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sábado, 14 de junio de 2014

CHISINAU - BUCAREST


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Hoy desayuno en un sitio con glamour: Creme de la creme, un nombre muy sugerente, y aunque hay unos pasteles que se salen del mundo, yo me voy a lo clásico, y me zampo 3 croissants de chocolate con su correspondiente café. Cuando le digo a la camarera que quiero 3, se parte de la risa, no entiendo por qué...
Me cobran la astronómica cantidad de 2'80 euros.

Me paso por el centro para hacer alguna fotillo antes de irme y de paso, a ver si encuentro la pegatina del país, que mi visita va a ser más bien corta, y no voy a tener muchas oportunidades de comprar una.

Veo un mercadillo de artesanía. Dejo la moto encima de la acera y me voy a enredar un poco, a ver que veo. Un señor muy salao intenta venderme sus figuritas de madera, lo que declino con elegancia, y ya que estamos, le pregunto por las famosas pegatinas. Él no tiene, pero por gestos, me dice que le siga. Se recorre medio mercadillo, preguntando puesto por puesto, hasta que al final, una señora regordeta saca un fajo de pegatinas de debajo de la mesa. ¡Hombreee! Mira tú por dónde. Tiene la mía, justo la que quería, y no otra...Bueno, más bien sólo tiene una, pero me gusta. Le compro un par, y tras agradecerle el favor al señor tendero, me voy a la moto.

Hay una policía merodeando por el lugar. Ya me va a multar, pienso yo, no me jodas, si aquí cada uno aparca donde le viene en gana. Pues bien, también me equivoco. Estaba echando un vistazo porque al ver la matrícula sentía curiosidad, y me estaba esperando. Charlamos un ratillo (habla inglés perfectamente). Como tantas otras personas, piensa que estoy loco por ir solo por el mundo. Yo le digo que así no discuto con nadie. Y es verdad, hago lo que me da la gana sin tener que consultar nada. ¿Libertad? ¿Para qué quieres más? 


Salgo de la ciudad con dirección Rumanía. El señor que va dentro del GPS sigue de huelga, así que toca preguntar un par de veces, porque esto es un poco lío. Pero enseguida cojo la buena dirección. Paso por una gasolinera y veo un carro tirado por un burro parado junto a uno de los dos surtidores, y el dueño pagando al gasolinero. Imaginaos la estampa. Intento encuadrar lo mejor que puedo la toma, porque la imagen es un descojono, pero más tarde comprobaré que, en realidad no estaba grabando, y no tengo las imágenes, pero no podía pasar sin contarlo, porque ha sido divertidísimo. Luego, pensando, me he dado cuenta que dentro del carro llevaba unas bombonas, que sería butano o algo así, y era por eso por lo que estaba pagando, pero la imagen no tenía precio. En fin, me la guardo en mi disco duro cerebral, que aunque no es muy de fiar, es el único que tengo.

¡CURVAS! Aún existen! Ya se me había olvidado su existencia. No es que haya ningún puerto de montaña con carreteras reviradas, pero la recta más larga no llega a 300 metros, y eso, a día de hoy, lo considero un auténtico lujo. Llevo varias semanas metido en una recta constante, y aburrido es algo que se queda corto para definir mi estado. Pero por fin, volvemos a carreteras medianamente normales, por lo menos, lo que yo considero como normal, vaya.

En la frontera, los policías moldavos hoy están de buen humor, y no me dan ningún dolor de cabeza. La cosa va rápida, y en 10 minutos me dan la boleta. Pero para espectacular, los rumanos. Hay bastante cola de coches cuando llego a su lado, pero como siempre, echándole un poco de morro, me planto adelante del todo, y voy derecho a la oficina del control de pasaportes. Coge el poli mi documentación, la mira 3 segundos contados... uno, dos, tres, ya está... y me dice que coja la moto y la ponga al otro lado de la barrera para el control de aduanas. Perfecto. Así lo hago. Vuelvo a coger la documentación y voy a la otra oficina. Otro poli me dice: ¿Te ha mirado el pasaporte mi compañero? Al ser mi respuesta afirmativa, con un gesto de la mano y un "chao" me dice que me puedo marchar... 

