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martes, 21 de mayo de 2013

DIAS 29-30 Eslovenia, Italia, Francia y llegada a casa.


(En algún punto del suroeste de Francia)

Sólo escribiré unas líneas, por dos razones, principalmente: la primera es que llevo los dos últimos días metiéndome cañita de la buena (con litros y litros de agua que me han caído hoy, incluídos), y físicamente estoy destrozado, y la segunda es que llevo esos mismos dos días encerrado en el corral, es decir, la maldita autopista...y ahí, no te pasan cosas relevantes: no hablas con gente, no ves nada aparte de asfalto y vallas, comes mal y te aburres un huevo y la mitad del otro, y en las gasolineras no te ofrecen chai... Así que mejor, lo dejo para otro día.

Estoy en el sur de Francia, y mañana llego a casa. Y acabo de leer una frase de McBauman, que va que ni pintada: "siempre regreso feliz de mis viajes, porque vuelvo; y triste, porque regreso." 

Pues así me siento yo. Pero ahora no es el momento de expresar lo que tengo dentro. Lo haré, y lo colgaré aquí, porque ya que lo he compartido todo en este viaje, no voy a dejar de hacerlo al final. Además, no sé porqué, pero creo que os lo debo. Un abrazo muy fuerte.



21-5-2013

Hace 4 días que llegué a casa, tras un viaje alucinante como pocos, en el que he dormido una media de 5 horas diarias, me ha pasado de todo, he conocido gentes y lugares asombrosos, físicamente muy exigente, y mentalmente, un poco también.

Ahora puedo decir que ha sido el viaje más intenso de mi vida. No ha sido el más largo, pero sí el más intenso, con diferencia. Por muchas razones, pero sobre todo porque he aunado en él 3 pasiones con las que, a pesar de no ser un experto en ninguna de ellas, consigo ser un poquito más feliz cuando las practico. Por supuesto, son los viajes, la moto y la fotografía. Imaginaos lo que ha significado para mí realizar semejante viaje, en moto, y con la cámara colgando de mi cuello. Visitando países, ciudades, lugares, completamente diferentes a lo que vemos habitualmente cerca de nuestras casas.

Y sobre todo, la gente... He aprendido tanto en este viaje gracias, principalmente, a cada personaje con el que he coincidido a lo largo de mi ruta. Han sido muchas las personas que han aportado algo a mi experiencia, desde el primer día hasta el último. Cada día ha habido, por lo menos, una persona interesante con la que compartir algo. A veces han sido sólo unos minutos, una pequeña charla, cruzando unas pocas palabras y otros pocos gestos. Otras veces, ha sido más tiempo, en las que la charla se ha alargado más, y, dependiendo del idioma, se puede profundizar más en esa conversación. Pero tanto unos como otros, para mí, han sido igual de importantes, igual de satisfactorios e igual de inolvidables. Bueno, esto último quizá no sea del todo correcto. Hay ciertas personas a las que nunca podré olvidar, pero intentaré acordarme de todo lo que pueda. No quiero perder ningún detalle, aunque sé que, con mi memoria de pez, eso va a ser harto complicado.

Por eso he escrito mi diario de viaje. Ese diario que he compartido con todos a través del feisbuk, y que también ha sido una novedad en mis viajes. Nunca había hecho algo parecido, y lo cierto es que ha sido toda una experiencia. Ha sido increíble el publicar algo por la mañana, y llegar por la noche al hostal de turno, hecho polvo, sucio y sudoroso, y al encender el ordenador, tener un montón de comentarios y respuestas a la publicación, dando ánimos y apoyando. Ha sido impresionante, y desde mi pequeño teclado, me gustaría daros las gracias a todos los que habéis estado ahí, con esos pequeños mensajes de aliento, que para mí han sido tan importantes.

