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viernes, 26 de abril de 2013

DIA 10 Bartin-Synop-Samsun



Otro día más que amanece completamente despejado. No me lo puedo creer. Suerte es poco, porque se supone que en esta zona y época del año, debería estar lloviendo a mares. O eso es lo que tenía entendido. En fin, que dure...

Bajo a desayunar con el ordenador por si acaso hoy puedo conectarme un ratito antes de salir. Y mira lo que son las casualidades de la vida, que hoy sí. Ayer no, hoy sí. ¿Tu lo entiendes? Yo tampoco. Y no hay manera de enterarse. Aquí no habla inglés ni el recepcionista. Me parece increíble. Y eso que esto es zona de turismo. Supongo que será turismo nacional, porque si no, ya me contaras. El tío no es que chapurree, es que no se sabe ni los números!! Muy fuerte! En España, para ser recepcionista en un hotel de medio pelo, te piden 4 idiomas, carrera universitaria y máster en finanzas. Total, para dar llaves. Este tío hace lo mismo y sin tener ni puta idea de idiomas...

Tras el desayuno, lo de siempre. A hacer maletas. Bueno, maleta. Cada día que pasa tengo un poco mas de espacio, y eso que llevo exactamente lo mismo, pero me estoy convirtiendo en un experto en aprovechar huequecillos.

Lo primero que hago al salir, es ir a la gasolinera más cercana a que me roben un poco. Unos 2 euros el litro. ¡Alegría!
Eso no es una sorpresa, la sorpresa viene cuando el gasolinero, ni corto ni perezoso, me invita a un chai a la vez que trae las vueltas. No se puede negar lo amables y hospitalarios que son en este país. Me estoy encontrando unos detalles que no esperaba, a pesar de haber leído mucho sobre el tema, pero está claro que hasta que no lo ves con tus propios ojos...

El GPS, al meterle la ruta que tengo planeada para hoy, me avisa de que hay algún camino sin pavimentar en el recorrido, y a ver si quiero continuar. ¡Joder, pues claro! ¡A qué hemos venido hasta aquí!! Lo que no me esperaba yo, es que, aparte de esos trozos sin pavimentar (que son trozos bastante largos), de los 500 kms que había planeado, los primeros 350 eran de puro bache y gravilla. Desde luego, un buen bautizo para mis nuevos Heidennau. Ya os digo de antemano que, al final, me han sobrado unos cuantos kilómetros de esta carretera, que aunque muy bonita, ha terminado siendo un infierno para la suspensión y sobre todo para mi trasero, que ahora mismo lo tengo como un bebedero de patos...y no quiero chistes fáciles.

Además, he estado un par de horas un poco temeroso por la salud de la moto. Me explico. En alguna ocasión, sobre todo cuesta arriba y saliendo de marchas cortas, la rueda trasera me hacía una especie de rebote al que no le encontraba ninguna explicación. Además, no siempre era en esas condiciones, a veces en marchas largas, a veces también en llano. Como un rato antes había estado haciendo un poco el mono en esas carreteras de Dios metiéndome por algún charco y cogiendo un poco de solera, he pensado que, quizás, parte de ese barro estaba haciendo de las suyas en algún sensor del control de tracción, aunque no tiene mucho sentido, porque que yo sepa, no hay sensores exteriores a los que afecte un poco de barro. Pero como de mecánica sé poco, y de electrónica menos, pues ya no sabía ni qué pensar. Pruebo de todo: desconecto el ABS. Nada. Desconecto el control de tracción. Nada. Pruebo marchas cortas, largas y de colores. Nada. Y la rueda trasera sigue rebotando como una pelota de goma. Empiezo a preocuparme. Si esto sigue así, ya me veo de vuelta a Estambul a que me la revisen. Y así durante mas o menos dos horitas de reloj, bote pa'qui, bote pa'lla, hasta que descubro que esos extraños nada tienen que ver con la moto. ¡¡¡Es el asfalto!!! Está tan mal, que en algunas zonas tiene como unas ondulaciones, pero que no se aprecian desde encima de la moto. Me he fijado de casualidad en una de las ocasiones que he parado para hacer alguna foto. El caso es que no sé cómo se forman esas ondas, pero cuando abres gas encima de ellas, la rueda trasera se vuelve loca, y después de la rueda, el que se estaba volviendo loco era yo. 

Al margen de esto, la carretera es gloriosa en cuanto a paisajes. No puedo estar continuamente parando para disparar, pero muchas veces me da dolor de corazón dejar alguna foto atrás. El problema es que voy muy lento,  me cuesta muchísimo avanzar. Ya os comenté, estoy haciendo medias de 50-60 km/h. Si a eso le añades las fotos, esto se eterniza. Muchas veces digo: "ya vale, no más fotos en los próximos 50 kms". Pues me resulta imposible. Dejo pasar una, dos, tres...pero al final no aguanto más y paro.

