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lunes, 13 de mayo de 2013

DIAS 25-26 Bitola-Tirana-Podgorica-Kotor



Miro la predicción del tiempo y no veo más que nubes negras y gotitas de agua en todos los puntos por los que tengo que pasar hoy, y eso que consulto varias paginas web para ver si en 5 minutos, la situación cambia. Pero parece que no. Parece que hoy me va a tocar mojarme. Tampoco me puedo quejar, porque, en todo el viaje, solo me llovió en Belgrado, y de eso hace ya alguna semana. En Bulgaria, Turquía y Grecia, ni una gota. Alguna vez me he escapado por los pelos, eso sí, pero no he tenido que sacar el impermeable. Pero hoy, no. Hoy no me libro. Así que para no andar quita y pon, pon y quita, me pongo los plásticos desde el principio, me cierro el casco, me pongo mi musiquita y ya se puede abrir el cielo, que no me pienso mojar... 

Bueno, la verdad es que, si llueve mucho, da igual lo que te pongas, porque al final, sea como sea, te mojas, pero intentaremos que sea lo mínimo posible.

Ayer estuve buscando por toda la ciudad la correspondiente pegatina de la bandera macedonia, para poner en las maletas, pero fue imposible. Removí Roma con Santiago y, nada. Estancos, papelerías, tiendas de juguetes, incluso tiendas de alimentación...nada. Al preguntar por tiendas de souvenirs, la gente levantaba una ceja, la otra, o las dos a la vez, como muestra de su sorpresa. ¿Souvenir?. Sí, hombre, sí, Esas figuritas chorras que todo el mundo compra cuando viaja y luego acaban todas juntas en la misma estantería del salón, cogiendo polvo y cayendo en el olvido, porque nunca, nadie, les vuelve a hacer ni puto caso. Pues no les suena, oye. Me da la impresión que, aquí, la gente, bastante tiene con llegar a fin de mes como para preocuparse de souvenirs, y mucho menos del chalao astronauta, que encima no hay Dios que le entienda, y quiere una pegatina con la bandera del país, no se sabe muy bien para qué.

Así que nada, en vista de mi poco éxito con la dichosa bandera, me pongo morao de cerveza, que eso sí que hay, sin problemas.

Venga, volvamos al presente...o al pasado presente...o al presente pasado...yo que sé...

Ya no sé ni en qué tiempo verbal escribo. Espero que me disculpéis las faltas de ortografía, los cambios en los tiempos, la  ausencia de tildes,etc, etc, pero es que bastante rato me lleva escribir todo esto, como para preocuparme de las formas, así que apenas lo reviso, y va así, un poco en crudo. La intención, cuando el viaje termine, es, ya en casita, y con tranquilidad, crear un blog y recopilar todo esto, junto con fotos y vídeos, y ponerlo todo bonito y aseado, pero me llevará tiempo.

Continúo. Abandono Bitola, para, antes de cruzar a Albania, visitar el Parque Nacional Galiccica, formado por un inmenso bosque de hayas, con 2 inmensos lagos a cada lado (lagos Ohrid y Prespa), y que forman la frontera natural entre Macedonia y Albania. 

En un momento en que la lluvia me da una tregua, aprovecho para parar en una tienda pequeñita y comprar lo que va a ser el desayuno de hoy: unos pastelitos de chocolate y mermelada, higos secos, 3 plátanos y medio litro de leche. Todo, por 2'5 euros aproximadamente. Precio módico, ¿no?. Me planto frente a la tienda, al lado de la moto, y me dispongo a devorar las viandas. Como siempre se aproxima algún curioso, aprovecho para recopilar algo de información, y de paso, volver al circo de los gestos, al que tanto gusto le estoy cogiendo. Los mapas del GPS son de risa, me aparece la décima parte de las carreteras del país, y por supuesto, de las secundarias que a mi me gusta utilizar, ni rastro. Así que no me queda más remedio que volver a las cavernas de los mapas en papel. Que también mola, de vez en cuando, no te creas.

Las nubes siguen ahí, amenazantes, pero por ahora, ha dejado de llover, así que aprovecho para hacer los kilómetros que me separan del primer lago. Fotos, vídeos... El lugar lo merece. Muy bonito, y completamente vacío, no me cruzo con nadie, como a mí me gusta, todo para mí.

