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viernes, 20 de junio de 2014

BLED - STELVIO - PISOGNE - SESTRIERE - VEYNES


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Como ya me imaginaba, al dejar el B&B descansado y fresco, y con el cielo despejado y brillante, los paisajes que tanto me gustaron ayer por la tarde, hoy son absolutamente espectaculares. El lago con su castillo, y después las carreteras secundarias eslovenas, que son algo impresionante. A esas horas de la mañana y sin apenas tráfico, con buena temperatura y todo el día por delante, tengo uno de esos ratos para recordar, curveando suavemente y dejando que el aire acaricie mi cara. 


Antes de llegar a la frontera italiana, paro a desayunar en un restaurante donde pone un cartel de "Bikers welcome". La verdad es que soy bienvenido, pero no tiene nada para comer a esas horas. Café sí que tiene, así que le pido permiso para desayunar las galletas que llevo en la moto, y todos contentos. Hasta me pido un segundo café, por eso de ir bien despejado, y por hacer un poco más de gasto, ya que tan amablemente me ha dejado desayunar en su terraza. 1'50 euros los dos cafés. Estos precios tan asequibles tocan a su fin. En cuanto cruce la frontera que tengo a un par de kilómetros, me meto de lleno en territorio de precios escandalosos. Lo bueno se va acabando, snif, snif...


Hoy voy a hacer una ruta off road que me ha recomendado Isaac, un gran tipo, que sin conocernos personalmente, me ha pasado unos tracks para el GPS de unas rutas que hizo él hace un tiempo. Me da cierto respeto, porque el nivel que tiene él en off, no tiene nada que ver con el mío. Yo soy bastante torpe, y con la burra cargada, más. Me ha dicho que esté tranquilo, que es una ruta asequible y preciosa, así que allá vamos. 

Las carreteras de aproximación son fantásticas: bonitas curvas y paisajes brutales. Esto son los Dolomitas y los desniveles son increíbles. En un momento, se levanta una mole delante de ti que te deja sin respiración. Preciosa esta zona.

Lleno el tanque antes de emprender la ruta. No quiero sorpresas como la de la Transfagarasan. Ahora sí que me quedo sin respiración: 1'82 euros el litro. ¡Bienvenido a Italia, chaval! Ya te echábamos en falta... Más del doble de lo que cuesta el litro en Rusia, aunque aún más barata que en Turquía, donde allí te ponen oro líquido a unos 2 euros el litro. Un pequeño robo, ¿no os parece?

Comienzo la ruta de Isaac. Al principio se trata de asfalto, y más vale, porque los desniveles son brutales: ya al principio hay señales de rampas del 28%, y más arriba aún pica más. Casi prefiero no saber las cifras, pero en los tramos que voy de pie encima de la moto, tengo que echar todo el peso adelante para contrarrestar el poderío de esas rampas. Sigo subiendo y pasamos al hormigón, con numerosos surcos para desalojar el agua. Hay zonas completamente cubiertas de tierra por las recientes lluvias, y la cosa se va complicando un poquito, pero sin más. 

El problema más gordo viene cuando me encuentro un árbol derribado en medio del camino, con un pequeño paso que han practicado a base de hachazos, dejando el espacio justo para que pueda pasar una persona, y no muy grande. Sigo andando unos centenares de metros, y veo como el hormigón termina, y empieza la pista que venía buscando, ya sin desniveles gigantescos, y siguiendo la cresta de las montañas, continúa serpenteando hasta que se pierde en la distancia. 

No va a poder ser. No hay manera humana de pasar a través de ese árbol con semejante máquina. Difícilmente podría pasar un scooter. Incluso tomo medidas para ver si quitando la pantalla y los retrovisores podría llegar a pasar, pero las cuentas no me salen. Así que no tengo más remedio que, con cuidado, dar la vuelta, y con el rabo entre las piernas, emprender el regreso por donde he venido. Una lástima. Tendré que volver algún día. El problema es que se me están quedando tantas cosas en el tintero, que voy a necesitar otro mes entero si quiero hacerlas. Algún día, quizás algún día...



Próximo objetivo: el paso del Stelvio. Hace unas semanas estaba cerrado por nieve, así que a ver si, con un poco de suerte, lo han abierto ya y lo puedo atravesar.

