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miércoles, 28 de mayo de 2014

TALLIN - SAN PETERSBURGO


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Hoy he pasado frío. Frío y penurias. La predicción era mala, y esta mañana cuando me he levantado, se ha confirmado. Cielo completamente encapotado y seco, pero amenazante.

No pasa nada. Cambio otra vez de plan, y decido desayunar rápido, empaquetar y dejar el hotel, para ir a dar un último meneo a la ciudad, pero ya listo para salir en cuanto vea lo que me falta.


Tallin es impresionante. Es lo más bonito que he visto hasta el momento en este viaje. Al igual que las otras dos capitales bálticas, es pequeñita y menuda, pero va un punto más allá. Tiene un aire medieval un poco distinto. Está muy bien conservada y cuidada, y eso que, de normal, a mí me gustan las ciudades un poco más brutas, con cosas rotas y destartaladas, y si tienen un poco de suciedad tampoco me importa. Ese extra de mierdecilla en las calles les da un aire más fotogénico, que es lo que a mí me gusta. Pero Tallin me ha gustado mucho, no sólo por la ciudad en sí, también por el ambiente, muy relajado y tranquilo, con gente sin prisas, mucho deportista por las calles, etc. Me parece de una calidad de vida envidiable.

Después de esta corta pero muy bien aprovechada visita, carretera y manta. Dirección Rusia. Al pensar en la frontera me da una cosilla en el estómago que no me había pasado nunca con ninguna otra frontera. Sí que es cierto que el enfrentarte a todas esas barreras, policías, vallas, funcionarios, papeleos varios... no suele ser plato de gusto, pero tampoco es algo insufrible, para qué nos vamos a engañar. Incluso en ocasiones, ese paso por la frontera se convierte en una de las mejores anécdotas de todo el viaje.


Pero ahí voy yo, un poco más nervioso que de normal. Y es que esta vez es diferente, no por nada, yo creo que es más todo lo que he leído que lo que me voy a encontrar en realidad. A veces, el tener demasiada información es contraproducente, porque te haces unas pajas mentales completamente erróneas. Como cuando lees en internet sobre tu posible enfermedad antes de ir al médico, y cuando llegas a la consulta, sabes más que el propio médico. Tiene usted los pies planos, le voy a recetar... Pare, pare, pare, ¿como que los pies planos?, si yo creía que tenía artrosis múltiple. Ya... usted ha estado mirando en internet ¿verdad?. Pues no, en internet no, en el ordenador del sobrino, que sabe mucho de esto y salen unas fotos en esa pantalla que alucina, oiga. Ya, pues yo le digo que lo que pasa es que tiene los pies planos. No, no, no, no, no, que yo le digo que es artrosis múltiple. Mire, ¿sabe que vamos a hacer?. Dígame. Le voy a recetar una medicación para la artrosis, y usted va a salir cagando ostias de mi consulta, que me tienen frito, coño!

Pues así voy yo a la frontera. Lo último que he leído es de un tipo cuya novia es rusa, y la última vez que entraron, estuvieron dos horas y media dando vueltas de aquí para allá, siendo mareados por montones de tovarich, y eso que su novia, al ser rusa, entendía todo a la primera y se saltaba las colas. Y decía que si eras una persona normal, podías prepararte a esperar más de 4 horas... Pero yo no soy una persona normal. O al menos, eso me dicen en mi casa. En fin, dentro de poco lo vamos a comprobar... me refiero a la espera, lo de mi anormalidad está fuera de toda duda.

Cuando estoy a medio camino entre Tallin y la frontera, tengo que parar, porque me estoy quedando como un churro. En vista del tiempo, había colocado el forro de invierno en la chupa, pero no en el pantalón, y teniendo en cuenta que hace 6 grados y una humedad altísima, pues eso, que voy tiritando de frío. Paro en una especie de merendero de esos a pie de carretera, y ni corto ni perezoso, me pongo en culitatis mientras coloco el forro del pantalón en su sitio. Algún camionero que pasa, toca la bocina al ver el espectáculo. ¡Qué mala es la soledad! Un trozo de carne y te pones loco.