Los dos últimos días fueron largos y duros. Tenía que llegar a casa en esos dos días, y me encontraba en Eslovenia, es decir, a tomar por culo. No tenía otra opción más que coger la autopista. Esa autopista que tan poco me gusta y que tanto me aburre. Pero lo interesante del viaje, por desgracia, había terminado. Lo único decente que me quedaba por ver era Ljubljana, capital de Eslovenia, aparte de los paisajes naturales que tiene ese país. El 60% del territorio esloveno está cubierto por grandes bosques, que puede dar una idea del tipo de paisaje que uno se puede encontrar por allí.

La capital, como todo el país, es moderno a más no poder. Europa Occidental, sin ninguna duda. La visita es corta, no me puedo entretener demasiado, me quedan demasiados kilómetros por recorrer, y ya he perdido bastante tiempo en las numerosas paradas que ya he realizado antes de llegar aquí, pero es que no he podido evitarlo. Esos bosques y esos paisajes bien merecen unas fotos y también unos vídeos, de los cuales estoy bastante contento. Como siempre, es al final del viaje cuando empiezas a estar más satisfecho de tu trabajo audiovisual, debido a la experiencia adquirida en el mismo.

Después de Ljubjlana, ya he cumplido. Me dirijo a Italia. Y al llegar a la frontera, para cuando me quiero dar cuenta, ya estoy en territorio italiano. De hecho, tengo que preguntar a una persona que pasaba por allí, para asegurarme. El tío me mira como si fuera tonto, y no va muy desencaminado. No había caído que Eslovenia es parte de la UE, y por tanto, no tiene frontera con Italia.

En fin, que ya estoy aquí, en el país de la bota. Visto y no visto, porque me meto en la autopista, y hasta luego Lucas. Me zampo los siguientes 500 kilómetros encerrado en ese infierno de asfalto y vallas. Y para rematar, nada más pasar Milán, empieza a llover como si no lo hubiera hecho nunca. Quiero llegar a Turín, así que me pongo el chubasquero, y sigo adelante.

Ni me planteo entrar en la ciudad. No conozco Turín, y me hubiera gustado visitarlo, aunque fuera rápidamente, pero no va a poder ser. Veo un luminoso que dice HOTEL en letras amarillas enormes, y voy hacia allí disparado. 75 euros me pide la tía de la recepción. ¿Cómo? ¿Estamos locos o qué? Tras un pequeño regateo, consigo bajar hasta 60 pavos. Más que por mis dotes en el arte de la negociación, que son bastante limitadas, se trata de la lástima que siente por mi la italiana que se encuentra al otro lado del mostrador, que supongo que no ve más que a un maromo cubierto con plásticos negros, cara de agotamiento, y que le está poniendo el hall perdido del agua que chorrean sus ropajes.

Acepto el sablazo, y me voy directo a la cama. Necesito descansar porque mañana va a ser un día tan largo o más que el de hoy.

Amanece igual que anocheció: jarreando sin consuelo. Mis últimas esperanzas de visitar Turín, aunque sea fugazmente, se desvanecen al instante. Otra vez será. Al fin y al cabo, Italia está a tiro de piedra.

Otra vez a la autopista. A lo tonto, me estoy dejando una pasta. Y lo que me queda. Aún tengo que atravesar todo Francia, y esos gabachos no se andan con tonterías cuando se trata de cobrar.

Atravieso los Alpes a 2 graditos de temperatura y nevando ligeramente, sin  cuajar en la carretera pero sí en las cumbres. Joder, qué pelete, chaval!! Paro en la frontera para abrigarme un poco más, porque si no, no llego a la siguiente. Al llegar a los valles, la temperatura ha subido unos pocos grados, y la cosa es diferente. Ya no corro peligro de congelaciones en las 5 extremidades.

Y lo mejor de todo es que, poco a poco, va dejando de llover, aunque el cielo sigue completamente encapotado.

Y venga autopista. Y venga más. Ésta última parte del viaje esta siendo un auténtico coñazo. Si hubiera tenido más tiempo, habría cogido carreteras secundarias sin ninguna duda, y eso habría hecho el viaje un poco más decente y ameno. Pero las circunstancias mandan, y no hay vuelta de hoja.

