vida por una lira la botella. Acojonante, vamos.

Poco después, empezamos a ver antidisturbios, al principio más tranquilos, pero comforme avanzamos, nos damos cuenta que cada vez están mas tensos: cascos, escudos, bocachas. Todo el kit. Parece que se está liando.

Al cruzar un puente, vemos una nube de humo blanco al otro lado, que viene de abajo, pero no vemos qué ocurre. Yo pienso que están quemando algo. Pero no. Al atravesar la nube, el picor insoportable en los ojos y en la garganta es instantáneo. ¡Gas lacrimógeno! Parece que la fiesta ha empezado. El efecto dura varios minutos, hasta que dejo de llorar. ¡Qué coño tendrá ese gas para causar semejante efecto! Horas mas tarde, veo un mensaje de un buen amigo, preguntando si nos han pillado los disturbios, al que, por cierto, aún no he contestado. Pues esa ha sido nuestra experiencia con las manifas de Estambul. No sé hasta qué punto se ha liado, porque ya no he visto la tele y estoy absolutamente desconectado de todo.

El resto del día, sin más, muchos kilómetros, carretera aburrida, y al final, tormenta eléctrica, y, de milagro, conseguimos escapar a la lluvia y no nos mojamos. Ahora en un pueblo de la Capadoccia, en una casa-cueva alucinante donde hemos pasado la noche. En breve, a desayunar, y en ruta de nuevo. Esto no para, señores y señoras...



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