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lunes, 11 de mayo de 2015

DE TURQUÍA A GEORGIA EN UN PIS PAS



Lleno el depósito y tras varios días en los que he viajado más en barco que en moto, pillo postura y me meto 500 y pico kilómetros del tirón, para llegar a Nemrut Dagi. Se trata de una montaña donde un tal Antioco mandó construir su tumba, o algo así. Tampoco es que me sepa la historieta muy bien, pero hace tiempo que vi a esos cabezones por ahí tirados en plena montaña y me apetecía hacerles una visitilla. El GPS, como casi siempre, me juega una de las suyas, y resulta que hay varias entradas al lugar. Pues casualidad, el jodido cacharro me ha tenido que mandar por la zona que está en obras. Me dejan subir por ahí de milagro, y me dicen que vaya con cuidado, ya que hay máquinas trabajando. 

Es cierto que a mitad de camino me encuentro a un montón de operarios y unas cuantas excavadoras destrozando el terreno, pero paso sin mayores problemas. En España no me dejan subir por ahí ni en broma, pero aquí te dicen que ya somos mayorcitos, ¿no?, que ya no estamos en el cole. Si quieres subir, sube, allá tú...
Dejo la moto a la altura de un pequeño bar y tienda de souvenirs, agarro los bártulos y ¡venga! Toca hacer un poco de ejercicio. Miro hacia arriba y no veo más que escalones. Muchos. Muchísimos. Y creo que ascensor no hay.

Llego arriba con una sudada considerable, y eso que me lo he tomado con calma, pero entre la ropa y las botas, no veas qué calor, oye. Y esto es lo que me encuentro...



Después de un buen rato haciendo las fotos pertinentes y disfrutando del paisaje, comienzo la bajada, que la hago por un sitio distinto que por el que he subido, y ahora entiendo por qué no veo a nadie por esa zona. El camino está cubierto de nieve y tiene un desnivel considerable. Ya lo que me faltaba era acabar despeñado en una montaña turca...


Estoy ya en pleno Kurdistán, y se nota. Todo ha cambiado. Los pueblos, la gente, su aspecto... Turquía es el país que más kurdos tiene, aunque también hay poblaciones importantes en Irak, Siria e Irán. Así, visto desde fuera, se ve un pueblo muy pobre, anclados un poco en el pasado, subsistiendo gracias a la ganadería. Hay un montón de pastores con sus rebaños, por todas partes, y de todas las edades. Y no te creas que se cortan, si tienen que entrar a la carretera con sus ovejas, allá que van, y sales tú tan contento de una curva y te das de frente con 1000 ovejas, teniendo que hacer uso de toda la tecnología alemana si no quieres acabar con un jersey de lana recién hecho. 

Hay niños de 10 o 12 años al cargo de rebaños enormes, que van de un sitio para otro. Teniendo en cuenta la hora que es, deduzco que esos niños no van a la escuela, y me pregunto qué futuro les espera a estos pobres críos, en un sitio así, alejado de todo, sin estudios, sin posibilidades... La respuesta la obtengo a la salida de la siguiente curva, cuando me encuentro con el mismo pastor, solo que 50 años más viejo, pero con la misma postura, y el mismo perro a su lado. Ese es el único futuro que puede tener un niño aquí. Me da pena sólo imaginármelo.
Como tengo a la burra muerta de sed, paro a darle un refrigerio, pero me encuentro con la sorpresa de que no tienen gasolina, sólo gasoil. Además me pasa una cosa curiosa con los gestos, y es que al pedirle al chaval gasolina me hace un gesto que no entiendo: levanta las cejas a la vez que la barbilla y levanta las manos enseñándome las palmas. Esteeeee... ¿qué? Le vuelvo a decir por señas que quiero que me llene el depósito con gasolina, y me hace el mismo gesto... Coño, me estoy perdiendo algo. Lo intento por tercera vez, y el gesto es el mismo, así que por repetición, deduzco que ese gesto significa que no hay de lo tuyo, que te pires... Y así lo hago. Antes le pregunto a ver si más adelante hay alguna gasolinera con gasolina (que por algo se llama así, ¿no?) y me dice que sí, que tranquilo, chaval, que enseguida...

Oye, pues la siguiente, tampoco. Ni la siguiente. La autonomía de la moto va bajando y yo sin pillar. Al final encuentro una que tiene. ¡Uuuffff, qué alivio! Ya me veía haciendo autostop no sé muy bien a dónde. Sigo sin entender el porqué no tienen gasolina, pero oye, alguna razón habrá.