Conforme me acerco, la cantidad de moteros por las carreteras aumenta exponencialmente. No está sólo el Stelvio. Hay un montón de pasos alpinos por la zona, y la mayoría de ellos han estado cerrados hasta hace poco, así que la gente está con ganas, y hoy que hace buen día, parece que no soy el único que ha tenido la brillante idea de subir a las montañas. A pesar del intenso tráfico, disfruto muchísimo durante toda la aproximación. Firme en buen estado y tiempo inmejorable.

Comienzo el ascenso, y las curvas cada vez son más cerradas, hasta que empiezan las "tornantes", que así es como están señalizadas y numeradas cada una de las curvas de 180º que tiene el famoso paso. La primera que veo es la 46, no sé si se me ha pasado alguna, pero para para que os hagáis una idea de la longitud del puerto: 46 curvas de ese calibre, una detrás de otra. Se dice pronto, ¿eh?

Es un ascenso continuo e intenso. Casi todas las curvas hay que cogerlas en segunda velocidad, y alguna de ellas en primera, influyendo mucho el tráfico que viene de bajada que a veces hace imposible coger la mejor trazada. 

Llego arriba y está todo lleno de motos, todas amontonadas por todas partes. Yo me había fijado que a la izquierda había un mirador, detrás de un restaurante. Tiro para allí, pensando que igual estaba cerrado y por eso estaban ahí todos amontonados. Subo, subo y subo, y resulta que está abierto y sin problemas. Hay 4 motos contadas. ¡Mejor imposible! Estoy un buen rato admirando el paisaje y haciendo las fotos de rigor. Gozada, no puedo decir otra cosa. Pongo la moto al borde del barranco. Alguno me mira con curiosidad. Ya sé lo que piensan. Ya está aquí el típico friky solitario que quiere hacerse la mejor foto, y como se descuide, se nos va barranco abajo, y vamos a tener que ir a recogerlo con pala. 

Pues bueno, lo de friky, igual sí, pero lo de recogerme con pala, como que no. Uno ya va cogiendo callo haciendo todas estas chorradas, y ya no me caigo tan fácilmente.

El cielo se está encapotando rápidamente, con unas nubes de lo más negras. Me da la impresión de que el señor que se encarga del tiempo nos está dando unos 15 minutos antes de descargar una buena tormenta, que ya me conozco yo estos episodios de montaña. Yo recojo el chiringuito que había montado y tiro para abajo a toda leche. Llego a los puestos de souvenirs, donde sigue toda la peña, cada vez más amontonada. Compro la primera pegatina que encuentro y tiro hacia abajo. No me apetece mojarme. Toda esta tropa está ahí tan tranquila, y en breve, les va a caer la del pulpo. Chavales, yo me piro. Hasta la próxima. Suerte.



 Al poco rato, empieza a chispear, y luego, cada vez más fuerte, cae una ligera tormenta que dura unas 5 minutos, y ni siquiera me da tiempo a mojarme demasiado, pero en un momento que paro y miro hacia arriba, veo las nubes que están enganchadas en la cima, y las columnas de agua que están descargando, y no puedo dejar de sentir cierta angustia por toda esa peña que se ha quedado arriba, y ahora les tiene que estar cayendo agua como para llenar un pantano. O pántano, como dice un amigo mío.

Sigo bajando y las curvas, poco a poco, dejan paso a los túneles. La zona está plagada de ellos. Unos más largos, otros más cortos, alguno de ellos, kilométrico de verdad. Estoy hablando de túneles de 8-10 kilómetros de longitud, que en cualquier otra zona, te plantan un peaje por la inversión necesaria para semejante obra de ingeniería. Aquí no, todos son gratuitos, cosa que se agradece.

En uno de ellos, presencio un pequeño incidente que no me afecta directamente, pero por los pelos. Voy tan tranquilo por uno de esos túneles, cuando escucho un sonoro derrapaje. Al mirar por el retrovisor, veo que el coche que circula detrás de mí, a unos 100 metros, ha perdido el control, y está dando bandazos, y golpeando alternativamente a ambos lados del túnel. Mi reacción inmediata es acelerar, aunque es imposible que me alcance, porque a cada golpe, él va perdiendo velocidad. No vuelca, se mantiene sobre las 4 ruedas. Más vale. Yo paro un poco más adelante y veo que los coches que van detrás del accidentado han parado y se aproximan al vehículo. El conductor se baja por su propio pie y parece que está bien. Yo me quedo un rato parado con los 4 intermitentes encendidos y haciendo señales a los vehículos que vienen en la otra dirección. No es nada el susto que me he llevado yo, con el que tiene que tener el conductor del coche. Los golpes han sido fuertes, pero cuando veo que están intentando mover el coche y el conductor está bien, yo ya no pinto nada en el sitio, y continuo.