Sigo ruta y unos cuantos kilómetros más adelante, el señor que va dentro del GPS me dice aquello de "paso fronterizo más adelante". Pues nada, vamos a ver. Lo localizo a lo lejos. Vallas altísimas y señales de STOP por todas partes. Me acerco a una casetilla que hay al lado de la primera barrera. Sale un señor con cara de bueno, pero es que éste es estonio, los malos están al otro lado. Me enseña un ticket y yo encojo los hombros. ¿No tienes ticket? Pues no. Pues tira para atrás, vete por esta rotonda, giras a la derecha, luego a la izquierda, luego rezas un padrenuestro y tres avemarías, y llegas a un sitio. Vale, guay, un sitio ¿y?. Allí te registras. Vale, cojonudo. Empezamos bien, ahora me tengo que registrar. Venga, chaval, ponte a buscar "un sitio" en una ciudad que no conoces y no sabes muy bien en qué consiste lo que tienes que hacer. Venga, empiezo a seguir las vagas indicaciones que me ha dado el amigo de la barrera, pero cada vez estoy más perdido, y el sitio no aparece por ningún lado. Por cierto, no sé si os he comentado, pero hace un buen rato que empezó a llover, para rematar la jugada y hacer mi entrada en Rusia más auténtica. ¿Cómo vas a entrar en Rusia bajo un sol de justicia? Tiene que ser con una mierda de tiempo, y ya si nieva, lo bordamos. Con dos cojones.

Sigo dando vueltas y sigo sin encontrar nada. Veo una comisaría de policía y me acerco a preguntar. Hay una poli en la puerta, la cual apenas habla inglés pero entiende lo que le estoy preguntando. Seguro que no soy ni el primero ni el último. Entra dentro y sale 20 segundos después con papel y boli, y me hace un croquis. Muy salada, la niña. Si no es por ella, aún estoy dando vueltas por allí.

Por fin lo encuentro. Ahora lo entiendo todo. Es un parking enorme con 2 casetillas tercermundistas a un lado. Hay 5 o 6 camiones, pero hay capacidad para cientos de ellos. El tema es que parte del papeleo hay que hacerlo aquí, que no hay problemas de sitio, porque si no, en la misma frontera se montaría un follón de narices. Voy pillando, que soy un chaval avispado donde los haya.

El tema va rápido, hay poca gente, y en cuestión de un cuarto de hora, he terminado y me voy de vuelta a la barrera. Allí está esperando mi amigo. Le entrego el famoso ticket, y a la jaula.Las vallas pueden medir 5 metros de altura tranquilamente. Altísimas. No creo que nadie se ponga a saltar eso, pero con la mitad de altura, tampoco. Exageraos.

Primer control de pasaporte. Estos son los estonios, y la cosa va rápida. Suele ser así. Al fin y al cabo, te estás pirando de su país, así que en caso de que seas malo, le pasan la patata caliente al vecino. ¡Tú la llevas!

Al terminar, me indican que tengo que cruzar el puente y que al otro lado me esperan los tovarich. Así lo hago. El límite aquí lo marca el río. A un lado Estonia, al otro Rusia. Y yo en el medio del puente.La verdad que la climatología le da un airecillo misterioso a todo esto. Un día gris, triste, apagado, frío, lluvioso... joder, parece que me deportan. ¡La de historietas que se monta uno cuando está solo! Me siento como un camionero tocando la bocina.

Al llegar hay unos 10 coches delante de mí. La cola se va moviendo lentamente. No se dan ninguna prisa esta gente.Se acerca un soldado y me dice no se qué. Sorry, mi no anderstan. El tío pone cara de circunstancias y va a la parte de atrás de la moto a mirar la matrícula. Se pone a mi lado y busca algo: el número de bastidor. Se lo muestro, lo apunta y señalando una pequeña oficina, me dice: "passport control". Ok, ahora sí anderstan. Cojo toda la documentación y a la oficina. Otra cola, claro. Cuando me toca a mí, me acerco a la ventanilla (que es como cualquier ventanilla en cualquier otro sitio) La poli ni me mira a la cara. Coge el fajo de documentación que le entrego y tras introducir en el ordenador infinidad de datos (no sé qué puede estar escribiendo tanto rato) me devuelve todo.

