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viernes, 23 de mayo de 2014

DIA 4.- PRAGA - WROCLAW


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Al levantarme, la conexión sigue por los suelos, así que la crónica se queda sin subir. Son las 8. Tengo 3 horas de tiempo porque a las 11 he quedado con el del apartamento. Tiempo más que suficiente para darme otro garbeo por esta encantadora ciudad, y de paso la exprimo un poco durante el día, que ayer cuando empezó mi visita estaba ya anocheciendo.



Como aún es temprano, las tiendas están cerradas, los camareros de los restaurantes tímidamente empiezan a colocar las terrazas, y los turistas todavía están en pleno proceso de convertir su hígado en paté en esos buffets de hotel caro que se cascan. Yo, como voy de pobretón por la vida, no tengo el desayuno incluido, así que tengo que encontrar algún rinconcillo agradable donde poner el huevo.

Y en esas estaba, disfrutando de mi capuchino y de mis 2 bollos gigantes que me acababa de pedir en una cafetería diminuta que había en una callejuela (con obrador propio y todo, he llegado a ella por el olor, no te digo más) cuando han empezado a entrar hordas de gente, a voz en grito, que si yo un café, que si yo un bollo, que si... mecagüen tus muelas!! Con lo tranquilo que estaba yo aquí solito. Yo creo que lo que ha llegado allí era más o menos la mitad de la población italiana. Mira que no falla. Llegas a cualquier sitio del mundo, te sientas en cualquier plaza y observas 5 minutos, y el grupo que más grita y gesticula y da por culo, no falla... españoles o italianos. Al 100%. Eso sí que es la marca España, y no lo que nos venden por ahí...
En fin, que yo al punto de la mañana no estoy para gritos, así que finiquito mi desayuno y me largo rápidamente, antes de alguno de los italianos se dé cuenta que soy de los suyos y me abrase vivo.

La temperatura empieza a apretar, y mira que es temprano. Hoy me parece que va a tocar sudar un poco, tanto en el paseo mañanero, como más tarde en la moto. Pero yo lo prefiero así, para que nos vamos a engañar: llevo bastante mejor el calor que el frío. Y ya la lluvia, ni te cuento. Pero es lo que tiene viajar en moto. No todo iban a ser ventajas. 

Vuelvo a visitar, más o menos, las mismas cosas que ya vi ayer, pero por el día no tiene nada que ver, y fotográficamente, menos. Hay una luz alucinante, aunque por la hora que es, va a durar muy poco. En cuanto el sol se levante un poco más, ya no será lo mismo, así que hay que darse prisa.

Además, hoy visito el castillo, al que ayer no subí. Lo dicho: buena sudada tras subir los millones de escalones que dan acceso al mismo. Buufff!!! Que no son horas!!

El castillo está bien, no se puede decir otra cosa, es bonito, pero para mi gusto, un castillo-catedral más. Como siempre, me gusta más por fuera que por dentro. El otro día comentaba con un amigo y los dos coincidíamos en que, normalmente, en los viajes, preferimos mil veces sentarnos tranquilamente en un banco o en una terraza, con una cervecita fría entre las manos, y simplemente observar. Observar la fauna. Personalmente, a mí me satisface mucho más apreciar las diferencias culturales a vistazos, e imaginarme cosas, que, con total seguridad, no tienen nada que ver con la realidad, pero... ¿qué más da? Yo me lo paso genial.

Hoy también me he dado cuenta de una actitud que llevo observando hace tiempo y me llama mucho la atención. Os pongo en situación. Vas paseando, sin rumbo, como siempre. Algo te llama la atención. Te imaginas la foto, pruebas un encuadre. Otro. Otro. Te agachas. Te arrodillas. Te retuerces. Ya casi la tienes. Estás a puntito de presionar el disparador, cuando, sin haberlo percibido antes, notas un aliento en la nuca. Acojonado, te giras, y ahí está. Se trata de un ente con los ojos rasgados que le delatan. No es trigo limpio. Él sabe que está haciendo algo malo. Y tú también lo sabes. En fin, continúas a lo tuyo. Ya, un poco desconcentrado, terminas de hacer esa foto que nunca ampliarás, porque ya está sucia. Y está sucia, porque en cuanto terminas tu foto y te mueves medio milímetro de tu sitio, el oriental, cual animal de presa, ocupa tu sitio al instante, y en menos de 3 segundos ha hecho 7 fotos, y se va tan campante, sonriendo, como siempre. Y ahí te quedas tú, con cara de panoli, sabiendo que esa foto nunca será única. Ninguna lo es, pero en este caso es tan obvio, que no te queda más remedio que seguir con tu paseo, a ver qué surge. Igual la SGAE podía meter un poco de caña, o algo. Por plagio descarado, no sé...

