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viernes, 8 de mayo de 2015

CAPADOCCIA DE MIS AMORES


A la luz de la luna llena


 En Konya he dormido en un hotelazo. Sé que va en contra de mi religión, pero teniendo en cuenta que el precio era irresistible y que no voy a dormir en camita las dos próximas noches (una en la tienda y la otra en el ferry a Chipre), creo que me podía tomar esa licencia. Todo por el bien de mi espalda, que la necesito sana por lo menos un mes más. No me lo tengáis en cuenta. No volverá a suceder. Palabrita del niño Jesús.

Arranco la moto bien descansado y bien limpito, que también tiene su importancia. Dirección: Nevsehir, capital de la Capadoccia. Ya estuve en esta zona hace dos años y me gustó mucho (bueno, nos gustó. En aquella ocasión viajaba con Elma) Pero desde entonces, cada vez que me viene al pensamiento esas formaciones tan típicas del lugar, me imagino despertando en medio de todo eso, flipando en colores, y hartándome de hacer fotos, tanto de día como de noche. Así que ese es el plan. Ahora sólo tengo que llegar y buscar un buen sitio donde poner el huevo.

Hoy no tengo que recorrer demasiados kilómetros, así que me lo tomo con muchísima calma, despacito, mirando el paisaje y dejando que el aire me dé en la cara. Al parar en una gasolinera, el chaval que me atiende no para de mirar la moto y sonreir. No habla nada de inglés. Lo mismo que yo de turco, así que, como siempre, toca comunicarse con el lenguaje universal de los signos: pulgar hacia arriba, empino el codo...vamos, lo de todos los días. Pero de repente, el chaval, sorpresivamente, suelta la palabra mágica: ¿Çay?. Hombreeeee!!! Claro que sí!! Haber empezado por ahí. Da gusto que te traten así. No es una costumbre exclusiva de las gasolineras  turcas, muchos países musulmanes tienen el deber de cuidar y acoger al viajero, por eso de estar fuera de casa y tal, pero al viajar en moto, te toca parar aquí a menudo, así que suele ser el sitio más habitual donde te ofrezcan çay.

Nos sentamos alrededor de una mesita muy cuca que el chaval tiene ahí montada, con su azuquitar y todo. Seguimos sin entendernos, pero la vida se ve de otra manera con una bebida entre las manos. Al rato nos despedimos sin tan siquiera saber nuestros nombres, pero, oye, un rato la mar de agradable.

Llego a Nevsehir sobre las 4 de la tarde. Recorro el pueblo a ver un poco el ambientillo. Como siempre, petao de turistas de todos los colores, así que antes de que me salga la urticaria, me piro. Me dirijo a Avanos, que es el pueblecito donde nos alojamos la vez anterior. Tengo localizados por aquella zona un par de sitios que quiero investigar, a ver si encuentro algo decente. 

Pero antes de llegar, desde la carretera, veo unas pistas que tienen muy buena pinta y se adentran en territorio capadócico. Vamos a enredar. Son pistas de arena pero se puede rodar perfectamente sobre ellas, sin mayores problemas. 


Después de estar un buen rato dando vueltas, y encontrar varios posibles sitios donde plantar la tienda, subo a una loma desde la que se aprecia la zona en todo su esplendor. El día es estupendo. Hay alguna nube, pero el sol brilla bastante, no hay viento y la temperatura es genial. Yo creo que voy a tener una buena noche para dormir al aire libre. Ahora me toca esperar un rato, hasta que desaparezca de aquí todo el mundo. Hay un montón de empresas que se dedican a alquilar quads a los turistas y hay demasiada gente dando vueltas en esos endemoniados cacharros. Prefiero que esto esté un poco más tranquilo cuando empiece a sacar los bártulos. Cuando acampo por libre, me gusta hacerlo de manera discreta, porque nunca sabes quién te puede ver y qué intenciones puede tener.


