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martes, 17 de junio de 2014

BUCAREST - TRANSFAGARASAN - ORADEA - BUDAPEST


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Hoy toca madrugar, tengo una tirada de kilómetros bastante interesante, y si no salgo rápido, se me puede hacer de noche.

El principal objetivo del día es hacer la Transfagarasan, que es una de las carreteras míticas en el mundo motociclista, al ser la carretera más alta de Rumanía, con una serie de curvas espectaculares, que la han hecho famosa en el mundo entero. La última información de la que dispongo dice que aún permanece cerrada tras el invierno, así que voy a ir por el lado norte (más espectacular, por lo visto) y a ver hasta dónde puedo subir...

 Antes de llegar, paso por Bran, donde se supone que está el castillo del Conde Drácula, aunque también según las últimas informaciones que me llegan, este no es el verdadero, está en otra zona que me pilla más lejos, así que me tendré que conformar con el de Bran. Ya voy avisado de que es un sitio super turístico, para que no me pille desprevenido. Y es que sitios tan masificados me dan cierta alergia, y no aguanto mucho tiempo rodeado de tanta gente. Sólo lo soporto en casos excepcionales donde la visita a ciertos sitios es obligada por alguna razón en concreto, pero no son muchos. Normalmente el sarpullido comienza a los 2 minutos de llegar.

Pues tampoco da tanto miedito...
Y esta ocasión, no iba a ser una excepción. Nada más entrar al pueblo ya empiezo a ver tiendas de souvenirs por todos lados. Me empiezan a picar los brazos. Restaurantes de comida rápida. Me pican las piernas. Buscavidas varios en cada esquina. Me pica la cabeza. Y al final, en lo alto de una colina, el castillo. No está mal, pero con todo esto que lo rodea, pierde todo el encanto que pudiera llegar a tener. Por supuesto, ni me planteo esperar las colas para entrar. Hago un par de fotos sin mucha pasión y me piro a toda leche, antes de que me empiece a picar otras partes del cuerpo mucho más delicadas.

A lo tonto, hace ya casi tres horas que llevo en movimiento, y aún no he desayunado, así que paro en un pueblecillo fuera del ambiente masificado de Bran. Yo no sé francés pero en la puerta pone "boulangerie" y yo que soy la mar de listo, me suena que ahí no puedo fallar. Café y dos pasteles contundentes, que se convierten en un placer para los sentidos, y seguimos ruta.

No pinta muy bien
Voy tranquilo, sin prisa, quiero saborear este momento. Conforme me voy acercando, a mi izquierda tengo unas montañas de las de verdad. Son los Cárpatos, así que un respeto. El tiempo es bueno, nubes y claros, y buena temperatura, pero allá, en las montañas las nubes están bien agarradas a las cimas. No parece que amenace lluvia, pero no creo que haya buena visibilidad.

Cojo el desvío a la izquierda, ese que lleva a la mítica carretera, y empieza a subir y a subir, cada vez más. La carretera no está en buen estado pero es perfectamente transitable.

Llego a un punto donde hay una señal de prohibido el paso de lo más aparente, pero como os podéis imaginar, me la suda, básicamente. Yo tiro para arriba como un tiro, hasta que no se pueda seguir.

A pesar de los cartelitos...
Empieza la zona más bonita, con curvas reviradas, una tras otra sin descanso, en un imparable ascenso. No paro ni para hacer fotos ni para grabar. Total, como se supone que en algún momento no voy a poder continuar, ya las haré a la vuelta... ÑÑÑÑÑÑÑ...Primer error. 

Sigo subiendo. Curva, contracurva, recontracurva... Joder, no tiene fin!! Esto ya es vicio. Mañana mismo a confesar me voy. Y a lo tonto, llego hasta arriba, hasta el túnel. Hay un montón de tiendas de comida y de souvenirs. Mira, aquí no me pica nada, no sé... Tampoco hay demasiada gente. Paso de largo y voy hacia el túnel.

No sé si será mi mente calenturienta, pero a mí me parece que la puerta está abierta, y bien abierta. Juzgad vosotros mismos...

...las puertas del túnel abiertas!!

TOOOMMMAAAAAAAA!!! No me lo puedo creer. Abiertas de par en par. Yo por si acaso me meto a toda leche, no vaya a ser que a alguien le dé por cerrarlas.

Salgo al otro lado, y más de lo mismo, pero como ya me habían dicho, la parte norte es más espectacular, aunque este lado bien merece una visita, ¡cómo no!

