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viernes, 30 de mayo de 2014

BIELORRUSIA - MOSCÚ


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Bajo a desayunar con la esperanza de que estos rusos sepan lo qué es un desayuno en condiciones, pero, por desgracia, descubro que no, por lo menos los de aquí. Muy básico, con 4 embutidos, cereales chungos, café más chungo, y algo que podría ser parecido al croissant, pero en secorro. En fin, hago de tripas corazón, y engullo lo que pillo, para no tener que parar en un buen rato.

Aparte, la decoración del hotel no es que sea sobria, es que, directamente, no hay decoración. Pero bueno, como de decoración no vive el hombre, eso me da igual, pero el desayuno me fastidia un poco más. A ver cómo voy a mantener yo mis michelines comiendo así. ¡Vamos hombre!

Al volver a la habitación, me junto con Alexander, el ciclista. Salen ya, que tienen carrera. Teniendo en cuenta que sigue lloviendo, nos damos el pésame mutuamente por el día que nos espera, y nos despedimos, deseándonos suerte, también mutuamente. Muy majo el chaval, un buenazo...

¡Agua vaaa!
Recojo, una vez más, y al llegar a la moto y abrir una de las maletas laterales me encuentro con la desagradable sorpresa de ver mi atlas de carreteras de Europa flotando en 3 dedos de agua. ¡Mecagüen la mar! Con el cariño que le tenía, y ha quedado totalmente inservible. Por lo visto, con la caída que tuve en Lituania (que se me abolló la maleta, aparte de petar el antiniebla) se han descuadrado las juntas y me entra agua no sé muy bien de dónde. Ni siquiera sé si fue ayer o ha sido esta noche, porque cuando saqué la bolsa de la ropa, no me fijé, pero el atlas va siempre debajo. Bueno, ya no va a ir más. Lo tiro directamente a una papelera cercana, con todo el dolor de mi corazón. Hasta siempre, amigo. Nunca te olvidaré. Snif, snif.

Después de ponerme chubasquero de nuevo, arranco y cojo dirección Moscú. ¡Joder, cómo suena eso! ¿O no? Si todo va bien, hoy cumpliré otro de los objetivos de este viaje, que es llegar hasta la catedral de San Basilio en moto. He estado mirando en Google Maps la mejor forma de entrar a esa zona, y ya lo tengo decidido, a ver qué tal va.

Hoy llueve flojito. El asfalto sigue mojado, pero si sigue así, empezará a secarse, porque incluso se empieza a intuir un cierto resol que me pone las pilas aún más, si cabe. El paisaje es precioso. Verde, muy verde. Con tanta agua lo tienen fácil para tener estos paisajes. Aquí, la mayoría de las casas de campo son de madera, y muchas de ellas pintadas de color verde, no sé la razón, pero algo habrá, seguro, porque es el mismo tono una y otra vez. Es un verde muy ruso.

Los adelantamientos que hace esta gente ya no me afectan. Lo cierto es que te acostumbras a todo. Son unos jodidos suicidas, pero es la típica norma no escrita que todo el mundo respeta y nadie protesta. Aquí se produce el milagro de la multiplicación: se sacan carriles de donde, en principio, no existen. Además, hay muchos tramos que los están reasfaltando y están sin líneas divisorias de carriles, y eso ya es el despiporre. Cada uno hace lo que le sale del higo. Yo, cojo, y me pongo tranquilamente a la derecha, y sálvese quien pueda. Velocidad de crucero y que vayan cayendo los kilómetros, que yo estoy aquí de paso, chavales, no me jodáis! Aunque también es verdad que, de vez en cuando soy yo el que se contagia de la locura y haces unos adelantamientos que en casa ni se te ocurriría, pero son los menos.

Y en esas estamos, en uno de esos tramos en obras. Hay un semáforo provisional de esos que dan paso alternativo porque uno de las carriles está cortado, cuando escucho un "bbrrrrrrr" que me resulta familiar. Desde atrás, aparece una GS como la mía, con una pareja montados en ella. Nos saludamos y se pone a mi altura. ¡Por fin más motoristas! Yo creo que son los primeros que veo desde que entré en Rusia. Ni siquiera se ven motos pequeñas, muy pocas. Supongo que con el clima de mierda que tienen, se te tienen que quitar todas las ganas de pasar más frío que el estrictamente necesario, que es mucho. Inviernos muy largos y crudos, y primaveras que no llegan al verano tiene que ser muy duro psicológicamente.

La pareja son americanos, y también van a Moscú, como era previsible. Vienen desde Letonia. Y ya no nos da tiempo a hablar más. El semáforo se pone verde y hay que moverse si no queremos que algún tovarich nos pase por encima sin contemplaciones. Ya que vamos en la misma dirección, decidimos rodar juntos, por lo menos durante un rato. Viene bien ir con más motos de vez en cuando. Vas mucho más protegido, porque sólo te tienes que preocupar de un flanco, en este caso ellos van delante, por lo que yo ando más pendiente de lo que viene por detrás. En serio que se nota mucho. Son muchas horas rodando en soledad, y es verdad que es muy bonito y eres libre al cien por cien, pero a veces apetece tener un poco de compañía.

