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lunes, 26 de mayo de 2014

RIGA - TALLIN


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Hoy me planteo el día de manera distinta: en vez de hacer mis tareillas por la mañana, y después recoger todo y salir a ver cosas, hoy lo voy a hacer al revés. Bajo a desayuna a las 7:15 y para las 8 de la mañana estoy saliendo por la puerta del hotel. El check out es a las 12:00 como casi siempre, así es que dispongo de 4 horas para perderme por Riga, tiempo más que suficiente. Además, para no perder nada de tiempo, me voy en moto. Podría haber ido andando, pero así, de paso, culebreo un poco por las calles antes de aparcarla en algún rincón y así ya puedo cojear un rato a mis anchas.


Como es temprano, no hay prácticamente nadie por las calles, salvo la gente que se dirige a sus trabajos. Turistas 0 - Aitor 1.
Me están gustando mucho las ciudades bálticas, son pequeñas, coquetas y con grandes dosis de historia en sus callejuelas. Entre Vilnius y Riga están poniendo el listón bastante alto. Y falta la que debe ser la joya de la corona: Tallin, de la que me han hablado maravillas. En cuanto termine mis gestiones por aquí, arranco hacia Estonia.

Después de pasear un buen rato, acabo en las puertas de la catedral. No es que sea yo un tío demasiado religioso, pero bueno, por echar un vistazo rápido, tampoco creo que me vaya a salir ningún sarpullido. Pero tenemos sorpresa: nada más entrar, una rubia que no es de bote (por aquí ninguna lo es) me indica una caseta que parece una taquilla. Y en efecto, es lo que es. 3 pavos pretenden soplarme esta gente por entrar a una catedral. Vamos hombre, ahora sí que lo tengo claro. Hasta luego, Lucas. Me quedo con las fotos desde fuera, que con eso voy más que servido.

Va pasando el tiempo, y llega el momento de marcharse, con la cámara y la mente llenas de recuerdos. Conduzco hasta el hotel, y tras una nueva ducha, cargo la moto y nos vamos dirección Tallin.

Buena carretera y pocos camiones, mis grandes enemigos de los últimos días. Parece que me he desmarcado un poco de su ruta. Solecito rico, y la brújula marcando continuamente la N, no se desvía ni un milímetro. Aquí las rectas son eternas. A este paso voy a cuadrar las gomas antes de llegar a la mitad del viaje. Echo en falta una buena carreterita de curvas donde poder dar un poco de alegría en forma de gas. Bueno, todo llegará. Siempre queremos lo que no tenemos, nunca es bastante. No me estoy quejando, nada más lejos de la realidad. Me siento como un auténtico privilegiado. Antes chateaba con un amigo y me preguntaba a ver si lo estaba disfrutando. Mi respuesta es que cómo alguien puede no  disfrutar cuando hace lo que le da la gana las 24 horas del día, y no se acuerda de otra cosa que no sea conducir, comer, fotografiar y conocer gentes y lugares. Para mí, esa es la máxima expresión de libertad, y eso es lo que estoy viviendo ahora mismo. ¿Disfrutar? Disfrutar es poco.

Como la carretera es un poco aburrida, consulto el plano y busco alguna pistita bien marcada que me pueda servir. Tiene que ser algo muy fácil porque el tobillo aún lo tengo tocado, y aunque puedo andar ya sin problemas, sí que noto dolor cuando camino sobre terreno irregular. Y si me lo vuelvo a retorcer, igual no hablamos de un esguince, sino de una rotura, y eso no puede ser de ninguna de las maneras.