El señor que va dentro del GPS me juega una mala pasada (o buena, según se mire), porque me dice que abandone la carretera principal por la que circulo, para coger una secundaria, que poco a poco, comienza a ascender, y se convierte en un puerto de montaña en toda regla. Hago otro montón de tornantes, tipo a las del Stelvio, y cuando llego arriba me encuentro con la agradable sorpresa de que acabo de subir el mítico Mortirolo, puerto que se hizo famoso en los años 90, gracias a las épicas batallas ciclistas que aquí se libraron. Eran los tiempos de mi paisano Induráin, Chiapucci, Pantani "el pirata", etc. Recuerdo aquellas tardes pegado al televisor, viendo a esas pequeñas máquinas dándole a los pedales y atacando constantemente. Para mí, esos fueron los grandes del ciclismo.


Y así, sin comerlo ni beberlo, gracias al señor que viaja dentro del GPS, me encuentro en uno de esos pasos míticos, donde el asfalto sigue lleno de pintadas de apoyo a los ciclistas que compiten y sufren por estos lares. Un auténtico placer haber caído por aquí, la verdad.

Después de hacer unos cuantos kilómetros más, es hora de buscar un sitio donde planchar la oreja. Tenía la intención de acampar en cualquier sitio montañoso que me gustara, y pasar allí la noche, en soledad, lejos de todo tipo de ondas, las wifi incluidas. Pero el tiempo está un poco inestable, y no me apetece acabar como una sopa tras una de estas tormentas alpinas, que tanto se dan por aquí. Así que paro a cenar en un restaurante, asegurándome antes que disponen de internet, para poder buscar un alojamiento barato y digno.

Mientras ceno una auténtica pizza italiana, encuentro un motel no muy lejos de donde me encuentro, así que me dirijo hacia allí, dispuesto a darle una paliza a esa cama que me está esperando.

Amanezco, curiosamente, en el mismo sitio donde me dormí. No me he movido ni medio milímetro. Un pueblecito italiano llamado Pisogne, a orillas del lago d'Iseo, cerca de Bergamo.


Conforme circulo a orillas del lago, paro un par de veces para tomar alguna fotografía. No siempre puedo parar donde me apetece, y siempre me quedo con la sensación de que hay fotos que no se deberían quedar ahí, sin poder capturarlas, pero resulta imposible captar todas y cada una de las imágenes que visualizas en tu retina. Es una pena, pero es así.


Desde que volví a entrar en la zona de comfort, observo cada vez más a menudo a gente practicando deporte. Ciclismo, jogging, baloncesto... Esto es un signo inequívoco de que estoy en el primer mundo. Cuando te mueves por países más pobres, nadie se preocupa por mantenerse en forma, tienen otras cosas bastante más urgentes y necesarias en las que pensar, y el deporte como hobby no es una prioridad. Una vez más, las prioridades cambian mucho dependiendo del lugar en el que te encuentres.

Tengo que pasar por la zona de Milán y Turín, y como son zonas que ni fu ni fa, decido entrar en la jaula de la autopista, a ver si no me da alergia, y gano un poquito de tiempo.

Estos italianos son un poquito guarretes y descuidados, y en varias ocasiones, se da la circunstancia que desde el coche que circula delante, asoma una mano traicionera y arroja algún despojo en forma de kleenex, colillas, vasos de café, bricks de zumo... Parece que tienen bastante costumbre de tirar todo por la ventanilla, porque en las dos horas que circulo por la autopista, tengo la oportunidad de verlo en varias ocasiones.

El plan para hoy es hacer otra ruta off road, recomendada también por el bueno de Isaac Feliú. Ésta cerca de Sestriere, en los Alpes italianos. Cuando llego a la zona, veo que se trata del típico pueblo alpino donde su economía gira en torno a una estación de sky. Tiendas de material de montaña y sky, y bares y restaurantes, sobre todo. Como algo sencillo, y me dan un sablazo considerable. Ya se sabe que en sitios así, aparte de la consumición, parece que tienes que pagar las vistas, y hasta el aire que respiras. En fin.

