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lunes, 31 de marzo de 2014

ES SÓLO UN SINDROME

Parece que fue ayer cuando regresé de mi viaje a Turquía, allá por mayo del año pasado. En realidad, hace un montón de meses, pero supongo que el hecho de haber estado editando vídeos hasta diciembre, haya repercutido en esa sensación de recién llegado que tengo. Y es que es verdad que al editar los vídeos, estás constantemente reviviendo cada momento del viaje.

En fin, ese viaje es parte del pasado ya, y aunque siempre estará ahí como mi primer gran viaje en moto y que nunca seré capaz de olvidar, lo cierto es que ya llevo un tiempo enfrascado en mi próximo proyecto. Este año voy hacia el norte, y Rusia será el destino principal. Hace tiempo que lo tengo en la cabeza, pero por una cosa o por otra, no había tenido la oportunidad de tirar hacia allá arriba.

La ruta aún es una incógnita, debido sobre todo a los acontecimientos que se están dando por aquellas tierras, con el conflicto entre ucranianos y rusos, o más bien entre sus gobiernos, que no es lo mismo, porque me consta que a nivel personal, el pueblo ruso y el ucraniano siguen considerándose hermanos, pero cuando hay intereses políticos de por medio, ya se sabe que nada bueno puede salir de ahí. Ya veremos como evoluciona, e iré decidiendo sobre la marcha, pero el abanico es muy amplio y no descarto nada...todavía.

Lo que sí tengo claro es que van a ser un montón de kilómetros, más incluso que el año pasado, pero es que sobre el mapa se ve todo tan cerca que te vas calentando, te vas calentando, y para cuando te quieres dar cuenta, estás a unos cuantos miles de millas de casa en un país siniestro de habla incomprensible donde no entiendes un carajo. Pero, para que nos vamos a engañar, a mí me mola. Me mola mucho. Es una de esas sensaciones indescriptibles que tenemos cada uno, que hacen que se te ponga el vello de punta. Algunos van los domingos por la tarde a un estadio lleno de gente a jalear a unos cuantos tíos en pantalón corto dándole patadas a un balón, y se les pone el vello muy de punta. O les gusta coger un libro y leerlo en el parque. Que también los hay, por qué no. O dar un paseo en bici con los peques. O salir una fría mañana de invierno con la cámara en ristre a ver que cae por ahí. Etcétera, etcétera, etcétera.

Todas esas cosas las puedo disfrutar como cualquier persona, y por supuesto, me parece algo envidiable el poder hacerlo siempre que hay una oportunidad. Incluso me puede llegar a poner los pelos de punta... Pero no tanto...

Esa es la diferencia con un viaje en moto. El viaje en moto me pone los pelos de punta simplemente con pensar en él. No te digo nada cuando lo estoy planeando. O ya, cuando estoy metido en harina, retorciéndole la oreja a la moto; eso ya se convierte en lo máximo. LO MÁXIMO.

Y ahí viene lo que yo llamo "el síndrome del casco". Te despiertas una mañana cualquiera en un hostalillo de mala muerte, con decoración minimalista, que suele consistir en un catre, una ducha y una conexión wifi, o en el mejor de los casos, una tienda de campaña, un saco de dormir y el mundo entero al otro lado de la cremallera que hace de puerta. Empaquetas tus cosas, de la misma forma que has hecho el día anterior, y el anterior, y el anterior...y después de cargar la moto, llega el momento de ponerse el casco, ese elemento imprescindible, a veces bendición,a veces coñazo, pero que tanto significa en la vida del moto-viajero. Te protege del frío, del calor, de los golpes (en el indeseable caso de que sufras un accidente), pero también te sirve para escuchar música en los días de ruta aburrida, te da las indicaciones del GPS, te protege del aire o permite que éste te masajee la cara, según tu elección...

Pero por encima de todo esto, el casco se convierte en tu burbuja, ese espacio inviolable, en el que sólo tú sabes lo que pasa por dentro de él. Son muchas horas con él enfundado, muchos pensamientos, muchos planes, millones de decisiones, unas acertadas, otras no tanto... Y lo mejor de todo: esa sonrisa permanente que se te pone siempre que lo llevas puesto, precisamente porque si está puesto, sabes que la hora de rodar no está lejos, y aunque esa sonrisa no siempre se refleje en la boca, puedes estar seguro que la procesión va por dentro, y esa sonrisa interna, en mi caso, es lo que no se paga ni con todo el oro del mundo. Esa es la sonrisa que provoca que cuando ruedas no pienses en otra cosa, y que cuando no ruedas, sólo piensas en volver a rodar.

Algunos lo catalogan como enfermedad. Pero para mí es sólo un síndrome. El Síndrome del Casco...ni más... ni menos.

El 19 de Mayo será el pistoletazo de salida. Si todo va según lo previsto, ese es el día que pondré rumbo al norte. Los trazos principales de la ruta están preparados, aunque luego, como siempre, dejaré que sea la propia ruta la que decida cual es el mejor camino a seguir. La ruta original ya la he modificado debido al conflicto ruso-ucraniano, y aunque pensé en volver a ella si la cosa se relajaba en Kiev y Crimea, ya he decidido que la ruta nueva me gusta más, así que pasa a ser la titular. Creo que os gustará. La podemos ir descubriendo juntos.

Este año, al igual que el pasado, el que quiera y le apetezca leer mis historietas, lo podrá hacer a través de este blog, que será el sitio donde cuelgue las crónicas, fotos y si hay tiempo, algún vídeo, aunque esto último está por ver, porque a los vídeos hay que dedicarles bastante tiempo, y casi prefiero exprimir el viaje al máximo, y luego en casa, con más calma, dedicarme a la edición, y así les puedo sacar todo el jugo que se merecen. Siempre he dicho que me parece admirable la gente que es capaz de viajar y editar al mismo tiempo, pero también es cierto que se trata de gente que viaja más lento, tiene más tiempo, y sobre todo, que viven de ello, por lo que tienen ciertos compromisos que yo no tengo... En fin, que no prometo nada, pero que seguro que lo intentaré... A ver cómo va tirando...

Toda esta parrafada para decir que el 19 de mayo salimos, y dejaremos atrás la zona de comfort, a ver que es lo que nos encontramos esta vez. No será ni mejor ni peor que el año pasado, sólo será diferente, estoy seguro. Por supuesto, todo el mundo es bienvenido. Y yo, encantado de viajar con vosotros. Un abrazo y hasta pronto!!