¡Menudo equipo!
                                                                                                                                    Me meto por un bosque de pinos altísimos, más o menos como el de hace un par de días, por una pista sin ninguna dificultad. Incluso en muchos tramos puedo ir sentado. Un poco más adelante veo una granja con un molino la mar de chulo, y me acerco a fotografiar. Mala idea. De repente, de la nada, salen media docena de perros corriendo hacia mí y ladrando como locos. El más grande de todos no levanta ni dos palmos del suelo, o sea que mucho daño no me van a hacer, pero montan una escandalera que da miedito. Como veo que no tienen intención de moverse de su sitio, soy yo el que se da la vuelta y regresa por donde ha venido, sin fotos y con el orgullo herido. Putos perros pequeños!! Ya que te lías a tener un perro, ten uno grande, joder, que realmente te pueda defender en caso de apuro y que no dé verguenza sacarlo a pasear. Y lo dice uno que en su día tuvo una pekinesa que pasó a mejor vida (bueno, no, a mejor vida es imposible) y que no la olvidará nunca. Pero hoy en día, si tuviera perro, sería uno grande... Coño, Aitor, que te vas, que te vaaaass!! Céntrate!!


Venga, pues lo dicho, poco después retomo la carretera, y enseguida el señor que va dentro del GPS dice aquello de "paso fronterizo más adelante" ¿Ya? Pues sí, chato, ya. Pues qué corto se me ha hecho. Será que estabas entretenido. Será.


Una frontera más abandonada, con sus barracones desvencijados y cierto aire soviético, o ex soviético, o lo que sea. Foto de rigor y adelante, pase usted. Bienvenido a Estonia.

Nada más entrar, me llama la atención el cartel de velocidades que hay en todas las fronteras. En éste sólo hay dos: en ciudad, 50 y en carretera, 90. A tomar por saco. No hay más. Imagínate la de autopistas que te vas a encontrar por estas tierras. Ah, y la luz de cruce, obligatoria las 24 horas del día, cosa que me parece fantástico. Así tendría que ser en todo el jodido mundo. Un vehículo con las luces encendidas es visto muchísimo antes por el resto, se mire como se mire.

Mirando a la cara al mar Báltico
Los bosques se van cerrando a ambos lados de la carretera, hasta formar una gran y tupida cortina de árboles que no dejan ver nada más allá. Según el dibujo que hace el señor del GPS en la pantalla, el mar Báltico queda a mi izquierda, a no más de 100 metros. Tiene que estar ahí, pero es tal la frondosidad que no se ve un carajo, así que me desvío hacia un pueblo que veo que está en la costa. A ver si me voy a ir yo de aquí sin ver el mar. ¡Vamos, hombre!

Efectivamente, el mar estaba ahí, llego enseguida. No es que haya playas paradisíacas ni chiringuitos sirviendo mojito fresco, pero es el mar Báltico, y hay que verlo, ¿no te parece?


Y finalmente, Tallin. Como todo el trayecto, entro en la ciudad de Sur a Norte, y eso hace que antes de llegar al casco histórico, tenga una vista panorámica desde lo alto de una colina. Pinta muy bien: se aprecian todas las torres de las iglesias, tengo la catedral al lado, y también se van perfectamente las murallas con sus famosas torres. No os creáis que soy un gran conocedor de la historia de Estonia ni mucho menos, pero es que la Wikipedia es la releche. En un momento te pone al día de cualquier cosa que se te ocurra. Y es que lo cierto es que no voy demasiado bien documentado en este viaje, así que voy haciendo los deberes día a día, que tampoco está mal, no te creas.


Recorro la ciudad con la moto, unas fotitos, y al hotel. Está retirado del centro, así que mañana haré lo mismo: desayunar temprano, visita mañanera y salida. 

No acabo de verlo claro, pero mañana, si todo va bien, entraré en Rusia. Por fin, una frontera de las de verdad. De las que tienes que sacar el pasaporte, y la documentación, y el seguro, y.... Tengo ganas de entrar en ese monstruo de país, que aunque voy a recorrer una parte ínfima de su inmenso territorio, siento muchísima curiosidad. 

Os cuento mañana a ver qué tal me ha ido,¿ok? Besos y abrazos











4 comentarios:

  1. Aitor te vas superando cada día!!

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    1. Gracias Javitxu! Me alegro que te guste. Abrazo

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  2. Mi hija se ha ido a comer con tu tía ELENA, así q tengo una horita pa mí, precioso lo q cuentas y las fotos, quiero Más fotos. Besitos

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    1. Luego toca la siguiente crónica Ainhoa, no me seas impaciente... Besos

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