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martes, 23 de abril de 2013

DIA 7 Nis-Sofía-Monasterio de Rila



Nada más bajar a la recepción del Aurora Hostel, el dueño me ofrece un café balcánico que no puedo rechazar, y así de paso me ayuda a abrir un poco esas dos almendras que tengo por ojos. Resulta que el tío estuvo de Erasmus en Madrid y habla castellano perfectamente, así que nos sentamos en los sillones que tiene frente a la puerta y nos damos la paliza mutuamente. El muy figura se conoce España mejor que yo, que tú y que ellos, joder con el serbio...hizo un viaje de 5500 kms por la península (5500, sí, sí, no es un error) junto con 3 griegos y una española. Ni sé la de vueltas que pudieron dar para hacer 5500 kms. Y encima acabaron en San Fermín, o sea, final apoteósico. Tonto, tonto ya se veía que no era el chaval. Saca de su escritorio un folleto turístico de Nis, y me indica lo más relevante por si quiero dar un garbeo, aunque no creo, me apetece rodar un ratillo, que hace tiempo que no conduzco.

A la salida de la ciudad me doy cuenta de que no he comprado agua, así que paro en un puestecillo ambulante que me encuentro al borde de la carretera. Resulta que cuando voy a pagar, me doy cuenta que no llevo nada suelto, pero nada de nada, yo no sé qué he hecho con las monedas. El caso es que cuando le explico lo que pasa y hago ademán de devolverle la botella, la chica me hace gestos diciéndome que ni se me ocurra, que me la lleve. Bonito detalle. Por cosas así es por lo que cada día estoy mas contento de haberme embarcado en este viaje.

Hoy también me dedico a grabar y tomar fotografías, pero no hay caídas ni nada morboso. Viciosos!! Que podríais trabajar en Sálvame!!

Y entre unas cosas y otras, llego a una nueva frontera, la búlgara. Los trámites, los mismos que en todas las anteriores, es decir, nada de nada. Bueno, sí, una novedad: el poli búlgaro me ha pedido amablemente que me quitara las gafas de sol, no sé muy bien si para cotejar mi rostro con la foto que aparece en el pasaporte, o para comprobar que el café balcánico hace su efecto y tengo los ojos abiertos. En cualquier caso, adelante, sin problemas.

Nada más cruzar la frontera, veo una caseta muy cutre y muy de madera, donde anuncian la venta de viñetas. Para los que no sepáis qué son las viñetas, que supongo que seréis la mayoría, porque yo al menos no había oído hablar de ellas hasta hace bien poco, y fue en un foro mientras preparaba este viaje, son unas pegatinas que hay que comprar antes de entrar en la autopista, y por lo visto, si te pillan sin ella ya es tarde. Simplemente, te la clavan. Te denuncian, vaya, que no quiero malentendidos. Así que paro y pregunto por las famosas viñetas, y recibo la estupenda noticia de que las motos no necesitan comprar nada. Así que mejor. Vámonos...


De nuevo noto grandes diferencias en el paisaje urbano e infraestructuras: de todos los países que he visitado desde que llegué a lo que consideramos la Europa del Este, Bulgaria es claramente el más rico, y Bosnia claramente el más pobre. Aun no he visitado Albania, que me da la impresión de que se llevara este último trofeo.


Lo que es común a todos, son los PUTOS PERROS!! Hay perros sueltos por todos lados, y son un peligro monumental, pero yo creo que como casi nadie va en moto, simplemente pasan del problema, que para mí es un problema, y grande. Estos chuchos, a pesar de ser el mejor amigo del hombre, te dan unos sustos interesantes. Si vas rápido, porque te los encuentras en medio de la calzada y tienes que poner a prueba toda la tecnología alemana. Y si vas despacio, porque son tan amigables que tienen interés en degustar tus carnes prietas, y si te descuidas, se tiran a morder sin ningún pudor. Ayer uno estuvo cerca, le tire una patada cuando vi sus amarillentos dientes demasiado arrimados a mi pantorrilla, y aunque no le di, creo que captó el mensaje y dejó de dar el coñazo. Pero en una de estas, la liamos...



