Páginas

viernes, 13 de junio de 2014

KHERSON - CHISINAU


Ver mapa más grande

Para una vez que pillo desayuno incluido, lo tengo que rentabilizar. Lo cierto es que por 20 euros, he dormido en la mejor habitación de todo el viaje. Y ahora en el buffet mañanero, no veas la que estoy montando. Se me acumulan los platos que parece que no he comido en toda la semana. Oye, pues si no quieren tragaldabas, que avisen antes, ¿no? Ahora ya es demasiado tarde. El que venga detrás, que arree.

Tengo unos 400 kms hasta Chisinau, así que me lo tomo con calma y perreo en la habitación, descansando y poniéndome un poco al día con el blog, las fotos, los vídeos... pero está la cosa complicada, se me está amontonando el trabajo y tengo un lío soberano. Ya verás en casa, para cuando ordene todo esto...

Dejo el hotel a las 12, más o menos, apurando el check out, y hasta pago las 2 botellas de agua que me he bebido del minibar, no hago como de normal, que me piro sin pagar. Habitualmente no tengo minibar, y cuando tengo, ni lo toco, pero ayer tenía una sed bárbara, y al agua del grifo sabía a rayos. Encima aquí los precios están tirados. Ayer cené cojonudamente con su medio litrito de cerveza por el módico precio de 8 euros, en un sitio más que decente.

Dije que ya no había presencia militar por esta zona, pero me equivoqué. Supongo que depende de la cercanía a cualquiera de sus fronteras, porque conforme me voy acercando a Moldavia, cada ciudad que atravieso tiene montado unos controles fantásticos. En cada uno veo alguno cosa nueva: una metralleta de esas enormes con su trípode, tanquetas de todas las formas y colores, uniformes de todo tipo... Pero no me paran en ninguno. Supongo que no doy el perfil de terrorista checheno, que igual es lo que andan buscando... O no...

Antes de llegar a la frontera, veo a mi derecha lo que parece un salar. Veo la entrada, hay huellas de coches, por lo que parece practicable. Para adentro. El sitio es bonito, hay familias pasando el día , e incluso alguno está dándose un baño, untándose el cuerpo con sal, que no sé si será muy bueno, pero supongo que sí. Tontos no serán, digo yo. Tampoco es el salar de Uyuni, no os vayáis a pensar, pero bueno, es un salar. Es divertido rodar por aquí. Intento acercarme un poco más al agua, pero la rueda delantera se empieza a hundir, así que, no sin poco esfuerzo, consigo salir de ahí y aparco en suelo más o menos firme. Un rato admirando el paisaje y seguimos ruta.

Cosas así están a la orden del día...
Aparece la frontera. Como a lo largo de todo el día, está todo fuertemente protegido, pero los trámites aquí son rápidos. En todas las ocasiones que he cruzado la frontera ucraniana, el papeleo ha ido como la seda, y los policías han sido incluso amables, cuando menos, correctos. Me voy con muy buena impresión de este país. Es una pena que la situación política sea la que es, porque es un país altamente recomendable para el turisteo: bonitas ciudades, paisajes espectaculares, gente amable, precios bajos... ¡Qué más se puede pedir! Pues puestos a pedir, que desaparecieran los controles militares, y se quedaran sólo los de velocidad, que con eso ya es bastante. A ver si se resuelve la situación, porque éste país me lo apunto en la libreta de países a revisitar.

Tras varios kilómetros en tierra de nadie, llego a la barrera moldava. Aquí les cuesta un ratillo más, aunque sin problemas, bastante amables. Al ir en moto, tengo que pagar 35 lei por una tasa ecológica o no sé qué gaitas. Al cambio, no llega a 2 euros, no es dinero, pero me hace gracia a mí todo este tipo de impuestos ecológicos para engordar las arcas, y luego de la ecología no se acuerda ni su puta madre. Como las bolsas de plástico de los supermercados. Ahora las cobran por el medio ambiente, tócate los pies. ¿Qué pasa, que al cobrarlas, el plástico se descompone antes y no contamina? ¡Venga, hombre, no me hagáis reír, sinvergüenzas!

Como no tengo moneda moldava y no aceptan tarjeta, tengo que cambiar pasta. Me dicen dónde puedo hacerlo. Voy a la ventanilla y me encuentro a una señora que parece que se acaba de levantar de la siesta, y creo que no estoy muy equivocado, porque veo al fondo un sofá todo arrugado al que parece que le acaban de dar una paliza. No nos entendemos. Yo le digo que quiero cambiar 50 euros y de paso, pagar la tasa ecológica (por lo visto, esta señora se encarga de todo, multifuncional, vaya) Yo creo que ella me entiende otra cosa, piensa que sólo quiero pagar la tasa, y no me quiere dar tanto cambio. Tras unos cuantos minutos de danza de la lluvia, vuelvo donde el poli, que habla un poco de inglés, y ya conseguimos entendernos. ¿A que no era tan difícil? Bueno, señora, no se preocupe, le perdono, cualquiera entiende que nada más despertar de la siesta, la cabeza no funciona como debe. Ya está, ya está, no me llore...

