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martes, 7 de mayo de 2013

DIAS 18-19 Estambul-Babakale



Tras 6 horas de sueño, partido en dos trozos de tres horas, ya no puedo parar. Dentro de lo malo, el hostel no ha estado mal. Lo reservé por la cercanía al aeropuerto, y al final ha salido mejor de lo que esperaba.

Hoy me quedo en Estambul. Estoy un poco saturado de moto. Llevo unos días en los que no he parado, y el desgaste físico va haciendo mella, aparte que duermo poco y no acabo de recuperarme como debiera. Y para colmo, el otro día, estaba lavando la ropa en la bañera, y en una de esas, me resbalé, y apoyé mal la mano izquierda, torciéndome el pulgar de mala manera. Lo tengo ligeramente inflamado, pero no creo que sea grave. Tengo movilidad y con unos ibuprofenos espero que sea suficiente. Pero me molesta al embragar, así que un día de descanso no me va a venir mal.

Y así me lo tomo. Mi primer día de descanso desde que empecé el viaje. Conduzco hasta Sultanahmet y tras dar un par de vueltas y meterme hasta la cocina de la Mezquita Azul, cuasi atropellando a más de un turista despistado, aparco la moto en un paseo marítimo en la parte baja de la ciudad, y me dedico a recorrerlo de arriba a abajo, paseando tranquilamente, y sin apenas tocar la cámara. Me apetece estar así, sin hacer nada, dejando que pasen las horas, observando el latir de esta misteriosa ciudad.

Hoy es lo que toca: sentadito y cruzado de brazos

Conozco gente a la que no le llama la atención Estambul, y tras haber pasado en ella unos cuantos días, ahora sí que estoy convencido de que no tienen ni idea de lo que se pierden. Allá cada cual. A mí, personalmente, me ha parecido fantástica. Sólo le pongo una pega: es tan difícil echarse una cerveza al gaznate en un restaurante o cafetería, que ese pequeño detalle le baja unas décimas en mi puntuación. Y eso, por no darle un diez, y así tengo una excusa para seguir buscando la ciudad perfecta, aunque parto de la base que, la ciudad perfecta es aquella donde está tu gente, y por aquí no veo a nadie.

He escrito a Mehmet para ver si, por casualidad, me acojen en el Kuzgun Moto Club para pasar allí la noche, pero acabo de mirar el correo y no tengo respuesta. Los domingos suelen hacer alguna actividad al aire libre, y seguro que está fuera. Le echo un poco de morro al asunto, y a eso de las 7 de la tarde, me planto directamente en la puerta. No hay nadie. Me lo imaginaba.

Un segundo después, se abre una ventana del piso de arriba, y se asoman un par de chicas, que me miran divertidas, sonriendo.

Una de ellas baja, y comienza la danza de la lluvia a base de gestos. Me estoy convirtiendo en el puto jefe de la mímica. Entonces la reconozco, es la mujer de uno de los mecánicos del Kuzgun, a la que he visto en alguna foto anteriormente. Hace una llamada de teléfono de un par de minutos, y al terminar, lo que entiendo es que Mehmet vendrá al club hacia las 9, cuando me señala la hora en la esfera de su reloj. Ok, pues nada, guapa, que me voy a cenar algo, y en un par de horas estoy aquí.

A las 9 vuelvo al garito, y Mehmet no está, pero si Tailan, el mecánico. Llama por teléfono a Mehmet y me lo pasa. Por supuesto que me puedo quedar, sin ningún tipo de problema. You are always welcome, me suelta el tío. Perfecto, ya tengo cama, aunque echo de menos la compañía de Yoshi y Adam. Los dos han arrancado ya. Yoshi está en Armenia y acabo de ver en el caralibro que ya tiene su visa para Irán. Feliz, está el tío. Y de Adam no sé nada. Pero también debe andar por aquellos países siniestros. No le gusta mucho el tema de las redes sociales, y escribe bastante poco, pero tiene un blog que seguiré con atención cuando vuelva a casa.

Dos cervezas de medio litro son las culpables de que haya dormido como un tronco. Bueno, las cervezas, y la paliza que llevo en el cuerpo también.

Desayuno en buena compañía
(Kuzgun Moto Adventures)
A las 8 de la mañana, aparece Mehmet, con un café y algo de desayuno para mí. De verdad que la hospitalidad de estos tíos me tiene completamente alucinado. Me despido de ellos con un fuerte abrazo, y ofreciéndoles mi casa en caso de que algún día vayan por allí. Sé que no van a ir, pero la oferta es en serio. Me han tratado como si fuésemos amigos de toda la vida, y os juro que no olvidaré a esta gente. Gracias Kuzgun, y hasta la próxima!