Al dejar Nemrut Dagi dirección Diyarbakir, y para no perder la costumbre, tengo que montarme en otro barquichuelo para cruzar, esta vez, un río. El trayecto es corto, unos 5 minutos, y el barco está continuamente pasando gente y vehículos de un lado a otro. Al ir en moto, te saltas la cola y nadie dice nada. De todas formas, este cascarón tiene fecha de caducidad, porque están construyendo un puente de mil pares, que acabará con la existencia de esta pequeña reliquia. Hay un grupo de 4 chavales que se acercan por curiosidad y estamos un rato charlando, o más bien respondiendo a la batería de preguntas a la que soy sometido, sin piedad.



Llego a Diyarbakir, y me sorprende su tamaño y su modernidad. Teniendo en cuenta lo que llevaba viendo todo el día, con pueblos pequeños y deprimidos, me encuentro con una ciudad que cuenta con todo tipo de servicios al más puro estilo europeo. Busco un hotel que me ha recomendado mi amigo Ion Artuzamonoa (gracias por la info, titán). Él se alojó allí hace dos años, cuando estuvo recorriendo esta parte de Turquía. Es un sitio sencillo, me dice el tío. Y resulta ser un caravanseray enorme, chulísimo, y cuando llego, tienen montada una gala en el patio que parece eso "jolibud". Pregunto por un sitio para dejar la moto, y me dicen que la llevamos a un parking vigilado. Un tipo se monta conmigo y me da las indicaciones. El cabrón no para quieto en la parte de atrás, y estamos a punto de caer un par de veces, en un trayecto de 200 metros. Me podía haber dicho dónde era sólo con señalar, pero yo creo que lo que quería era montarse en la moto y que le vieran sus colegas, el muy jodido.

Con el jaleo que tienen con la gala famosa, allí no hay quien pare, así que le pregunto a la recepcionista a ver dónde puedo ir a cenar algo. A base de señas y con el traductor de Google, me dice que no me preocupe, que me llevan la cena a la habitación. No jodas! ¿Esas tenemos? Pues vale, porque no me apetece un carajo andar por ahí dando vueltas con la paliza que llevo, así que acepto. Además, el precio es cojonudo.

Palacio de Ishak Pasha
                                                                                                                                                        

Al día siguiente, dejo Diyarbakir con la intención de ver, si es posible, el mítico monte Ararat, cima sagrada donde la leyenda dice que atracó el arca de Noé tras el Diluvio Universal. Me dirijo al Palacio de Ishak Pasha, con la errónea convicción que desde allí se ve la cima mágica... ¡Error! Estaba equivocado, según me confirman los dueños de un camping cercano mientras me invitan a un çay, desde ahí no se ve el Ararat, hay que bordear una montaña que lo tapa.

De todas formas, va a estar complicado verlo, porque está lloviznando y las nubes están bastante bajas. Además, estamos hablando de una montaña de más de 5000 metros que se levanta como una mole inmensa, y ya de normal es bastante complicado verla completamente despejada.

Paro la moto y me quedo esperando un buen rato, con la esperanza de que la diosa Ararat se apiade de mí y mande las nubes a otro sitio, pero no hay suerte. Aquello no tiene pinta de mejorar. Más bien, lo que hace es empeorar, así que lo dejo para otra ocasión, a ver si tengo más suerte.

Enfilo dirección Kars, que es donde tengo pensado dormir, y de paso, visitar las ruinas de Ani, que están cerca. Pues bien, empieza a llover a cántaros, y lo típico que piensas: "bah, para lo que queda, ya aguanto y a ver si para". ¡Error! Yo creo que por cercanía con el Ararat, me cae el diluvio universal de nuevo, y me pongo como una sopa. Llego al hotel calado. Las ruinas, imposible, ni me lo planteo. Se queda también para otra ocasión. ¡Vaya día! Está claro que hoy no tenía la suerte de cara. De todo lo planeado, no he conseguido ver nada. Unas veces se gana, y otras se pierde, pero cuando estás tan lejos de casa, como que jode más...

De todas formas, no tiro la toalla, espero tener la oportunidad de ver estas joyas más adelante, si el plan sigue su curso como debe, así que no hay de qué preocuparse...




Al levantarme sigue lloviendo a cántaros. Me da la sensación de que hoy va a ser un día de esos laaaarrggooooss!!! 

Arranco cuanto antes. He descansado muy bien. Me hacía falta. La lluvia no es constante. Tan pronto llueve como para, y la carretera es muy cambiante, también, así que, entre una cosa y otra, el ritmo no puede ser muy alto. Da igual, ya me he puesto todos los plásticos de los que dispongo, y llega un momento que no importa lo que caiga...