Tengo la opción de llegar a Albania desde aquí, por un carretera fácil y aburrida, o tomar una carretera de montaña, bacheada y con curvitas, que me lleva a un alto desde donde se ven los dos lagos, y puedo entrar a Albania por otra frontera. Así que, como os podéis imaginar, cojo la carretera aburrida... QUE NOOOO!!! ¿A que hemos venido aquí? ¡A disfrutar! Pues venga, al lío!

Al llegar arriba, las vistas son espectaculares. Los lagos, nubes amenazantes, un poco de neblina que sale de los bosques, y algún rayo de sol que se cuela tímidamente, conforman un paisaje de una belleza increíble. 

Pero enseguida empieza a chispear, así que disparo unas cuantas veces, y a la moto. Ahora sí, llueve de verdad. Bajo con cuidado. Mi cabeza no es la misma después del accidente, y me cago un poquito en las curvas. La mente es muy traicionera, y a pesar de que la moto va bien y no me hace ningún extraño, el que no va bien soy yo. No disfruto. Llueve mucho, y llevo tacos, así que no me la juego, y bajo en plan abuelete, a dos por hora.

Veo un cartel de un monasterio, que por lo que me dice un lugareño, es bastante bonito y turístico. No me mola la descripción que me hace: autobuses, gente, precios altos, etc, pero es mi última oportunidad de conseguir la dichosa pegatina.

Hay un montón de puestos ambulantes, sobre todo de artesanos de la zona, pero también algún puestecillo con los típicos recuerdos, pero no hay suerte con las pegatinas. Un pesao me intenta convencer que con un imán de esos que se pegan en la puerta del frigorífico voy listo. Le explico que no, que es para poner en las maletas, y que eso no me sirve, aparte que no se pega, porque las maletas son de aluminio. Y el tío erre que erre, que me tengo que llevar el puto imán. Y al final, cuando ya cruza la línea de lo gracioso a lo impertinente y pesado, arranco la moto sin dar más explicaciones y le dejo con la palabra en la boca. No me gusta hacer eso, pero este tío ya me estaba tomando por gilipollas, y por ahí, no paso.

Pues nada. Me voy de Macedonia sin la pegatina. Ya me jode, pero ha sido imposible. Ya conseguiré alguna más adelante, seguro.

Tras una revisión completa de mis maletas por parte del personal de aduanas, que no se qué esperaban encontrar, aparte de calzoncillos sucios, en el poco espacio del que dispongo, ya estoy en Albania.

Cuando pasé de Grecia a Macedonia, retrocedí en el tiempo 50 años, más o menos, y ahora, con este nuevo paso a Albania, retrocedo otros 50. No deja de sorprenderme cómo en unos pocos kilómetros, las diferencias son tan notables: las carreteras, los coches, las casas, las gentes, su actitud... También es cierto que accedo a este país desde un punto remoto, completamente alejado de cualquier ciudad o ruta principal, pero se ve a simple vista cual es el estado del país en el que me adentro. A pesar de todo, para mí, tiene mucho encanto. No dejas de ver cosas que te sorprenden. Desde unos pescadores sentados a la orilla del lago, tirando de sus redes, pescando a la manera tradicional, a unos bunkers de la epoca comunista repartidos por doquier, pero en estado ruinoso y llenos de graffitis con herencia americana. Hay decenas de vendedores al pie de la carretera, con unas peceras inmensas llenas de lo que a mí me parecen anguilas, y la gente las compra vivitas y coleando para darles matarile, supongo que a la brasa. Tambien me llama la atención que, en la puerta de cada casa, hay un cartel que pone LAVAHZ, que es algo así como lavadero, me imagino, porque sujetan una manguera con la boca hacia arriba, y abren el grifo, formando un arco de agua como reclamo, para llamar la atención. Pero es que en el mismo pueblo, puede llegar a haber 25 puestos de estos. Y no me parece que los coches estén especialmente limpios, más que nada porque con el estado de las carreteras, es imposible que un vehículo no parezca recién llegado del mismísimo París-Dakar.

Hablando del estado de las vías, es malo, muy malo, pero no me llama tanto la atención, quizás porque de esto sí que me habían advertido. Hay tramos en los que el asfalto desaparece por completo, y hoy que ha llovido bastante, ni te imaginas como me estoy poniendo de mierda. Pero me gusta!! Intento evitar los charcos, porque no hay manera de saber su profundidad, y  te aseguro que algunos son realmente grandes. Pero lo malo no es eso. Lo realmente peligroso es cuando pillas un tramo de buen asfalto y te relajas un poco. ¡ÑÑÑÑÑÑÑ! ¡ERROR! Nunca sabes dónde está el cráter, o el charco, o el escalón, o.... hay miles de trampas por doquier, y no sabes dónde te la vas a encontrar. Especialmente cabronas me resultan las uniones de los tramos en los puentes: puede haber una diferencia de altura de 5 centímetros, o más, entre una y otra, cosa que, unida a que ha llovido y los extremos de las uniones son metálicos, forman una combinación de lo mas graciosa. Pies de plomo, amigo, pies de plomo.