Toma ya, la frontera más rápida de la historia. No han pasado ni 5 minutos y ya estoy en Rumanía, y ni siquiera me ha mirado las maletas. Esta vez ni me bajo de la moto para grabar el cartel de entrada, no vaya a ser que pase lo de ayer, y halla alguien con exceso de celo en las inmediaciones.

Nada más dejar las barreras, cruzo un par de pueblos pequeñitos, donde veo las imágenes que confirman la idea que tenemos en España de Rumanía: un país atrasado lleno de carteristas. Sé que es una imagen muy simplista, pero es la que la mayoría de la gente tiene, debido, sobre todo, al tipo de inmigración que recibimos en nuestro país. 

Bien, pues lo que veo, confirma que es un país atrasado: casas destartaladas, gente descalza por la calle, carros tirados por burros aparcados en la puerta de cada casa, etc, etc. Lo de los carteristas no lo puedo confirmar.

Pero, en unos pocos kilómetros, empiezo a ver cosas que me demuestran lo equivocado que estaba, y lo cateto que soy. Las carreteras parecen un circuito de velocidad, perfectamente asfaltadas, señalizadas y pintadas. Los siguientes pueblos que cruzo son un poco más grandes, y si nadie te dice nada, serías incapaz de decir en qué país de Europa te encuentras. Paro en un banco para cambiar dinero, y el segurata de la puerta, en un perfecto inglés, le explica al provinciano del casco en la cabeza como se usa una máquina igual que un cajero automático, pero para cambiar divisas. Restaurantes por todos lados, tiendas de moda, gente calzada... Jajaja, qué aldeano soy. Y qué fácil es tirar de tópicos. Una vez más, estaba equivocado. Por supuesto, no se trata del país más avanzado de Europa, pero por lo que veo, creo que tienen una calidad de vida más que aceptable, y aparte, cada vez que comento la tasa de desempleo que manejamos en España, la gente se tira de los pelos. Y se supone que nosotros somos los avanzados... En fin...

Otra cosa que me sorprende es el idioma. Ya me pasó también en Moldavia. Y es que el cirílico ha desaparecido por completo. Ahora soy capaz de leer cualquier cosa, y no solo eso, muchas de las palabras son un calco al castellano. Te pones a leer una carta en un restaurante, y sin ayuda, eres capaz de saber más o menos, por dónde van los tiros. Los carteles de las tiendas, los subtítulos de la tele... Coño, y es que el mundo cirílico es tan complicado. Era tan difícil encontrar cualquier cosa, que, a veces, directamente desistía, sólo por vagancia.

Paro a comer rápidamente una hamburguesa en un garito a pie de carretera. Muy buena, por cierto. El dueño me comenta que hace media hora aproximadamente, han parado dos motos con matrícula española, pero que ya se han ido, y desconoce el rumbo que han tomado, no les ha preguntado. Qué pena, hubiera sido un puntazo parar a comer y coincidir con viajeros españoles. No es fácil encontrarte con paisanos en estos lares.

Se están formando unos nubarrones inmensos en cuestión de minutos, y el cielo se está poniendo cada vez más oscuro. Creo que voy a tener que ir sacando los remos, qué pereza, ¿no? 

Aunque no lo parezca, eso que hay tras
la cortina de agua, es un coche.
Empieza a caer agua, poquito al principio, y hasta en tres ocasiones, para y me da unos kilómetros de tregua, pero a la cuarta se abre el cielo y empieza a caer agua en cantidades industriales. Paro en el primer edificio que veo. Parece una especie de área de servicio, pero sacada de una película de terror. Hay un porche, y sin más contemplaciones, meto la moto hasta dentro. No me he mojado demasiado, pero ahí fuera está cayendo agua a litros. Se empieza a acumular agua en la carretera, y de los campos colindantes también salen ríos de agua que se va acumulando y hace que la vía sea cada vez más peligrosa, incluso para los coches. Se está liando una buena.