Pero la carretera empieza a subir, y subir, y subir. Y empiezo a ver nieve en el arcén. Y empieza a nevar. Sí, has leído bien. Nevar. Y la nieve empieza a cuajar. Y yo me empiezo a acojonar. Adelanto a un camión que va a dos por hora. Por suerte, llego a lo más alto del puerto: 2550 metros de altitud. La capa de nieve es interesante, pero a baja velocidad no tengo demasiados problemas. Ahora sólo es cuestión de ir bajando poco a poco hasta que suba la temperatura, deje de nevar y la nieve desaparezca. 

En media hora estoy listo de nuevo. Incluso ha dejado de llover. Aquí te dan una de cal y una de arena.

Poco después llego a la frontera con Georgia. Los turcos me dejan pasar rápido. Al acercarme al lado georgiano, lo primero que me llama la atención es el uniforme de los policías y oficiales de aduanas: van vestidos impecablemente bien: zapatos brillantes, pantalones de pinzas perfectamente planchados, las camisas también, letras en la espalda para identificar perfectamente a cada uno... Vamos, todo un alarde. Eso es la primera impresión de un país, y aquí se ve que le han dado la importancia que merece. Según tengo entendido, hace no muchos años, la policía era muy corrupta y convertían el cruzar este país en una pesadilla de paradas para cobrar la mordida. De unos años a esta parte, eso debe haber cambiado mucho, e hicieron una buena limpieza de corruptos y subieron el sueldo a los policías para evitar esos sobornos. Por lo que veo en primera instancia, creo que lo consiguieron...

El paso es agradable y sin problemas, educados en todo momento y siempre con una sonrisa y un "welcome to Georgia". Esto pinta bien, chavales.

La intención es intentar llegar a Ushguli hoy mismo. No va a ser fácil. He perdido bastante tiempo con la nevada, y para más descojono, tomo mal un cruce, y tiro un montón de kilómetros hasta que me doy cuenta. Otra hora perdida.

La carretera que lleva a Mestia está, en general, en buenas condiciones, pero el ritmo no puede ser muy alto, porque aparte del millón de curvas que tiene, muchas de ellas muy cerradas, de vez en cuando te encuentras con tramos que están destrozados, o ha habido desprendimientos, y están sin señalizar, por supuesto. Además, están los animales. De todo tipo: vacas, cerdos, gallinas... Te los encuentras en mitad de la carretera sin previo aviso. Pero al menos, estos no corren detrás de ti como posesos. Para eso ya están los putos perros. En cuanto oyen el ruido de la moto se ponen cachondos, y ya desde lejos los ves que arrancan en un sprint suicida hacia la moto. Pero como locos, oye. En alguna de estas me voy a llevar a alguno por delante y ya verás qué risas nos echamos.

El sol va bajando cuando llego a Mestia. No sé en qué condiciones está el camino que lleva a Ushguli. Lo único que sé es que no está asfaltado. La única pega que le veo es que se me haga de noche sin llegar. No me apetece andar por ahí sin luz, y encima, con la altura, la temperatura baja enseguida. En fin, nadie dijo que fuera fácil. ¡Me la juego!

Arranco y los primero kilómetros son de hormigón, igual que los últimos kilómetros que llevan a Mestia. Pero el hormigón se acaba enseguida y empieza la fiesta. El GPS dice que tengo unos 35 kilómetros por delante, así que paciencia, machote, que esto va para largo. Me encuentro de todo. Piedras, gravilla, tierra seca, barro, riachuelos que atraviesan el camino, baches pequeños, baches enormes, cráteres... Un poco de todo, vaya. Pero lo que no se puede decir es que sea un camino aburrido. El paisaje es espectacular. Hay algún cortado que quita el hipo. No me apetece convertirme en el tonto español que se cayó por aquí con su moto enorme, así que despacito y buena letra. También tengo una experiencia religiosa con un par de perros pastor del tamaño de un elefante, que les apetecía hacer un poco de ejercicio a mi costa. Lo cojonudo es el acelerón que pego, justo metiéndome en un charco, y poniéndome de agua hasta el infinito y más allá. Sufro un chute de adrenalina que para sí lo quisieran muchos practicantes de caída libre.


Poco a poco, voy llegando. El sol ya se ha escondido y entro en el pueblo en penumbra. Como allí no debe ser muy habitual que la gente llegue a esas horas y menos haciendo ruido con una moto, salen unos cuantos chiquillos de la primera casa. Se dirigen a mí en inglés, dejándome ojiplático. Uno de ellos me pregunta a ver si quiero un sitio para pasar la noche. Nos ha salido bromista el chaval. Como para volver por ese camino infestado de perros territoriales estoy yo. Me da más miedo eso, que la oscuridad, fíjate. Y eso que yo soy de los que duerme con una luz encendida por si viene el coco.