A lo lejos veo una moto que se acerca. Viene directo a donde yo me encuentro. Se trata de Melih, un viajero turco con su BMW F800GS que está volviendo a casa desde Irán. ¡Casualidad! Me dice que ellos también están buscando un buen sitio para acampar ¡Casualidad entre las casualidades! Digo ellos porque más abajo está Tolga, amigo de Melih, que está esperandole en el coche. Sí. Coche. Resulta que Tolga es guía turístico, y vive en Goreme. Melih, a la vuelta de Irán, ha venido a verlo, y han decidido que era un día fantástico para pasar la noche en el medio de la Capadoccia, así que han comprado comida y bebida y están a la caza y captura de un sitio donde poner el huevo. Tolga ha venido en coche para traer la infraestructura, pero también es motero. Tiene una Triumph Tiger 800. Me dicen a ver si quiero unirme a ellos... Estoooo, vamos a ver, ¿quién soy yo para rechazar una invitación así? ¡Pues claro que me acoplo! Y, ¿cuánta cerveza dices que traéis?...

El sitio elegido para acampar... Mola, ¿no?
Entre Melih y yo decidimos el sitio, mientras Tolga nos espera en el coche. Estando tres tíos, ya no es tan importante el tema de la discreción, así que simplemente buscamos un sitio llano y mullido para montar todo. Tolga llega hasta donde puede con el coche, y entre los tres subimos las cosas... Joder, han traido hasta un saco de leña para hacer fuego... Te cagas!!! Me parece que hoy es uno de esos días donde tienes la suerte de cara. 


A la vez que montamos el campamento, vamos haciendo alguna foto. El sol está bajando y la luz a esta hora es buenísima. También vamos preparando el fuego, que algo habrá que cenar, digo yo... Han traido muslos de pollo y pinchos morunos para la China Comunista. Desde luego, hambre no vamos a pasar. También patatas y cebolla para envolverlas en papel de aluminio y echarlas a las brasas... qué recuerdos, eso hacíamos cuando era crío, pero hace siglos que no me como una patata así. Y pensar que yo tenía una lata de alubias rojas para calentar en el hornillo...


Se hace de noche y la temperatura baja considerablemente, pero alrededor del fuego se está de maravilla. Cada uno cuenta sus batallitas, y Melih me da un montón de información útil sobre Irán. Me da hasta miedo. Dice que es como retroceder 50 años en el tiempo. Y yo me pregunto: si a mí, al conocer Turquía, me da la sensación de que retrocedo 50 años, ¿qué significa que un turco me diga que el viajar a Irán es como retroceder otros 50 años? Ya me veo en mitad del siglo XIX... 

Lo cierto es que son dos tíos majísimos y hemos conectado muy bien. No se puede pedir más.

Sacan un licor que se llama raki, del que yo no había oído hablar. 45º tiene la bomba. A mí me recuerda al Ricard que beben los franceses mezclado con agua. Bebo un par de sorbos y discretamente dejo el vaso a un lado y ya no lo vuelvo a tocar. ¡Qué puto asco! Pero a ellos les encanta, oye. Cada uno se mata como quiere. A mí pásame una cervecita de esas tan ricas que tienes a mano, que ya me apaño yo.


Cuando llevamos un buen rato comiendo y bebiendo, y charlando y riendo, vemos una linterna que, poco a poco, se va acercando. ¡Coño! ¿Quién viene a estas horas por estos lares? Son tres militares que al dar la ronda habitual, han visto el fuego y se han acercado a ver quienes eran esos tarados. Yo ya les había preguntado a ver si no estaba prohibido hacer fuego en un sitio así, y me responden que sí, claro que está prohibido, pero me dice Tolga que él es turco y que vive en el pueblo, que no me preocupe. Pues si no te preocupas tú, ¿por qué me voy a preocupar yo, no?


Y allí me encuentro yo, en medio de la Capadoccia, alrededor de un fuego, con la moto y la tienda a mi lado, y con 5 turcos hablando entre ellos a toda ostia, 3 de los cuales van armados hasta los dientes. ¿Es de circo o no es de circo?

Al final, Tolga tenía razón, y los militares no sólo se pasan la prohibición de hacer fuego por el forro, sino que, además, ni cortos ni perezosos, se sientan a nuestro lado y empiezan a comer el pollo que quedaba. Tócate los cojones, Mari Loles!! Más vale que mis compis habían traído comida por un tubo. Yo creo que esto lo tenían planeado... o quizá, no.