Empiezo la bajada, despacio. No tengo ninguna prisa. Pero cuando todo parecía tan bonito, me doy cuenta de mi segundo error de la jornada. No le he puesto gasolina a la gordi, porque no pensaba llegar tan lejos y con lo que llevaba me llegaba para subir y bajar, y así de paso, iba 30 kilos más ligero, que se nota, oiga.

Pero ahora resulta que sigo bajando y bajando y esto parece que no tiene fin. Le consulto al señor que va dentro del GPS y me dice que la siguiente gasolinera está donde Cristo perdió la chancleta. Veo una moto con matrícula rumana aparcada en el arcén con su conductor al lado. Paro y le pregunto. Le explico mi situación y mirando su GPS (éste no sé si lleva un señor dentro), me confirma que la gasolinera más cercana no está nada cercana.

Y lo peor de todo es que me dice que está esperando a un amigo que se ha quedado haciendo fotos, y que de aquí se van a hacer la Transalpina, otro carreterón. Me invita a ir con ellos. ¡Me cago en tó! Estoy sin gasolina (aunque eso no sería un gran problema, porque seguro que llego a alguna con lo que me queda), pero lo peor es que no he hecho ninguna foto y sólo he grabado con la cámara del casco. ¿Qué hago? Me voy con estos tíos a otra carretera espectacular, o me doy la vuelta a por mis fotos? 

No tengo elección. No me puedo ir de aquí sin esas fotos. No me lo perdonaría nunca. Así que la Transalpina se queda en la bolsa de cosas por hacer... Algún día, quizás algún día...

Vuelvo por donde he venido, subo hasta arriba y paso el túnel, otra vez. A falta de una, dos. Di que sí. El tiempo ha mejorado un poco y la visibilidad ha aumentado. Lo cierto es que el sitio es un auténtico paraíso para los que nos gustan las curvitas. No he visto nada igual en mi vida. Cada kilómetro tengo que parar. Una foto aquí, un vídeo allá. Un sinvivir, vaya.



¡¡FELICIDAD!!


Llego abajo, hasta el desvío de la carretera principal y entro en la primera gasolinera que veo a tirones (no es para tanto, pero casi). Me meto una comida en condiciones: 3 barritas energéticas y listo. No tengo tiempo para más. Hoy ha tocado así, y con todo el rollo, se me ha hecho super tarde, y aún tengo una tirada más que interesante.

Ahora es cuando veo la Rumania profunda, esa que todos nos imaginamos. Pueblos pequeños, rurales, aislados, con viejecitas vestidas de negro sentadas en grupos de 3 o 4 a las puertas de sus casas, dejando pasar esa poca vida que les queda ya. 

Lo cierto es que también hay niños. Bastantes. Y como cualquier niño en un pueblo, se les ve felices, radiantes. 

Veo un grupo de adultos detrás de un coche, y por la parte de abajo, veo unos piececillos moviéndose rápidamente hacia la parte delantera. Entonces la veo. Es una niña de uno 5 años que al oir el ruido del motor ha salido disparada a curiosear. Me mira con sus enormes ojos mientras agita su mano con pasión infantil, saludándome. Yo toco la bocina en respuesta. Reduzco la velocidad y me giro, y la veo cómo va corriendo disparada hacia su madre, dando botes de alegría porque ese astronauta que acaba de pasar le ha devuelto el saludo. Los niños son niños allá donde vayas. Y que siga siendo así, ¿no os parece?


Los últimos 70 kms de la jornada se convierten en un infierno. La carretera está destrozada, y hay muchos tramos en obras regulados por semáforos que dan paso alternativo. Tan alternativo es, que no puedes avanzar más de 3 kilómetros sin tener que parar en uno de ellos. Esos 70 kms se traducen, a posteriori, en casi 3 horas de mala leche, porque con la paliza que llevo en el cuerpo, lo único que me apetece es llegar a la habitación que tengo reservada y descansar un poco, tras una larga ducha.

Al menos, la cama donde caigo rendido es fantástica, bien firme, como a mí me gusta. Duermo del tirón hasta la mañana siguiente.

Hoy tengo menos tarea. Un día mucho más relajado. Salgo dirección Budapest, en Hungría. Eso significa una frontera más. Tan sólo hay unos pocos kilómetros desde el hotel hasta la misma. Como siempre, paro en una gasolinera para gastar el poco dinero rumano que me queda.