Después, otra ventanilla, más de lo mismo, pero aquí hay que rellenar un pequeño formulario con fecha de entrada, fecha de salida, por dónde entras, por dónde sales, blablabla. Otro cuartito de hora.

Al salir, me está esperando el primer soldado, que es el único que me habla, porque el resto sólo emiten sonidos guturales, que no soy capaz de entender. Me dice que mueva la moto, está en todo el puto medio, y le estoy revolucionando el gallinero. Al final, nos vamos a hacer amigos, tú y yo, ya lo verás.

Pongo la moto donde me indica, y me pide que abra un par de maletas, les echa un vistazo rápido, sin tocar nada, y listo. Nada exhaustivo.

Y venga, otra ventanilla. ¡Copón, no pueden hacerlo todo en el mismo sitio! Estoy dando más vueltas que un tonto. Aquí hay que rellenar datos de la moto, si llevas divisas, algo que declarar, etc. Unos 20 minutos.

Y por fin, clan clan, sello en el pasaporte. Parece que esto toca a su fin. Al final han sido casi 2 horas, incluyendo el ratito que me he pasado buscando el primer registro. Ni tan mal. Muy lejos de las 4 horas y pico que decía el novio de la rusa. Eso me pasa por mirar en internet.

Cuando estoy preparándome para irme, viene el primer soldado y me estrecha la mano sonriendo. Si ya te he dicho yo que nos íbamos a hacer amigos, tontorrón. Al final, estas cosas unen mucho. Luego, ya si eso, te mando un mail. 

Arranco y entro en el gigante soviético. Tampoco ha sido nada del otro mundo. Un poco más largo y tedioso, pero es sólo cuestión de un poco de paciencia, y las cosas van saliendo solas.


Cojo dirección San Petersburgo. Me imagino esto sin el GPS, y no acabo de entender cómo se podía conducir por aquí hace 20 años, sin ningún tipo de tecnología, y sin entender un carajo de lo que pone en los carteles. Es imposible siquiera imaginarse qué quieren decir esos símbolos cirílicos. Pero imposible, vaya. 


Lo primero que me doy cuenta es que, o estoy atento, o alguno de estos cabrones me va a llevar por delante. Se supone que el límite es 90, y yo voy, más o menos, respetándolo. Pero aquí la peña te adelanta sin consuelo. Si hay el mínimo hueco, se meten, y como en moto dejas más hueco, se meten seguro, cueste lo que cueste. Al final, lo único que puedo hacer es conducir por todo el medio del carril, y tener un ojo continuamente en el retrovisor, para ver si el que viene detrás es un homicida en potencia o no. A todo esto hay que añadirle el agua, que conforme me voy acercando a la ciudad, va arreciando. Ideal. Lo mejor para frenar en caso de apuro es que esté la carretera bien mojada. ¿O era al revés?

Poco a poco, voy entrando en la ciudad. Los atascos son monumentales, pero más o menos los voy sorteando, y el navegador me va llevando bastante bien, sin demasiados líos. Repito, entrar en una ciudad así, a pelo, ahora mismo lo veo imposible. Ya digo yo que la tecnología nos vuelve medio gilipollas, pero no me veo yo preguntando hasta llegar al sitio. Al final, el bicho se vuelve un poco loco, e incluso así, tengo que dar unas cuantas vueltas hasta que doy con el apartamento, o el apartamento se da conmigo, no sé.

Muy bueno el sitio. Habitación enorme, cocina disponible con todo, muy limpio y organizado, una wifi que aunque al principio me cuesta echarla a andar, luego va como un tiro. 