Esta vez disfruto la ruta como un niño pequeño. Es una pista sencilla, en buen estado, justo lo que estaba buscando, para quitarme un poco el mono, y disfrutar un buen rato sin poner en peligro ni mi integridad física, ni la de la moto, las dos igual de importantes, a estas alturas de la película.

A pesar de todo, al final, llega un punto donde me encuentro con un charco gigante de barro con el que no me atrevo. Es el típico paso que, si te pones cabezón, seguramente lo pasas, pero si te quedas atascado en el medio, te va a llevar un buen rato sacar la moto de ahí, e igual necesitas la ayuda de alguien, además de ponerte como un Cristo de barro, por supuesto. Como es una opción que no me apetece lo más mínimo, y ya he tenido la tralla que estaba buscando, creo que la mejor opción es volver por donde he venido, y volver a disfrutar de la senda, pero en sentido contrario.









Me cuesta desandar lo andado (o más bien, desrrodar lo rodado) una barbaridad: paro infinidad de veces a fotografiar paisajes o grabar vídeos. Acumulo una buena cantidad de material, como si no tuviera suficiente con todo lo que tengo de los días anteriores. 

Vuelvo a pisar lo negro, y enfilo dirección Francia, hacia el paso de Claviere. La carretera serpentea bastante y no deja espacio al aburrimiento. Cualquier carretera que elijas por esta zona, seguro que es un acierto. Aquí no se puede fallar.

Llego a la frontera francesa, y hasta que no estoy encima, no reconozco el sitio: es el mismo paso por el que crucé el año pasado, pero hasta ahora no me había dado cuenta. Hace un año lo crucé a 2º centígrados y nevando, mientras que este año hace 25º y un sol radiante. No es de extrañar que no me sonara nada, aunque, ahora sí, voy reconociendo sitios y paisajes. Pues mira que hay sitios para cruzar los Alpes, y tengo que elegir el mismo. No me importa, porque es como si pasara por aquí por primera vez. 

Continuo dirección suroeste, sin más orientación que la brújula que llevo en el manillar. Me da igual la carretera que sea, sólo quiero que sea alguna que, poco a poco, me vaya acercando a casa.

Voy viendo un montón de campings a lo largo del camino. La zona está plagada de ellos. Como no tengo ni idea de cuál puede ser el mejor, vamos a dejar que sea el azar el que decida. Veo un lago nada más pasar el pueblo de Veynes, y justo al lado del mismo, uno de esos millones de campings que hay por la zona. 13 euros por pasar la noche en el sitio más íntimo que conozco, que es mi tienda de campaña, no me parece caro en absoluto. Además, restaurante módico, wifi decente y baños en muy buenas condiciones. Por supuesto, me quedo aquí. 
Los dueños son 2 hermanos franceses muy majos, que me tratan de maravilla, y hasta me prestan una alargadera para poder conectar el ordenador a uno de los enchufes del restaurante que se encuentra un poco alejado de la mesa donde estoy cenando. 
La única pega que se le puede poner al garito es que juega Francia contra no sé quién, y hay una pantalla gigante para ver el partido, y al poco rato, el restaurante se llena de futboleros que vienen a ver al equipo de sus amores. A mí, personalmente, el fútbol me la trae al pairo, y la selección francesa, aún más. Así que tras cenar y contestar un par de mensajes, recojo la oficina que tengo allí montada y me retiro a mis aposentos, para pillar mi esterilla y mi saco, que me espera con su cremallera abierta. Mañana será otro día. Ya puedo oler mi hogar. Esto se acaba...

Besos y abrazos.

3 comentarios:

  1. Cuánto me alegro de q hayas estado en los Alpes, el mortirollo hay nuestro Induráin... Q maravilloso era entonces ver ciclismo, a mi también me parece q aquellos eran los mejores, te has olvidado de Gianni Bugno, me encantaba, después de nuestro paisano.... Preciosas fotos, a ver cuando nos vemos, q tengo ganas de darte un besico de bienvenida.... Hasta pronto primico¡¡¡

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    1. Eso Ainhoa, a ver cuando nos vemos y te cuento... Besos!!

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  2. Que pasada de mayor quiero ser como tu :-)
    Quiquetex.

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