Sofía me ha gustado mucho. Me habían comentado que no era gran cosa, pero a mí, me ha gustado. Santa Sofía me ha parecido preciosa, y lo que es el centro, donde se encuentran todos los edificios oficiales, me ha parecido bastante decente. Es curioso cómo en una ciudad con apariencia moderna y cosmopolita como ésta, sigues encontrando detalles que representan todo lo contrario, como carromatos tirados por burros y demás. No estoy hablando de los pueblos, que ahí sí que se ven a menudo; estoy hablando de la ciudad, y no en los suburbios, sino mas bien cerca del centro. A pesar de todo, me parecen detalles de lo más vistosos. No puedo estar todo el rato con la cámara, si no, no dejaría de disparar. Voy a tener trabajo a la hora de ordenar y editar todo el material que estoy recopilando. Ahora recuerdo otro detalle, pero este en un ambiente rural: hacía tiempo que no veía a nadie tirar de azada. La huerta de 30 metros cuadrados en el jardín trasero no cuenta. Me refiero a un matrimonio mayor, de unos 70 años, dándole a la azada a golpe de riñón en un terreno que podría ser del tamaño de dos campos de fútbol. Hay que darle unas cuantas veces eh? Eso sí, el abuelete tenía una espalda que ya me gustaría haberla visto hace 30 años.


Dejo Sofia después de comer en el Happy Grill: recomendaciones de mi cuñado, que suele venir por aquí a menudo. Comida típica, típica, no es...ahora, me he puesto hasta las trancas. Ay Miguelito, no sabes nada, tú!

Me dirijo a Rila, al monasterio. He visto fotos muy chulas y me lo han recomendado varias personas, así que allá vamos. Me cuesta llegar más de lo esperado, a pesar de que la carretera es bastante buena. Hay más kilómetros de los que pensaba, y encima, yo pensaba que el monasterio estaba en el pueblo o cerca de él, pero no. Por lo visto, aún me quedan unos 20 kms de carretera de montaña, con sus curvitas y su gravilla suelta. Así que ya me voy haciendo a la idea de conducir de noche de nuevo, cosa que no me mola nada. Soy ave diurna.

Al final, llego al parking del monasterio aún de día, pero por poco, cada vez hay menos luz, así que hay darse prisa.


No hay nadie, está todo completamente vacío, pero las puertas están abiertas. Entro videocámara en mano y me quedo ojiplático, boquiabierto y babeante. Es mucho, mucho, mucho más impresionante de lo que pensaba. Es grande, muy grande, con tres pisos de galerías, con miles de arcos y puertas y ventanas y fuentes y balaustradas y... Y el silencio es sobrecogedor. Sólo se oye a los pajarillos, pero no hay ni un alma en todo el recinto, o por lo menos yo, no veo a nadie. Como os he dicho antes, la entrada la tengo grabada. Lo acabo de ver y se me ve en la cara. Una auténtica pasada, se me han puesto los pelos como escarpias. No dejéis de venir si tenéis la oportunidad.


Y ahora, lo mejor. Dejo el vídeo y me paso a la fotografía. Click, click,click...no puedo parar, hay tanto encuadre que me vuelvo loco. Y eso que la intención era estar 5 minutos y arrancar para buscar alojamiento. Y de repente, veo a las 2 primeras personas desde que he llegado: son dos monjes que están apoyados en la barandilla del primer piso, charlando. Me acerco con la intención de tirar alguna foto sin que se molesten por la invasión, pero uno de ellos me ve y se me queda mirando, así que de perdidos al río: a ver si hablan inglés y converso un poco con ellos. Pero no hay suerte, ninguno de los dos sabe. Entonces aparece un tercero que sí. No sé en qué momento se me enciende la bombilla y se me ocurre preguntarle si, por casualidad, es posible alojarse en el monasterio. Ante mi sorpresa, la respuesta es afirmativa, y en 2 segundos, mis planes cambian radicalmente.

Me quedo. Habitación sencillísima, baño arcaico y mantas prehistóricas, pero aún no me puedo creer que vaya a dormir aquí. Se ha hecho de noche y he estado cerca de dos horas, con el trípode, haciendo miles de fotos, gozando. Y ahora mismo, escribiendo esto en mi habitación, donde, por supuesto, no tengo wifi, así que la chapa de hoy la colgaré cuando pueda, así os doy un descanso, que vaya ladrillos os estoy metiendo, pero es que si no escribo, se me olvidan las cosas, con esta memoria que no me merezco.

Bueno gente, como siempre, un placer. Chao y hasta la próxima.
















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