Y además de todo esto, que es, más o menos, lo normal, aparte, como extra, está Ilgam, que es el encargado del garito. Un fenómeno. Baja enseguida a ayudarme a subir las cosas, me prepara un té, me explica el funcionamiento de todo con pelos y señales, insiste en acompañarme a un parking donde dejar la moto, porque a pesar de tener un patio privado donde dejarla, no se fía. Uf, es una buena moto, no, no, no, aquí peligro. Negocia el precio él mismo y lo consigue por 3 euros la noche. Fantástico. Incluso paga él porque yo aún no tengo rublos (luego arreglamos) Y al rato, como colofón, me prepara la cena. Una especie de arroz, que por lo que consigo entender, sólo hay en Rusia. Ni idea, chaval, pero yo a estas horas y desde el mediodía que llevo sin comer nada, me como lo que me pongas en el plato. Habla un inglés muy justito, pero nos apañamos. Al menos nos podemos comunicar, porque la mayoría de la gente no habla ni papa. Ni papa de inglés, quiero decir, el ruso lo dominan, los muy jodidos, y mira que parece difícil.

Después de todo esto, y teniendo en cuenta que aquí hay que adelantar otra hora (ya son dos respecto a España) me dan las 12 de la noche, estoy reventado y no he escrito una sola palabra, así que desisto y lo dejo para otro momento. Me meto en mi camita, y me duermo en 3, 2, 1, ya...

Duermo del tirón. Por fin 7 horas seguidas. Aguuuussttooo!! Como ya me imaginaba, en cuanto me ve aparecer, Ilgam va directo a la cocina y me prepara un café. Le digo que no quiero desayunar nada, que ya comeré algo más tarde. Ya me da palo buitrearle más comida. Me comenta que tiene que ir media hora al banco, pero que le espere y se viene conmigo al centro. What!! Yo alucino con este tío. Tiene la intención de pegarse toda la mañana conmigo enseñándome su ciudad. No me lo puedo creeer, me ha tocado la lotería. Voy a estar poco tiempo en San Petersburgo, pero si tienes a alguien que te lleva, se le puede sacar mucho partido. La pena es que está diluviando, una verdadera lástima, con el buen tiempo que estaba teniendo hasta ahora. En fin, habrá que apañarse. 

Salimos juntos de casa, desayuno por el camino y nos metemos en el lío. Compro un paraguas baratillo porque llueve muchísimo, y mira que me gusta poco tener una mano ocupada cargando ese instrumento del demonio, pero hoy no hay opción si no quiero mojarme completamente y agarrar una pulmonía. 
El tío me da una paliza que no olvidaré. Fue soldado durante muchos años, y anda a una velocidad que no le puedo seguir. Encima, mi tobillo no está recuperado del todo, y veo las estrellas de vez en cuando. Me va enseñando y explicando todo. Parques, iglesias, museos, esculturas, tiendas... todo lo que se cruza en nuestro camino. Yo creo que hay cosas que se las inventa, no se puede saber tanto, pero me da igual, me entretiene, que es de lo que se trata, y me lleva por sitios que yo solo no habría encontrado ni en broma. Entre monumento y monumento, me va contando su vida: nació es Siberia, a 5000 kms de aquí, después se fue a servir a su patria (palabras textuales) a Vladivostock, la parte más oriental de Rusia, tocando con Japón, después en Riga, Letonia, cuando aún existía la URSS, y hace nueve años, hubo una reestructuración en el ejército y eliminaron su puesto, quedándose en la puta calle. Lo echa mucho de menos, se le ve en la mirada. Habla de sus compañeros con pasión, y de lo bien que se lo pasaba haciendo la instrucción. Está casado con un mujer 15 años mayor que él, y viven en Pushkin, en las afueras de San Petersburgo, pero él, muchos días duerme en el apartamento, como ha hecho hoy. Lo cierto es que lo he pasado de maravilla con él. Y para colmo, no quería dejarme pagar nada, ni siquiera un café. Estamos locos, o qué?? Tengo que pelear con él cada vez que hay que echar la mano al bolsillo. Ya lo que me faltaba es que encima del remojón que nos estábamos pegando, me invitara él a mis gastos. No, no, no...