TIRANA
Me voy acercando a Tirana, la capi, pero la carretera no mejora mucho. No me puedo creer que esto sea una vía de acceso a una capital de un país situado en la Vieja Europa. No he visto nada igual. Pero sigo pensando que, para mí, tiene un encanto especial. Mi viaje estaba centrado principalmente en Turquía, pero este es el segundo país que más me apetecía visitar. Y ya estoy aquí, así que a disfrutarlo...

Tirana no tiene nada especial, pero ese ambientillo soviético que se respira en sus calles me gusta mucho. Son las 5 de la tarde, y no he hecho más que 300 kms, pero decido que es el momento de arriar velas, y buscar alojamiento. Si sigo adelante, corro el riesgo de que se me haga de noche, y me han repetido varias personas que ni se me ocurra hacerlo, porque incluso hay gente que conduce sin luces. Vamos, ya para rematar. Además, mi foco esta para "mírame y no me toques", así que no me la juego y, mientras me tomo una cervecilla en un garito, busco alojamiento en Booking, que para estas cosas, viene que ni pintado.

Encuentro un sitio por 20 euros, con desayuno incluído, y a 5 minutos de donde me encuentro. No se hable más. Adjudicado!!

El salir de Tirana al día siguiente, se convierte en una pequeña odisea. Aquí cada uno hace lo que quiere, vamos, como en el resto de países que he visitado, pero aquí, un puntillo más, diría yo. Incluso en las rotondas, cede el que ya está dentro. Yo creo que lo hacen por precaución, y antes de que algún gracioso te reviente la puerta, pues la gente frena y deja pasar, pero vamos, que es un lío, porque unos ceden, otros no, otros a veces...yo por si acaso, mucho cuidadito, que no quiero más movidas.

La carretera mejora un poco, pero aún así, hay que estar siempre alerta y no bajar la guardia. Llego a ver una de esas uniones de los puentes de las que os hablaba, levantada un palmo. Mas vale que la veo a tiempo y puedo esquivarla.

Se ven imagenes muy curiosas al borde de la carretera. Al fin y al cabo, las carreteras son las vías de unión entre los pueblos, y como todo el mundo las usa, te da una idea bastante fiel de lo que es el país en el que te encuentras, además que se ven, desde los campos hasta los comercios, pasando por polígonos industriales, si los hay (en Albania ni en pintura), y es curioso la cantidad de información que se puede obtener sólo observando desde la moto. Me encanta esta forma de viajar. Creo que es la más completa. Bueno, la más completa es ir andando, pero hacer este viajo andando, no sé cuánto te puede costar: ¿un par de años? Aparte del divorcio, y algún que otro disgusto, claro.

Todo esto venía por el tema de imagenes curiosas, y es que me ha llamado mucho la atención un señor mayor, ayudado por 2 personas más, que estaban intentando meter una lavadora en el maletero de un autobús de línea. ¿Dónde coño iría ese señor con una lavadora a cuestas? Pues no lo sé, pero es una imagen que no me la puedo imaginar hoy en día en la mayoría de países que conozco. Pero Albania sí que is diferent.

Casi sin darme cuenta, me planto en la frontera. Qué raro, no contaba yo con esto. Paro a mirar bien el mapa, y me doy cuenta que he cogido otra carretera que me ha desviado unos 50 kms. Paso de volver. Cambio de planes. Quería llegar a Podgorica bordeando el lago Skadar por un lado, pero al final, mandan las circunstancias, y lo voy a hacer por el otro. 

En la frontera, tengo a 4 motoristas delante de mí. Llevan placas austriacas. Por esta zona sí que se ven más motos. Está más cerca de la Europa Occidental, y la gente viene a hacer un poco el cafre, supongo. Mucha GS y mucha KTM bien preparaditas todas. Bueno, el caso es que el poli de turno en la frontera dice que ya podemos pasar, haciendo un gesto con la mano. Yo no he hecho ni sacar el pasaporte siquiera, pero también me dice que pase. Yo creo que me toma por uno de los austriacos, y yo, que no me apetece andar dando explicaciones, arranco y cruzo la barrera. Montenegro. Otro país más, madre mía, qué locura!