Para cuando dan las 11, ya me he duchado de nuevo, he empaquetado y he entregado las llaves. El sitio estaba muy bien, salvo la pega de la wifi. Bueno, no es el fin del mundo, ni mucho menos.

Salgo de Praga sin problemas, bastante rápido, no hay atascos de consideración. Hasta la frontera con Polonia hay muy buena carretera, 2 carriles en cada sentido y tal. Sin problemas. Nada más entrar en Polonia, la cosa cambia. El asfalto sigue siendo más que aceptable, pero sólo un carril. En principio no hay problema. Me gustan más estas carreteras. El problema es el tráfico de camiones que soporta, que ralentiza muchísimo la circulación, pero que le vamos a hacer. No queda más remedio que armarse de paciencia y poco a poco van cayendo los kilómetros. Además, no merece la pena andar adelantando demasiado, porque por primera vez en este viaje, he visto controles de velocidad que no fueran los radares fijos al borde de la carretera.

Habré visto como 4 o 5. Usan esa especie de prismáticos que se supone que miden la velocidad al apuntarte. No sé qué fiabilidad tendrán, pero me imagino que eso es secundario. Si te paran, te joden. El caso es que como yo iba agazapado detrás de un camión del que me he hecho amigo, pues no he tenido ningún contratiempo, digamos, económico. Ya tuve suficiente ayer con la cagada que me pegué con el cambio. En fin. Creo que de aquí en adelante, esta va a ser la tónica, así que con más cuidado, si cabe.

Llego a Wroclaw (Polonia), no había oído ese nombre en mi vida antes del viaje, y va y resulta que es Breslavia. Tócate los pies. Así, a botepronto, no le veo yo mucho parecido, pero algo habrá, oye.

He vuelto a reservar un apartamento. 22 euros. Estamos que lo tiramos. Cuanto más al norte avanzas, más baratos los precios. Una cosaaa... Estoy a media hora del centro, así que dejo la moto aparcada y me voy dando un paseo, hoy que tengo tiempo. No he leído nada sobre la ciudad, solamente conozco la información que me ha facilitado el del apartamento, un chaval bastante majete, cuyo nombre impronunciable he olvidado a los 2 segundos. Memoria selectiva es lo que tengo. Una enfermedad como otra cualquiera, muy común, especialmente en hombres.

Me pierdo un poco por sus calles, hasta que doy con la plaza, llena de restaurantes y garitos. Pero llena, lo que se dice llena. Una cosa bárbara. Localizo el restaurante que me ha recomendado el chaval, pero no tiene ni una mesa libre. Parece que la recomendación era bastante buena, pero como no soy ningún milindris y me como lo que sea, me la juego con el de al lado. 

Al final, ha salido bien la cosa. Ensalada, carne y postre. Un clásico. Ah, y cerveza negra, bastante fuerte, que me ha dejado un rato bastante trastornado.

Después, vuelta a casa tranquilamente, charlita a través de skype, y ahora, en cuanto termine esto, a la piltra. Otro día más. Poco a poco nos vamos acercando al objetivo.

Besos y abrazos.






















4 comentarios:

  1. Repte con tiempo otra vez. Lo vale!!!

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Todavía me acuerdo de las fotos q hiciste cuando fuimos a París en la pirámide del Louvre, jo con los orientales, me has dejado tocada... Q más les da a ellos lo q estás fotografiando?? Buff q mal rollo, conociendote, me imagino la mala leche y el careto q le habrás puesto jijiji. Suerte primo¡¡

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