A todo esto, Tolga, que lleva un buen rato dándole al raki, ya se le está subiendo a la cabeza, y yo, aunque no entiendo un carajo de lo que dicen, veo que los ánimos se van caldeando. Melih, por lo bajini, me dice que se han puesto a hablar de política. Ya me parecía a mí que del mismo partido no eran, no.

Sobe todo uno de los militares, el mando, se le ve que está calentándose cada vez más, y el cabrón de Tolga dándole caña. Ya me veo yo a golpes entre todos, y sin saber a qué partido votar.


Al final, se marchan. Mejor. Ya me estaban calentando la cabeza entre unos y otros. Cuando se van, Tolga se muere de la risa. Me explica que él también ha sido militar, y que no le va a venir un niñato a decir estupideces, por mucha pistolita que lleve. Vamos, como está mandao!!

Después de todo esto, nos han dado casi las dos de la mañana, y quiero levantarme temprano para ver los globos que sobrevuelan la zona: son un montonazo y debe ser un espectáculo increíble. Además, no estamos lejos de la zona de despegue. Cada uno se mete a su suite, y a soplar un poco.



Duermo como un niño hasta que me despierta el sonido que emiten los ventiladores gigantes que hinchan los famosos globos, así que salto del saco y agarro la cámara. Yo esto no me lo pierdo. Click, click, click... no puedo parar. Hay como cien globos. No puedo perder el tiempo contándolos, pero son decenas. Espectacular.





Al volver, veo a Melih que también ha estado por ahí disparando. Tolga sigue en la tienda, roncando como un oso. El raki de ayer lo ha dejado doblado. ¡Qué máquina! Al rato se levanta con una resaca de mil pares. Un cafecito y como nuevo. Recogemos el campamento y me invitan a re-desayunar a casa de Tolga, que vive a 15 minutos. Y después, aunque no me pilla de camino, vamos a visitar el mayor Karavanseray de Turquía. Tolga quería rodar unos kilómetros conmigo antes de despedirnos.


Un karavanseray es un edificio donde, hace una pila de años, los viajeros de la ruta de la seda hacían sus paradas y pernoctaciones. Están separados unos de otros unos 30 o 40 kms, que es la distancia que podían recorrer los camellos en un día. La mayoría están en ruinas, pero hay algunos que están rehabilitados.Este en concreto es el de Sultanhani, y data de 1229, creo. Vamos, antes de ayer.


Después de esto, cada mochuelo a su olivo. Tolga se vuelve a casa, Melih continúa ruta hacia Kusadashi, su ciudad, y yo me dirijo hacia Tasuçu, a ver si consigo un billete para Chipre. Nos damos un fuerte abrazo de despedida. Sólo ha sido un día, pero lo hemos pasado fantástico y nos hemos reído mucho. Así da gusto viajar, claro que sí. Muy buena gente estos turcos. Un abrazo, allá donde estéis...

Yo hago el trayecto hasta Tasuçu sin parar. Quiero llegar cuanto antes, a ver qué me encuentro. He mirado billetes por internet y lo más barato que he encontrado ha sido 300 pavos. Una barbaridad. Si no encuentro algo más ajustado, ya le pueden ir dando por culo. Voy al puerto y de allí me mandan a una empresa que tiene las oficinas en el centro del pueblo: Arkgunler Shipping. Le pregunto a un taxista que anda por ahí, y el tío me suelta el típico "¡sígueme!" y me lleva hasta la puerta. El tío ni para, me lo señala desde su coche. ¡Qué salao!

Ya en la oficina me dan una buena noticia: ida y vuelta, 370 liras. Al cambio actual, unos 120 pavos. Me sirve. Vete preparando el billete, niña, que me voy pa Chipre. Hay que decir que la lira se ha deavaluado algo menos de un 30% desde la última vez que estuve por aquí, cosa que a nosotros nos beneficia, pero para los turcos tiene que ser una putada, porque veo que, por ejemplo, el precio de la gasolina ha subido, pero a mí me resulta más barato. Esto de la macroeconomía no hay dios que lo entienda. En fin, que yo pillo mi billete, me pego una cena en toda regla, y me voy al puerto a embarcar una vez más. No había cogido tanto barco seguido en toda mi vida. Y no he echado la pela ni una sola vez. Un monstruo, es lo que soy.