El chaval se ofrece a llevarme a casa de su tío, que alquila habitaciones. Venga, majete, que te sigo. Llegamos a una casa que se encuentra a unos 100 metros y aparece otro perro hijoputa de esos, pero aquí no tengo escapatoria, así que le digo al tío del chaval, que acaba de aparecer por la puerta, que a ver si es tan amable de pegarle un tiro a su lindo perrito y así acabamos con el asunto. Me dice que siga, que no hace nada. Sí, los cojones. El típico "tranquilo, que no muerde". Por si acaso, él ni se arrima. Al final, aparco la moto como puedo y el perro se calma.

La casa no es que sea básica. No llega ni a eso. Me dan una habitación con un colchón de esos de lana, del año catapún, que me va a dejar la espalda hecha un cuadro, pero luego veo que ellos tienen los mismos colchones, todos en la misma habitación, que hace las veces de comedor. Sencillez a la máxima potencia. 

Se les ve muy buena gente. Gente sencilla, trabajadora, curtida por los inviernos rigurosos a los que son sometidos. La nieve la tienen en la puerta de casa durante más de 6 meses al año, que se dice pronto. 

Por lo menos puedo disfrutar de una ducha de agua caliente, que lo cierto es que la necesito urgentemente, si no queremos ir todos pronto a dormir.

Después bajo a cenar. Tienen tres niños, de 10, 6 y 2 años, y ella está embarazada. Los niños están cenando un puré de verduras que tiene bastante buena pinta. A mí me ponen comida como para una boda. Sencilla pero en cantidades industriales. Una especia de pizza con queso fundido que está que te mueres, unas verduras con una salsa que no acabo de identificar, yogur para beber, pan, mermelada, té... Y cada vez que acabo algo, me saca más. Eso la mujer, claro. El hombre está sentado con los críos, que ya han terminado de cenar, viendo la tele y partiéndose de risa mientras ve un programa tipo "El intermedio". Aquí sólo habla inglés la niña de 10 años, pero es muy tímida y apenas abre la boca. El resto, nada de nada, así que imaginaos la conversación. Un poco de danza de la lluvia y listo. Poco después, a la cama.

El colchón no es tan malo como parecía y la verdad es que me levanto bastante entero. Ha llovido por la noche, así que a ver cómo me encuentro luego el camino, que si ya tenía trozos con bastante barro, a ver cómo se ha quedado ahora.

Aún es muy temprano, así que cojo la cámara y me voy a disparar un poquillo, que con la luz del amanecer esto se está poniendo de lo más interesante. 

Después de una buena sesión, vuelvo a casa siguiendo el olorcillo que despide el desayuno que ya está en la mesa, listo para ser devorado. Y a eso me dedico los próximos minutos. El desayuno es parecido a la cena. Variedad, lo que se dice variedad, no parece que tengan, pero bueno, es comprensible, teniendo en cuenta las circunstancias.

Y llega la despedida. Monto al niño mediano en la moto y el crío alucina. La mayor y el pequeño no quieren, así que nada. Me han tratado muy bien, a pesar de no ser capaces de comunicarnos más que en lo básico, pero se puede decir que ha sido una de esas experiencias...

Subo un momento a la parte de arriba del pueblo para hacer las últimas fotos, y enfilo la pista que ayer era tan oscura y tenebrosa, para descubrir que con un día despejado como hoy, la cosa cambia mucho. El paisaje es acojonante, y se ven detalles que ayer me perdí, en parte por las prisas, en parte por la falta de luz. Disfruto mucho más que ayer. Con calma, a mi ritmo. Incluso cuando aparecen los dos mismos perros de ayer ladrando como posesos, no pierdo la tranquilidad, y poco a poco, los voy dejando atrás, hasta que se cansan.

Cuando estoy llegando al final de la pista me cruzo con varios todoterreno que suben a Ushguli, llenos de turistas que han pasado la noche en Mestia. Sólo puedo pensar en lo afortunado que soy de viajar en moto, y poder dormir donde me plazca, independientemente de lo que digan los guías turísticos. Esa gente verá un pueblo precioso, y les contarán cómo viven y lo que hacen, pero no tendrán la experiencia de haber compartido su mesa y haber jugado con sus niños...

Besos y abrazos!!







3 comentarios:

  1. Uno poco más y los guau guau te siguen hasta Irán.
    Vssssssssssssss

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  2. Menuda aventuta que estas viviendo,sigue disfrutando del viaje que por aqui estamos pendientes de tus andanzas.

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  3. Aúpa Aitor!

    Excelente crónica amigo, algún día iré a Georgia...

    Cuídate gañan, un abrazo y saludos desde UK

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