Hoy es lunes, y para empezar bien la semana, he quedado a las 10 con Miquel Silvestre en el concesionaro BMW. Para el que no lo conozca, Miquel es un tipo que empezó a viajar en moto hace unos años y ya ha dado la vuelta al mundo y visitado muchas decenas de países. Ahora, está embarcado en un proyecto llamado Ruta Embajada Samarcanda, que le lleva a Asia Central. Mirar sus vídeos en youtube, que son cojonudos.

Uno de los grandes detalles de este viaje, sin duda.
A las diez menos cuarto estoy allí. Como es temprano y aún me queda sitio en el estomago para algo más, me acerco a un puestecillo ambulante de bollos suizos, digo, turcos, regentado por un chaval que tendrá, aproximadamente 15 años. Compro un par de pastelillos y, apoyado en la moto, empiezo a comerlos. Veo al chaval que se acerca a una tienda de alimentación del barrio, y sale 30 segundos después. Se acerca a mí, con una gran sonrisa, y me da un brick de zumo de arándanos que acaba de comprar de su bolsillo. Me deja emocionado el chaval, os lo juro. No sé qué estamos haciendo mal en nuestro país, pero en la vida he visto gestos como estos en España. Todos los días me pasa algún detalle de este tipo, que hace que este viaje sea, ya, inolvidable.

De allí, me acerco de nuevo al conce, a esperar a Miquel. Al entrar, parece eso la embajada americana. Joder, qué seguridad: barreras, bolardos, seguratas en la puerta... pero como voy con un pepino de su marca, no hay ningún problema, pa'dentro.

Me tomo un cafelillo, desayunando por tercera vez esta mañana, y me pongo en un ordenata que hay para los clientes: un pedazo de Mac con pantalla táctil que lo flipas. Tropecientos mil euros tiene que costar la broma, pero aquí, el dinero, no parece que sea un problema...

Al poco, escucho una voz potente en un castellano perfecto: "me mola esa camiseta". Me giro y allí está el tío, con su casco amarillo fosforito y una gran sonrisa. Tras un fuerte abrazo, me pide que le haga de cámara, mientras entra en el conce y aparca la moto. Lo que no sabe el colega es que, para mí, es un honor hacerlo.

De ahí, al taller. Tiene que hacerle la revisión a Victoria, que así se llama su maquina, una GS 1200, modelo nuevecito, y que la va a poner a prueba en éste viaje.

Después nos sentamos un rato en la cafetería, para charlar un ratillo, mientras espera a que le hagan la moto. El tío, a la vez, está mirando el correo, editando fotos y subiéndolas a feisbuk, trasteando con vídeos...no para. Y yo que me consideraba un tío activo. Pero al lado de Miquel, me veo como un koala letárgico. Después de las consiguientes fotos haciendo el mono, me tengo que despedir de él. Toca seguir ruta. Otro gran abrazo, y ahí lo dejo, con su ordenata echando humo.

Hoy el plan es dormir en Babakale, el punto mas occidental del continente asiático. Me apetece conocer el sitio, un poco por la tontería.

El trayecto es bastante placentero, una vez que dejo atrás las saturadas autopistas de la gran urbe.

Cruzo el estrecho de Gallipoli en un pequeño ferry, al que llego por los pelos, pero me dejan subir porque al ser una moto, no ocupa espacio y me meto en cualquier rincón. Tarda 20 minutos desde Eceabat a Canakkale. Me viene bien este pequeño descansito.

De aquí, directo a Troya, unas ruinas que me apetecía ver, pero en las que no me voy a extender porque no tienen nada de especial. Simplemente me apetecía conocer el sitio e imaginarme historietas de batallas cuerpo a cuerpo.

Me quedan unos 80 kms de carreteras reviradas y mal asfaltadas, que las disfruto como un niño. Voy tranquilo, a ritmo suave, disfrutando del momento y admirando el paisaje. El sol esta a punto de ponerse. Mi intención era ver el atardecer desde Babakale, pero no me va a dar tiempo. Estoy a diez kms y es ahora o nunca.

Paro la moto, y me siento tranquílamente sobre la hierba. Aún hace, de largo, más de 20 grados de temperatura. Hasta me quito las gafas de sol. Quiero ver esto sin intermediarios. La puesta de sol es espectacular. Solo escucho algún pajarillo de vez en cuando, y el viento, suave y continuo. En los 20 minutos que estoy allí sentado, no pasa ni un solo vehículo. Maravilloso.

Me alojo en un hotelillo con vistas al mar, donde me dan de cenar pescadito fresco, traído ese mismo día por los pescadores locales. Me siento muy afortunado, os lo aseguro...


Puesta de sol en el punto más occidental del continente asiático.






 
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