Ya en la frontera, los policías rumanos ni aparecen. Directamente los húngaros. Me miran el pasaporte y ya. Listo. Se acabaron las fronteras complicadas. A partir de ahora, esto va a ser coser y cantar. Pasamos de las 2 horas largas de trámites burocráticos, a los 3 minutos escasos de ojeo rápido. Y se agradece, oiga.

Cuando estoy junto al típico cartel de velocidades que hay a la entrada de cada país, veo venir hacia mí una moto, y encima de ella, un motorista, curiosamente. Se trata de Johan, un finlandés que viene de Kosovo y va de vuelta a casa. No sabe donde va a alojarse en Budapest. Yo le digo que un amigo me ha recomendado un sitio cojonudo. Sí, hombre, Xavi, el de Cunit, ¿no lo conoces? Pues así, de primeras, no me suena. Bueno, igual si te digo que es el Banana, caes. ¡Hombreeee! Haberlo dicho antes. Un crack, el Banana.


Así que compartimos ruta hasta Budapest y nos vamos derechos al Bikercamp, un camping un poco peculiar. Es un sitio pensado para moteros, aunque se puede alojar cualquiera, por supuesto. Está en la ciudad, y se trata de una casa normal con un jardín bastante grande, habilitado para acampar. Todo al detalle: los baños, las duchas, las mesas, la cocina, aparcamiento para las motos, los miles de enchufes para cargar las miles de chorradas que llevamos todos, y lo mejor de todo: una nevera llena de latas de cerveza bien fría, junto a la cual hay una pizarra donde pones tu nombre y vas apuntando lo que vas consumiendo. ¡Qué peligro! Y con Johan, más. El jodido finlandés, antes de montar las tiendas, ya ha cogido 2 latas de medio litro, se acerca, me pasa una, brindamos y directo al gaznate.... ¡YEAAAAHHHH! Así da gusto conocer gente. Sin tonterías.

Un rato después, con las tiendas montadas y alguna cerveza más en las venas, cojo la cámara y me voy a cenar algo y a hacer alguna foto nocturna, que me imagino que en una ciudad como Budapest, es algo que merece la pena.

No me equivoco. La ciudad es preciosa, y con todos los monumentos, edificios y puentes iluminados, te deja sin respiración. Mucho más bonita de lo que esperaba. Después de un buen rato dándole caña al disparador, es hora de volver y darle una paliza a la esterilla, en esta ocasión. Lo cierto es que, en cierta manera, me apetecía dormir en la tienda, aunque las comodidades sean menores y tal, pero es una sensación distinta, y aunque no estás en el medio de las montañas, es un sitio curioso donde alojarse.

El desayuno es a las 8, pero para esa hora ya llevo un buen rato despierto. La tranquilidad es total, parece mentira que estemos en la ciudad, no se oye nada, excepto algún pajarillo madrugador.

Enseguida empieza el movimiento. Hay algunos ciclistas, y para cuando salgo de la tienda, ya tienen todo prácticamente recogido. Esta gente está hecha de otra pasta, aunque no deben comer lo suficiente, porque están todos hechos unos tirillas. Otra cosa somos los que vamos en moto. Bien lucidos estamos todos. Entre cerveza y comida estoy cogiendo un perfil de lo más salsero.

Johan ha decidido que se va para Eslovaquia, así que tras el desayuno, desmonta su tienda, y nos despedimos.Es curioso, pero cuando coincides con otro que viaja sólo, puedes hablar de las mayores chorradas del mundo, pero una pregunta que nunca sale es la razón por la que viajamos solos. Cuando hablas con otras personas, es de las primeras cosas que te preguntan. Que si no te da miedo, y tal... ¿Miedo? A mí lo que me da miedo es la letra de la hipoteca que llama a mi puerta todos los meses. Lo demás no es miedo. Qué va.

Hay otros 4 moteros (2 ingleses y 2 alemanes). Estos se quedan un día más. Los alemanes van dirección Eslovenia, y los ingleses hacia Serbia. La cuestión es no parar quietos. ¡Qué gente!

Y hoy me voy a dedicar a pajarear por Budapest, que creo que merece la pena. Tengo un par de sitios que quiero ver. Luego colgaré alguna foto. Vamooooossss!!!!


 

















2 comentarios:

  1. ME ESTOY PONIENDO AL DIA AITOR, LASTIMA LO DEL CAUCASO, PERO BUENO, TENDRAS QUE VOLVER, DISFRUTA QUE LO BUENO DURA POCO, TE LO DIGO POR EXPERIENCIA JEJE
    ENEKO

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