Travesía nocturna sin novedad. Pillo una butaca larga y le doy una paliza de 6 horas. Agustooo! 


El salir del puerto no es tan sencillo. Además de sellar el pasaporte, pagar las tasas (con las que no contaba) y darme de codazos con todos los camioneros turcos que intentan colarse, los muy cabrones, encima, un tío muy feo y muy grande me da la puntilla diciéndome que la carta verde no es válida en el norte de Chipre y que tengo que comprar un seguro. Una vez más, tócate los cojones, Mari Loles! El período mínimo es una semana y me soplan 50 liras más. Al final me va a salir la torta un pan. Para el que no lo sepa (yo no lo sabía hasta que me planteé el venir aquí) Chipre está dividido en dos: el sur, la parte europea, y el norte, territorios ocupados por Turquía desde 1974. También antes de ayer.


Por fin, salgo del puerto y soy más libre y más pobre, con todos los sablazos que me han metido. Los próximos dos días me dedico a comprobar que Chipre realmente es una isla y que está rodeada de agua por todos lados. El tiempo es inmejorable, las carreteras son buenas y la gente es amable. Me ha gustado más el sur que el norte, no sabría decir muy bien por qué, pero así es. El paso de un lado a otro es rápido y sencillo, sólo mostrando en pasaporte, en un par de minutos estás en el otro lado, aunque con paso pa'quí, paso pa'llá, me estoy quedando sin sitio para echarle más sellos al pasaporte. A ver si no me dan guerra más adelante.


Nicosia, la capi, no tiene nada especial, pero lo que si tiene es un ambientazo de la leche si te apetece salir por la noche a dar una vuelta. Son infinidad los garitos que hay en el centro donde se puede cenar o tomar una copa en una terraza, siendo muy fácil encontrar un sitio que se adapte a tu estilo, porque hay de todo: para jóvenes, para no tan jóvenes, sitios tranquilos, más cañeros, montón de tipos de comida... Vaya, que yo, con un pequeño garbeo que me di, le cojí la medida enseguida, y si no, preguntando a cualquiera, seguro que te aconsejan: la gente me pareció de lo más amable y simpática. Al final, se nota que es un país mediterráneo. Somos todos un calco.






La salida de Chipre hacia Turquía no iba a ser menos caótica, así, por la cara. La única diferencia es que coincido con un viajero motero israelí, que está flipando igual que yo. Pensaba que igual era mi falta de experiencia la que me hacía ver las cosas un poco negras, pero hablando con el compi de batallas, me dice que no ha visto nada igual, y este tío ha recorrido 4 continentes. Ahora se dirige a la Capadoccia, donde se junta con 12 americanos, y se van 2 meses y medio a China. Casi nada. Supongo que manejará pasta, porque para entrar en China con tu vehículo, tienes que llevar un guía contigo todo el tiempo, y lo pagas de tu bolsillo, claro. Aunque si van una docena, los gastos no serán tan altos, pero vaya, un pastizal seguro. De todas formas, hay que echarle valor para emprender viaje con 12 más y esperar que no haya roces y discusiones. Con lo bien que se va solo, que así no discutes con nadie.

El resto de la travesía sucede sin novedad y la salida del puerto no es tan mala como las veces anteriores. O igual es que voy pillándole el truqui, poco a poco.

Mañana tiro hacia el este. No sé hasta dónde llegaré, pero quisiera avanzar un buen trozo. A ver que tal va la cosa. Desde el sur de Turquía, el reportero más dicharachero de Barrio Sésamo se despide de ustedes hasta la próxima, que no tengo ni idea de cuando será. Mientras tanto, sed buenos, o por lo menos, parecerlo...

Abrazaco.

5 comentarios:

  1. Como siempre, genial!!

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  2. Aúpa Aitor!!!

    Otra crónica cojonuda amigo acompañada de unas fotos expectaculares, y que decirte que estando rodeado de cerveza y rubías te envidío gañanicamente hablando...

    ... y lo sabes!

    Cuídate y un fuerte abrazo desde la isla!

    - LULO -

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  3. Como me gusta Turquia a tus ojos,sigue camino con cuidado y buena ruta.

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