Paramos a comer en un buffet al que me lleva, bastante sencillo, pero con comida contundente y abundante, que es de lo que se trata. Menos de 6 euros incluyendo el medio litrito de cerveza. Ilgam no bebe. Más adelante me cuenta que hace tiempo, tuvo dos años muy malos en los que abusó mucho del alcohol, y estuvo a punto de meterse en problemas serios, no ha contado más y yo tampoco he querido agobiarle con preguntas. Bastante me ha contado el hombre de su vida ya. Me dice que lleva 17 años sin probar el alcohol. Yo siempre digo que no me fío de la gente que no bebe, y es verdad, un tío que no disfruta de una buena cerveza o una buena copa de vino, no es trigo limpio, seguro que tiene por ahí algún vicio oculto que no quiere sacar a la luz. Ésta es sólo una de mis teorías chorras con el valor científico que puede tener un chalao que se va de viaje solo y que todo su entorno piensa que está como las maracas de Machín. Pero es lo que hay. Y en esta teoría no incluyo a los alcohólicos, que bastante vicio tuvieron en su día, y olé sus cojones de haber sido capaces de salir del agujero. Yeah!
Ilgam, the boss
 Después de comer vamos al apartamento a descansar un poco.Vaya paliza me ha metido el tío. Mi tobillo me va a reventar. Me meto una buena siesta entre pecho y espalda que me deja nuevo.

Después, ya solo, me voy a ver una de las estaciones de tren y el metro. La estación de tren no merece mucho la pena, hago alguna foto más por compromiso que por otra cosa. Pero el metro sí que mola. Para empezar, dicen que es el más profundo del mundo, y me lo creo, por lo largas que son las escaleras mecánicas. Parece que vas a visitar al mismo Belcebú. Y luego otra cosa que me llama la atención. Los andenes no son como los conocemos nosotros. Aquí no ves venir el tren, sólo hay un muro bien grueso, con diferentes puertas, que se supone que deben coincidir con las puertas de los vagones. Y así es. Llega el tren, y al detenerse (porque escucharse, sí se escucha) se abren primero las puerta del andén, y posteriormente las del tren. Imposible que haya atropellos. Muy curioso. Realmente merece la pena un viajecito subterráneo en este metro. Y el precio, más que barato. 28 rublos el trayecto, que al cambio supone unos 60 céntimos. No está nada mal.
Y con esto, doy por concluida la jornada, y tras comprar algo de cena, que me prepararé en el apartamento, me retiro de las calles, que ya me toca. Llevo todo el día a remojo y estoy calado. Y no hay que ponerse malo, así que a cuidarse. 

El plan era salir mañana hacia Moscú, pero la predicción del tiempo es incluso peor que la de hoy, así que ya he hablado con Ilgam, e igual me quedo un día más. Lo decidiré por la mañana, porque lo cierto es que no me apetece nada meterme 9 o 10 horas de moto bajo un manto de agua. Además estos tíos están muy locos y con la manera que tienen de conducir, prefiero jugármela lo justo.

Mañana os cuento qué es lo que he hecho. Besos y abrazos.


8 comentarios:

  1. +1 a Koper. Por el he llegado hasta aquí, y ya te digo que acabas de ganar un follower :D

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  2. Estava leyendo y disfrutando del viaje. Muchas gracias x hacernos participes de genial experiencia

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  3. Enterita, me ha encantado¡¡¡ eres la leche¡¡¡ me alegro de q te salgan las.cosas como van, te envidio, yo no lo podría hacer jamás, pero quien sabe.... Si te haces famoso, siempre serás mi primo y eso enorgullece, ánimo, estoy deseando leer la siguiente. Cuídate mucho. Besitos

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    1. Hombre, famoso, lo que se dice famoso, no creo que me haga... Beso, Ainhoica!!

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