Finalizado el trámite burocrático, ya estoy oficialmente en Moldavia, y como siempre, paro en el primer cartel que encuentro para la foto de rigor. Lo cierto es que el cartel no está muy alejado de las barreras, y cuando me bajo de la moto y empiezo a grabar el vídeo, viene corriendo una policía gritando no sé qué, para que deje de grabar. Se vuelven un poco locos en las fronteras con las jodidas cámaras. El caso es que me dice que quiere ver lo que he grabado. A ver, niña, que sólo quería grabar el cartel este tan chulo que tenéis a la entrada de vuestro bendito país, que no grabo la frontera. Quiero verlo, quiero verlo. Pues no puedes, porque esta cámara no tiene pantalla, y grabo a ojo, así que tú verás. 

Agarra la cámara y se la acerca al ojo. Mira a través del objetivo. No se ve nada. Mira a través del tornillo del trípode. Tampoco se ve nada. Mira por la parte trasera. ¡Maldita tecnología! Con lo fácil que era cuando confiscábamos el carrete y punto. 

Y eso es lo que a mí me da miedo, que por esta chorrada, la señora policía decida que me confisca la cámara. Eso sí sería una putada, y de las gordas. Pero no, al final entra en razón, me devuelve la cámara y se marcha mascullando algo así como "jodidos extranjeros, siempre tocando los ovarios..."

Ya me ha jodido la foto, ahora a ver quién es el guapo que saca la cámara. En fin. Me piro.

Dirección Chisinau, la capi. Los primeros kilómetros la carretera está un poco descuidada, pero practicable, y enseguida va mejorando. Veo un país rural, agrícola, con pueblos pequeños y gentes sencillas, que venden sus productos al borde de la carretera. Los paisajes son preciosos, y el tiempo acompaña. Disfruto muchísimo durante un montón de rato. Estos son los momentos que merecen la pena. Las tanquetas han desaparecido, y aquí las únicas armas que se ven son las azadas de los agricultores. Maquinaria, poca, aquí a mano, ¡rediós! Estos parecen del mismo Bilbao, ostias...

Son ciento y pico kilómetros los que me separan de mi destino de hoy, los hago tranquilo, relajado, admirando el paisaje, parando a hacer fotos, recorriendo alguna pista facililla. En fin, disfrutando.

Al llegar a Chisinau, me toca preguntar. El señor que va dentro del GPS se ha declarado en huelga, dice que está harto de currar todos los días de sol a sol, que le estoy explotando, y que ha cogido los mapas de Moldavia y los ha destruido. ¿No será cierto? Lo es. Mecachis. Pues nada. Eso ha contribuido mucho a que disfrutara del trayecto como a la vieja usanza, preguntando a la gente, y sacando a pasear el mapa de papel. Se me había olvidado la sensación, pero...¡qué gustazo! Si cuando digo que la tecnología nos vuelve gilipollas...

Llego a la zona donde más o menos debe estar el alojamiento, pero no lo encuentro, así que a preguntar. Veo a una pareja de jóvenes, que siempre hay más probabillidad de que hablen inglés que los mayores, y estos se defienden. Me ayudan durante un rato pero no hay suerte. El número 88 no aparece por ningún lado. Al final les digo que no se preocupen, que ya me apañaré. Me estaba dando vergüenza, llevaban conmigo un cuarto de hora. Sigo dando vueltas con la moto, y sigo sin tener suerte.

Es eso, veo a la pareja de antes que me hace señas desde una esquina, a lo lejos. Me acerco y me dicen que han buscado por su cuenta y que ya lo han encontrado. Me llevan hasta la misma puerta. ¡Viva la gente! Estas cosas me dan un subidón que alucinas. Sigo diciendo que esto es lo mejor de viajar, lo que hace que siga creyendo en la raza humana, estos pequeños detallitos...

Ceno una ensalada, una pizza enorme, cervezaca de 750 y postre por 7 euros... Esto promete.

Hasta la próxima. Besos y abrazos.



1 comentario:

  1. Oye majo, q yo je llevado a,más de un peregrino por villava y soy de francés.... No sólo son majos los de Moldavia, en villava somos majisimos... Gracias por contarnos tus aventuras. Besos

    ResponderEliminar