Y así tiramos unos cuantos kilómetros, hasta que quedan aproximadamente 100 para llegar a la capi, cuando veo que ponen el intermitente y se salen hacia un pueblo. Yo me voy detrás, aunque sea quiero despedirme de ellos. Van directos a un McDonalds. Estos americanos no pueden vivir sin lo suyo. No, es broma. Al parar los motores, lo primero que hace el conductor es disculparse por ir allí, pero que ese sitio es garantía de baños limpios (sobre todo para ella, porque ya se sabe que nosotros aligeramos mucho más fácil) y buena wifi. 

Cuando se quitan los cascos casi me caigo de culo... Delante de mí tengo a una pareja de abueletes que andarán más cerca de los 70 que de los 60. Empezamos a conversar, y yo, que tenía la intención de despedirme y seguir mi camino, cambio de idea y me quedo con ellos a disfrutar de una Big Mac. Bueno, más que la hamburguesa, lo que me apetece es escuchar a esta pareja peculiar donde las halla.
Viven en Seattle, y allí tienen otra moto, pero la que conducen hoy la compraron hace dos años en EEUU y la trajeron a Europa, y nunca volvió. La dejan en un garaje en Alemania por 300$ al año, una ganga. Me quedo alucinado con la idea. No está mal pensado. Tienes la moto a buen recaudo, y una vez al año (su viaje, esta vez es de 2 meses) vuelas al sitio que sea, coges la moto y te pegas un viaje cojonudo en otro continente. Desde luego que hay miles de maneras de viajar en moto, y cada día conoces alguien que te sorprende con una nueva.

Tom & Mona (y McDonalds en ruso)

Les hace mucha gracia que Elma venga a pasar unos días a Moscú, porque ellos, me confiesan, lo han hecho un montón de veces. El tenía más tiempo libre que ella, y ella le alcanzaba en avión. Al final somos todos muy parecidos, ¿verdad?

Ha sido una conversación estupenda. Da gusto conocer gente así, con tanta experiencia y una forma peculiar de entender la vida. Por cierto, son Tom y Mona (no he querido hacer ningún chiste fácil con su nombre). Hemos intercambiado mails, porque igual pasan por Pamplona en unas semanas, cuando yo ya esté por allí. Sería un auténtico lujo poder verlos, y así se lo hago saber. Estaría encantadísimo de hacer de anfitrión.

Salimos afuera, y tras un poco más de cháchara, nos ponemos los cascos y a la carretera de nuevo. Vamos a entrar juntos en Moscú, y luego cada uno se desviará por donde le mande el señor que viaja dentro del GPS.  

La entrada a Moscú es caótica, aunque no demasiado lenta, gracias a que la mayoría del tráfico es de salida, y es donde están los grandes atascos. Ya que estamos, nos cae un tormentón de mil pares de narices. Si es que lo queremos todo, y no puede ser.

Cuando estamos ya prácticamente en la zona central de Moscú, nos despedimos desde nuestras monturas. Ha sido un placer, Tom y Mona. ¡¡Mucha suerte!!

Yo me voy como un tiro a la Plaza Roja. No quiero esperar más, quiero mi foto en la catedral de San Basilio. Voy a la entrada que previamente había decidido y me meto hasta la cocina. Yo, por si acaso, me bajo de la moto y hago unas cuantas fotos rápidamente. Ante todo, que no me jodan el plan. ¡Ya las tengo!

 Uf, y más vale, porque al girarme, veo a unos 100 metro a un poli que viene corriendo hacia mí. ¡Mierda! Me va a echar, ya lo estoy viendo. Ya desde lejos me hace señas como diciendo que ahí no puedo estar. Cuando llega a mi altura, intento explicarle que van a ser sólo un par de minutos, fotos, y que me piro. Ni dos minutos ni leches, tú te piras de aquí ahora mismo, por la gloria de Lenin. Ah, bueno, pues si va a ser por Lenin, yo ahí no me meto, ya me voy, ya, que tampoco hace falta ponerse así.

De todas formas, yo entiendo que todo el mundo quiere ese par de minutos para hacer su foto especial, y tienen que estar hasta los huevos, pero me da igual. Lo que no sabe ese chaval es que, por mis cojones, que voy a conseguir esa foto, ya lo verás. Algo ingeniaré, pero no me voy de Moscú sin la puta foto. ¡Por estas!

Y de ahí, al hotel, a instalarme y a esperar la llegada de Elma, que es a las 6 de la mañana, así que toca madrugón. Me voy a la camita, que las 5 dan muy pronto, sobre todo teniendo en cuenta que aquí estamos con 2 horas de adelanto. Buenas noches. Besos y abrazos.






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