Voy curveando relajado, en uno de los pocos tramos que la carretera te lo permite, cuando a la salida de una curva, veo una tortuguita (sí,sí, has leído bien) que con su andar letárgico intenta llegar al otro lado de la carretera. Por supuesto, esta es una de esas ocasiones en las que la parada es obligada. Un par de fotos y ella, impasible, sigue su camino, sin decir esta boca es mía. De repente, un coche se aproxima, lo oigo detrás de la curva, y me hago a un lado. Lo cierto es que podría haber cogido a la tortuga y dejarla en un sitio seguro, pero no se me ha ocurrido. Estaba yo con la historia de dejar a la tortuga que llegara al otro lado por sí sola para poder fotografiarla, que no me he dado de cuenta. El caso es que el coche la ha pisado con sus ruedas derechas, con las dos, clan, clan, y ha salido disparada 4 o 5 metros. "Mierda, la ha machacado" es lo primero que pienso. Corro hacia ella pensando en encontrarme con un puré de tortuga esparcido por el asfalto, pero en cambio, lo que me encuentro es el caparazón boca abajo e intacto. Ni rastro de la tortuga. La cojo y la pongo encima del asiento de la moto, para ver si está viva. Tiene que estarlo. El caparazón no tiene ni un rasguño. Le cuesta unos minutillos, mientras yo permanezco en silencio, pero al final asoma su cabecita, y mira a un lado y a otro, como diciendo: ¿se puede?. La cojo y la dejo en la cuneta. Después de esto, yo creo que me queda claro que sabe valerse por sí misma.

Y poco a poco voy avanzando. Llego al pueblo de Doganyurt y hay mercadillo. No hago fotos pero sí lo grabo en vídeo, por lo menos. Pregunto a un chaval por un sitio con wifi, tengo que contestar a Mehmet, el master biker de Estambul. Me indica como puede. 

Entro en un cyber, pero el ordenador más moderno va a pedales. Le pregunto al dueño a ver si tiene wifi. Prefiero trastear con mi cacharro que no con cacharros ajenos. Además, están configurados en turco y no hay quien se aclare, que es lo que me pasó ayer con el portátil de la recepción del hotel. Soy ya todo un experto en lenguaje de signos, y tras desplegar toda mi artillería, el tío sale zumbando no sé a dónde. Creo entender a su colega que ha ido a por la contraseña. Y entiendo bien, vuelve con ella escrita en un papel. 

A todo esto, se ha montado una pequeña revolución en el cyber. Me he sentado en las mesas de fuera y por arte de magia, han empezado a aparecer chavales de debajo de las piedras y me han albardado a preguntas, los mas lanzados, mientras los mas tímidos sólo observan. Yo lo entiendo, viven en estos pueblos completamente alejados de la civilización, y aunque hay alguna que otra ciudad grande, son zonas bastante remotas. Y de repente, aparece un tío vestido de vengador del espacio y con una cámara pegada al casco que parece un teletubbie. Pues no pueden sentir más que curiosidad. La segunda pregunta más popular detrás de, por supuesto, ¿de dónde eres?, es ¿cuánto vale tu moto? Una vez escuche a un viajero que ante esa pregunta, él les da una cifra en pesetas, y como nadie sabe a cuánto está la peseta hoy en día, aunque me imagino que debe estar por los suelos, pues se acabo el problema y te curas en salud, que tampoco interesa ir diciendo por ahí el precio de tus cositas...


Para cuando me quiero dar cuenta, tenga a 6 personas sentadas alrededor de la mesa donde yo solo quería contestar un mensaje y marcharme. Pues no hay manera. ¿Chai? Me preguntan. Venga un chai, ¡qué coño! Empiezo a jugar con la cámara mientras les grabo, y poco a poco se van soltando, hasta que el que parecía mas tímido, agarra la cámara y me empieza a grabar a mí. Y yo que soy un tío la mar de gracioso, le digo algo de Steven Spielberg y tal. Pues el tío me ha mirado como quien oye llover. Yo creo que era la primera vez que escuchaba ese nombre. Más vale que he elegido a Spielberg y no a Kusturika. Al final, han sido dos chai, y cuando le he ofrecido algo de dinero por dejarme usar su wifi, el tío hasta se ha ofendido. Están locos estos turcos. Pero muy majos. Estoy alucinando con este país, en serio.


Llego a Synop, donde me doy un garbeo rápido sin bajarme de la moto, hago un par de fotos y me las piro, vampiro.

Y a partir de aquí, no he agradecido tanto en mi vida el coger una autovía. ¡¡¡Síííí!!! Hasta las pelotas de curvas y baches. No podía mas.

Y de ahí, y tras 150 kms, Samsun, donde he buscado un hotel bastante majo por el mismo precio que ayer, tras un regateo mas duro. Éste, de entrada, me pedía 70 liras. Al final, 50. Esto es como todo. Mi intención era gastar menos en alojamiento, que se puede encontrar más barato, pero después de las palizas que me estoy pegando, una buena cama se agradece. Lo que menos me ha gustado es que he dejado la moto en la calle, donde hay bastante meneo, pero bueno, la he metido entre dos coches frente a la puerta del hotel. El tío me señala la cámara que hay encima de la puerta, para que me quede tranquilo, y entonces es cuando le explico que por mucha cámara que haya, si no hay nadie mirando el monitor, no sirve de nada. 

A mí me van contar. Night, night.


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