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jueves, 25 de abril de 2013

DIA 9 Estambul-Bartin



Adam Lewis, Jedi Master
 pa los amigos
El sofá era más cómodo de lo que parecía a simple vista. He dormido de cine. Del tirón. Además, estos dos no se han meneado en toda la noche, o si lo han hecho, ha sido sin hacer el mas mínimo ruido. Enseguida se ve cuando alguien ha viajado tanto y ha compartido estancia con tanta gente. Es un gustazo haber coincidido con ellos, aunque me gustaría aprender mucho más, pero yo luego tengo que salir, con mis prisas, y ellos se quedarán tranquilamente, esperando ese visado que no llega. Le pregunté a Adam cómo se apaña para llevar 7 años en la carretera y poder seguir permitiéndoselo. El tío me dice que, lo principal, es gastar muy poco: duerme en sitios gratis (motoclubs y demás, como ahora) o acampa, nunca come en restaurantes, compra en un super y cocina, y el resto es superfluo, quitando la gasolina, visados, transporte de la moto para saltar charcos (esto último, lo más caro), que además, no se puede considerar superfluo, porque en eso se basa este tipo de viajes. Aparte, tiene alquilada su casa, y antes, unas inversiones le daban bastante rentabilidad, aunque eso se acabó con la crisis. Y así vive el tío, con dos pelotas. Si eso no es libertad, que venga Dios y lo vea.

A las 8, más o menos, aparecen por el garito los otros dos turcos que estaban ayer cuando llegué. Ya me voy enterando de quién es quién. Estos dos son los mecánicos del taller de al lado, que además, amablemente le pondrán los zapatitos nuevos a la burra. Joder, y nos traen hasta el desayuno!! Increíble! Que no falte de nada!! Hogazas de pan de palmo y medio, huevos duros, aceitunas, queso, nutella y por supuesto, preparan en un momento un chai (no sé cómo se escribe, pero té turco, vaya) para cada uno. No sé si se me olvida algo, pero la mesa esta abarrotada de cosas a cual más rica.

Los turcos tienen unas pintas que si me los junto cerca de mi casa por la noche, me cambio de acera fijo. Dan miedito, pero resultan ser unos tíos majísimos y super salaos. Soy incapaz de recordar sus nombres, pero me seguirán en facebook, así que lo averiguaré de esa forma. Uno chapurrea inglés un poquito, y el otro sabe como 3 palabras aparte de hello, así que imaginaos la conversación que puede haber en una mesa con un inglés, un japonés, dos turcos y el menda lerenda...joder, parece un chiste de Eugenio, pero lo cierto es que resulta de lo más divertido. Además, hay que tener en cuenta que Adam y Yoshi llevan aquí 3 semanas, así que me imagino que esto será así todas las mañanas...

A las 9.30, la parejita viajera saca las motos de la sala y marchan a la embajada a ver si hacen algo de provecho. Por lo visto, sólo pueden hacerlo martes y jueves, y hay tanta gente haciendo cola, que es prácticamente imposible. Pero los tíos no te creas que se les ve desesperados ni nada por el estilo. Siempre con una sonrisa, sobre todo Yoshi, el japo.

Y aquí me quedo yo, con los dos turcos, a ver si apañamos las ruedas. Saco la moto de la sala, y la meto en el taller, que está justo al lado, puerta con puerta. Es tan estrecho que tengo que meter la rueda delantera y a la vez, ir girando el manillar para que quepa, y aun así, ando justísimo, pero al final entra, por supuesto, sin las maletas, que se las quité ayer.

El taller es de los de antes, con herramientas por todos lados y pistones, y bielas, y compresores. Todos a medio montar o a medio desmontar, no lo sé, pero estos tíos controlan. Compiten en enduro, y deben ser bastante buenos, por lo menos a nivel local. Hay unos cuantos trofeos y fotos de competiciones repartidos por el taller, y al fondo, sus impecables KTM's naranjitas ellas, muy chulas. Los dos con la misma moto, supongo que sera por comodidad en cuanto a reparaciones.

Bueno, empieza la fiesta. En un pis pas sacan la rueda trasera y para cuando me quiero dar cuenta, ya han quitado la cubierta  vieja y están en el proceso de poner la nueva. En un momento, rueda cambiada y funcionando.

Con la delantera hay un poco mas de dificultad, porque estos majos de BMW, como siempre, ponen una tuerca mas grande que todo el resto del mundo, así que cuando me dicen que abra la caja de herramientas para coger la llave BMW, a mí se me debe poner una cara de tonto que lo flipas, porque sabía de antemano que no la tenía. Si la quieres, a pagar, como todo lo que hacen estos jodidos alemanes. El turco se queda un poco pensativo, y dice con su peculiar acento: "no problem". Chico, pues si tu lo dices, yo tranquilo. Coge el colega 2 tuercas del 22, la medida que necesita y las enrrosca en un esparrago de un metro de largo aprox. Las pone juntas y las aprieta con todas sus fuerzas, y el tío fuerza, lo que se dice fuerza, tiene un rato. Y así, con esta sencillez, descubro como un turco con las manos negras de porquería, le da por saco a todos los intentos alemanes de que pases por caja una y otra vez. Olé!!! Es lo que tiene ser un mecánico de verdad y con cierta imaginación.