Yo me siento en un banco que hay al lado de la moto, a esperar pacientemente, a ver cuánto tarda en parar. A mi lado se sienta un agricultor, que por señas me indica cual es su tractor. Lo ha dejado en medio del campo que está enfrente, y ha venido a refugiarse igual que yo. Poco después llegan dos compañeros más, y mantenemos un diálogo de besugos de lo más cachondo. Muy majos, sobre todo el primero, y aunque no nos entendemos un carajo, lo pasamos de maravilla. Se acaba probando mis gafas, nos hacemos fotos, me pregunta mil chorradas sobre la moto... Me la cambia por el tractor... Ssssshhhhh!! Hasta aquí hemos llegado!! Eso ni en broma!! A mi gordita no la cambio yo por ná!! Vamos, hombre!!
Mis nuevos amigos rumanos

Al final hasta sale el sol, pero me dicen que no salga aún, que la tormenta va en la dirección en la que voy yo, y la voy a alcanzar. Y tienen razón, así que me quedo un rato más con ellos, haciendo el ganso. Mientras esperan y para aprovechar bien el tiempo, se han sacado unas cervezas y se las están tomando tan ricamente. Me ofrecen una, pero también por señas, les digo que no puedo, que aún me quedan unos kilómetros y no me la juego. 

Un ratillo después, cuando ya las nubes amenazantes se han alejado lo suficiente, dejo a mis colegas agricultores, y sigo mi camino.

Se ha liado una bien gorda. Hay muchos tramos inundados, por los que los coches tienen serio problemas para pasar, y se están formando unas retenciones alucinantes. Yo, con la moto, paso sin problemas, y voy avanzando más rápido. 

Al final, llega un momento que el tráfico está completamente parado. Yo sigo por el carril izquierdo. Vaya lío hay aquí montado. Al final veo lo que ha pasado. Ha habido un accidente, y los coches se han quedado cruzados, bloqueando la carretera en ambos sentidos. Ya pueden quitar rápido esos coches de ahí, si no quieren que esto se les vaya de las manos. Yo, poco a poco, me meto entre los coches accidentados y paso sin mayor problemas. Ventajas e inconvenientes de ir en moto.

Tiro hacia adelante, y durante muchos kilómetros, voy solo por la carretera. Con el atasco que he dejado atrás, no viene ni Blás. Una cosa que me llama la atención es que en esta carretera, que es de un solo carril, hay un arcén más ancho que de normal, pero tampoco llega a la anchura de un carril. Pues bien, ellos lo usan como un carril adicional, y si alguien te quiere adelantar, tú te apartas, le dejas pasar, y vuelves al carril. Es una versión un poco más evolucionada de lo que es el estilo ruso: allí lo hacen a las bravas, o te quitas o te quito. Vale, vale, ya me quito...

Con la tormenta que ha caido, y el sol que ha salido ahora, salen a relucir todos los olores del campo rumano. ¡Qué delicia! Levanto la mentonera para disfrutar al máximo de estas fragancias. Es uno de esos ratos de disfrute máximo encima de la moto, sobre todo después de la tensión del tormentón.

Llego a Bucarest, y como el señor que va dentro del GPS ha decidido suspender la huelga, llego al B&B sin problemas. Es una casa donde viven padre e hijo, y tienen un apartamento junto a su casa que lo alquilan por habitaciones. Estoy yo solo, o sea que todo para mí. Genial. Desparramo todos mis cacharros por la habitación, como siempre, y a cenar al restaurante que me ha recomendado Radu.

A la vuelta, veo un cartel pegado en una cabina de teléfonos destartalada que me deja ojiplático. No voy a hacer más comentarios. Os pongo la foto... Eeyyyy!!!







Duermo como un pequeño lirón, y me despierto como nuevo. Hoy me voy a dedicar a hacer el haragán. Turismo, paseos, fotos y cervecitas. Ese es el plan. Ni más ni menos. Ya me toca un día de calma, que llevo unos días de mucha marcha y el cansancio va haciendo mella.

Os dejo unas fotos. Luego, si eso, me las devolvéis...


















































Y después de estar un rato en la habitación, descansando y poniéndome al día, vienen Radu, su padre y su perro Maxi, y resulta que me han preparado la cena. Mich, o como se escriba, carne especiada que está buenísima, bien regado con la correspondiente cerveza. Un gustazo de gente. Hay días en los que todo sale bien y te sientes con suerte. Hoy ha sido uno de esos días.

Mañana la Transfagarasan. ¡Dios, qué nervios! Besos y abrazos.

¡Buen equipo!



2 comentarios:

  1. No cambia nada de Bucarest a la zona rural ehhh Aitor. Hoy por fin he podido leer una crónica tuya coñooooo. Vsssssssssssssssssss

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