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miércoles, 15 de mayo de 2013

DIAS 27-28 Kotor-Dubrovnik-Kocevje



No es temprano cuando salgo del apartamento donde he dormido en Kotor. Sabiendo la distancia que me toca recorrer hoy, quizás debería haber apretado un poco más y, llevar ya un rato en ruta. Pero el desgaste va haciendo mella, son muchos días seguidos, a todo trapo, durmiendo poco y haciendo mucho, sin parar. Y hoy me lo he tomado con un poco de calma, que tampoco me ha venido mal.

Bahía de Kotor
Bordeo el lago, que a estas horas, y en un día soleado como hoy, está precioso. El desayuno no estaba incluído en el precio del apartamento (no es aún la temporada, y les pille un poco por sorpresa. No había reservado y era el único huésped. Todo para mí, que egoísta), así que paro al borde del mismo lago a desayunar un poco. No me complico y pido un English Breakfast, que pudisteis ver ayer en directo. Ricoooo.

Y poco a poco, voy abandonando el país. Es pequeño, de esos que en los mapas no les cabe ni el nombre, y se lo ponen en medio del mar con una flechita señalando su localización, pero me ha sorprendido mucho. Ayer os lo comentaba, lo considero como la gran sorpresa del viaje. No conocía nada acerca del país, ni me había informado de nada, pero la sorpresa ha sido más que grata. Un país moderno, seguro, tranquilo, con buenas infraestructuras y unos paisajes naturales que me han impresionado. Digno de visitar, en serio.

Al cruzar la frontera, como me imaginaba, no tengo ningún problema, a pesar de haber entrado el día anterior cual inmigrante ilegal en los bajos de un camión, sin presentar ni el pasaporte ni la documentación de la moto.

Ciudad Vieja de Dubrovnik
Otra vez Croacia, y otra vez por la costa. Pensaba haber viajado por el interior, en esta ocasión, pero una nueva pelea con el mapa, hace que me presente en un pueblo desde el que sólo es posible continuar por la costa, si no quiero desandar un montón de kilómetros. Así que, como alguien lo ha querido así, por la costa que me voy...

Y como no hay mal que por bien no venga, esta carretera me lleva irremediablemente a Dubrovnik, donde, si lo encuentro, me gustaría saludar a Tolic, el que me alojó en su casa en mi viaje de ida. Congeniamos muy bien, y me gustaría volver a verle, así que al llegar a esta preciosa ciudad del Adriático, y después de charlar con una pareja de suizos con los que coincido haciendo unas fotos de las murallas a las afueras (les gustan los pájaros, y por lo visto ahora es la mejor época para verlos en esta zona. Joder, cada uno se mata como quiere, está claro. Pero muy respetable, su afición), voy directo a la casa de Tolic.

Está en la terraza, mapa en mano, explicando todo a sus tres huéspedes de hoy. Le encanta hacerlo, me confiesa después, y lo hace muy bien. Le saludo desde fuera: "Eeeyyyyy". A pesar de llevar el casco y las gafas puestos, me reconoce al instante: "Spaniard!!!!" me dice, haciéndome sentir como Russell Crowe en Gladiator, solo que en vez de un caballo español, yo llevo mi burra alemana.

Visitando a Tolic, un gran tipo
Cuando termina con sus explicaciones, nos sentamos en unos sillones en la terraza. Hace un día espléndido, y me saca de su cocina un helado y un zumo, y charlamos durante un buen rato, contándole todo lo que me ha pasado y lo mucho que he disfrutado. El tío es grande y fuerte como un castillo, pero tiene una sonrisa franca y sincera, con sus palas separadas y su cabeza rapada y morena. Me ha caído muy bien, es de esas personas con las que congenias enseguida y podrías estar hablando durante horas. Pero no dispongo de esas horas, así que, un rato después, nos despedimos, y le dejo con lo suyo. Y yo, a lo mío, claro. A la carretera!!

A partir de ahora, a hacer kilómetros. Cuanto más avance, mejor. Me gustaría llegar a Ljubljana, Eslovenia, pero no sé si va a ser posible, me queda un buen trozo.

Descansito a la sombra para reponer energía
En Vrgorac decido que es mejor coger la autopista y ganar tiempo. Para adentro, al corral. Así me siento en una autopista, siempre con vallas metálicas a derecha e izquierda. Como en un corral, como en una cárcel. Que coñazo!!!