Con las dos ruedas terminadas, aparece Mehmet, que es la persona con la que yo había contactado, y que parece ser, un poco, el jefe del garito. Es del tipo de persona que es imposible que te caiga mal, porque se ve desde lejos que el hombre tiene un corazón que no le cabe en el pecho. No me conoce de nada, pero no hace más que preguntar qué tal me ha ido todo, qué voy a hacer ahora, si necesito algo...vamos, lo que se dice un padrazo. Empieza a sacar mapas y a recomendarme sitios, esto sí, esto no, esto es muy caro, vete por esta carretera de montaña que vas a flipar...y así, mil cosas más.
Kuzgun Moto Adventures al completo. ¡Gracias, compañeros!

Me explica que este club lo fundó él hace un montón de años y lleva ayudando a motoristas toda su vida. Tiene 60 años y esta retirado, y muy irónicamente me dice que, ahora que tiene tiempo, podría hacer 3 cosas: sentarse en el patio con los vecinos y estar todo el día con un chai en la mano; ir a la casa de apuestas y jugarse el dinero a los caballos; o puede seguir en el motoclub como lleva haciendo desde hace años. Dice que las dos primeras opciones no le gustan nada, así que no tiene elección. Un crack auténtico.

Me gusta el concepto de respeto que tiene, y que transmite. Comenta que ahora que es mayor, sus chicos, para no ofenderle,  en vez de decir que es un "old biker", dicen de él que es un "master biker". Pues eso. No es lo mismo que te digan viejo a que te digan maestro ¿no?

En esas, vuelve Yoshi, no ha habido suerte hoy tampoco, pero la sonrisa no se la quita ni San Pedro. Qué tío!! Adam llegará un poquito más tarde.

Yo, poco a poco, empiezo a guardar mis cosas y me voy preparando para marchar. Ni siquiera me voy a acercar al centro, lo haré en otro momento, la semana que viene. Nos hacemos unas fotos de grupo, y me hacen prometer que a mi vuelta, pasaré de nuevo a verles. Eso está hecho!!

Cuando me iba a marchar, aparece Adam. Genial! No quería irme sin despedirme de él. Este tío sí que es un master biker, y de los grandes!!

Todo un honor llevar esta pegatina
Casi hasta me emociono al salir de allí. He estado con esta gente tan sólo unas horas, pero me han tratado de una manera que no olvidaré, y me han dado toda una lección de humildad y de generosidad. Gracias!!

Cojo las circunvalaciones que bordean Estambul, y comienza toda una odisea para salir de esta ciudad. He pasado miedo. Pero miedo de verdad. Seguramente esta haya sido la vez que mas miedo he pasado encima de una moto. Sólo se puede decir de una forma: SON UNOS PUTOS SUICIDAS!! Los intermitentes no existen; si dejas el mínimo hueco, alguien se va a meter, seguro; la distancia de seguridad tampoco existe aquí. Adam me ha advertido de que vaya por todo el medio del carril, ocupando el mayor espacio posible, y que espere siempre lo peor, o sea, conducción mega ultra defensiva.

Si a todo esto, le sumamos que llevo neumáticos recién estrenados, y que por lo que he leído y me confirma Yoshi, que calza los mismos, hay que tener mucho cuidado con los primeros 100 kms, y el freno suave, suave, pues nos encontramos a un navarro circulando por Estambul con los huevos de corbata o incluso un poco más arriba.

Salgo de allí como puedo, no sin algún que otro susto serio. Cuando ya estoy más tranquilo, paro a comer en un pequeño restaurante al borde de la carretera donde veo una terraza llena de gente local. Nada mas entrar me atiende un camarero que sacaba un par de platos a las mesas, y le digo que quiero lo mismo que lleva en las manos. Se queda ojiplático y me pregunta a ver si estoy seguro, que eso es mucho. Con un gesto, que el capta a la primera, le hago entender que no se puede imaginar el hambre que tengo, y mucho menos, el saque que puedo llegar a tener, si me lo propongo.

Me pongo hasta las trancas, y cuando voy a pagar, me ofrece el camarero algo que no había visto nunca. Me da un bote de colonia barata y por señas, me dice que me eche un poco en las manos y me las lave con ella, y que después me pase las manos por el cuello, supongo que será para refrescar un poco. Luego veo que también lo hacen el resto de clientes. Estaré atento al tema.

Sigo conduciendo y los neumáticos ya están rodados y van como la seda. Adiós Michelin, bienvenido Heidennau. A ver qué tal te portas.

Había que probar las gomas...
Me dirijo hacia el Mar Negro. Quisiera llegar a Sinop, pero no va a ser posible, así que, tranquilamente, busco alojamiento en Bartin. Hay un montón de hoteles, pero no me complico. Entro en uno que tiene buena pinta. 65 liras la habitación sin desayuno. Tras un regateo a cara perro, la saco por 50 liras con desayuno. Guay! Podría encontrar algo más barato, pero he dormido en un sofá y no me he duchado, así que me lo puedo permitir. Me lo debo permitir.
Un pequeño contratiempo, y es que el wifi no se conecta, así que lo que voy a hacer, es escribir esta crónica en la habitación, y después, desde el ordenador de la recepción, intentare enviarlo. Y si no, mañana.

Y aquí me quedo, comiendo un huevo. Que descanséis. Besos.





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