Duermo en un pequeño hostal cerca de Perpignan, sin pena ni gloria, y al que, casualidades de la vida, no le funciona el router, y no tengo internet. No he tenido problemas de conexión prácticamente en ningún sitio en todo el viaje. Y mira que he dormido en sitios remotos. Pero me ha tocado la china a unos 40 kilómetros de la frontera con España, tiene bemoles la cosa.

Al día siguiente, madrugo un poco más de la cuenta. Tengo ganas de llegar a España, y tengo ganas de llegar a casa. Llegados a este punto, ya solo puedo pensar en eso. El resto me la trae al pairo. No quiero ni fotos, ni paisajes, ni hablar con gente, ni nada. Solo quiero llegar a casa, dar abrazos a todo el mundo que se cruce en mi camino, y descansar. ¡¡DESCANSAR!! Que bien suena esa palabra, ¿verdad?

Entro en España por La Jonquera, pero con esto de la UE y al no haber fronteras, el paso de un país a otro se queda un poco descafeinado, como sin emoción. Pero al fin y al cabo, ya estoy en casa, como quien dice. Ya huelo mi casa, mi gente...

Estoy saturadísimo de autopista, así que me dirijo a Pamplona tomando dirección Huesca, por una carretera que me gusta bastante y pasando por los siempre espectaculares Mallos de Riglos.

Al llegar a Navarra, paro en el cartel limítrofe para hacerme la ultima foto que cuelgo en el caralibro, y en buena hora. 3 minutos después, me cae una granizada de espanto. Para cuando consigo parar debajo de un puente para guarecerme de los elementos, ya estoy como una sopa. ¡Bienvenido a casa, chaval! Hay que ir acostumbrándose, esta puta región es así, no puede uno relajarse. Si quieres verano, vete a Canarias, porque aquí...

Y unos kilómetros después....SE ACABÓ...así, como suena, no hay más. Uno apaga el motor en la puerta de casa, y se puede decir que el viaje ha terminado. Es muy extraño. Pero que muy extraño. La rutina que me ha acompañado en el último mes ha llegado a su fin. Saco las cosas de las maletas, y es la última vez. Todo lo que hago, es la última vez... Joder, no puede ser. La semana pasada, alguien me recordó unas palabras de Charly Sinewan: "En todo gran viaje, solo hay dos días malos: el primero y el último". Y ahí estoy yo, en pleno último día, desnudando mi moto para dejarla lista y llevarla al taller al día siguiente a ver si cambian el millón y medio de bridas que tiene entre sus hierros, por piezas nuevas y brillantes, tras esa relación fugaz que tuvo con un gran camión azul griego, muy mono, él.

Me encuentro un poco confundido. Es una mezcla de sentimientos brutal. Se supone que tengo que estar feliz porque estoy en casa, y en parte, es así, pero tengo esa extraña sensación de que algo fantástico termina, y no quiero...¡no quiero, coño! Espero que poco a poco se vaya pasando, o por lo menos, remitiendo. Supongo que es cuestión de tiempo... ¿O no?



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Han pasado ya varios días desde mi llegada a casa, y aún no he aterrizado. Espero ir haciéndolo poco a poco, sin prisa, pero sin demorarlo demasiado. Tengo que coger otra vez la rutina, aunque la pereza sea inmensa, pero es lo que toca ahora. Seguiré viajando mientras intento aprender a editar vídeos, porque tengo material para aburrir a un batallón, y cuando tenga preparado algo decente, os mandaré el enlace, para que, al que le interese, le eche un vistazo.

Mientras tanto, sólo me queda agradecer a todo el mundo sus comentarios, consejos y "me gusta", que me han acompañado a lo largo de mi viaje, y que lo han hecho mucho más divertido y ameno. Además, todo esto ha provocado que yo mismo me exigiera más, e intentara relatar todo y publicar fotos tal y como a mí me gustaría verlo si fuera yo el que viajaba desde casa. Espero que os haya gustado, y que, de alguna manera, os hayáis sentido partícipes y compañeros de viaje, porque, sin lugar a dudas, lo habéis sido. Muchísimas gracias, y hasta la próxima vez...




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