Páginas

sábado, 7 de junio de 2014

KIEV - VORONEZH - VOLGOGRADO


Ver mapa más grande


Los próximos 3 días me toca hacer kilómetros. Vuelvo a entrar en Rusia y bajo dirección sur hacia Vladikavkaz, última ciudad antes de llegar a la frontera con Georgia. Antes pasaré por Voronezh y al día siguiente Volgogrado. No me queda tarea que digamos, madre mía!! Pero, ¿a qué hemos venido aquí? Pues eso...

Antes de dejar Kiev, me acerco de nuevo al Maidan, esta vez con la intención de pasear por dentro de la plaza, si me lo permiten. Le pregunto a un señor que pasa por allí y me dice que sí, hombre, que sí, adelante, hasta la cocina...

Pues nada, así lo hago... Como ayer ya colgué el vídeo, no me extiendo más. Entre las fotos y el vídeo, creo que os podéis hacer una idea de lo que se cuece por aquí...

Hoy, como tengo unas cuantas horas de moto, me encajo los tapones y me pongo la música a todo gas, así no escucho el sonido del aire, pero sí escucho la música y se me hace mucho más ameno. Van a ser unas doce horas encima de la moto, teniendo en cuenta que tengo que cruzar la frontera rusa de nuevo, y casi con total seguridad, me va a costar un rato hacerlo.


Voy tan entretenido con mi musiqueta, que para cuando me quiero dar cuenta, me encuentro con las vallas ucranianas de la frontera, y no hay nada allí donde gastar los últimos billetes que me quedaban, así que, con cara de tonto me quedo, y los billetes al bolsillo de las monedas olvidadas. Voy acumulando las monedillas que me sobran, no sé muy bien para qué, de recuerdo, supongo, aunque seguramente permanezcan en un oscuro cajón el resto de sus aburridas vidas. Bueno, ya no son sólo monedas, ahora también hay algún billete, poca pasta, pero me jode. Podía haberle puesto unos litrillos de gasolina a la moto, o comprarme cualquier pijada. En fin. Tarde.

Los trámites con los ucranianos, sin problema. Va todo bastante rápido. A la hora de entrar tampoco se complicaron mucho la vida, pero lo que siempre digo, cuando sales, le pasan el marrón al de la barrera de enfrente, y por eso va más rápido... Digo yo...

Sellito al pasaporte y mira, chaval, ¿ves las barreras que hay allá al fondo, detrás de nuestros bloques de hormigón y sacos terreros? Claro que sí. Pues son los rusos, majete, así que buena suerte y que no te pase nada.

Y allá voy yo. Hacia los rusos. Antes de llegar siquiera a la primera ventanilla hay una cola de unos 15 coches, todos con el motor parado, y mucha gente fuera de los vehículos intentando sobrellevar el calor sofocante que cae del cielo.

Si tengo que esperar aquí atrás semejante cola, me da algo, literalmente. Sin parar el motor ya estoy sudando como un pollo, con todo el traje de astronauta encima. Si tienes una caída es lo que te salva, desde luego, pero el resto es un auténtico coñazo el tener que andar todo el día con todo puesto.

Decido echarle un poco de morro y si cuela, cuela. Me meto por la izquierda y, poco a poco, con disimulo (yo creo que hasta voy silbando) me planto adelante del todo. Me bajo decidido, saco la documentación y me voy a la ventanilla. Todo esto como si fuera lo más normal del mundo. Me acabo de pegar la colada del siglo y nadie ha dicho esta boca es mía. Supongo que al ser una moto, les da igual uno más que uno menos.

A pesar de todo, me parece que va para largo. Los de la primera ventanilla me dicen que puedo pasar el tercero. No está mal, del decimosexto al tercero, así, de regaliz. Por si acaso, me voy quitando todo, saco la botella de agua y el gorro de ala ancha, que no lo uso mucho, pero cuando lo hago, me salva la vida. Ni más ni menos.

Unos cuarenta minutos después (sí, sí, has leído bien, 40 minutos!!) algo se mueve al otro lado. Pasamos los 4 primeros. Yo, que para esto tengo una suerte especial, me toca el gilipollas. Ya tuerce el morro cuando ve que no hablo ruso, y sus compañeros se cachondean de él. Te ha tocado el guiri, Vladimir, buena suerte, con lo majo que tú eres. Callad cabrones, a este le jodo yo por el vodka que no me he podido terminar.

De muy malas maneras, me va gruñendo lo que hay que hacer, que más o menos ya lo sé de la otra vez, pero que se joda y me lo explique otra vez.

Es muy común que cuando no te entiendes con alguien, tiendas a hablar despacio y a gran volumen con la esperanza de que así, por ciencia infusa, el otro va a empezar a entender tu idioma a la perfección, pero salvo contadas ocasiones, eso no funciona, y hay que apelar a la buena voluntad para entenderse.