Luego, pensándolo, espero no tener problemas a la hora de salir de aquí mañana. Yo creo que no pasará nada. Si no, ya me inventaré algo.

Si en las frontera anteriores, retrocedí 50 años en cada una de ellas, en esta los recupero de golpe. Menuda diferencia entre un país y otro: carreteras, coches, casas, gente, comercios... todo es completamente distinto. Esto es Europa, la Europa que conocemos. Incluso usan el euro, a pesar de no pertenecer a la UE. Y conducen infinitamente mejor, aunque siguen estando a años luz de poder considerarla una conducción segura.

La equivocación de carretera anterior, al final, resulta ser todo un acierto, porque revisando de nuevo el mapa, descubro una carreterilla que bordea el lago, y sobre el papel, tiene muy buena pinta. Vamos hacia allá. 

Bordear el lago me cuesta una barbaridad, porque entre la carreterilla, que es muy revirada, y los paisajes que me encuentro, que no puedo dejar de parar la moto para hacer fotos, se va pasando el tiempo, y no avanzo prácticamente nada. Foto, vídeo, vídeo, foto. 

Veo 5 motos aparcadas al borde del lago, y para junto a ellas, para ver quienes son y si les apetece charlar un ratillo. Son alemanes, de unos 50-55 años y Montenegro es lo más al sur que van a bajar en su viaje. Uno de ellos me pregunta a ver que tal en Albania, si es seguro y si se encuentra hotel con facilidad. El claro ejemplo del miedo que nos meten en el cuerpo, dependiendo de que país hablemos. Yo no he visto ni he sufrido ningún tipo de violencia ni amenaza, más bien al contrario, siempre gestos de ayuda y buenas caras. Cuando me preguntan a ver si roban, la pregunta me parece, ya, un poco tonta. Yo, les digo que no sé si roban o no, lo que sí puedo decir es que a mí no me han robado, y no he visto nada que me haga pensar que me fueran a robar así estuviera en ese país durante meses.

A mí, el único sitio en el que me han atracado, ha sido en Pamplona, aunque por probabilidad, es lo normal, ¿no? Lo que quiero decir es que siempre nos parece que en otros países hay más peligro que en el nuestro, y muchas veces no es así, yo diría que la mayoría. 

Además, ahora que lo pienso, yo sufro un atraco en mi ciudad todos los días 26 de cada mes, que es cuando me giran la hipoteca, y eso sí que me da miedo, pero del de verdad.

Llego a Pogdorica, capital de Montenegro. Paseo por el centro un poco, y veo una oficina de información turística, donde me dicen que tampoco hay mucho que ver. ¿Comoooollll? ¿Y tu trabajas aquí, chavala? Como te oiga tu jefe decir eso, te cruje viva. Ponle un poco de estusiasmo, coño!! Venga, dame un mapa que ya me busco yo la vida, que me da la impresión que no voy a sacar mucha información de este sitio. Como no lo vendan un poco mejor, la llevan clara.

Aunque después de dar un par de vueltas por la ciudad, le he de dar la razón: tampoco hay mucho que ver. Pero por lo menos, invéntate algo, miénteme, no sé...

Lo que más me llama la atención es ver algo que hacía tiempo que no veía: ¡un centro comercial! No me atrevo a entrar, me conformo con mirarlo desde fuera, con todos sus anuncios y sus colorines. Parezco el alemán que le da miedo ir a Albania. Es que como hace semanas que no piso uno, y nunca me han gustado demasiado, no me la quiero jugar, no vaya a ser una emoción demasiado fuerte. Y ya, si hay alguien haciendo una encuesta u ofreciendo tarjetas de crédito, me da un síncope. Seguro. Si fuera un Leroy Merlin, lo mismo me aventuraba...

Mi intención es dormir en Kotor, a unos 100 kms, pero para llegar hay que atravesar otro parque nacional, que me enlentece muchísimo. Pero sarna con gusto no pica. ¡Que paisajes, Dios mío! Lo dejaré para las fotos, que una imagen vale más que mil palabras, y si cuelgo 6 o 7, fíjate si son palabras...Se me cierran los ojos. No puedo más. Hasta la próxima. Besos.

Bahía de KOTOR



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