A la altura de Zadar, más o menos, paro en un área de servicio a tomar un café, no porque lo necesite, sino por puro aburrimiento. Miro el GPS (ya tengo mapas en condiciones, y lo cierto es que es todo un inventazo. Una vez que te acostumbras al navegador, es difícil prescindir de él) y decido que le van a dar por culo a la autopista. Me voy a la costa de nuevo. No puede ser que esté atravesando un país como éste utilizando una autopista. Fuera. ¡Ya!.

Una vez más, la jugada sale bien. Disfruto de unas vistas acojonantes, el asfalto está recién echado y no hay el mínimo bache, parece un circuito de moto GP. Eso sí, el ritmo no es el mismo, y ya veo que se me va a hacer de noche. Y os recuerdo que llevo el foco sujeto con unas bridas y, además, apunta alto.

Veo el atardecer desde la moto. Precioso. No puedo parar ni a hacer fotos. Una auténtica lástima, pero tengo que aprovechar cada minuto de luz natural del que dispongo. Grabo todo con la cámara del casco, pero no es lo mismo. ¡Qué se le va a hacer!


Ya siendo noche cerrada, llego a una frontera con Eslovenia a través de una carretera no secundaria, sino terciaria o cuaternaria. Es por donde me ha mandado Dios, digo, el GPS, que me ha hecho atravesar un frondoso bosque donde no veo ni un pijo, pero disfruto mucho.

No se si os habéis dado cuenta. ¡¡Ya estoy en Eslovenia!! Cada vez queda menos para llegar a casa, y me invade esa doble sensación que siempre tengo cuando un viaje toca a su fin: por un lado, te apetece llegar a casa, y volver a ver a los tuyos, y ver la tele por las noches, y dormir en tu cama, y cagar en tu baño...pero por otra parte, está esa nostalgia por algo tan intenso que se acaba, y que también hay una parte de ti a la que le gustaría seguir adelante, y no parar el motor.
Para rematar, cruzando fronteras de noche

En fin, ahora lo que me toca, es mucho trabajo de edición de fotos y vídeos. Quiero hacer un blog con todo esto, con sus enlaces a toda la información de la que dispongo, que no es poca, por si a alguien le pudiera venir bien algún día. Y eso hará que, de alguna manera, siga viajando, aunque sea con la mente, que es una de las mejores maneras de hacerlo.

Llego a un pueblo que se llama Kocejve, a 60 kms de Ljubljana, donde, en la terraza de un bar, veo un grupo de chavales de unos 25 años, a los que pregunto por un hotel, o lo que sea, donde pueda pasar la noche. Me empiezan a indicar: que si derecha, que si izquierda, que no, que es más rápido por el otro lado, que si sí, que si no...El caso es que no me entero, y entonces, uno de ellos dice: Anda, capullo, sígueme que te llevo. Y coge las llaves y va hacia su coche, para indicarme donde se encuentra el hotel.

Cuando llegamos, resulta que está cerrado. ¡Mierda! Pero qué le vamos a hacer. Muchas gracias, chaval, la intención es lo que cuenta. Sigo buscando. El pueblo no es muy grande y nadie parece conocer un jodido hotel donde quedarse a descansar. Al final veo un cartel. Hotel No Se Que. Acelerón y para allá. 40 euros la noche, un poco más caro que mi presupuesto habitual, pero no tengo ganas de nada, son casi las 11 de la noche y no doy más. Si me llega a decir 100 euros, los pago, os lo aseguro.

Al final resulta ser un 4 estrellas de puta madre, con una habitación inmensa y su cama inmensa y un baño a todo lujo también inmenso. ¿40 euros? Esto está regalado. Hay veces en las que un poco de suertecilla no viene mal, ¿no?.

Ahora, ya he amanecido en esta pedazo de cama, calentita y mullidita. Ya es miércoles, para el viernes en casa, y aún me queda tajo. Me voy a darle caña al buffet como se merece, porque tengo al tigre que me está sacudiendo el estómago de una manera brutal. Hasta luego. Besos.



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2 comentarios:

  1. Lo que más se agradece al llegar a casa, es poder ir a tu propio baño. En eso estoy totalmente de acuerdo brodel.
    Iñigo

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