Bueno, pues este payaso tiene de todo menos buena voluntad, y no sólo grita, sino que la cara que pone de mala leche no es ni medio normal. Yo le ignoro y sigo a lo mío. Incluso dejo de hablar en inglés, total, para lo que sirve. Cada vez que tengo que decirle algo, se lo digo en castellano, y de paso, me cago en su puta madre, y como no me entiende ninguna de las dos cosas, aún se cabrea más. Ya digo yo que me ha tocado el tonto de la clase. Para otras cosas, tengo una suerte bárbara, pero en los pasos de frontera, siempre me toca algún gilipollas acomplejado.


Sin más, tras un buen rato de aquí para allá, consigo todo lo que necesito, y  esto termina. Pero entre unas cosas y otras, han sido casi 2 horas de reloj. ¡Qué coñazo!


Empiezo a rodar y entonces me doy cuenta que comienzan de nuevo los adelantamientos suicidas. No me había dado cuenta, pero a posteriori, veo que los ucranianos conducen bastante mejor que los rusos, y el porcentaje de  población en general que habla inglés es mucho mayor. En Ucrania no he tenido ningún problema en encontrar gente que hablara idiomas, y además, con bastante buen nivel.

A lo que iba, los adelantamientos ya no me afectan. Te acostumbras a todo, y ya los veo venir y simplemente me aparto sin darle mayor importancia. Que se maten ellos solos más adelante, si quieres.

Me fijo en algo curioso. En todos los pueblos hay una red de tubos amarillos repartidos por todas las calles y que llegan a cada casa. Por lo visto, es su sistema de calefacción. Una caldera enorme que calienta el agua, y luego, usando esa red de tubos que os digo, la reparten por todo el pueblo. Bastante ingenioso y soviético al cien por cien.

Poco antes de Voronezh me toca repostar, que si no, no llego. Estoy en las últimas. Tampoco hablan ni papa, para variar, pero yo ya estoy en esa dinámica en la que ya he perdido la vergüenza por completo, y me dedico a hacer la danza de la lluvia con las dos dependientas y el de seguridad, que entre los 3 sumarán 200 años, sin exagerar. El segurata trae un mapa de los de la tienda y me pide que le enseñe la ruta que estoy haciendo. Sí, hombre, sí, yo encantado. Nos podemos pegar toda la tarde.

De ahí al hotel, a descansar, que mañana también hay mambo.

El desayuno no lo tengo incluido, así que me toca pajarear un poco a ver qué encuentro. Compro un par de bollos de hojaldre rellenos de mermelada de frutas del bosque que están para chuparse los dedos. Me los como de pie, en unas mesas altas, al lado de donde he aparcado la moto. Se acercan un par de curiosos, parecen padre e hijo. ¿Estonia? No, agua. Prueba más al sur. Todo el mundo piensa que soy de Estonia, por la matrícula. Nadie relaciona la E con España, pero es curioso, cuando les digo Spain, tampoco entienden. Entonces digo España con el acento más castizo que me sale, y entonces se les ilumina la cara: ¡Ooooohhhh! ¡Ispanya! Da, da, espasiva tovarich. Entonces atan cabos, y es cuando vienen las preguntas que yo no entiendo y a las que respondo lo que me sale de los huevos. Pero pasamos un buen rato. Al final, apretón de manos y tan amigos. Son buena gente, en general, estos rusos. Me están cayendo bien.

Me llama la atención la cantidad de animales muertos que hay al borde de la carretera. Entre gatos, perros, garzas, y una especie de zorrillo pequeño que he visto, habré contado varias decenas a lo largo del día. Caen como moscas. No sé cuál es la razón del elevado número, pero me ha llamado la atención.

Lo de abajo son personas,
para que veáis la proporción
La mayor parte del día de hoy la hago en torno a los 35º de temperatura. Mira que yo soy de calor, pero esto ha sido demasiado. Si esto sigue así, no se qué va ser el resto de países, pero me veo comprando una neverilla para el agua. Buff!!

Una vez en Volgogrado, me instalo, ducha y a la calle de nuevo. Voy a ver la estatua de la Madre Rusia (Mamáyev Kurgán). Ya me habían advertido que es muy grande. Pero es que esta gente no sabe hacer las cosas a medias. Mide más de 100 metros, la jodida, y la verdad que es imponente. Se ve desde cualquier punto de la ciudad. No han escatimado en piedra para homenajear a la patria.

Cenita en un restaurante al azar, donde me pongo morado, porque durante el día, lo he ido dejando, lo he ido dejando, y al final no he comido más que mierdecillas, o sea que ahora tocaba un merecido homenaje.

Mañana Vladikavkaz, último día en Rusia. Esto va que vuela, señores y señoras. Hasta la próxima. Besos y abrazos.





1 comentario:

  1. Amigo, tubo de color amarillo a lo largo de las calles - una tubería de gas!!!

    ResponderEliminar